LA QUE NO PERTENECE #2
Catriona siguió hablando, y Dara se dio cuenta de que ya se estaba acostumbrando a ella. No a un grado en el que se permitiría bajar la guardia, pero, por lo menos, había dejado de sentir que tenía que fingir mientras estaba con ella. Y eso que escondía muchas cosas.
—Vaya, al fin te encontré.
Dara miró al dueño de la voz y suspiró con fastidio.
Caminando hacia ellas, con esa sonrisa relajada y artificial que lo caracterizaba, se acercaba Verian.
Llevaba puesta una chamarra de piel marrón que le quedaba enorme, y su pelo ondulado caía sobre sus anteojos.
Al llegar a ellas, asintió en dirección a Catriona.
—Creo que no nos hemos presentado formalmente. Mucho gusto, soy Verian Monrae.
—Catriona Marvella, encantada.
—Supongo que Rennai ya te ha hablado de mí.
Dara puso los ojos en blanco.
—Por supuesto que no —aseguró.
—No es personal. Dara no es muy platicadora —explicó Catriona sin perder su tono risueño.
—¿Qué necesitas, Verian? —preguntó Dara y luego le dio otra mordida a su pastel.
Verian resopló de forma exagerada y se dejó caer de manera poco ceremoniosa en la banca, junto a Dara. Ella se alejó para quedar más pegada a Catriona.
—Me estoy escondiendo. Si me encuentra, finjan que estamos muy ocupados —dijo Verian.
—¿Si te encuentra quién?
Antes de que el recién llegado contestara, la respuesta se manifestó ante ellos.
—¡Verian!
Era Leone Eryndor. Venía acompañado de dos chicas bastante hermosas, una en cada brazo. Ellas parecían soñadas de estar con él y lo miraban con ojos de absoluta adoración. En cambio, Leone solo veía a Verian; lucía fastidiado.
—Te dije que iba a estar ocupado hoy —dijo Verian cuando Leone se plantó frente a ellos.
Leone les dedicó una mirada curiosa a los tres.
—No los veo muy ocupados.
—En realidad sí lo estamos —dijo Dara sin pensarlo—. No hemos terminado de comer.
Catriona casi se ahoga con el pedazo de gelatina que acababa de meterse a la boca. Verian tomó un pudín de chocolate de la canasta.
Leone alzó una ceja.
—¿No me vas a presentar a tus amigas?
—¡Ella es la becada que entró bajo arresto! —exclamó una de las chicas que iba con él—. La del escándalo en el mercado.
—¿Escándalo? ¡Salvó a un niño! —dijo Catriona en un tono molesto muy inusual en ella—. Y tiene nombre, se llama Dara.
—Ah, así que eres tú —la voz de Leone era musical; hablaba alto y con confianza—. Soy Leone Eryndor, pero puedes llamarme Leo. Encantado de conocerte.
Lo que Leone hizo después la dejó paralizada por unos segundos. Él soltó a una de las chicas para tomar la mano de Dara con una delicadeza practicada y depositó un pequeño beso sobre sus nudillos.
Dara sintió un escalofrío. Cuando por fin reaccionó, retiró la mano, como si los labios de Leone quemaran.
Él no se inmutó y replicó el movimiento con Catriona, quien lo recibió con mucha más gracia que Dara y se presentó con una sonrisa.
—Mira, ya la dejaste traumatizada —dijo Verian. Evidentemente, se refería a Dara.
—Leo solo está siendo caballeroso —espetó la chica a la que había soltado, mientras volvía a abrazarlo con ambos brazos.
Dara seguía sin decir nada.
Leone pareció notar su incomodidad.
—Lo siento —dijo. No lucía arrepentido, aunque su disculpa sonaba sincera—. Me gusta el contacto físico, pero estoy intentando cambiar.
—¿De verdad? No se nota —dijo Verian.
—Bueno, el Creador no nos soñó en un día, ¿o sí? —respondió Leone, sonriente—. Hay cosas que requieren tiempo.
Verian sacudió la mano como si quisiera deshacerse de un insecto molesto.
—Como te estaba diciendo, estamos ocupados —dijo, sin dejar de sonreír—. Así que, si nos disculpan…
—No me voy hasta que aceptes mi invitación —respondió Leone.
—Ya te dije que nos dejaron muchos deberes en la clase de sigilos. Nos ordenaron hacer planas para perfeccionar los diseños básicos y todavía no me sale bien el de escudo.
Leone arqueó una ceja.
—Es sábado. Haz tus planas mañana.
Verian suspiró con pesadez exagerada.
—No lo sé; ya había quedado con Rennai y con Catriona para trabajar hoy —dijo y le dio una cucharada a su pudín.
Leone les dedicó una sonrisa que resplandecía más que el sol.
—¡Ellas también están invitadas a la fiesta! —exclamó como si expresara una obviedad—. Seguro ese plan les gusta más que encerrarse a estudiar, ¿o no, chicas?
A Dara no le interesaba ninguno de los dos planes. Lo que más quería hacer en la noche era volver a los túneles y visitar el cuarto con los informes de personas desaparecidas. Pero, considerando su encuentro con Livier, tal vez debería esperar un poco para retomar sus excursiones nocturnas.
De todos modos, no quería ni hacer planas con Verian, ni ir a una fiesta.
—Creo que sí nos hace falta una fiesta, ¿no? —le dijo Catriona—. Han sido semanas pesadas.
