El Legado de la Rosa (Academia Valrose 1) PESADILLAS #2
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PESADILLAS #2

La última prueba fue cortesía de la profesora Lovera. Creó una ventisca que se asemejaba a un tornado, y los aprendices debían cruzarla para llegar al otro lado. Podían usar su magia de categoría o su adnae básico.

Cuando terminaron, Dara solo quería acostarse y dormir por cinco días enteros.

Hacía tiempo que no se sentía tan exhausta.

Era un cansancio distinto al de las calles, pero la pesadez en su espíritu la hizo recordar la última vez que pasó tres días bajo la lluvia, sin refugio ni comida.

Sin embargo, estaba dispuesta a admitir que el campamento había sido útil.

Las pruebas fueron efectivas, y al hacerlas con aprendices de todos los grados, pudo ver a personas con más experiencia mágica en acción.

Era increíble presenciar las distintas habilidades superiores del cuerpo estudiantil de la academia.

En segundo año había un forzacuerpos que tenía magia de transportación, y en tercero una chica que era capaz de alargar sus extremidades.

Dara quedó fascinada con un cazaelementos con vinculación a la luz que la usaba para camuflarse.

También entendió por qué los Cuatro Magos eran tan respetados.

No solo se debía a su reputación en la academia, eran genuinamente impresionantes.

Los cuatro terminaron las pruebas con rapidez y sin esfuerzo aparente.

Ashe era uno con la naturaleza; la montaña respondía a él protegiéndolo y ayudándolo a moverse con la tierra, las plantas y los árboles.

Verian era bueno en su categoría. Su magia de voluntad estaba muy avanzada y con sus saltos por impulso parecía volar. Además, su escudo de adnae era extremadamente resistente. Fue el único de primer año que no fracasó en ninguna prueba.

Ver a Leone en acción dejaba a todos sin habla.

En un instante, se transformaba en diversas criaturas mágicas, y lo hacía a la perfección.

Si necesitaba volar, elegía un ave. Si tenía que nadar, optaba por una criatura acuática.

Si era cuestión de velocidad, usaba la que, según Dara, era su forma favorita: el tigryo.

Y luego estaba Livier.

Presenciar su magia era todo un privilegio.

Los aprendices lo miraban sin parpadear, sin dar crédito a lo que veían.

Y con razón. Era extraño ver a alguien con la capacidad de manejar el adnae a su antojo.

Observar a Livier en cada prueba hizo que Dara recordara que todo en Liyia estaba hecho de adnae, y que los rompealmas podían manipularlo.

—Ser rompealmas debería de ser ilegal —susurró un aprendiz cuando Livier alzó piedras del fondo del lago para usarlas como escalón en la prueba del peñasco. Las suspendió en el aire y las escaló saltando tan rápido que aparecía y desaparecía entre piedra y piedra.

—Por lo menos no hay muchos —contestó un chico, igual de anonadado.

—Pero, imagínate, ¿qué ocurriría si un día los descendientes de Valrose decidieran acabar con todo? ¡Podrían hacerlo si quisieran! —interfirió una aprendiz, horrorizada.

—Los descendientes de Valrose jamás harían algo así, no sean blasfemos.

Dara los había escuchado, sin dejar de observar a Livier.

Tan pronto pisaba las piedras, se caían al agua, inertes.

Cuando llegó a la cima del peñasco, no esperó a nadie.

Se dio la vuelta y se retiró. Leone lo alcanzó en un segundo; se había transformado en un varaxis, una criatura alada con fuego en las plumas.

Esa solo había sido la primera actividad que superó con facilidad. Para Livier, las pruebas fueron un juego de niños.

La última noche hubo una celebración junto a la fogata para conmemorar el final del campamento.

La comida fue abundante: asado, estofado, malvaviscos.

Cuando los profesores se retiraron a sus cabañas, las bebidas alcohólicas fueron patrocinadas por Leone Eryndor.

Los aprendices lo ovacionaron como si hubiera recibido un mensaje de la mismísima Enia y él fuera su salvador.

—Solo de pensar que tendré que volver a hacer esto el próximo año me quita las ganas de celebrar —dijo Catriona después de darle un bocado a su malvavisco clavado en una rama—. Aunque está la muy alta posibilidad de que ningún profesor me elija y no tenga que cursar el segundo año…

—No digas eso, amor —respondió Alessa y le pasó el brazo detrás de los hombros a Catriona.

—Te escuchas más feliz al considerar la opción de no pasar a segundo —dijo Verian. Con la mano en la que usaba su anillo sostenía una cerveza—. No te culpo.

Ya era tarde y la mayoría de los aprendices se había ido de la fogata. Algunos dormían y otros nadaban en el lago. La noche era fría, pero los cazaelementos con vinculación al fuego infusionaron rocas grandes con sigilos para calentar y las lanzaron al agua.

Frente a la fogata, repartidos en dos troncos, se encontraban Leone, Verian, Ashe, Catriona, Alessa y Dara.

—Es que no quiero pasar a segundo —confirmó Catriona.

—Cat… —la regañó Alessa.

—¡Es broma, es broma! —exclamó Catriona mientras alzaba una mano a la altura del pecho; con la otra acercaba al fuego la rama con el malvavisco—. Mis papás son capaces de desheredarme si no termino mis estudios mágicos.

Leone le dio un sorbo a su botella de cerveza y dijo:

—Ah, claro, el horrible peso de las expectativas de los padres.

