El Legado de la Rosa (Academia Valrose 1) EN PRESENCIA DEL BOSQUE
33%

EN PRESENCIA DEL BOSQUE

—Las reglas son simples —dijo Ashe. Los aprendices lo miraban con atención, se notaba que estaban tensos—. Tienen hasta la medianoche para cruzar el bosque. Los de primer año entrarán primero; al pasar una hora vamos los de segundo y, al pasar dos horas, los de tercero.

—No es justo que tengamos menos tiempo —se quejó un aprendiz de segundo año en voz baja. Estaba hablando con una de sus compañeras—. El año pasado casi no logro salir.

—Ni yo. Tengo miedo de volver a poner un pie ahí —respondió ella.

Ashe los miró con algo de compasión, pero fingió no escuchar lo que dijeron.

—Como pueden ver, este no es cualquier bosque. Los que ya lo hemos cruzado sabemos a lo que nos enfrentamos, pero tenemos prohibido hablar al respecto. No podemos ni siquiera darles advertencias. Ustedes deben descubrirlo por su cuenta.

Una chica de primer año alzó la mano.

—¿Qué pasa si no logramos cruzar antes de la medianoche?

—Los profesores irán por ustedes, no se preocupen —respondió Ashe—. Pero pondrán una marca en su nombre y habrá un informe público para todos los departamentos. Si son de primer año, podría afectarlos cuando los profesores deban elegir a sus candidatos.

La noticia alteró primero a todos los aprendices. Nadie quería perder puntos ante los ojos de los profesores.

—¿Podemos ir en equipos? —preguntó otro aprendiz.

Ashe asintió.

—Pueden empezar en equipo, sí, pero el bosque prefiere que vayan solos.

Dara sintió un escalofrío en la espalda. No le gustaba que se refiriera al bosque como si se tratara de una criatura. Era desconcertante.

Ashe siguió respondiendo las dudas de los aprendices. Aunque Dara lo escuchaba, no dejaba de observar los ligeros movimientos de las raíces de los árboles. No quería entrar al bosque, pero como era imperativo, se esforzaría por cruzarlo rápido.

—Obviamente seremos equipo, ¿verdad? —dijo Verian, a su lado.

Dara lo miró de reojo.

—¿Ya lo has cruzado antes?

—No. He intentado escabullirme, pero los profesores siempre me han descubierto y llevado directo al campamento.

—Entonces no me sirves.

Verian se tocó el pecho con ambas manos.

—Me lastimas, Rennai.

—Dudo que algo pueda lastimarte.

—Ah, ya me vas conociendo —respondió él, más sonriente que nunca—. Cada vez nos volvemos más cercanos.

Dara chasqueó la lengua.

—¿Dónde están los demás?

No había ningún otro autobús allí. No lo iba a admitir en voz alta, pero le preocupaba que Catriona tuviera que cruzar el bosque sola. Imaginarla caminando, aterrada, entre los árboles retorcidos no le gustaba. Además, acababa de recuperarse, así que no estaba en las mejores condiciones.

—También están en la montaña, pero lejos de nosotros. Todos los autobuses se estacionan en diferentes puntos del bosque.

Maldición.

Tendría que confiar en que Catriona estaría bien.

—¡Es hora de iniciar la prueba! —exclamó Ashe para capturar la atención de todos nuevamente.

—Es sorprendente cómo cambia cuando asume su papel de presidente del consejo —dijo Verian mientras miraba a su amigo—. Desaparece el chico dulce y tímido.

—Ashe no podría dejar de ser dulce aunque lo intentara —respondió Dara.

Leone apareció tras ellos y rodeó a Verian por el cuello de forma juguetona. Livier estaba a un lado.

—¿Listo para cruzar el bosque por primera vez? ¡Tú puedes! —dijo Leone con emoción.

—¿Podrías soltarme? Me estás asfixiando —se quejó Verian.

Leone lo soltó entre risas. Verian se sobó el cuello con la mano y miró hacia el suelo, esquivando los ojos de Leone. ¿Era la imaginación de Dara o estaba levemente sonrojado?

—¡Fuerza, Dara! No te dejes vencer por el bosque —dijo Leone. Después miró a Livier—. Ahora tú pronuncia algunas palabras de motivación, Liv.

Livier se quedó callado por unos segundos. Miró a Verian y luego posó sus ojos en Dara.

—Mantengan la calma —dijo al fin.

—Vaya, que motivada me siento —respondió Dara sin poder guardarse el sarcasmo.

Verian soltó una risotada tras el comentario de Dara, pero no alcanzó a comentar nada porque todos los aprendices comenzaron a dirigirse a la entrada del bosque. Leone los despidió con la mano en la frente y Livier solamente los miró partir. Dara podía sentir su mirada en la espalda.

Siguió adelante junto a Verian y los demás. A pesar de que no corría aire, mientras más se acercaban a la entrada del bosque, más frío se volvía el ambiente. Y también… más cargado de adnae. Era extraño.

Todo estaba hecho de adnae. Era evidente que los árboles del bosque también, pero el adnae no se sentía así, como si se desbordara.

Estando tan cerca, los árboles lucían intimidantes. Eran tan altos que no se alcanzaba a divisar dónde acababan. La palabra majestuosos no era la adecuada para describirlos: eran ancestrales, como si llevaran vivos más que Liyia.

Sin duda, lo más inquietante eran sus raíces saltonas. Parecían latir con cada paso que daban los jóvenes. Algunos titubearon antes de adentrarse, otros simplemente siguieron caminando como si nada.