—Exacto —dijo Leone—. La fiesta es para celebrar el inicio del curso escolar. Es en mi casa en el Sector Capital; Verian conoce la dirección.
Verian miró a Dara.
—Supongo que, si Rennai quiere ir, no podré negarme.
—¡Por favor, Dara! —exclamó Catriona.
¿Era imaginación de Dara o los ojos oscuros de su compañera brillaban?
Apretó los labios; su instinto la obligaba a responder que no.
No quería ir a una fiesta. No se imaginaba en un evento así, mucho menos cuando debía avanzar en su misión o intentar conseguir dinero.
Pero Catriona le había dado ropa, le prestaba sus jabones para la ducha, le regalaba postres y era muy amable con ella.
Era hora de que Dara hiciera algo por Catriona.
Además, en la fiesta podría ofrecerse para hacer los deberes de otros aprendices. Estaba segura de que nadie quería realizar las planas de sigilos. Y Dara era muy buena con sus sigilos.
—Está bien, vamos a la fiesta.
—¡Excelente! —exclamaron Catriona y Leone al mismo tiempo.
—Los veo en la noche —continuó Leone, y luego les guiñó un ojo—. No tienen que llevar nada, solo su presencia.
Se dio le vuelta y se alejó con ambas chicas tomadas de sus brazos.
Verian observaba, con el ceño levemente fruncido, la figura de Leone mientras se alejaba. Tan pronto se percató de que Dara lo veía, cambió su semblante a su típica sonrisa de siempre.
—Qué emoción —dijo Verian, sin nada de emoción.
—¿Verdad que sí? —contestó Catriona; no había notado el sarcasmo en la voz de Verian. Juntó ambas manos y se puso de pie—. ¡Tenemos que elegir nuestro atuendo para la noche! Vamos, Dara.
Dara se cruzó de brazos y miró a Verian.
—Tú nos arrastraste a esto —le dijo—, así que ya no te debo ningún favor.
—No lo creo, Rennai, tú aceptaste solita.
Bueno, por lo menos lo había intentado. Dara se puso de pie para volver a su dormitorio con Catriona, pero antes de avanzar, les dijo a ambos:
—Por una módica cantidad de dinero… ¿quisieran que yo les hiciera sus planas?
Tanto Verian como Catriona aceptaron. Ni siquiera le preguntaron el precio. Dara suponía que se debía a que ambos estaban bañados en dinero y ninguna cantidad haría un hueco en sus bolsillos. Ya tenía a sus dos primeros clientes. Pronto podría comprar las cosas que le hacían falta.
Con cada minuto que pasaba, pensaba menos en lo acontecido la noche anterior.
Hasta entonces no había visto señales de una expulsión inminente o de peligro, así que estaba más relajada.
Tal vez Livier solo la había visto bajar por la escalera y ya.
Nada sospechoso. Seguramente, él ni siquiera había vuelto a pensar en el encuentro.
Así que Dara estaba de buen humor.
Esa tarde, Catriona sacó más de diez opciones de vestidos para la fiesta de Leone y le dijo a Dara que eligiera su favorito.
Dara no era mucho de vestidos; no es que no le gustaran, sino que nunca había tenido dinero para comprar uno.
Lo poco que ganaba con sus trabajos esporádicos de mensajera, ayudante de cocina o de limpieza, lo gastaba en comida o prendas muy básicas.
Sus tarjetas infusionadas con magia de voluntad le daban algo más de ingresos, y cuando le sobraba un poco lo gastaba en algún libro o en zapatos nuevos.
Al final, eligió un vestido negro sin mangas y sin adornos.
Le llegaba un poco arriba de las rodillas, y cuando Catriona descubrió que Dara solo tenía unos mocasines viejos, se ofreció a prestarle unos zapatos de tacón.
Ahí descubrieron que no calzaban de la misma talla, pero nada detenía a su compañera de habitación.
—Creo que necesitas una talla más.
Salió del dormitorio sin decir nada y volvió con unas botas de combate un tanto desgastadas, pero en mucho mejor estado que los zapatos de Dara.
—Alessa y tú calzan la misma talla —dijo Catriona—. Solo que ella no parece saber sobre la existencia de los zapatos de tacón, así que tendremos que conformarnos con estas botas. ¡Creo que le darán un buen toque al vestido! ¿Qué opinas?
Dara estaba de acuerdo.
Siguieron alistándose mientras charlaban. Dara había optado por llevar el pelo suelto y hacerse varias trenzas delgadas en distintas secciones de la melena. Catriona, por otro lado, se estaba haciendo una coleta alta. Esa noche cambió su pelo a un color verde menta.
—Por cierto, debes saber que me acabas de salvar de una mala nota en mis planas de sigilos —dijo Catriona después de aplicarse labial—. Vi los tuyos la clase pasada y te quedaron perfectos. Si te pago más, ¿me ayudarías a mejorar los míos?
—No tienes que pagarme extra —dijo, sorprendiéndose a sí misma.
—Claro que sí, es más trabajo para ti. Los trabajos se pagan.
—Tú ya me has pagado suficiente —respondió Dara—. Además, solo voy a poder ayudarte con los sigilos universales, los de tu categoría tendrás que perfeccionarlos por tu cuenta.
Los magos solo podían crear sigilos de la magia que sabían hacer. Un cazaelementos con vinculación al fuego podía crear sigilos de fuego. Un forzacuerpos podía crear sigilos de velocidad, fuerza o resistencia. Un danzamentes podía crearlos de magia de voluntad o de transmisión.