La escarcha en la biblioteca
La noche antes de que todo comenzara, la biblioteca de la Academia amaneció distinta.
El aire olía a pergamino húmedo, aunque nadie había abierto ventanas. Las lámparas flotantes titilaron como si un viento invisible las agitara, y en los estantes más altos —los que guardaban tomos prohibidos— una delgada capa de escarcha dibujaba líneas quebradas, como venas congeladas.
Dekar fue el primero en verlo.
Había despertado con una sensación imposible: su marca ardía… y al mismo tiempo se congelaba. Como si su piel hubiera olvidado qué estado le correspondía.
Entró a la biblioteca esperando encontrar a Lucen dormido sobre algún libro, pero la sala estaba vacía. Solo su respiración hacía eco.
Entonces lo escuchó.
Un susurro.
No humano. No vivo. Algo entre viento y memoria.
—Dekar…
El joven retrocedió. El fuego azul tembló en su palma como si tuviera miedo. La escarcha en los estantes comenzó a moverse. No para formar un rostro, pero sí un contorno. Una silueta. Un borde helado que sabía su nombre.
Y luego, tan rápido como apareció, desapareció.
Al abrir la puerta para salir, Serenne estaba ahí, pálida.
—¿Lo viste? —preguntó sin rodeos. Dekar tragó saliva. —Sí.
Serenne cerró los ojos un instante.
—Entonces… ya no podemos esperar.
Noticias desde el norte
El Director Arenos convocó una reunión de emergencia en el Salón Circular.
Los instructores ya estaban allí: Serenne, Dorien, Hestyr, Lucen, y Lylian. Todos con rostros tensos.
La gran puerta se abrió. Entró Dorien, el mensajero del Consejo Elemental del Norte. Su abrigo estaba rasgado. Sus botas cubiertas de escarcha antigua.
Torik murmuró:
— Ese no es hielo normal…
Dorien no esperó saludos.
— Los glaciares están partiéndose desde dentro —dijo con voz quebrada—. Criaturas que creíamos extintas están despertando. Las aldeas cercanas desaparecen sin dejar cuerpos. Solo… hielo. Hielo que respira.
Lyra retrocedió un paso.
— Eso no es natural…
Dorien la ignoró y hundió la mirada en Dekar.
— Y no es casualidad. Después de cada ataque aparece una marca de fuego azul. Como una provocación. Como si… estuviera llamándote.
Un silencio pesado cayó sobre la sala.
Dekar sintió un escalofrío desde la columna hasta la nuca.
— Él —susurró—. Kael.
Arenos golpeó su bastón.
— No es un rumor. No es un miedo. Kael despertó. Y está buscando algo.
Dorien negó.
— No “algo”. A alguien.
Sus ojos se clavaron en Dekar.
— A ti.
Las revelaciones del fragmento
La biblioteca fue sellada. Luz tenue. Llamas débiles. Aire helado.
Serenne colocó un cofre metálico sobre la mesa.
— Esto es lo que hemos ocultado desde hace dieciséis años —susurró—. Lo que tu padre protegió con su vida.
El cofre tenía grabada una espiral dividida entre fuego e hielo.
Arenos lo abrió.
Dentro había una esfera pequeña, de cristal fracturado, de un brillo pálido y vivo. Era hielo, pero respiraba. Exhalaba corrientes frías lo suficientemente potentes para apagar incluso la llama de Serenne.
Lyra dio un paso atrás.
— ¿Qué es eso?
Arenos habló con gravedad:
— Un fragmento del Hielo Primordial. El corazón congelado del mundo.
Lucen continuó:
— Hace dieciséis años, Kael intentó unir este fragmento con su poder. Si lo lograba… habría congelado la Corriente Elemental entera. El mundo habría quedado detenido. Sin fuego. Sin agua. Sin vida.
Lyra susurró:
— El mundo habría muerto…
Hestyr añadió:
— Y tu padre, Auren, se interpuso.
Dekar parpadeó, aturdido.
— ¿Mi padre sabía usar hielo?
Serenne negó.
— No. Pero sabía cómo romperlo.
Arenos apoyó una mano en su hombro.
— Kael no mató a Auren por odio. Lo mató porque Auren le robó esto…
Serenne completó:
—… y lo fundió en tu sangre al nacer.
La sala se movió. O así lo sintió Dekar.
— ¿Qué… significa eso? —preguntó con la voz quebrada.
Lylian, la maestra arcana, respondió:
— Que tú no eres solo fuego. Eres fuego contaminado por hielo. Eres contenedor. Eres llave.
Y Kael te necesita.
Las marcas del despertar
Dekar temblaba.
— ¿Por qué yo? ¿Por qué mi padre? ¿Quién demonios es Kael?
Arenos respiró hondo.
— Kael no siempre fue un monstruo. Fue el alumno más brillante que ha pisado la Academia. Su dominio del hielo era perfecto. Demasiado perfecto.
