TRATO CERRADO #2
La imagen de Elgaria Monrae apareció en la mente de Dara. Elegante y cruel, con su bastón en mano. Con esos ojos rojos que había heredado a sus nietos, Livier y Verian.
—Dijo que surgió algo —señaló Dara—. ¿Qué pasó? ¿Por qué se tiene que ir de la academia?
—Recibí una pista de dónde podría estar escondido el Diario de Valrose, así que voy a ir —dijo Cedric.
Dara suponía que el bibliotecario no compartiría esa información tan delicada con ella, así que ni siquiera preguntó.
—Y si lo encuentra, ¿cómo va a romper el sigilo de seguridad? Necesitaría un rompealmas para hacerlo.
—Primero necesito encontrarlo, ya después me ocuparé de lo que sigue.
—Bueno, ¿y yo para qué necesito saber esto? —exclamó Dara. No quería sonar molesta, pero no podía evitarlo—. Yo solo quiero vengar la muerte de mi mamá, no quiero salvar el mundo.
—¿Y qué no tienes que exponer a la Academia Valrose para lograr tu objetivo? —preguntó Cedric—. No necesito que quieras salvar el mundo, solo que me reportes tus descubrimientos.
Dara negó con la cabeza.
—Trabajo mejor sola. Desde que me enteré de todo esto no he logrado progresar nada —exclamó y se alejó de la mesa. Empezó a caminar en círculos—. ¿Por qué me arrastró a esto? ¡Solo soy una aprendiz!
Cedric ladeó la cabeza.
—¿Eso eres? ¿Solo una aprendiz?
Dara se detuvo y apretó los labios antes de contestar.
—Sí.
—Te olvidas de que eres mi discípula —respondió Cedric con una sonrisa—.
Decidí contarte todo esto porque vi la decisión en tus ojos.
Te vi descubrir los túneles y este cuarto.
Te vi metida entre las páginas de todos los libros sobre sigilos de cerraduras y candados.
Esa determinación tuya es más valiosa de lo que crees.
—La determinación no es suficiente —dijo Dara. Lo sabía por experiencia.
Cedric chasqueó la lengua.
—Tienes razón, muchas veces no lo es. Pero, si tú me ayudas, yo también puedo ayudarte a ti. ¿Sabes quién asesinó a tu madre?
Dara abrió la boca, pero no dijo nada. ¿Por qué Cedric le estaba preguntando eso?
¿Acaso él lo sabía? Desde que era pequeña, siempre asoció la muerte de su mamá con la Academia Valrose como institución.
Pero claro que quería saber quién la había matado.
Quería encontrar al asesino y, si estaba en sus manos, hacerlo pagar.
—¿Usted sabe algo? —preguntó cuando recuperó la voz.
Todo el cuerpo de Dara comenzó a temblar.
—Primero quiero escuchar tus teorías.
—Creo que fue orden de algún alto mando —dijo Dara; sonaba bajita e insegura. Jamás había dicho nada de eso en voz alta—. Tal vez… incluso de la archimaga. Pero no creo que ella haya hecho el trabajo sucio.
—¿Y por qué alguien tan importante como la archimaga querría matar a tu madre? —preguntó el bibliotecario, como si supiera algo importante.
Dara apretó los puños. No confiaba en él y no pensaba revelarle el secreto más grande de toda su existencia.
—No lo sé —mintió.
Cedric entonó un tarareo, pensativo. Luego suspiró.
—Está bien, te propongo algo. Los dos seguiremos buscando evidencia para exponer a la academia, pero, además, yo mismo te ayudaré a descubrir quién asesinó a tu madre. No será difícil si muevo a mis contactos. Solo necesito que tú me consigas algo.
El anciano estaba jugando bien sus piezas. Sabía perfectamente que, para Dara, eso era algo que no podía rechazar con facilidad.
—¿Qué cosa? —preguntó ella con un hilo de voz.
—La mano derecha de la archimaga tiene una carpeta negra bajo llave en su oficina en el Castillo Mayor —dijo Cedric—. Es de suma importancia que me la traigas.
Dara alzó ambas cejas. La mano derecha de la archimaga era la madre de Ashe. La recordaba perfectamente de aquella vez que la vio en el observatorio del campus.
—¿Qué hay en esa carpeta? —preguntó Dara.
—Si logras conseguirla, te lo mostraré.
Dara volvió a cruzarse de brazos. Robar no era algo que le resultara ajeno.
Toda su vida lo había hecho para sobrevivir.
Pero ¿qué tan fácil sería entrar a esa oficina para sacar algo que claramente era confidencial?
No quería terminar expulsada, así que tendría que analizarlo todo antes de proceder.
¿Cuánto tiempo pasaba la mujer en la oficina?
¿Tenía seguridad? ¿Cuántas cerraduras debía abrir?
¿Contaba con sigilos? Esas y muchas preguntas más circulaban por su mente.
—¿Cuánto tiempo tengo para hacerlo? —preguntó Dara.
—Lo necesito antes de que se acabe el año escolar —dijo Cedric.
Oh, para eso todavía faltaban meses. Confiaba en que era capaz de hacerlo.
—Está bien, tenemos un trato.
—¡Excelente! Sabía que podía contar contigo, mi discípula.
Cedric extendió la mano hacia Dara.
Después de dudarlo por unos segundos, ella la tomó.
Trato cerrado.
Esa noche, Dara y Catriona se encontraban en su dormitorio, ambas recostadas en una misma cama, viendo hacia el techo mientras charlaban de todo y de nada. Catriona pasaba de temas serios, como sus hospitalizaciones, a los temas más triviales, como los colores de pelo que jamás usaría.
Hacía unas horas había comenzado a llover y todo apuntaba a que iba para largo.
Los golpes de las gotas de lluvia eran arrulladores cuando se estaba bajo un techo.
Dara se sentía tranquila, a pesar de la mañana que había tenido.
Esperaría a que las clases se reanudaran para comenzar a recopilar los datos necesarios para la misión que Cedric le asignó.
Penélope no se había separado de Catriona desde que fue dada de alta, y se encontraba sobre su estómago, acurrucada.
—Rennai, ¿me escuchas?
La voz de Verian en su cabeza la hizo arrugar la nariz.
—¿Dónde estás? —preguntó Dara. Normalmente, le resultaba difícil usar magia de transmisión si no veía a la persona, pero el canal con Verian ya le era tan familiar, que no necesitaba tenerlo en frente.
—Afuera. No de tu dormitorio. Asómate por la ventana.
Dara se sentó sobre el colchón y miró a Catriona.
—Verian está afuera —le informó.
No tenía idea de qué hacía Verian afuera en plena noche lluviosa, pero no se iba a quedar sin averiguarlo, así que se puso de pie y se dirigió a la ventana del dormitorio, la abrió y asomó la cabeza. Catriona venía justo tras ella.
Dara alzó ambas cejas en sorpresa cuando vio que no solo Verian se encontraba abajo, sino que estaban los Cuatro Magos.
Leone las saludaba con ambas manos, Ashe se abrazaba a sí mismo, Verian las miraba con los brazos cruzados y Livier estaba un poco más apartado, con las manos en los bolsillos de su gabardina. Ninguno se mojaba con la lluvia.
Dara se preguntaba si era obra de Livier o de la recién descubierta habilidad superior de Verian.
—¿Qué hacen allá abajo? —preguntó Catriona, pero por la lluvia, solo Dara la escuchó.
—¿Qué sucede? —Dara le preguntó directamente a Verian.
—Leone quiere que vayamos a celebrar que la Demostración acabó y fuimos los finalistas —contestó Verian—. Ya hay un coche grande esperándonos afuera del campus. Nos llevará a la residencia Eryndor.
—¿Qué? ¿A esta hora? —exclamó Dara.
—Es temprano y es fin de semana. Vamos, Rennai, las vemos aquí abajo.
Dara le informó a Catriona sobre su breve intercambio mental con Verian y su amiga dio un salto y corrió a su armario para cambiarse de ropa.
Dara se quedó inmóvil por unos segundos antes de suspirar y hacer lo mismo.
Por un momento pensó en oponer más resistencia, pero la realidad era que no se le ocurría ninguna excusa para negarse.
Antes de salir del dormitorio, Penélope saltó a los brazos de Catriona y decidieron que la llevarían con ellas.
Así fue como terminaron en la propiedad de los Eryndor.
No era un lugar que le trajera muy buenos recuerdos a Dara, pero no sintió ninguna emoción negativa al volver.
Tal vez era porque aquella noche de la fiesta las cosas no habían terminado tan mal.
O tal vez era porque las circunstancias actuales eran completamente distintas.
Ese grupo de chicos ya no se componía de extraños.
Recordaba que la primera vez que entró a la propiedad de la familia Eryndor la comparó con una villa entera. Esta vez le dio la misma impresión, más cuando no llegaron a la mansión principal, sino a una un tanto alejada que, según las palabras del mismo Leone, fungía como salón de juegos.
Esa enorme casa no era un salón. Tenía dos pisos, una cocina completamente equipada, tres salas, un comedor para unas cuarenta personas, y un montón de salones con distintos medios de entretenimiento: estaba la sala de música con todos los instrumentos existentes, otra dedicada al ajedrez,
una biblioteca, un gimnasio, un salón de billar y mucho más.
Decidieron empezar la velada en la sala del proyector para ver películas, cosa que dejó boquiabierta a Dara, considerando que los cines eran una novedad en Liyia, ¡y la familia de Leone tenía el suyo propio en casa!
Dara esperaba que no se notara lo emocionada que estaba, ¡era la primera vez que experimentaría algo así!
Todo su cuerpo vibraba ante la expectativa.
Leone llevó a la sala bastante comida, además de bebidas alcohólicas, y seleccionó una película de horror que trataba de un danzamentes con el poder de crear ilusiones muy reales, las cuales utilizaba para aterrorizar a toda una aldea.
—Eso no es creíble, ¿saben la cantidad de adnae que se requeriría para engañar a tanta gente? —se quejó Ashe en medio de la película.
—Siempre el alma de la fiesta —dijo Verian antes de darle un trago a una botella de vino directo de la boquilla.
—Yo sí tengo miedo —susurró Catriona, que abrazaba a Dara.
Dara, por su parte, miraba cada escena en blanco y negro con fascinación.
Tenía un plato hondo con frituras sobre las rodillas y se sorprendió a sí misma aceptando la copa de vino que le ofreció Leone.
Llevaba años sin beber una sola gota de alcohol, pero ahí, rodeada de ellos, una sensación desconocida de seguridad la arropaba.
Una hora después, la película terminó y Dara decidió que era una obra de arte del cine, aunque en realidad no tenía ninguna credencial u otra película con la cual compararla, pero no le importaba. La noche de celebración había empezado bien.