El Legado de la Rosa (Academia Valrose 1) EN PRESENCIA DEL BOSQUE #3
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EN PRESENCIA DEL BOSQUE #3

¿O jadearía de agonía hasta apagarse? Se preguntaba cuánto tardarían los profesores en encontrar su cuerpo.

Era curioso, a pesar de que no le importaba morir, toda su vida había luchado por sobrevivir.

Por sobrevivir hasta lograr su venganza.

Mientras caía, los recuerdos de su mamá llenaron su mente.

«Perdóname, mamá».

El impacto llegó de forma diferente.

No fue duro, mucho menos fatal. Cayó sobre una cama suave que la hizo rebotar un par de veces.

Dara abrió los ojos y palpó con las manos la superficie en la que había caído.

Eran lianas. Una red enorme de lianas la había atrapado.

Se sentó sobre ellas, sumamente confundida.

¿Las lianas estaban vivas, como las raíces? ¿El bosque la había ayudado?

—¡Dara! ¿Estás bien?

Creyó reconocer esa voz lejana. Venía de arriba. De la cima del muro de piedra.

—¿Me escuchas?

Era Ashe.

—Estoy bien —dijo Dara; su voz sonó débil y rasposa. Se aclaró la garganta para repetir—: ¡Estoy bien!

—Ah, menos mal —Ashe tenía que gritar para que lo escuchara—. No te muevas, te subiré.

Antes de que Dara pudiera comprender esas palabras, las lianas comenzaron a elevarse. Eran las mismas que estaban enredadas en la montaña, pero ahora estas crecían y se movían para subirla hasta la cima.

La vinculación de Ashe era a la naturaleza.

Iba subiendo y notó que, con las mismas lianas, Ashe había atrapado a las zumbras. Estaban furiosas y soltaban graznidos feroces. Aleteaban y daban golpes con sus garras, pero estaban aprisionadas.

Dara nunca antes había visto a Ashe usar su magia de cazaelementos. Ni siquiera se había percatado de que no sabía su vinculación. Y acababa de salvarla con ella.

Cuando llegó a la cima del acantilado, las lianas la depositaron en la tierra firme con suavidad. Cayó de rodillas y tomó una bocanada de aire como si fuera la primera vez que respirara en su vida. Ahí arriba no estaba tan oscuro y vio los zapatos de Ashe cerca de ella.

Alzó la mirada y se topó con sus ojos color miel, que estaban llenos de preocupación… por ella.

—¿Segura que estás bien? ¿Te pinchó una zumbra? En el campamento pueden darte atención médica; estás sangrando.

Dara nunca lo había visto hablar tan rápido. Dado que seguía aturdida, tardó un poco en contestar.

—No, creo que no me pincharon —dijo al fin mientras trataba de enfocar sus manos. Su vista se afinaba poco a poco. Se sintió aliviada—. No necesito atención médica, no me pasó nada.

Ashe la observó, no estaba convencido.

Dara se puso de pie para demostrarle que estaba bien. Un leve mareo la hizo dudar de lo que había dicho, pero se recuperó en un instante.

—Estoy bien —repitió con firmeza. Luego bajó la mirada. No sabía por qué, pero no podía verlo a los ojos para lo siguiente que quería decirle—: De no ser por ti, no lo estaría. Gracias.

—No fue nada —respondió Ashe—. Cruzar el bosque es fácil para mí por mi vinculación. Suelo quedarme en este acantilado para ayudar a otros aprendices. Eso mismo hice el año pasado.

Dara no supo qué responder, así que optó por enfocarse por el paisaje. Allí, los árboles eran menos altos y más frondosos. No tenían sus raíces a la vista y el adnae no se sentía tan espeso.

—¿Cómo supiste que era yo la que necesitaba ayuda? Está muy oscuro —dijo Dara.

En vez de responderle, Ashe se lo mostró.

El claro se iluminó. El pasto, los troncos, las hojas…

todo comenzó a brillar. Eran pequeños destellos que, por sí solos, no alumbraban mucho, pero juntos ofrecían un verdadero espectáculo.

Dara jamás había presenciado una escena así.

Era como si todo el bosque respondiera a la magia de Ashe.

Más bien, parecía que era su propio adnae lo que lo iluminaba.

Dara recordó los centelleos que había visto antes de caer. Ashe los había producido.

—Es… increíble —dijo Dara con sinceridad.

—Gracias, me ha costado aprender a apreciar mi vinculación.

Dara se sorprendió.

—¿Por qué? Puedes hacer muchas cosas con ella.

Ashe asintió y le regaló una sonrisa amarga.

—Mis padres hubieran preferido algo más ofensivo. Mi papá está vinculado al fuego y mi mamá es danzamentes —explicó y luego se pasó una mano por sus rizos—. Soy hijo único. Me exigen que esté a su nivel.

Dara recordó que Ashe era hijo de la mano derecha de la archimaga. Las expectativas que tenían puestas sobre él eran altas y muy pesadas.

—La magia de naturaleza puede ser ofensiva si te lo propones —dijo Dara en un intento por animarlo.

—Lo sé. Creo que el que no es ofensivo soy yo —respondió Ashe, un poco más risueño—. Debo esforzarme más.

—Júntate conmigo. Te enseñaré todo sobre ser ofensivo.

Esta vez Ashe rio.

—Eres muy graciosa, Dara.

—No, no lo soy.

Ashe negó con la cabeza; seguía sonriendo.

—Me voy a quedar aquí otro rato, por si alguien más necesita ayuda —dijo, y luego apuntó hacia la izquierda—.

Se supone que no debo dar direcciones, pero estás muy lastimada.

Si te vas por allá, encontrarás un lago con un campo de rosas.

Cuando lo veas, busca un sendero descendente; te llevará fuera del bosque.

Dara asintió y siguió las indicaciones de Ashe.

En cuestión de minutos llegó al campamento.