LA LADRONA #3
Dara tenía la culpa, ¿cómo pudo permitirse bajar la guardia con el heredero de la Academia Valrose? Se sentía más estúpida que nunca.
Esa tarde, Dara fue a la biblioteca en busca de Cedric. No llevó la carpeta negra consigo; no habría sido lo más prudente. El campus estaba repleto no solo de reguladores, sino también de policías. Estaban tratando el robo como un crimen de alto nivel. Dara suponía que lo era.
Pero Cedric no se encontraba allí. Fue uno de los voluntarios quien le dijo a Dara que no había pisado la biblioteca en todo el día.
—Cedric está entrevistando a los aprendices, por eso no ha podido venir —dijo el becado.
Por un instante, Dara se sorprendió, pero no tardó en comprender la razón.
Era de suponerse que la subdirectora sabía cuál era la habilidad superior de Cedric y lo estaba usando para forzar a los aprendices a decir la verdad.
Un escalofrío pasó por la espalda de Dara al recordar la espantosa sensación de no poder callar.
Pero el que Cedric realizara las entrevistas funcionaba a su favor, ya que no la forzaría a confesar que robó la carpeta que él mismo le pidió.
—Bueno, me quedaré a leer un rato —dijo Dara.
Lo más conveniente era esperarlo allí. No iban a poder reunirse en la noche porque seguramente el campus seguiría infestado de cuerpos de seguridad. Así que lo esperaría porque era urgente hablar con él. Era la única persona con la que podía discutir el contenido de esa carpeta.
Se quedó en la biblioteca por horas. Había muchísimos más aprendices que de costumbre por la prohibición de abandonar la academia, pero, poco a poco, el teatro se fue vaciando.
Dara se entretuvo organizando unos documentos, ayudando al voluntario de turno y, al final, leyendo.
Ni siquiera buscó algún tema para investigar; se fue directo a leer una novela de romance que le ayudara a dejar de pensar en todo lo que le preocupaba.
Ya estaba muy entrada la noche cuando la voz de Cedric resonó en la cabeza de Dara.
—A ti es a quien quería ver, mi querida discípula —dijo el bibliotecario con magia de transmisión—. Quiero felicitarte por cumplir con la misión.
Dara no cerró el libro que tenía entre las manos y fingió que seguía leyendo. No quedaban muchos aprendices, pero lo mejor era que no la vieran charlar con Cedric.
—No pude traer la carpeta, hay demasiada seguridad en el campus —contestó Dara.
—Lo sé, tendremos que reunirnos en otro lugar, pero deberá ser dentro de unos días —dijo Cedric.
De reojo, Dara pudo ver que el bibliotecario ordenaba un par de libros en una estantería cercana.
Estaba más encorvado que de costumbre. ¿Cuánto adnae había tenido que usar para llevar a cabo las entrevistas de ese día?
Cuando un mago dominaba su habilidad superior, usarla no requería más adnae del normal, pero ¿una y otra vez sin parar?
¿Durante todo un día? Era un milagro que siguiera de pie.
—Vi el contenido de la carpeta —confesó Dara sin preámbulos.
Cedric pausó sus movimientos por unos segundos, pero luego continuó.
—¿Y qué opinas de lo que viste?
—Que todo Liyia debe enterarse de que la Academia Valrose es una institución homicida.
Su venganza estaba tan, tan cerca.
—Por supuesto —concedió Cedric—. Pero hay mucho en juego. Tenemos que ser estratégicos.
Dara pasó una página del libro que fingía leer. Si los informes de esa carpeta salían a la luz, se desataría un caos que causaría estragos en Liyia. Pero eso era lo que quería el bibliotecario, ¿no? Forzar la mano de la archimaga para que entregara el Diario de Valrose.
No pudo evitar recordar las advertencias de Livier sobre lo peligrosa que era Elgaria Monrae.
Dara no conocía el alcance de la magia de alma de la archimaga y algo le decía que no era capaz de imaginarlo.
Suponía que Cedric tenía razón, debían ser estratégicos.
Ambos deseaban exponer a la Academia Valrose, pero si querían que fuera efectivo, no podían actuar sin un plan.
Al final, tendría que seguir trabajando con él. No podía simplemente entregarle la carpeta y desentenderse.
—Estoy dispuesta a poner de mi parte, pero debe prometerme dos cosas.
—Ah, ahora estamos exigiendo…
—Lo primero es que va a cumplir con su parte del trato y me ayudará a descubrir quién asesinó a mi madre —dijo Dara con determinación—. Lo segundo es que, aunque tengamos que esperar, me garantice que vamos a exponer el contenido de la carpeta. La archimaga tiene que pagar.
Cedric dejó lo que estaba haciendo en la estantería y caminó a la mesa en la que Dara leía. Ella no alzó la cabeza y siguió con su lectura. Él abrió un libro y empezó a leer.
—Un trato es un trato. Te ayudaré —aseguró Cedric. Tosió un par de veces—. Sobre tu otra petición, cuenta con ello. Solo te pido paciencia.
Dara suspiró.
—¿Podemos darnos el lujo de ser pacientes? Es usted quien está intentando impedir el fin del mundo.
Cedric meditó su pregunta antes de responder.
—No sé cuánto tiempo nos quede, pero debemos ir con cuidado. El contenido de la carpeta es clave para dar el siguiente paso —dijo al fin—. La próxima semana te daré la fecha y el lugar. Necesito que llegues ahí sin que nadie te vea.
—Eso no será problema.
Cedric sonrió.
—Por supuesto que no.