TE HICE DIOSA
Esa noche, Livier Monrae decidió que solo la adoraría a ella. Mientras la llenaba de besos y la escuchaba suspirar su nombre una y otra vez, lo arrolló la certeza de que ella era lo más sagrado que existía.
En su mente solo habitaba un pensamiento:
«Te hice diosa, Dara Rennai».