El eco que llama desde el centro del fuego
La primera noche fuera de la Academia, Dekar no pudo dormir.
El viento del norte soplaba entre los árboles como un lamento antiguo. Lyra dormía apoyada en su capa, Mira respiraba inquieta, Torik roncaba apenas y Kaelian hablaba dormido —como siempre— con palabras que no tenían sentido.
Pero Dekar no sentía cansancio. Sentía… una pulsación.
Un latido en su marca azul. Un latido que no provenía de él.
Se alejó del campamento. Encendió una pequeña llama azul en la palma de su mano para iluminar. Y entonces la vio.
La escarcha empezó a formarse sobre el fuego.
No lo apagaba. No lo hería. Lo abrazaba.
Fuego azul y hielo vivo danzaban como si nunca hubieran sido enemigos.
Dekar retrocedió, pero el aire se espesó y algo entró en su pecho como un susurro helado:
— Hijo del fuego… despierta.
El mundo se volvió blanco.
Y cayó al sueño.
La segunda aparición de Límora
Dekar abrió los ojos en un lugar que no existía.
Un campo blanco infinito, sin horizonte. Cielo sin sol. Suelo sin huellas.
Solo él.
Y la figura.
Una silueta femenina, compuesta de luz azul y plata. Ni fuego ni hielo: algo entre ambos. Su cuerpo tenía la forma de una mujer, pero su rostro… su rostro parecía tallado en claridad.
Los ojos te hacían sentir pequeño. Parecían contener el origen de los elementos.
— Dekar Ignis —dijo con una voz que no vibraba en el aire, sino en los huesos—. Por fin escuchaste.
Dekar intentó hablar.
— ¿Quién… eres?
La figura avanzó. El suelo brillaba bajo sus pasos.
— Soy Límora. Guardiana del Equilibrio. Guarda del Fuego Primario y del Hielo que descansa. Soy hija del primero y última de mi linaje. Soy el punto donde el mundo respira y donde los elementos se encuentran.
Se inclinó hacia él, y su toque no quemaba ni congelaba: lo tranquilizaba.
— Y tú… hijo del fuego azul… eres el único que puede evitar el colapso.
Dekar sintió que el pecho le ardía y se helaba al mismo tiempo.
— ¿Yo? Pero… yo no puedo ni controlar esto —levantó su mano temblorosa.
Límora sonrió, y el mundo se iluminó.
— Tú no estás roto, Dekar. El mundo lo está. Y tú naciste en la grieta.
El pacto silencioso
Límora extendió una mano, y el suelo blanco se abrió frente a ellos.
Bajo sus pies apareció una gigantesca espiral formada por fuego azul y escarcha viva. Era la misma espiral del cofre que Serenne había mostrado… pero aquí estaba completa, viva, respirando.
— Este es el Símbolo del Origen —explicó ella—. El primer pacto entre elementos. Antes de los humanos, antes de los magos, antes de Kael y antes de Auren.
Una corriente de viento cálido y frío los rodeó.
Límora puso su mano sobre el pecho de Dekar.
— Dentro de ti vive un fragmento que no debió despertar. Un fragmento que Kael desea poseer. Un fragmento que Auren te entregó porque vio en ti lo que yo veo ahora.
Dekar apretó los dientes.
— Si Kael quiere esto… entonces yo lo destruiré.
Límora negó con calma.
— No puedes destruir lo que te compone. Pero puedes dominarlo. Y yo… puedo ayudarte.
Se inclinó hacia Dekar. Su rostro quedó tan cerca que él sintió el calor gélido de su aura.
— Hagamos un pacto, hijo del fuego azul.
El mundo se silenció. El aire dejó de moverse. La luz dejó de vibrar.
— Yo te daré parte de mi esencia. Mi equilibrio. Mi luz. A cambio, cuando llegue la hora… me permitirás actuar a través de ti.
Dekar sintió su piel electrificarse.
