QUÉDATE
Esa semana, la archimaga fue llamada de urgencia.
El Grupo de Investigación de Desastres Naturales declaró estado de emergencia: acababa de temblar en la costa de Finvelle.
No había sido un terremoto como los demás; este había tenido una duración de seis minutos y había dejado estragos.
Todavía no lograban sacar a todos los afectados de los escombros, pero hasta ese momento llevaban registrados trece muertos.
Y esos no se podían ocultar. No cuando todo Liyia estaba poniendo atención.
Estaban aterrados. En la radio, todas las estaciones hablaban de lo mismo.
—La archimaga Elgaria Monrae va en camino a Finvelle junto al equipo de Maxine Rumas —dijo la voz de la radio—. Hasta la fecha, no se sabe la causa de estos desastres, pero el Departamento de Cazaelementos teme que…
Catriona apagó la radio.
—Ya no quiero escuchar, es horrible —se quejó. Ese día llevaba el pelo suelto de color celeste.
—Hay que ver el lado positivo. Al fin se largó la abuela —dijo Verian.
—¡No hay nada positivo en una tragedia así! —exclamó Catriona.
Verian se encogió de hombros.
Dara y Catriona se encontraban, por primera vez, en la vivienda de los Monrae, dentro de la catedral. Como la archimaga se había ido a Finvelle, Verian las invitó a hacer los deberes en su habitación. Para ese momento, ya no trabajaban y llevaban rato escuchando las noticias sobre el temblor.
Verian estaba sentado en el piso, recargado en su cama, mientras que Dara se encontraba a un lado de él y Catriona en uno de los sillones.
Los tres estaban exhaustos. Había sido día de clases prácticas y los profesores los habían exprimido hasta el agotamiento.
Cada sesión era más dura que la anterior en preparación para la Prueba de los Emisarios.
—Hablemos de otra cosa, ¿sí? De algo feliz —pidió Catriona.
—Adelante, dime algo feliz —contestó Verian.
Catriona se llevó un dedo a la barbilla y miró hacia arriba, pensativa. Una sonrisa juguetona se posó en sus labios. Se recargó en el antebrazo del sillón, mirando a Verian con ambas cejas levantadas.
—Hoy Leone se veía muy apuesto.
—¿Y eso cómo es feliz? —respondió Verian.
—Mis amigos me hacen feliz —aseguró Catriona, desentendida.
Verian no parecía opinar lo mismo, así que miró a Dara.
—Has estado muy callada toda la tarde, Rennai.
Dara tardó en reaccionar.
—¿En serio? —exclamó cuando notó que ambos la miraban—. Supongo que he estado pensando.
Catriona vio una oportunidad y la tomó.
—¿En quién? ¿En Livier?
—¿Por qué eres así? —preguntó Verian.
—¿Por qué ustedes son así? —exclamó Catriona con fingida indignación—. Yo les cuento todo lo que hago con Alessa y ustedes no me dicen nada sobre su vida amorosa. ¡No es justo!
Verian soltó una risotada seca.
—No sé de qué hablas.
Catriona frunció el ceño y, después de unos segundos, miró a Dara. Ahora toda su atención estaba en ella.
—¿Y tú qué tienes qué decir al respecto? —preguntó—. Sabes que no puedes engañarme. Te lo dije hace tiempo, ¡yo no me equivoco en cosas de amor!
Dara estaba segura de que sus mejillas se tiñeron de rojo.
¿Vida amorosa? ¿Cosas de amor? Todo eso sonaba muy cursi.
Dara no tenía nada de eso con Livier. Sí, se habían besado unas cuantas veces.
Y sí, le gustaba estar con él y pensaba muy seguido en él.
Pero no tenían una vida amorosa. Además, en este momento había estado pensando en el fin del mundo. No en Livier.
—No estaba pensando en Livier —dijo, porque era la verdad.
Catriona se cruzó de brazos.
—¿Es lo único que vas a decir?
—De hecho, últimamente pasan mucho tiempo juntos, ¿no? —dijo Verian.
Dara se sentía un poco acorralada y quería defenderse, pero no sabía cómo.
No quería mentirles a sus amigos más de lo que ya lo hacía.
Tenía tantos secretos acumulados. Tantas verdades ocultas.
¿También iba a guardarse lo de Livier? ¿Para qué?
No era algo que tuviera que mantener escondido. Pero ¿qué tenía con Livier?
—Sí —respondió en voz diminuta—. Me gusta pasar tiempo con él.
Catriona saltó del sillón como si le hubieran dado la mejor noticia de su vida. Verian, por su parte, solo la miraba. Su sonrisa estaba ahí, pero en sus ojos había algo extraño. Dara no supo descifrarlos.
—¡Viva el amor! —exclamó Catriona—. ¡Yo sabía que estaban enamorados!
—No, no, eso es demasiado —respondió Dara, y el calor de las mejillas pasó a sus orejas. Por suerte, su pelo tapaba lo rojas que estaban—. Nos entendemos bien y hay atracción mutua.
—Suenas como un manual de relaciones humanas —dijo Catriona.
Verian resopló para ahogar una risa.
—Es una forma extraña de decir que se gustan.
—Dara, has visto cómo te mira, ¿verdad? —exclamó Catriona con dramatismo—. Ese hombre está perdidamente enamorado de ti.
Dara gruñó y se tapó el rostro con ambas manos.
Le gustaba lo que tenía con Livier, aunque no tuviera nombre. Cada día, lo que sentía por él se hacía más fuerte, pero no se atrevía a llamarlo amor. Eso sonaba peligroso para alguien como ella. Sin embargo, algo le decía que, si le entregaba su corazón a Livier, él lo cuidaría.
