LA DEMOSTRACIÓN #3
El Cuenco de la Transformación hacía todo mucho más interesante.
Había arenas de todo tipo: un bosque invernal, un desierto negro, un invernadero con plantas vivas, un cementerio con huesos regados, un campo de flores venenosas…
los escenarios eran infinitos. Además, cada duelo tenía un objetivo diferente.
Algunos aprendices tenían que pelear hasta incapacitar al otro, pero a veces debían proteger su lado de la arena, o tocar una campana, o encontrar algo.
Cada duelo estaba diseñado para tener una duración aproximada de entre dos a cinco minutos, con algunas excepciones.
El primer día, el duelo de Dara duró menos de un minuto.
Su oponente se llamaba Mord Lei y era un cazaelementos con vinculación al aire.
Como escenario, aleatorio les tocaron unas ruinas flotantes, en las que había enormes pedazos de piedra suspendidos en el aire.
El ganador sería quien lograra llegar primero a la piedra más alta.
Mord creaba ráfagas de viento que lo impulsaban entre piedra y piedra, pero no sabía dirigirlo muy bien, así que le tomaba tiempo escalar.
En cambio, Dara solo tuvo que usar su ya confiable magia de voluntad para saltar hasta llegar a la cima.
Cuando le faltaban solo dos estructuras, su oponente trató de derribarla con una corriente de aire.
Dara casi cae, pero se sostuvo de la estructura. Cuando miró hacia abajo, por primera vez en la vida sintió vértigo. Se posicionó nuevamente en la piedra y, como era vengativa, proyectó su adnae de forma violenta hacia Mord y lo hizo desplomarse tres niveles. Después de eso, Dara terminó la carrera.
Ese día, Verian también ganó su duelo.
Ya había oscurecido cuando acabó la primera ronda de la Demostración.
Tomó todo el día terminar con la lista entera de aprendices de primer año.
Además, la jornada tuvo algunas pausas: dos para comidas y una de descanso justo a la mitad de los duelos.
No hubo muchos lesionados, y solo tres aprendices terminaron en la enfermería con heridas menores.
Los aprendices ganadores querían celebrar, pero los profesores les aconsejaron que durmieran bien, pues al día siguiente debían volver a pelear.
Esa noche, Dara durmió profundo.
La mañana siguiente no inició de forma ideal.
Cuando Dara se levantó de la cama, Catriona seguía dormida.
Eso era raro, ya que su amiga solía despertar primero que ella.
Decidió no tomarle importancia y se fue a duchar.
Su preocupación empezó cuando, al salir del cuarto de baño, Catriona seguía en cama, hecha un ovillo. Penélope se encontraba pegada a ella.
—¿Cat?
No obtuvo respuesta.
Se acercó a ella y una pizca de pánico la invadió al verla bañada en sudor. Sin pensarlo, Dara posó la mano sobre la frente de Catriona y maldijo internamente al sentirla hirviendo.
—Catriona, tienes fiebre, tenemos que llevarte a la enfermería —le dijo, retirando el pelo negro de la frente de su amiga. Penélope maulló.
Descubrir que su pelo había vuelto a su color natural la alarmó más. Incluso cuando dormía, Catriona mantenía su cabello de colores. Era la única parte de su magia que no le requería esfuerzo alguno.
—¿Dara? —preguntó Catriona en voz muy baja y rasposa—. No me siento muy bien.
—Lo sé, voy a llevarte a la enfermería —repitió Dara—. Pero tendrás que ayudarme a ponerte de pie, ¿sí?
—No… —canturreó Catriona—. No quiero que me vean con el pelo así.
Dara arrugó las cejas.
—Eso no importa ahora mismo.
—Eso siempre importa —dijo Catriona.
Por lo menos Catriona no estaba delirando; seguía coherente y siendo ella misma. Eso debía ser una buena señal, ¿no? Dara se agachó para ayudarla a levantarse y la cubrió con una gabardina.
—¿Puedes llamar a Lessa? —le pidió Catriona cuando salieron del dormitorio.
Así fue como Catriona terminó en la enfermería de la Academia Valrose en el segundo día de la Demostración.
La doctora del campus la revisó y le prohibió presentarse a los duelos.
Su fiebre estaba muy alta y tomaría horas bajarla.
Según el diagnóstico, Catriona había hecho mucho esfuerzo el día anterior y las defensas de su cuerpo sucumbieron.
Alessa llegó tan rápido como pudo y prometió no separarse de su novia. Catriona ni siquiera intentó debatir con la doctora cuando le dijo que debía retirarse de la Demostración; simplemente suspiró y cerró los ojos. Lucía cansada y diminuta. A Dara se le estrujó el corazón.
—Gánales a todos —dijo Catriona antes de que Dara se fuera.
Dara llevó al gimnasio la nota oficial que le dio la doctora. Iba firmada y avalaba que Catriona Marvella no estaba en condiciones para sostener un duelo. Se la entregó al profesor Tiron y él, al instante, informó de la situación al resto de los profesores.
Catriona quedó descalificada de la Demostración.
