El Legado de la Rosa (Academia Valrose 1) JURAMENTO DE SANGRE
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JURAMENTO DE SANGRE

Dara se despertó con un dolor de cabeza y la boca seca. Las primeras imágenes que vio fueron borrosas, pero mientras más parpadeaba, más nítidas se volvían. En definitiva, no se encontraba en su dormitorio en la Academia Valrose. ¿Dónde se había quedado dormida? No podía recordarlo.

La luz que entraba por la ventana le calaba y, al intentar mover el brazo para cubrir sus ojos, una punzada brutal la golpeó. Eso la hizo poner atención al resto de su cuerpo. ¿Por qué todo le dolía? ¿Por qué le costaba moverse? ¿Dónde estaba?

—¡Por la Rosa! ¡Está despertando!

Una voz familiar. ¿Catriona?

—Voy a llamar a la doctora —dijo otra persona. Sonaba como Ashe.

—Rennai, ¿nos escuchas?

Dara logró girar un poco la cabeza y se encontró con el rostro de Catriona, que estaba agachada para quedar a su nivel. A su lado, Verian y Leone la miraban con una expresión que Dara no supo descifrar. Intentó hablar, pero su voz no salió, no al instante. Tuvo que tratar una segunda vez.

—¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? —preguntó. Se sorprendió de lo áspera que sonó.

Catriona le tomó la mano con suavidad.

—Estás en el hospital. ¿No recuerdas nada? —preguntó su amiga—. Te trajeron de emergencia después de la Prueba de los Emisarios.

—Que, por cierto, ¡lograste superar! —anunció Leone con una sonrisa—. Felicidades, aprendiz de segundo año.

Eso trajo los recuerdos a la mente de Dara.

No llegaron como una ráfaga, volvieron poco a poco.

Algunos distorsionados, otros sumamente claros.

Primero vio las estatuas de sus amigos, después a la criatura con el rostro de su madre.

Luego… luego había vuelto a la noche del asesinato.

El salón oscuro, los antinae, el adnae saliendo de su cuerpo.

Pero había algo más, una memoria que se le escapaba y no lograba atrapar.

—Entonces, ¿sí pasé la prueba? —preguntó Dara.

Recordaba tener la certeza de que lo había logrado, pero el plano mágico no la devolvió a la academia. ¿Qué había sucedido?

—Así es. Nos va a tocar soportarnos dos años más —dijo Verian en tono ligero.

—¡Nosotros también pasamos la prueba! —chilló Catriona—. Era obvio que Verian y tú lo lograrían, ¿pero yo? ¡Sigo sin creerlo!

Dara sonrió. Pasar dos años más con Verian y Catriona no sonaba nada mal.

En ese momento, la puerta se abrió y Ashe entró a la habitación, seguido de una doctora que a Dara le pareció conocida.

Era la misma que atendió a Leone después del temblor.

La doctora la revisó y le informó que podría salir del hospital en tres días con un cabestrillo en el brazo izquierdo, ya que tenía una fractura en la clavícula.

Estuvo unos cuantos minutos allí, y cuando terminó de revisarla, salió de la habitación.

¿Tres días más? ¿Cuánto tiempo llevaba inconsciente? ¡No tenía suficientes ahorros para pagar una cuenta de hospital!

—¿Cuántos días llevo aquí? —preguntó Dara sin poder ocultar el pánico en su voz.

Sus amigos la conocían muy bien. Sabían qué era exactamente lo que pasaba por su cabeza.

—No te preocupes por la cuenta. Ya me encargué de eso —dijo Leone y le guiñó el ojo.

—Te lo pagaré poco a poco —exclamó Dara.

—No es necesario, Dara —respondió Leone.

Ella iba a protestar, pero Ashe habló antes.

—¿Cómo te sientes? Hemos estado muy preocupados por ti.

A Dara le dolía todo el cuerpo y estaba segura de que cuando intentara ponerse de pie empeoraría, pero no se sentía mal. No en exceso, por lo menos.

—Estoy bien. Gracias por estar aquí. Y gracias por ayudarme con los gastos —respondió Dara.

Leone fingió que se limpió una lágrima.

—Miren cómo ha crecido. Ya no le cuesta dar las gracias.

—¡No me costaba dar las gracias! —protestó Dara.

Todos la miraron con los ojos bien abiertos, como si no pudieran creer lo que acababan de escuchar. Curiosamente, el primero en reír fue Ashe, y pronto los demás se contagiaron. Dara también quiso reír, pero le dolieron las costillas y tuvo que desistir.

En verdad agradecía el haber despertado rodeada de sus amigos. Un año antes, si algo así le hubiera pasado, habría tenido que atravesar su recuperación sola. Ni siquiera habría llegado a un hospital. Nadie la hubiera llevado de emergencia con un doctor.

Ese último pensamiento fue el que le desbloqueó ese recuerdo escurridizo. Dara lo rozó y logró sostenerlo. Vio a Livier en la sala oscura. Había exterminado a los antinae. La memoria estaba difusa, pero sabía que era real. De alguna forma, Livier había entrado al plano mágico para sacarla de ahí.

—¿Dónde está Livier? —preguntó Dara con urgencia.

De pronto le parecía la pregunta más importante del mundo.

Nadie le respondió. Sus amigos se miraron los unos a los otros con las cejas arrugadas. Como si no quisieran contestar a la pregunta. Eso hizo que el pulso de Dara se acelerara.

—¿Qué sucede? ¿Dónde está Livier? —repitió con más énfasis.