—Oh, ¡no! Debo irme. Quedé de verme con Alessa para cenar —dijo Catriona y se levantó del sillón—. Verian, ¿puedo usar las escaleras interiores?
—No está la archimaga, puedes hacer lo que quieras —respondió Verian.
—Está bien, ¡nos vemos!
Catriona salió de la habitación con pasos que más bien parecían pequeños saltos de un auralet.
Vaya, en verdad la hacían feliz los temas de amor.
Hacía tan solo unos minutos el terremoto la tenía agobiada, y ahora parecía que su día había sido maravilloso.
Dara entendía que su amiga no quisiera pensar en los desastres que azotaban a Liyia. Era un tema pesado.
—Entonces, mi hermano y tú… —dijo Verian, sin mirarla.
—No lo sé. Es decir… la pasamos bien juntos.
—La pasan bien —repitió Verian y recargó la cabeza en la cama.
Después de unos momentos de silencio, volvió a hablar.
—¿Ya te habló de sus pesadillas?
—Sí —respondió Dara.
Verian cerró los ojos.
—Cuando llegaste a la academia, fue como verlo renacer. Llevaba tiempo muerto en vida y luego llegaste tú —dijo Verian en voz baja, como si le estuviera contando un secreto—. Catriona tiene razón, ¿sabes? ¿Has visto cómo te mira?
Dara apretó la tela de su falda con ambas manos.
Claro que había visto cómo la miraba. ¿Cómo no iba a hacerlo? Esos ojos la seguían desde aquel primer encuentro y no habían dejado de hacerlo. Y era una mirada tan llena. De deseo, de añoranza, de ella.
—Sí —volvió a responder. Como si fuera lo único que sabía decir.
Verian abrió los ojos y los posó en Dara. Eran del mismo tono que los de Livier, pero a la vez eran sumamente distintos. Su rostro estaba serio y era una visión inusual. Se veía más pequeño.
—Lleva varias noches durmiendo mejor que nunca —dijo Verian.
Dara sonrió.
—Me alegro.
—Es por ti, Rennai. Sabes que es por ti.
Dara lo sabía. Pese a que estuvieran abrumados de clases, entrenamientos y deberes, todos los días se aseguraba de verlo, aunque fuera durante unos instantes, para ahuyentar sus pesadillas. Silenciosamente había decidido no permitir que lo volvieran a atormentar.
—Lo sé —respondió Dara.
Los ojos de Verian estaban vidriosos.
—¿Vas a quedarte en nuestras vidas? —preguntó él con un hilo de voz.
A Dara le sorprendió esa pregunta. No se la esperaba y no sabía cómo interpretarla.
Unos meses antes la respuesta habría sido negativa.
Por supuesto que no. Ella iba a vengarse y lo que seguía era desaparecer o morir en el intento.
Pero ahora… no tenía idea. No sabía qué le deparaba el futuro, pero, si es que tenía uno, le gustaría que estuvieran ellos. Livier, Verian, Catriona, Leone, Ashe…
—Lo voy a intentar —respondió con honestidad. Era lo mejor que podía ofrecer.
—Supongo que eso tendrá que ser suficiente —dijo Verian y volvió a sonreír.
Dara asintió. Tendría que ser suficiente.
No supo qué se apoderó de ella, pero aprovechó ese raro momento vulnerable entre ambos para tocar el tema que llevaba tiempo en su mente.
—Verian, ¿qué fue lo que sucedió entre Leone y tú?
Verian apretó los labios. No dijo nada por más de un minuto. Dara pensó que no iba a responder, por eso su respuesta la dejó pasmada.
—Nos besamos la noche del baile.
—Oh.
De nuevo se hizo el silencio. Dara estaba asimilando la información que acababa de recibir y con ello estaba entendiendo la tensión palpable entre esos dos. Ahora todo tenía sentido. Y, como siempre, Catriona no se había equivocado.
Verian se quitó los anteojos y se talló los párpados con ambas manos.
—Leone piensa que fue el peor error de su vida y yo no puedo… —La voz se le cortó. Verian tragó saliva y continuó—: No puedo soportarlo, necesito espacio. Por eso estoy poniendo distancia entre nosotros.
Dara recordó a Leone aquella noche en la propiedad de los Eryndor. Estaba solo y muy frustrado. Y Livier notó que algo le sucedía. Era esto.
—¿Estás seguro de que Leone piensa así? —preguntó Dara.
—Sí, me lo dejó muy claro —contestó Verian con amargura—. Pero no pienso seguir sufriendo por él. Que se quede con media academia si eso es lo que quiere.
Dara sabía que no había algo que pudiera decir para sanar las heridas de Verian. No estaba en sus manos. Pero odiaba verlo así. Odiaba que estuviera en esa situación y que su corazón gritara de dolor.
Bajó la mano al piso y la encaminó con los dedos hacia la mano de Verian, que descansaba a su lado. No dijo nada, solo la posó sobre la de él y apretó con suavidad. Él miró sus manos unidas, luego alzó el rostro y la observó a ella.
Verian entrelazó sus dedos con los de Dara.
De forma inevitable, la nueva realidad de Dara la hizo de una rutina a la que no tardó en acostumbrarse.
Entre semana se enfocaba en sus deberes de aprendiz en la academia, en sus amigos y en fingir que era una danzamentes.
También debía fingir que cada desastre natural en las diferentes regiones de Liyia no la ponía nerviosa.
Los fines de semana eran diferentes, ya que los pasaba fuera del campus, entrenando con Livier.
Y besándose con Livier. Ninguno de los dos hablaba de sentimientos y Dara estaba bien con eso.