El Legado de la Rosa (Academia Valrose 1) TRATO CERRADO
58%

TRATO CERRADO

La noche después del duelo final, Dara durmió acurrucada con Penélope. No había podido ver a Catriona porque la enfermería prohibía visitantes después del atardecer, así que se dio un poco de gracia y decidió irse a descansar. La Demostración la drenó física y mentalmente.

Cuando despertó, lo primero que cruzó su mente fue Catriona. Así que se duchó con rapidez y se puso el primer conjunto de ropa que encontró: un suéter color crema y una falda negra. Se recogió el pelo en una trenza despreocupada y salió del dormitorio, no sin antes servirle pienso a Penélope.

A paso rápido, se dirigió a la enfermería para ver a su amiga. Llevaba varios días ahí y le preocupaba que todavía no la dieran de alta. Llegó al edificio y la doctora, que ya la reconocía, la dejó pasar al instante.

—Eres la primera visita de hoy —dijo ella.

Dara le agradeció y se dirigió al cubículo donde sabía que Catriona descansaba. Para su tremendo alivio, su amiga se encontraba sentada en la cama, recargada sobre la almohada. Su pelo estaba alborotado y rosado. Esa era la mejor señal de todas.

—¡Cat! —saludó Dara.

Catriona volteó al escuchar su nombre y le regaló una sonrisa a Dara. Su hermosa piel oscura todavía lucía un poco grisácea y bajo sus ojos había unas pronunciadas ojeras, pero se veía mejor que el día que la trajo.

—¡Dara! —exclamó Catriona y le dio unas cuantas palmadas al colchón de la cama—. Ven, siéntate aquí.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Dara mientras se acercaba y se sentaba donde su amiga le indicó.

—Mejor. La doctora dice que hoy en la tarde me dará de alta —dijo y luego se inclinó un poco hacia Dara—. ¡También me dijo que llegaste al duelo final en la Demostración! ¡Sabía que lo harías! ¡Felicidades!

—Verian fue quien ganó —contestó Dara.

No le dolía decir eso en voz alta. Ni siquiera le hería el ego. Había sido un duelo difícil para ambos, pero más para Verian. Al final, el mismo núcleo eligió al ganador.

—Y también lo voy a felicitar cuando lo vea —dijo Catriona—. Estoy orgullosa de ambos, ¡mis amigos son los mejores aprendices de primer año!

—Tú también lo hiciste increíble. Tu duelo fue de mis favoritos —señaló Dara con completa honestidad.

Catriona suspiró con pesadez y se dejó caer hacia la almohada.

—Espero que los profesores piensen lo mismo.

Alessa les envió a mis padres una carta para contarles sobre mi estado y la respondieron casi de inmediato.

No están felices de que me hayan descalificado de la Demostración —dijo mientras se tallaba los ojos—.

Están obsesionados con que me gradúe de Valrose y sea una gran maga.

En Liyia, la correspondencia llegaba a su destinatario en cuestión de segundos.

Las oficinas de correos contaban con sobres infusionados con sigilos con alteración de magia de transportación.

Eran de un solo uso y muy eficientes. Muchos forzacuerpos con la habilidad superior de transportarse de un lugar a otro se dedicaban al oficio de la mensajería y cobraban bastante bien.

—¿Y no saben que tú no quieres ser maga? —preguntó Dara.

—Lo saben, pero no les importa. Mi hermana mayor nació con adnae inactivo, así que soy su única esperanza para brindar prestigio a la familia Marvella —explicó Catriona—. Son buenos conmigo, pero a veces siento que, si no logro graduarme, me preferirían muerta.

Los ojos de Dara se abrieron de par en par ante la cruda declaración. No conocía a los padres de Catriona, pero si eso era cierto, no le agradaban en lo más mínimo.

—No digas eso —contestó, apretando la sábana bajo sus manos.

—Bueno, tal vez estoy exagerando, pero en la aristocracia no te toman en serio si no perteneces a una prominente familia de magos; y para mis padres, mantener el estatus es lo más importante. A mi hermana la mandaron al convento de Dimas para que se consagrara. No pudieron con la vergüenza.

Dara frunció el ceño.

—Lo siento, Cat, pero suenan como horribles personas.

—¡No son tan malos! —exclamó Catriona. No estaba molesta, genuinamente parecía creer lo que decía—. Además, ni siquiera sé qué quiero hacer de mi vida, así que supongo que haré lo que ellos quieren. No es como si tuviera una alternativa mejor.

Por lo menos, Dara podía entender lo que era no saber qué hacer de su vida. Su único objetivo siempre había sido su venganza, y después de eso, nada. Nunca se había puesto a pensar en un futuro. En su futuro.

—Lo importante es que ya estás mejor —dijo. No quería seguir hablando de los padres de Catriona—. Debes informar a los profesores de magia práctica que estos días no podrás hacer demasiado esfuerzo.

Catriona volvió a inclinarse hacia Dara para tomar su mano entre las suyas.

—Gracias por preocuparte por mí.

Dara sintió sus orejas arder y desvió la mirada.

—Es solo que no quisiera que vuelva a pasar. Te ausentaste muchos días del dormitorio y Penélope te extraña —dijo en voz baja, casi entre dientes.

Catriona apretó la mano de Dara, lo que hizo que ella volviera a mirarla. Su amiga todavía sonreía, pero era un gesto cargado de algo más, algo pesado.