Error.

La gruesa raíz de un árbol salió disparada hacia el aprendiz que iba hasta adelante, lo tomó del tobillo y lo lanzó con fuerza hacia el tronco de otro árbol.

Eso hizo que todo se descontrolara. Algunos aprendices gritaron, otros corrieron y otros pocos se quedaron en su sitio, pero no por mucho tiempo. El bosque había despertado.

Las raíces de los árboles se retorcían y alargaban para atrapar, lanzar y bloquear a todos.

Frente a tal horror, Dara saltó con magia de voluntad en un intento por esquivar los ataques.

Verian la siguió y ambos comenzaron una especie de danza para evitar ser alcanzados por el bosque.

La altura no los hacía inmunes —varias de las raíces llegaban alto—, pero les daba una ventaja.

Por suerte, los árboles parecían estar bien arraigados y no se movían de lugar.

—¡Ahí! —exclamó Verian, apuntado a una rama ancha lo suficientemente alejada del suelo.

Ambos saltaron hacia ella. En ese momento, Dara se permitió respirar hondo.

—Por todas las estrellas —soltó entre respiraciones agitadas—. ¿Qué es este lugar?

Miró hacia abajo. No encontró a ningún aprendiz, aunque todavía escuchaba gritos en la lejanía. El bosque no se había calmado por completo; las raíces seguían alertas, buscando, pero sus movimientos eran más lentos. Parecían haberse tranquilizado, por lo menos en esa área.

Dara jamás había estado en un lugar como ese. Ni siquiera había escuchado que existiera algo así.

—Cuando era pequeño, mi mamá nos contaba historias que no se encuentran en los libros…

—dijo Verian mientras miraba, ensimismado, hacia abajo— Decía que había algunos lugares que no pertenecen a Liyia y fueron saqueados del mundo onírico cuando todavía se podía soñar.

Toda la vida pensé que eran inventos suyos para entretenernos a Livier y a mí, pero este bosque me hace pensar en que tal vez no eran simples cuentos.

Dara miró a Verian.

—Esa… es una teoría interesante —concedió ella—. Y podría ser cierta, considerando que tu madre es de las pocas personas que pueden soñar.

Verian se encogió de hombros.

—Eso mismo pienso. —Después de unos segundos, el semblante despreocupado de Verian volvió—. Sea verdad o no, no nos sirve de nada. Mejor centrémonos en encontrar la forma de largarnos de aquí. Tal vez podamos seguir saltando hasta la salida.

—No, no podemos usar nuestra magia de voluntad a la ligera si no sabemos cuánto nos tomará salir del bosque —dijo Dara.

Se había percatado de que no había racionado su adnae en los saltos porque solo pensaba en escapar de las raíces. Suponía que era parte de la prueba: racionar el adnae en momentos de peligro.

En ese momento, se escuchó un grito agudo y lleno de desesperación. Dara se irguió, alerta. Reconocía esa voz.

Otro grito.

—Es Catriona…

Sin pensarlo, saltó del árbol y comenzó a correr en la dirección de los gritos. Las raíces se reactivaron con sus pisadas y no tardaron en atacar. Una la golpeó con fuerza por la espalda y la derribó.

—¡Rennai!

Escuchaba a Verian, pero no podía detenerse.

Tenía que llegar con Catriona. Se levantó de la tierra y, en vez de correr, volvió a usar su magia de voluntad para saltar alto.

Las raíces salían disparadas hacia arriba en un intento de atraparla, y aunque Dara hacía lo posible por esquivarlas, algunas la rasguñaban.

Ahogó un grito cuando sintió que una alcanzó su pierna y le arrancó un trozo de piel.

Mientras más avanzaba, más agresivas se volvían las raíces y más oscuro se ponía el bosque. Ya estaba cayendo la noche y no había pensado en qué haría cuando todo quedara a oscuras.

—¡Ayuda! —gritó Catriona; ya se escuchaba más cerca.

—¡Catriona! —exclamó Dara—. ¡Tranquila, ya casi llego!

Tocó tierra para impulsarse de nuevo, pero una raíz la hizo tropezar y cayó al suelo. Antes de que pudiera incorporarse, la misma raíz se le enroscó alrededor de la pierna y la alzó con fuerza contra el tronco. Dara se quedó sin aire y vio negro por unos segundos.

—¡No! —gritó cuando la raíz volvió a tomarla por el cuerpo para aprisionarla en el tronco.

Dara forcejeó, pero la raíz la apretaba cada vez más y más. Miró a sus alrededores, frenética, pero no encontró a nadie. Verian ya no estaba con ella y no podía ver a Catriona. Gritó con frustración y pataleó para tratar de liberarse, pero no logró nada.

—Mierda, mierda, mierda —susurró.

—¿Tienes miedo, Aidara?

La voz que sonó en su cabeza le erizó la piel.

—¿Quién…?

—¿Cuándo vas a dejar de fingir?

No reconocía al dueño de esa voz. Era potente, pero aterciopelada, y se arrastraba con lentitud. Era como si viniera desde lo más profundo del bosque. No sonaba a una voz que perteneciera al mundo terrenal.

—No puedes ocultarte para siempre.

—¿De qué hablas? ¡Sal de mi cabeza!

—¿Qué se siente vivir siendo una farsante?

—¡Basta!

—¿Qué se siente tener las manos manchadas de sangre?

—Cállate.

Una lágrima de impotencia se deslizó por su mejilla. Las raíces la asfixiaban y esa voz no salía de su cabeza. Repetía lo mismo una y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez.