DOMINIO #2
Apretó los puños, sintiéndose cada vez más como él mismo. Desde arriba del pedestal sentía que podía controlar el agua. Algo que jamás pensó que sería capaz de hacer.
En serio debía agradecerle a Rennai al final del duelo.
Recordó que no había visto a Dara salir a tomar aire en unos minutos y su corazón volvió a acelerarse. Comenzó a imaginar lo peor. Lanzó erráticamente su magia de voluntad a distintos puntos del pozo, sin dar tregua. No para buscar el núcleo, sino para encontrarla a ella.
El estado de frenesí no le duró mucho, ya que Dara saltó hacia uno de los pedestales que estaban próximos a quedar sumergidos.
Al verla con más detenimiento, Verian entendió.
Rennai llevaba su escudo de adnae como barrera.
Era un escudo tan sólido que lo estaba usando como burbuja de aire para poder nadar sin necesidad de salir a la superficie por aire.
Brillante.
Los ojos de ambos se cruzaron y Dara dejó ir su escudo. Después alzó la mano para mostrarle a Verian lo que llevaba: el núcleo. Lo había encontrado y ahora solo debía saltar al pedestal más alto para colocarlo ahí y ganar.
Dara Rennai era buena, muy buena.
Pero no iba a ganar.
Verian saltó hacia ella con la intención de arrebatarle el núcleo. Dara apenas logró esquivarlo y se impulsó con magia de voluntad hacia otro pedestal. Si saltaba de ahí, lograría llegar al pedestal más alto. Y eso hizo.
Dara dio un salto alto para alcanzar su objetivo, pero Verian no lo iba a permitir.
Desde donde estaba, se impulsó para encontrarse con ella en el aire y, con su magia de voluntad, tiró con fuerza y le arrebató el núcleo.
La esfera negra ahora estaba en sus manos.
Aterrizó en un pedestal a medio sumergir y ahora era su turno de saltar al pedestal más alto para ganar.
Se elevó en el aire. Dara se encontró con él a medio camino y lo embistió.
Aterrizaron con fuerza, ella encima de él, en la base ancha de un pedestal ya encharcado.
Verian sintió el frío del agua en la espalda e intentó ponerse de pie, pero se lo impedía el peso de Rennai y podía sentir la magia de voluntad intentando arrebatarle el núcleo.
—¡Quítate de encima! —exclamó Verian.
—¡Suelta el núcleo! —respondió Dara.
El agua seguía subiendo y el pedestal en el que se encontraban cada vez se hundía más.
En su desesperación por no sumergirse, perdió concentración y la magia de Dara le arrebató la esfera.
Ella la tomó entre las manos y se puso de pie, cosa que hizo reaccionar a Verian.
Ahora fue él quien la embistió con fuerza.
Todo sucedió muy rápido. El núcleo cayó de nuevo al agua.
Y ellos perdieron el equilibrio.
Hacía muchísimos años que Verian no sentía agua envolviéndolo por completo. ¿Cuánto tiempo había pasado exactamente? ¿Qué edad tenía cuando cayó al agua y no pudo salir? Seis. Seis años.
Toda la vida se había dicho a sí mismo que ya había olvidado ese suceso.
Que no recordaba lo que sintió cuando el agua lo consumió por completo.
Era mentira. A Verian se le hacía fácil mentir.
Le salía muy bien. Pero eso no convertía las mentiras en verdad.
Nunca lo olvidó. Recordaba a la perfección la sensación de su cuerpo chocando con el agua.
Tenía marcado debajo de la piel el descenso hacia lo profundo.
La oscuridad absoluta. La desesperación abismal.
Era exactamente lo que sentía en ese momento.
Cayó al agua y lo primero que hizo fue alzar los brazos para tratar de alcanzar la superficie, pero era como si sus extremidades se hubieran vuelto de plomo al contacto con el agua. Eran pesadas y lo hacían hundirse con rapidez.
De pronto se sentía como ese niño indefenso de seis años luchando por su vida contra la corriente.
Pataleó con todas sus fuerzas y no logró nada.
La presión comenzó en el pecho, y el ardor no tardó en transformarse en una necesidad animal de respirar.
Sin poder controlarlo, como un idiota, abrió la boca.
El agua descendió por su garganta y el dolor explotó dentro de sus pulmones, un fuego helado que se desencadenó en espasmos que se apoderaron de su cuerpo.
El sonido del agua en sus oídos era insoportable.
Y todo se estaba apagando. Solo veía sombras deformadas y destellos de luz aquí y allá.
Los brazos dejaron de responderle y las piernas ya no le funcionaban.
Su cuerpo se rendía poco a poco, como si el agua quisiera convencerlo de quedarse quieto, ahí, con ella. En la oscuridad profunda y gélida.
Fue en ese momento en el que apareció Livier.
Lo veía borroso, pero desde que lo vio nadar hacia él, desde arriba, supo que era su hermano mayor.
No.
Su hermano mayor lo había salvado cuando casi se ahoga a los seis años. Pero la persona que nadaba hacia él en ese momento no era Livier. Era Dara Rennai.
Dara extendió la mano hacia él. Verian, con la poca fuerza que le quedaba, alzó la suya y la tomó. Ella lo sujetó con fuerza y, con ayuda de su magia de voluntad, los propulsó a ambos hacia arriba. Subieron, subieron y subieron contra la corriente. La mano de Dara era su única fuente de calor.