—No te garantizo que no volverá a pasar. Estoy acostumbrada a estar hospitalizada —dijo Catriona con suavidad, como si no quisiera asustar a Dara—. Desde niña me la vivo enferma; los doctores creen que se debe a que nací prematura.

El pulso de Dara se aceleró y sus palabras salieron atropellándose las unas a las otras.

—¿Y te diagnosticaron alguna condición? ¿Es grave?

Catriona hizo una mueca y se quedó pensando. Parecía que se debatía entre contestarle a Dara o no.

—A veces —respondió con cautela—. Quiero decir, a veces he llegado al hospital muy grave. Pero no tengo ninguna condición diagnosticada, por eso todo es impredecible.

Dara se tomó unos segundos para asimilar la información, que Catriona aprovechó para soltar su mano y darse un par de palmadas en el pecho. Su sonrisa triste se fue y volvió la de los mil soles.

—¡Pero mírame, estoy bien! Los doctores pensaban que no iba a pasar de los quince años, ¡y ya tengo veintidós! —exclamó Catriona—. Además, ahora Lessa se asegura de que todos los días me tome mis remedios. En serio creo que estoy mejorando, no me he enfermado tan seguido.

Dara recordaba esa conversación que escuchó hacía algún tiempo, en la que Alessa reprendió a Catriona por no tomarse los remedios. En aquel momento, ella no conocía la seriedad de los padecimientos de su amiga, pero ahora que estaba enterada, iba a estar atenta de que se los tomara.

—¿Estaban hablando de mí?

Alessa entró al cubículo con una sonrisa plasmada en la cara. Tenía los brazos tras la espalda.

—Solo cosas buenas —contestó Catriona y le guiñó un ojo.

—Pues yo también vengo con cosas buenas —exclamó Alessa y extendió un ramo de flores rosas, amarillas y naranjas a Catriona—. ¡La doctora te acaba de dar de alta!

El chillido que soltó Catriona al ver las flores seguro se escuchó en todo el campus. Dara esperaba que así fuera. Que todos se enteraran de que Catriona Marvella había sido dada de alta y estaba bien.

Estaba bien.

A Dara le habría gustado que su día se hubiera mantenido en esa nota positiva con la que salió de la enfermería en la mañana, pero no fue así.

Era fin de semana, así que después de desayunar rápido se dirigió a la biblioteca para hacer sus deberes y los de los aprendices que le habían pagado esa semana.

Sabía que no les agradaba en lo más mínimo, pero al parecer les agradaba aún menos hacer las tareas, y Dara las hacía bien, así que se aguantaban sus malas caras. Algunos por lo menos fingían cordialidad. A Dara no le importaba, mucho menos ahora que cobraba por adelantado.

Llevaba tal vez una hora en eso cuando sintió una presencia conocida detrás de ella. Trató de ignorarla para ver si así se iba, pero no lo hizo.

—¿Vas a seguir ignorándome, querida discípula?

La voz de Cedric dentro de su cabeza le tensó la espalda.

—¿Puedo? —preguntó Dara, sin voltear a verlo.

—Me temo que hoy no —dijo Cedric—. Te dije que nos reuniríamos en un mes y sé que faltan un par de días, pero hoy el campus está vacío y cerré la biblioteca temprano, así que necesito que me sigas.

Dara dejó de escribir y se giró para mirarlo.

—Pensé que solo podíamos tener reuniones de noche —dijo en voz alta.

—Sí, eso es lo óptimo, pero surgió algo y tengo que irme por unos días —contestó Cedric—. Ya avisé a la administración que la biblioteca permanecerá cerrada durante el fin de semana. Ahora mismo solo estamos tú y yo.

Eso último no sonó amenazante, pero Dara lo sintió así. Tal vez jamás volvería a estar cómoda en presencia del bibliotecario.

—No tengo ningún avance —dijo, con la esperanza de que la dejara ir—. He estado ocupada en otras cosas.

Cedric comenzó a caminar hacia el escenario del teatro.

—Sígueme.

Dara suspiró y tuvo que armarse de valor para ponerse de pie y seguirlo.

No quería bajar a los túneles y no quería volver a escuchar sobre el Creador moribundo.

Pero no tenía opción, así que siguió al bibliotecario y bajó los quinientos veintitrés escalones que daban a los corredores fríos y oscuros.

En esta ocasión, la antigua puerta los esperaba en medio del pasillo.

En silencio, subieron las escaleras y llegaron al cuarto de las personas desaparecidas. Así era como se quedó grabado en la mente de Dara. Cedric se acercó a la mesa y Dara se situó a su lado. El enorme mapa de Liyia descansaba abierto sobre la madera y tenía más marcas que la vez anterior.

—Han desaparecido tres pedazos de tierra más —dijo Cedric y apuntó las tres nuevas marcas—. Uno en Arza y dos en Irella. Y hemos recolectado catorce reportes más de personas desaparecidas.

—¿Hemos? —preguntó Dara.

—Tengo contactos en todo Liyia.

Dara asintió y se cruzó de brazos, a la defensiva, mientras continuaba observando el mapa.

—¿Cómo es posible que nadie se dé cuenta?

—Te lo dije antes, son pedazos muy pequeños y remotos —explicó Cedric con paciencia—. En cuanto a las personas desaparecidas, los reportes llegan a la policía y luego a la archimaga, pero no salen de ahí. Elgaria Monrae lo tiene todo muy controlado.