LA SOCIEDAD DEL ALMA Y LA ROSA #2
—La brigada es un poco hermética. Ya sabes, por eso de que nadie puede enterarse de nuestra existencia. Por lo menos no hasta que llegue el momento —dijo Cedric y luego extendió las manos hacia Dara—. La carpeta, por favor.
Dara dudó antes de moverse. No tenía idea de que Cedric iba a estar con más personas esa noche. Sabía que no trabajaba solo, él mismo ya se lo había dicho, pero Dara ni siquiera confiaba por completo en él. Mucho menos en estos extraños.
—¿Qué es la Brigada de los Sueños? —decidió preguntar. Sentía el peso de la carpeta en su bolso.
Yaffa miró a Cedric.
—¿Seguro que es de confianza?
—Es impulsiva, pero sé que no nos va a exponer. ¿Cierto, Dara? —contestó Cedric.
Ella asintió.
Navali se alzó para sentarse en la mesa de metal y Yaffa se recargó en el filo, con los brazos cruzados.
—Somos una organización secreta formada por magos, profanadores e insurrectos.
Nuestro objetivo es devolverle a las personas la capacidad de soñar para impedir el fin del mundo.
Y para cumplir ese objetivo tenemos que romper la confianza inquebrantable que Liyia le tiene a la Academia Valrose —dijo Yaffa como si estuviera leyendo.
—¡Exacto! —exclamó Navali—. Solo así podremos levantar al pueblo contra la archimaga. Es la única persona viviente que sabe dónde está el Diario original de Valrose Monrae.
—¿Y ustedes también creen que ahí encontrarán la forma de traer los sueños de vuelta? —preguntó Dara.
—Es nuestra única esperanza —contestó Yaffa—.
El Diario tiene más de trescientas entradas y solo hay ciento dos publicadas.
Hay pruebas de que, en sus últimos años, Valrose escribió sobre lo que la falta de sueños le haría al Creador.
Si en el Diario no está la respuesta, por lo menos habrá pistas. Algo que nos guíe.
—Lo hemos buscado por años —dijo Cedric—. Jamás hemos estado cerca de encontrarlo. Todos nuestros intentos han sido en vano. Necesitamos que la archimaga revele su ubicación, y eso no va a pasar, a menos que sea obligada.
Navali dio un salto de la mesa y caminó hacia Dara.
—Por eso debemos reunir toda la evidencia que incrimine a la academia. ¿Nos das la carpeta?
Dara desabrochó su gabardina y, de la bolsa, sacó la carpeta negra, que ya no era invisible. El efecto del sigilo había cesado.
Navali aspiró de forma sonora y la tomó como si fuera un tesoro.
—¡No puedo creer que tenemos esto en las manos! —exclamó y corrió hacia la mesa, para abrirla allí—. Al fin podremos encontrar a todos los rompealmas que no han sido exterminados.
Eso picó a Dara en las costillas. Se acercó al filo de la mesa, donde ya estaban amontonados los otros tres.
—¿Van a buscar a los rompealmas? —preguntó con la voz hecha un hilo.
—Así es —dijo Yaffa—. Estos informes prueban que la Academia Valrose ha mentido por años.
Sin embargo, la gente sería capaz de dudar de su veracidad.
La archimaga puede decir que son documentos falsos.
Necesitamos encontrar a los rompealmas que quedan para que todo Liyia los vea con sus propios ojos.
—Además, la Sociedad del Alma y la Rosa lleva siglos cazándolos. Así que es probable que esos rompealmas se unan a nuestra causa, y eso nos será útil si llega a desatarse una revolución —habló Navali.
Dara arrugó las cejas. ¿La Sociedad del Alma y la Rosa? En ese instante, tres letras aparecieron en su mente: SAR. Las siglas que vio en la agenda de la archimaga. El corazón comenzó a latirle sin control.
—¿Qué es la Sociedad del Alma y la Rosa? —preguntó con urgencia.
Sin dejar de hojear los informes sobre los rompealmas, Cedric le respondió:
—Es la sociedad secreta de la Academia Valrose, liderada por la archimaga.
Su cabeza actual es Elgaria Monrae, pero ha sido liderada por todos los archimagos que han dirigido la academia.
Existe desde hace un poco más de cuatrocientos años.
Su misión es acabar con todos los rompealmas a fin de reservar esa clase de magia para el linaje Monrae.