—Pero es por nuestro bien —dijo Ashe. Él no estaba tomando nada y había optado por saltarse los malvaviscos—. La familia siempre busca lo mejor para nosotros.

—No siempre —contestó Verian—. Intenta tener a Elgaria Monrae como abuela.

Ashe palideció. Dara jamás lo había visto tan blanco.

—¡Verian gana esta ronda! —exclamó Leone, alzando su botella.

Verian hizo una reverencia dramática y chocó su botella contra la de Leone.

—Gracias, gracias... —concedió.

—No sabía que estábamos compitiendo —argumentó Ashe.

—Todo en esta vida se puede volver una competencia, mi querido Ashe —dijo Leone, entre juguetón y diplomático—. Y esta vez perdiste. Nadie puede ganarle a los nietos de la vieja Monrae.

Dara se sorprendió al escuchar a Leone llamar así a la archimaga.

Sabía que él la conocía desde que era un niño, así que era probable que Elgaria Monrae se hubiera ganado ese desdén.

Como su curiosidad siempre era más fuerte que ella y —odiaba admitirlo— se sentía en confianza, decidió no quedarse callada.

—¿La archimaga es muy estricta? —preguntó Dara.

Parecía casi un delito obtener información sobre Elgaria Monrae de su propia familia.

Verian se encogió de hombros.

—Digamos que no nació para ser madre, ni mucho menos abuela.

Su rostro sonriente intentaba ocultar algo, pero su voz lo delataba. A Dara no le gustó el tono amargo de Verian. No iba con él en absoluto. Sin pensarlo, se apuntó a sí misma con la rama que tenía en la mano y dijo:

—Bueno, ya que estamos compitiendo, quiero meter a la contienda a mi papá, que me abandonó a los siete años cuando mi mamá murió.

Todos se quedaron callados y la miraron con los ojos abiertos de par en par. Ellos sabían eso de Dara, lo habían visto en el Espejo de las Memorias; entonces, ¿por qué actuaban como si esa información fuera nueva y sorprendente?

En un segundo, los instintos de Dara reaccionaron y sintió las mejillas arder al percatarse de lo que acababa de decir.

Bajó la cabeza y miró hacia otro lado, al suelo, a los árboles, a donde fuera, menos hacia los ojos de los presentes.

Ella no era así. Jamás había bromeado con eso, ¿cómo pudo soltarlo con tanta facilidad?

Fue Leone quien se apiadó de Dara.

—Verian, creo que has sido derrotado —exclamó y alzó su botella de cerveza en dirección a ella—. ¡Dara es nuestra nueva ganadora!

Dara chocó su rama contra la botella y eso deshizo cualquier incomodidad.

Todos aplaudieron y festejaron a la nueva campeona; eso la relajó un poco.

Era extraño, ¿por qué parecía que se reían con ella y no de ella?

¿Por qué la hacían sentir como parte del grupo?

Toda la vida había vivido a la defensiva y sin dejar entrar a nadie.

Le asustaba pensar que ellos pudieran estar colándose en su pequeño mundo en contra de su voluntad.

No, claramente no era en contra de su voluntad; en todo caso, era involuntario. Este grupo de personas lograba derribar sus defensas sin esfuerzo. Y sin saber cómo, Dara los estaba dejando entrar.

Pensó que ese descubrimiento la llenaría de pánico, pero solo sentía esa calidez en el pecho que ya antes había experimentado con ellos. Por ellos.

—¿Todo bien, Rennai? —preguntó Verian en su mente.

Dara lo miró y recordó que, desde que logró usar magia de transmisión en el bosque, no lo había intentado de nuevo. Temió haberla olvidado por todo lo que ocurrió después. De inmediato despertó su adnae y se concentró. Para su fortuna, no tardó mucho en reconocer la sensación.

—Sí, estoy bien —respondió con magia de transmisión.

Verian alzó ambas cejas.

—Vaya, espero que no intentes vencerme también en esto. Ser el mejor danzamentes es lo único que me queda.

—Es una lástima, voy a aplastarte —contestó Dara.

¿Era malo sentirse orgullosa de sí misma? ¡Al fin era capaz de usar magia de transmisión!

—¡Oh! Acabo de recordar algo —dijo Leone. Ya se había acabado su primera cerveza y estaba abriendo una nueva—. Dara, ¿recibiste la caja de pienso para Penélope? Te lo quería preguntar desde el autobús, pero cambiamos de tema muy rápido.

Catriona casi salta del tronco en el que estaba sentada.

—¡Entonces fuiste tú quien consiguió comida para Pen! —exclamó.

Leone rio.

—No, fue Livier.

Dara se preguntó si había escuchado bien.

—Cuando le pregunté si la había entregado, dijo que la dejó en la puerta —continuó Leone y le dio un sorbo a su cerveza—. Así que quería confirmar si recibieron la caja.

Livier Monrae había conseguido la comida para Penélope y Dara no comprendía por qué. Sus pensamientos se atropellaban y solo podía distinguir aquella pregunta: ¿por qué?

Repasando las interacciones que había mantenido con Livier, ni siquiera podía estar segura de que le agradara.

No sabía leerlo y eso la frustraba. Y tampoco sabía si ella le agradaba a él.

No iba a negar que sentía cierta fascinación por su dominio de la magia de alma y su excelente control del adnae, pero, fuera de eso, le parecía un hombre inquietante, callado y extraño.