Después de una pausa agonizante, fue Verian quien respondió.

—Tuvo que irse con la archimaga a un viaje importante.

Dara se quedó callada para asimilar las palabras de Verian. ¿De viaje con la archimaga? ¿Para qué? ¿A dónde? Esto no le gustaba nada. No quería que esa mujer estuviera cerca de Livier nunca más.

—La Ceremonia de Titulación fue hace unos días, así que Livier empezará con su entrenamiento para convertirse en archimago —dijo Ashe, para dar un poco de contexto—. También Leo se graduó.

Se había olvidado por completo de ese detalle. Livier y Leone ya habían concluido con sus estudios en la Academia Valrose. Ya no eran aprendices. Ya tenían su licencia de magia. Ya eran magos.

—Felicidades, Leone —dijo Dara con sinceridad. Esperaba que su amigo notara que sus palabras eran honestas, aunque no sonara muy entusiasmada. Estaba demasiado preocupada por Livier.

—No creas que te vas a deshacer de mí solo porque ya no viviré en el campus —exclamó Leone sin dejar de sonreír—. Ozaiha me pidió que fuera auxiliar en los entrenamientos de los forzacuerpos, y como no sé qué quiero hacer de mi futuro, acepté.

—Pobres forzacuerpos —murmuró Verian.

—¡Me van a amar! —aseguró Leone.

—Yo estoy segura de que así será —dijo Catriona.

Dara decidió que iba a tratar de disfrutar ese momento con ellos.

Alzó la mano a la altura de su pecho y sintió su relicario descansando sobre su piel.

Se preguntaba si Livier le había pedido a la doctora que no se lo quitara.

Livier, que la cuidaba hasta cuando no estaba con ella.

Dara sentía una impotencia enorme al no poder hacer lo mismo por él.

Debía mantenerse positiva. Livier conocía a la archimaga más que nadie y era capaz de cuidarse. Estaba segura de que la preocupación no se disiparía hasta que lo tuviera frente a ella, pero necesitaba confiar en que él estaría bien.

Tenía que estar bien y tenía que volver a ella.

Dara decidió elegir a la profesora Maevra como su mentora.

A partir del segundo año, comenzaría a tomar lecciones privadas con ella, además de las clases teóricas y prácticas que fueran parte del programa general.

No tenía ninguna relación con Maevra, pero su habilidad superior siempre la había intrigado.

Además, era la líder del Departamento de Danzamentes.

Sentía que podía aprender mucho de ella.

También pensaba seguir entrenando con Livier en secreto para mejorar con su magia de alma.

Por otra parte, quería pedirle que le mostrara su habilidad superior, si es que las de los rompealmas funcionaban igual a las de las otras categorías.

Dara no podía creer que, en todo este tiempo, no le hubiera preguntado por la suya.

Suponía que su mente y su corazón habían estado ocupados con asuntos más urgentes.

Los aprendices de la Academia Valrose tenían dos meses de vacaciones antes del siguiente periodo de clases.

El campus iba a permanecer abierto para los que prefirieran quedarse allí, pero todos eran libres de volver a sus hogares.

Dara no tenía uno fuera de la academia. Su hogar eran las personas que estaban allí.

Catriona la había invitado a pasar un mes en Finvelle con Alessa y con ella. Se irían dentro de un par de semanas, pero Dara tenía que pensarlo. No se sentía cómoda con la idea de irse a vacacionar cuando sabía que el fin del mundo se aproximaba. Había demasiado en juego.

Quedaban muy pocos aprendices en el campus, pero sus amigos seguían ahí, así que sus días transcurrían con ellos. No había noticias por parte de la brigada y eso la tenía intranquila. Livier no había vuelto y eso la tenía mal.

¿Cómo era posible que lo extrañara tanto?

Tenía tantas ganas de Livier que en las noches se escabullía a la azotea de la catedral para entrar a su jardín. Dara solo debía usar una pizca de su magia de alma para que el lugar le permitiera el paso.

Para sentirse acompañada, comenzó a llevar consigo a Penélope.

La nebelum era feliz entre las flores y las enredaderas.

Dara se recargaba en el gran árbol y esperaba.

Llevaba libros de la biblioteca para distraerse, practicaba su magia de alma, leía artículos sobre los desastres naturales, jugaba con Penélope y esperaba a Livier.

Hasta que llegó la noche en la que la espera terminó.

Dara no escuchó sus pasos. Fue otra cosa la que la hizo levantar la vista. Una alteración casi imperceptible en el aire, como si el jardín entero hubiera reaccionado a su llegada. O tal vez era su alma la que había reaccionado a él.

Sus ojos encontraron a Livier y su corazón quiso correr, pero Dara había perdido el aliento y no era capaz de moverse. No podía creer lo mucho que lo había echado de menos.

Livier estaba allí y caminaba entre las flores, directo hacia ella. Parecía un ser divino vestido de noche y había vuelto a casa. Dara, al fin, dio un paso hacia él. Luego otro. Porque ya estaba allí y ella no podía esperar más. Y cuando los ojos de ambos se cruzaron, Dara corrió.

Todavía tenía el cabestrillo en el brazo izquierdo, pero eso no le impidió lanzarse a Livier para sentirlo. Para tocarlo. Para que su cuerpo entendiera que ya podía soltar el peso con el que había cargado desde que despertó en el hospital sin él.

El aroma a bosque bañado por la lluvia la llenó y Dara cerró los ojos para perderse en él.

En Livier.