Dara esperaba que los profesores hubieran visto su potencial durante su duelo del día anterior en el jardín de estatuas.
Cuando llegó la hora de comenzar con los duelos del segundo día, la subdirectora Agatha tomó su lugar en la tribuna de profesores y dio unas cuantas palabras a los aprendices y a los invitados. Se preveía que la jornada fuera más corta, ya que no serían tantos duelos como en el primer día.
—En este segundo día se espera terminar con cuatro semifinalistas —explicó—, que pasarán a la ronda final de duelos a efectuarse mañana mismo. Todos los ojos están sobre ustedes, queridos aprendices. No nos decepcionen.
Sin más preámbulos, los duelos se reanudaron.
Dara debía ganar sus tres duelos del día si quería llegar a la semifinal, cosa que se enfocaría en hacer.
Notó que los profesores de cada categoría estaban mucho más atentos a los duelos, hacían más anotaciones y se mostraban más interesados.
Por el lado de los aprendices, las apuestas continuaban.
El favorito para ganar era Verian Monrae, seguido de Jabel Zastal.
Ese segundo día, a Dara le tocaron duelos en tres arenas muy interesantes: una con relojes y metrónomos de todos los tamaños que marcaban el ritmo de los movimientos, otra era una especie de selva inundada donde el agua llegaba a las rodillas,
y la última era un terreno plano con rocas puntiagudas incrustadas.
Ganó todos sus duelos.
No fue sencillo. Cada oponente era más hábil que el anterior y algunos eran más fuertes, más resistentes, o tenían mejor control de su adnae. Cuando ganó su tercer duelo, Dara estaba exhausta hasta los huesos. Lo único que deseaba era tirarse en la cama y dormir por una semana.
Al final del segundo día, había cuatro semifinalistas:
Verian Monrae.
Jabel Zastal.
Mirna Yves.
Aidara Rennai.
Dara no podía creer que el imbécil de Jabel hubiera llegado a la semifinal, pero el resto de los aprendices no concebían el hecho de que Dara también estuviera entre los semifinalistas. No era sorda a los murmullos de la gente y a la forma en la que la observaban.
—Livier y yo apostaremos por ustedes —dijo Leone cuando bajó de las gradas.
—No vamos a apostar —aclaró Livier.
Verian les dedicó una sonrisa divertida.
—Si apuestan por Rennai, tal vez se hagan ricos. El tablero no la favorece —dijo Verian.
—Si apuestan por mí y gano, ¿me darían el dinero? —dijo Dara, parte en broma y parte en serio. Ninguno de los Cuatro Magos necesitaba más de lo que ya tenía.
Leone dejó caer la cabeza hacia atrás para soltar una carcajada.
—Ah, Dara, en serio me agradas —dijo con una sinceridad muy notoria. Se le veía en todo el rostro.
Contra todo pronóstico, a Dara también comenzaba a agradarle.
—Lástima que no vayas a ganar, Rennai —dijo Verian mientras limpiaba sus gafas con un pañuelo—. Pero debes prometerme el mejor duelo de tu vida cuando llegue nuestro turno.
Dara puso los ojos en blanco, pero hubiera sonreído si las sonrisas le salieran con facilidad.
—Hecho. —Hizo una pausa—. Y voy a ganar.
Leone comenzó a enlistar opciones de planes para que, cuando acabara la Demostración, se fueran a celebrar.
Verian le contestó que lo más probable era que solo quisieran dormir.
Ambos empezaron una discusión, y Dara los observó por un rato, divertida.
Mientras más convivía con ellos, más fascinante le parecía la dinámica de amistad de los Cuatro Magos.
Desvió la mirada y sus ojos se toparon con los de Livier.
Dara lo había visto en las gradas desde el primer día.
—No pensé que fueras a estar durante toda la Demostración —dijo Dara. Sabía que solo era obligatorio que todos asistieran al discurso de apertura, pero luego los aprendices de segundo y tercero eran libres de hacer lo que quisieran—. ¿Leone te arrastró?
—Yo quise venir.
—¿No te parece aburrido?
Livier se encogió de hombros.
—Me interesa ver algunos duelos —respondió él.
—Ah, es cierto. Supongo que son cosas de hermano mayor —dijo Dara.
Livier frunció el ceño y ladeó la cabeza.
—No solo vine a ver a Verian —dijo con toda la tranquilidad del mundo—. Quería ver tus duelos.
—Oh.
Dara no supo qué más decir. No tenía nada más qué decir. Livier había soltado esa declaración como si fuera más que evidente, y ella se sentía genuinamente confundida. ¿Quería ver sus duelos? ¿Por qué? No lo entendía. Y tampoco entendía por qué ya no le incomodaba la atención de Livier sobre ella.
Todavía recordaba sus primeros encuentros, cuando solo quería huir de él. Cuando solo lo veía como el heredero de la archimaga.
¿Cuándo había cambiado eso?
Ni siquiera sabía cómo lo veía ahora.
Livier Monrae la hacía sentir cosas que no sabía nombrar.