Cuando rompieron la superficie, Verian comenzó a toser para expulsar toda el agua de sus vías respiratorias.
Dara lo tenía rodeado de la cintura para que no volviera a hundirse y pataleaba sin parar para mantenerlos a flote.
Lucía cansada y asustada. Pero en sus ojos marrones había decisión. No iba a soltar a Verian.
Esa certeza hizo que Verian volviera al presente por completo.
En su cuerpo exhausto solo quedaba adrenalina y tal vez eso fue lo que llevó su magia a límites inexplorados. Primero lo sintió como un cosquilleo en la cabeza. Algo desconocido acariciaba su mente y Verian solo tenía que tomarlo. No estaba lejos, estaba ahí, dentro de él. Para él.
Así que lo reclamó.
No tuvo que impulsarse. Tampoco tuvo que empujar. El agua lo obedeció porque él decidió que debía obedecer. Era como si su magia mandara sobre la materia.
El agua debajo de Verian y Dara se alzó y los elevó directo al pedestal más alto.
Aterrizaron en la base con suavidad, de rodillas.
Dara se apoyó con ambas manos para tratar de calmar su respiración entrecortada.
Verian no sentía nada. Sus emociones se habían bloqueado y eso último había vaciado su adnae.
Si intentaba algo más con su magia, corría el riesgo de entrar en estado negativo.
—¿Estás bien? —preguntó Dara entre respiraciones agitadas. Era la segunda vez que se lo preguntaba en este duelo.
Verian asintió.
—¿Y tú?
—¿Yo? —exclamó Dara, confundida—. Claro que estoy bien.
—Me alegro —dijo Verian con sinceridad.
Dara tenía los ojos bien abiertos.
—Lo que acabas de hacer fue…
En ese momento, el núcleo salió del agua profunda y se elevó con lentitud, hasta quedar frente a ellos. Dara y Verian se miraron de reojo, sin entender muy bien lo que ocurría. Entonces, la esfera negra se movió y, como si tuviera consciencia, flotó directo hacia el pecho de Verian.
El agua dejó de subir. El sonido de una campana se escuchó a lo lejos.
—El núcleo ha elegido —la voz de Agatha Monrae resonó fuerte y clara—. El ganador del duelo final y de la Demostración es Verian Monrae.
El gimnasio explotó en una ovación escandalosa.
La arena se elevó al nivel de la superficie y las luces del gimnasio se sintieron como un ataque directo a los ojos de Verian.
Los cerró por inercia y se percató de que la cabeza le martilleaba.
¿Por qué seguían aplaudiendo y gritando? ¿No podían cerrar la boca?
Abrió los ojos cuando sintió movimiento a su lado.
Dara se levantó y le extendió la mano para ayudarlo a ponerse de pie.
Verian la miró, desde abajo, y recordó que unos minutos antes ella le había extendido la mano para sacarlo del agua.
En lugar de buscar el núcleo, Dara lo buscó a él y lo salvó.
Una ola de calidez extraña le inundó el pecho.
Por segunda vez en ese día, Verian tomó la mano de Dara.
Se puso de pie y ambos saltaron, juntos, desde el pedestal hasta el suelo.
—Perdiste tus anteojos —señaló Dara.
—Ah, con razón veo borroso —contestó Verian. Pensó que su vista todavía no se acoplaba a la luz después de la oscuridad del agua.
—Como sea, ganaste —dijo Dara y le dio un codazo en las costillas—. Felicitaciones.
—Vaya, son las felicitaciones más sinceras que alguien me ha dado en la vida.
Gracias —respondió Verian con un toque de sarcasmo, aunque en realidad quería decirle que no lo habría logrado sin ella.
Probablemente se habría ahogado. Su agradecimiento no era por las felicitaciones, pero era lo que él era capaz de ofrecer.
—Lo que hiciste al final… —susurró Dara—. ¿Fue tu habilidad superior?
Él asintió.
—Eso creo.
—Verian —Dara sonaba llena de asombro—. ¡Es magia de dominio!
Verian suponía que lo era. Todavía ni siquiera procesaba que su habilidad superior acababa de despertar. ¿Cómo iba a asimilar que era la magia de dominio?
Se trataba de una de las habilidades de danzamentes más raras y poderosas del mundo.
Solo había dos casos registrados en toda la historia de Liyia.
El último mago con esa habilidad superior había muerto hacía más de doscientos años, por lo que no había muchos registros de los alcances y las limitaciones del dominio.
Lo que se sabía era que el mago con dominio era capaz de imponer su voluntad ante la realidad. Tenía el poder de hacer que la materia inerte lo obedeciera. Natural o artificial. No aplicaba en seres vivos. Era una especie de magia de voluntad más poderosa.
—Hijo, acércate a la tribuna —dijo Agatha Monrae—. La archimaga te quiere entregar tu medalla personalmente.
La voz de su madre lo sacó de sus pensamientos. Podía ver que sonreía, aunque sin anteojos nada estaba muy definido. Quería ir a su habitación; ahí tenía unos de repuesto.
—Necesito mis anteojos —le informó como si eso fuera lo más importante.
—Verian, la archimaga te está esperando —repitió su madre.
Él suspiró. ¿Había logrado impresionar a Elgaria Monrae con su desempeño en el duelo? No lo creía, porque para la abuela él jamás sería suficiente. Y no tenía ganas de sentirse insuficiente en ese momento. Lo mejor sería acatar instrucciones para terminar con aquello rápido.