23
Viktor
Había algo en la llamada de Alexei que me había dejado inquieto. No era normal que pidiera ayuda de esa manera, menos aún sin dar explicaciones. Mi hermano menor no era precisamente un santo, pero tampoco era un imbécil que se metiera en líos de los que no pudiera salir por sí solo.
Encendí otro cigarro mientras esperaba apoyado en la farola frente al bar que me había indicado en el mensaje de texto posterior a la llamada.
No era un lugar cualquiera. Un pub de mala muerte en el borde del distrito industrial, donde los hombres de negocios turbios cerraban tratos que nunca quedaban escritos en ningún lado.
El tipo de sitio donde la gente no hacía preguntas porque las respuestas podían costarle la vida.
Escuché pasos apresurados detrás de mí y supe que era él sin siquiera girarme.
—Viktor —Alexei me llamó con la voz baja, casi susurrante.
Me giré con lentitud y le observé. Algo iba muy mal. Su mandíbula estaba tensa, la chaqueta de cuero que llevaba parecía haber sido puesta a toda prisa, y sus ojos estaban más oscuros de lo normal, con esa sombra de alguien que se ha metido en un problema más grande de lo que puede manejar.
—¿Qué mierda está pasando? —inquirí sin rodeos, llevándome el cigarro a la boca mientras le echaba un vistazo.
Alexei miró a su alrededor antes de hablar, como si esperara que alguien nos estuviera observando.
Ese gesto me jodió. Los Romanov no éramos presas, éramos cazadores.
Y si mi hermano estaba actuando como si alguien pudiera emboscarlo en cualquier momento, entonces la situación era peor de lo que imaginaba.
—Necesito que me ayudes a acabar con un hombre. —Su voz sonó fría, pero la tensión de su cuello lo delató.
Mi ceja se arqueó, sorprendido por su petición.
—¿Desde cuándo necesitas ayuda para deshacerte de alguien?
—No es tan simple, Viktor. —Alexei apretó los dientes y se pasó la mano por el pelo, un gesto que solía hacer solo cuando estaba al borde del puto colapso—. Este tipo… —Vaciló un segundo—. Es el único que conoce dónde está un cargamento importante.
En mi mente se encendieron mil alarmas. Mi instinto me dijo que me ocultaba algo.
—¿Qué tipo de cargamento?
Silencio.
El cigarro se consumió entre mis dedos mientras el cabrón se quedaba callado, mirándome como si se debatiese entre la vida y la muerte.
—Alexei —gruñí con el tono de advertencia que solo usaba cuando estaba perdiendo la paciencia.
Él suspiró, apartando la vista.
—Es… un negocio que no puedo dejar caer. No ahora.
Mentira. Lo conocía demasiado bien como para no darme cuenta de que lo que estaba diciendo no era la verdad, o al menos, no toda.
—¿En qué cojones estás metido, Alexei? —cuestioné—. ¿Coca?
—¡Nada, joder! —Alzó la voz—. Nada de lo que pienses es importante. —Se apresuró a añadir—. Lo que importa es que necesito tu ayuda para hacer desaparecer a ese hijo de la gran puta antes de que cause problemas.
Algo se removió en mi interior. No me gustaba lo que estaba escuchando, y aún menos la manera en la que mi hermano menor me estaba ocultando información.
—Si no me dices en qué mierda estás metido, no puedo ayudarte. —Mi voz sonó cortante, dejando claro que no iba a mover un solo dedo hasta que me diera respuestas, y no las que ya me había dado, sino las reales.
Alexei chasqueó la lengua y se pasó una mano por la cara antes de soltar una carcajada vacía que sería capaz de helarle el alma a cualquiera.
—Joder, Viktor —masculló con aversión—. ¿Puedes dejar de interrogarme como si fuera un jodido crío?
Bufé para, segundos después, apretar la mandíbula, negando.
—Si te comportaras como un hombre, no tendría que hacerlo.
El silencio entre ambos se volvió más pesado. Alexei me fulminó con la mirada, pero yo no retrocedí. Nunca lo hacía.
—Escúchame bien —dijo al final con el tono más grave—. No puedo decirte nada más. No todavía. Solo… necesito que confíes en mí.
Lo examiné por un momento, buscando alguna fisura en su coraza, algo que me diera una pista de en qué demonios estaba metido.
Lo único que encontré fue desesperación.
Una que no pertenecía a Alexei. Él siempre había sido el cabrón más tranquilo y confiado de los tres, el que se tomaba las cosas con más calma que Nikolai y yo.
Pero ahora… ahora lo veía jodidamente perdido, y eso era lo que más me preocupaba.
—¿Por qué no hablas con Nikolai? —pregunté al final, a sabiendas de la respuesta.
—Porque no quiero meterlo en esto.
Puse los ojos en blanco, suspiré y volví a encender un cigarro.
—Es el líder de la familia, Alexei —aseguré—. Si hay algo que pueda joderle el negocio, lo mejor es que lo sepa cuanto antes, si no, acabará siendo demasiado tarde.
—No es solo sobre el negocio, Viktor —gruñó frustrado—. Esto es algo mío. No quiero a Nikolai husmeando.
Me pasé una mano por la nuca y maldije para mis adentros. No me gustaba una puta mierda lo que estaba ocurriendo, pero Alexei era mi hermano. Si me necesitaba, ahí estaría, aunque no estuviera de acuerdo con su forma de manejar la situación.
—Está bien. —Suspiré, mirándole con seriedad—. Pero cuando todo esto se salga de control, porque lo hará, vas a ser tú quien tenga que explicárselo a Nikolai.
Alexei asintió con rapidez, pero vi la culpa en su mirada. Sabía que esto no iba a acabar bien, pero en su mente, todavía podía controlarlo. «Pobre niño», pensé para mis adentros, porque al final, él siempre sería el pequeño de la familia.
—Gracias, hermano.
No respondí. No tenía nada más que decir, al menos no sobre todo este conflicto familiar en el que nos íbamos a meter.
—¿Dónde está el tipo?
Alexei deslizó me tendió un papel con la dirección. Lo tomé sin apartar la vista de él. Tenía sus métodos para conseguir la información, pero eso no quería decir que lo tuviera controlado.
—Esta noche —sentenció—. Tenemos que acabar con él.
Lo guardé en el bolsillo y asentí.
—Entonces, será mejor que nos pongamos en marcha.
Me di la vuelta y eché a andar hacia el coche. El crujido de los pasos de Alexei me siguió de cerca, pero algo en mí me decía que esto no iba a ser solo una ejecución más. Había algo más en todo esto. Algo que todavía no veía.
Pero lo descubriría. Y cuando lo hiciera, mi hermano se arrepentiría de haberme ocultado la verdad.