— ¿Por qué yo? —Porque solo tú puedes soportar ambos mundos —susurró—. Porque tú eres antorcha y glacial al mismo tiempo. Porque Kael teme lo que podrías ser. Y porque cuando él despierte por completo… no sobrevivirás sin mí.
Ella extendió la mano.
— Acepta mi ayuda, Dekar Ignis. Y cuando llegue el final… serás más que fuego.
Serás el equilibrio encarnado.
Dekar tembló. Pensó en su padre. Pensó en Lyra, en Mira, en Torik. Pensó en Kael.
Y tomó la mano de Límora.
El pacto estalló como un sol silencioso.
Su marca ardió con un brillo plateado. Sus ojos por un instante se volvieron color fuego-escarcha. Y una nueva energía se grabó en su alma.
Límora retiró la mano.
— Ya está hecho.
En el antebrazo de Dekar había ahora una marca tenue, un círculo incompleto de fuego azul mezclado con escarcha blanca.
El sello del pacto. La promesa.
La profecía del Equilibrio
Límora se alejó, y su cuerpo flotó algunos centímetros sobre el suelo blanco.
— Debes escuchar algo —dijo, y su voz se volvió más antigua, más profunda, como si hablara a través de siglos.
El cielo se oscureció ligeramente. Un viento helado sopló desde ninguna parte.
— Hay una fuerza que se alza al norte. Un ser sin nombre entre los mortales. Un hombre entre los hombres. Pero para los antiguos… es El que sueña en blanco.
Dekar sintió el corazón detenerse por un segundo.
— Kael…
Límora no respondió. Los Guardianes jamás dicen nombres prohibidos.
— Él ha roto los sellos. Él ha despertado a lo que debía dormir. Él busca unir lo que no debe unirse. Y si lo consigue… el mundo caerá en un silencio eterno.
La luz del mundo blanco se volvió gris.
— Pero no todo está perdido. Cuando el fuego azul encuentre su equilibrio, cuando el hielo en su interior deje de ser enemigo, y cuando el portador entienda que su linaje no es una condena…
Límora levantó la mano y tocó su pecho:
— Entonces nacerá el Hijo del Equilibrio. Una llama que no quema. Un hielo que no congela. Una fuerza capaz de quebrar al sueño blanco.
Su mirada se hardened.
— Tú, Dekar.
El mundo vibró.
— Tú serás el único capaz de detenerlo.
Dekar sintió un peso inmenso caer sobre sus hombros. Pero también una fuerza nueva, tranquila, firme, como si el fuego dentro de él finalmente hubiera encontrado un lugar donde descansar.
Límora dio un paso atrás. Su cuerpo empezó a desvanecerse.
— Volveré cuando el equilibrio te reclame —susurró—. Y en ese día, Dekar Ignis…
Su voz se volvió viento.
— Serás más que humano.
La luz explotó.
El despertar
Dekar abrió los ojos.
Estaba en el bosque. La pequeña llama azul seguía encendida en su mano. Y sobre ella, una gota de escarcha brillaba sin derretirse.
La marca nueva en su antebrazo brillaba suavemente, como un latido.
Lyra corrió hacia él.
— ¡Dekar! ¿Dónde estabas? Te buscamos por todas partes, pensé que… —vio la marca— ¿Qué es eso?
Dekar respiró profundo. Por primera vez en semanas, su llama no temblaba. Por primera vez, no dolía.
— Tengo que contarles algo —dijo.
Lyra, Mira, Torik y Kaelian lo rodearon.
Dekar levantó la mano. El fuego azul surgió… y en su centro, una hebra de escarcha danzó sin romperse.
Un fuego equilibrado. Un fuego imposible.
— Conocí a alguien —dijo Dekar. Y sus palabras hicieron que el aire se estremeciera.
— Se llama Límora. La guardiana del equilibrio. Y no estamos solos.