Dara no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Había toda una sociedad secreta encargada de cazar rompealmas? Y lo habían hecho por siglos. ¿Cómo era posible? El ardor en su pecho se expandió a cada una de sus extremidades.
—Me prometió que iba a ayudarme a encontrar al asesino de mi madre —dijo sin pensarlo. Ahora que sabía con certeza quién había liderado el homicidio, la necesidad de ponerle rostro al asesino la empezó a sofocar—. Esto no me basta, quiero un nombre y un apellido.
Ante eso, Cedric dejó de ver los informes y miró a Dara con curiosidad.
—Ah, ¿entonces la Sociedad del Alma y la Rosa mató a tu madre? —su pregunta sonó como declaración.
Maldición.
Dara no le había dicho a Cedric la razón por la que habían matado a su madre. Pero suponía que él ya lo sabía, ¿no? El viejo era más perspicaz de lo que aparentaba. De pronto, estaba segura de que por eso le había pedido que robara la carpeta.
Tuvo que tomar valor en forma de aire antes de hablar.
—Sí. La información de mi madre está en esa carpeta —confesó.
Navali la miró con los ojos bien abiertos.
—¿Eres una rompealmas? —le preguntó con un deje de asombro en la voz.
Dara no contestó. No se atrevía. Apenas una semana antes acababa de revelarle su secreto más grande a Livier y no estaba lista para que alguien más lo supiera. Además, Livier era Livier. Ellos eran unos completos extraños.
Cedric decidió tener piedad de ella.
—A veces la magia no se hereda. Que su madre lo haya sido no significa que ella lo sea —dijo con ligereza. Miró a Dara—. ¿No es cierto, Dara?
Dara asintió.
El brillo en los ojos de Navali se apagó y volvió a centrar su atención en los informes.
—Bueno, sea como sea, tenerte con nosotros será de utilidad. ¿Alguna vez has matado a alguien?
Esa pregunta removió algo oscuro en el pecho de Dara.
—No estoy con ustedes —respondió.
Yaffa hizo una mueca de disgusto.
—Si no estás con nosotros, estás con la archimaga.
—Antes muerta que estar con la archimaga —exclamó Dara, ofendida—. Pero trabajo sola.
—¿Por qué? —preguntó Navali—. Sola no vas a lograr nada, las personas funcionamos mejor en equipo. Cedric nos dijo que querías exponer a la Academia Valrose; nosotros también. Tenemos el mismo objetivo, ¿por qué no trabajar juntos?
—Porque yo solo quiero venganza —respondió sin más.
Era la verdad. Ella no quería salvar al mundo. Nunca había sido el tipo de persona que se preocupara por el bien mayor. Si lograba su venganza, no le importaba si el Creador moría y todo desaparecía.
—Ah, ¿y todo lo demás puede irse a la mierda? —preguntó Navali.
Dara se encogió de hombros. Navali se plantó frente a ella.
—Si el mundo se acaba, también será el fin de la humanidad. Dime, Dara, ¿no tienes a alguien por quien valga la pena luchar?
Esa pregunta hizo que su mente se paralizara.
Pero su corazón reaccionó de forma visceral.
El recuerdo de la primera vez que vio a Catriona le llegó como un flechazo.
También apareció Verian molestándola en clase.
Ashe ayudándola en el bosque. Leone convertido en tigryo. Penélope durmiendo a su lado. Y Livier.
Livier protegiéndola, aunque ella no necesitara protección. Livier protegiéndola, cuando nunca nadie lo había hecho. Livier, que ya había muerto y tenía un jardín lleno de flores y de vida.
«¿No tienes a alguien por quien valga la pena luchar?».
«¿No tienes a alguien por quien valga la pena luchar?».
«¿No tienes a alguien por quien valga la pena luchar?».
Sí, sí, sí.
Antes de que pudiera contestar, un ruido se escuchó tras ellos. Dara se giró de inmediato y vio que la puerta de la bodega se abría. El pulso le subió a la garganta.
Pero los demás lucían tranquilos.
—No te preocupes, Dara. Estamos esperando a alguien más —dijo Cedric.
¿A alguien más? Dara los miró por unos segundos y después volvió a clavar sus ojos en la entrada de la bodega. La oscuridad de la noche le brindó un poco de misterio al recién llegado, que, a lo lejos, se veía como un ser hecho de sombras.
La figura empezó a caminar hacia ellos y, poco a poco, la luz cálida de las velas iluminó sus facciones.
Dara retrocedió un paso.
Era Livier.