Dorien continuó:
— La perfección le dio hambre. Kael empezó a creer que el hielo debía ser más que un elemento. Debía ser ley. Silencio eterno. Orden absoluto.
Serenne apretó los dientes:
— Para él, el fuego era caos. El agua, debilidad. La sombra, corrupción. La tierra, obstáculo.
Hestyr golpeó la mesa.
— Su idea de “equilibrio” era exterminar lo que no encajara.
Arenos bajó la mirada.
— Cuando Auren descubrió su plan, lo enfrentó. Kael intentó unir el fragmento al núcleo de su propio poder. Pero Auren lo atacó con fuego puro. Lo obligó a soltarlo. El fragmento se quebró… y buscó sobrevivir.
Serenne tocó la marca de Dekar en su antebrazo.
— Y te eligió a ti, Dekar. A tu vida. A tu alma.
Torik apretó el hombro del amigo. Lyra lo miraba con ojos vidriosos. Mira contenía la sombra en sus dedos, temblando.
Kaelian murmuró:
— Entonces… si Kael recupera el fragmento…
Lylian lo terminó:
— El mundo deja de existir. Y su “orden” será nuestra extinción.
El miedo del Consejo Elemental
La sala del Consejo se llenó de símbolos elementales flotantes.
Los maestros discutían en susurros quebrados.
Arenos pidió silencio.
— El Consejo ha evaluado todas las opciones. Enviamos guardianes, mensajeros y magos experimentados al norte. Ninguno ha vuelto.
Dorien añadió:
— Kael no está atacando. Está cazando. Y sabemos a quién.
Su mirada cayó en Dekar.
Lylian habló:
— Los maestros no pueden entrar al norte. Kael dejó trampas antiguas que reaccionan a quienes tienen décadas canalizando magia elemental.
Serenne se giró hacia los estudiantes.
— Los únicos que pueden cruzar sin activar sus defensas… son ustedes.
Kaelian levantó la mano, pálido.
— Pero… somos estudiantes.
Serenne, con voz suave y rotunda:
— Ya no.
Arenos dio un paso al frente.
— El destino no espera. Solo exige decisiones.
Un silencio absoluto.
Entonces Dekar habló:
— Yo voy. Kael quiere lo que llevo dentro. Lo voy a alejar de la Academia. No dejaré que llegue a Lyra. Ni a mis compañeros. Ni al mundo por el que mi padre murió.
Torik sonrió de lado.
— Entonces voy contigo. Alguien tiene que arreglar el piso después de tus explosiones.
Mira asintió.
— La sombra no te va a dejar solo.
Lyra tomó su mano.
— Y si tú vas… yo también.
Kaelian respiró profundo.
— Bueno… alguien tendrá que hacer los chistes para que no se mueran de miedo.
El nombre prohibido
Esa noche subieron a la Torre del Alba. Su refugio. Su lugar secreto.
El viento traía un olor extraño: ceniza y escarcha mezcladas.
Se sentaron en un círculo imperfecto.
Nadie habló primero. Hasta que Lyra lo hizo.
— ¿De verdad creen que podemos contra él?
Torik se encogió de hombros.
— No sabemos si podemos ganarle. Pero sí sabemos que no podemos quedarnos aquí.
Mira abrazó sus rodillas.
— Tengo miedo. Pero tengo más miedo de lo que pasará si no hacemos nada.
Kaelian suspiró:
— Kael es… otra cosa. No es un villano. Es una fuerza.
Dekar miró el horizonte, donde el norte parecía palpitar.
— Mi padre creía que podía detenerlo. Ahora me toca a mí creerlo.
Lyra lo observó largamente.
— Entonces vamos juntos.
El inicio de una batalla
El amanecer llegó demasiado rápido.
La Academia entera se reunió para despedirlos.
Lucen abrazó a Dekar.
— No dejes que el hielo apague tu fuego.
Hestyr apretó la mano de Torik.
— La tierra siempre responde a la voz correcta.
Lylian sostuvo las mejillas de Mira.
— La sombra no es oscuridad. Es espacio. Úsalo bien.
Dorien entregó a Kaelian un brazalete.
— Para que vuelvas vivo.
Serenne tocó la marca de Dekar.
El fuego azul se calmó.
— Tu padre estaría orgulloso.
Arenos levantó su bastón.
— Que la Corriente Elemental los guíe. Que la fuerza no los quiebre. Que el miedo no los venza. Y que el destino… sea solo una sugerencia.
Los portones se abrieron.
Un viento helado entró como un presagio.
Dekar, Lyra, Torik, Mira y Kaelian cruzaron el umbral.
No miraron atrás.
No podían.
Porque mientras el amanecer iluminaba sus rostros…
una sombra en el norte abrió los ojos y sonrió.
Kael.
Sabía que venían.