ROMPEALMAS
Dara llevaba un par de semanas en la Academia Valrose y no sabía cómo se sentía.
Por una parte, estaba aprendiendo bastante en sus lecciones, especialmente en las prácticas.
Los profesores no eran muy pacientes, pero sí muy hábiles y con mucha disposición a enseñar.
Podía decir que estaba disfrutando sus clases, incluso las teóricas. Por ese lado todo iba bien.
Pero por el lado de su misión, no tanto.
Todos los días iba a la biblioteca a buscar libros sobre cerraduras, puertas y candados infusionados con sigilos, pero los que había encontrado hasta el momento no eran de ayuda.
Todos decían lo que ya sabía: necesitaba una llave o que el mago que los creó los abriera.
Sabía que si preguntaba a algún encargado la llevarían a los libros indicados, pero no quería levantar sospechas.
Algo bueno era que justo aquella mañana le habían notificado que su solicitud para ser voluntaria en la biblioteca había sido aprobada, por lo que tendría acceso a todo el catálogo de libros a partir de la próxima semana.
—¡Eris gana el duelo! —La voz del profesor Tiron resonó en el gimnasio.
Estaban en sesión de duelos.
Una vez a la semana, al final de las clases prácticas, los aprendices debían reunirse por categoría para emprender duelos uno a uno.
El objetivo no era lastimar al otro, sino demostrar destreza y maestría en el control de su adnae.
Los competidores eran seleccionados al azar, y el profesor elegía al vencedor.
—En el siguiente duelo se enfrentarán… —Tiron usó magia de voluntad para sacar dos tablas de una copa. En cada una estaba escrito el nombre de un aprendiz—. Meren Radnor y Calina Dol.
Un chico alto con anteojos caminó hacia el área designada, que estaba delimitada por marcas en el suelo; si alguien salía de las líneas, perdía de forma automática. Al otro lado, se levantó una aprendiz de pelo corto y rubio. Ambos se dieron la mano al encontrarse al centro.
—El ganador será quien pueda usar magia de transmisión para decirme algo, cualquier cosa —dijo el profesor Tiron con una expresión seria.
La aprendiz rubia, Calina, alzó la mano. El profesor le dio la palabra.
—Todavía no nos enseñan a usar ese tipo de magia en nuestras clases —explicó; lucía algo apenada—. La profesora Nabila dijo que lo aprenderemos en unos meses.
—Es una lástima, nadie ganará este duelo —dijo el profesor encogiéndose de hombros—. Pero no será porque no lo intenten. Les daré diez minutos. Quedan veinte minutos de clase y quiero escoger a dos duelistas más después de ustedes.
Tiron se cruzó de brazos.
—Empiecen.
Los dos aprendices lucían bastante perdidos, pero no se atrevieron a decir algo más.
Calina apretó los puños y miró al profesor, mientras que la expresión de Meren se volvió más concentrada.
Un minuto después caían gotas de sudor por la frente de ambos.
Para un espectador cualquiera, este duelo habría sido bastante aburrido, pero para un grupo de aprendices danzamentes era de lo más cardiaco.
Al cabo de unos ocho minutos de silencio, el profesor chasqueó la lengua.
—¿Eso es todo lo que puedes transmitirme, Radnor? —A pesar de la provocación, su tono no era de decepción—. Supongo que una palabra tendrá que bastar, a menos de que tu oponente logre transmitirme dos o más.
Cuando pasaron los diez minutos, Meren Radnor fue declarado ganador. Al parecer, lo que había podido transmitir ni siquiera era una palabra completa, sino más bien un ruego entrecortado. Pero el mismo profesor lo había dicho, con eso bastaba. Por ahora.
Los demás aprendices aplaudieron educadamente ante la victoria de su compañero, como en todos los duelos.
—Y el último duelo de hoy será… —Tiron sacó dos tablas de la copa— Jabel Zastal contra Aidara Rennai.
Dara se sobresaltó al escuchar su nombre, pero alzó la cabeza y dio un paso al frente. De reojo vio que otro aprendiz hizo lo mismo, y lo reconoció al instante por su cabellera rojiza. Era el chico grosero que se topó en su primer día, cuando buscaba su dormitorio.
—Este será rápido —dijo el profesor mientras usaba magia de voluntad para llevar un saco de boxeo al área de duelo del gimnasio. Lo dejó caer justo al centro—. Cada uno colóquese en un extremo del área. El primero que logre que el saco cruce la línea de su oponente, gana.
—Otra vez tú… —dijo Jabel al pasar a un lado de Dara—. No sabes cuánto gusto me dará aplastarte.
Oh, Dara tenía que ganar esto.
Ella caminó hacia el lado izquierdo del área de duelo y se situó a unos cuantos metros del límite marcado. Jabel había hecho lo mismo del lado opuesto y la miraba de forma condescendiente, con una estúpida sonrisa arrogante y una postura despreocupada.
—Empiecen —dijo el profesor Tiron—. Tienen un minuto; si se pasan del tiempo y no hay un ganador, los declararé perdedores a ambos.
El empuje de la magia de voluntad de Jabel fue agresivo y rápido. Eso tomó desprevenida a Dara por un segundo, pero respondió con una avalancha de fuerza mental que empujó a su oponente un paso atrás.
Jabel apretó los dientes y usó sus manos para enfocar su magia. Dara decidió dejar los brazos firmemente plantados a sus costados para demostrarle que podía ganarle sin exagerar. Empujó con potencia calculada. El saco de boxeo se movía poco a poco hacia el límite del lado de su oponente.
—Eres buena para ser una becada pobretona —dijo Jabel en la cabeza de Dara.
Ella flaqueó un poco al darse cuenta de que Jabel podía usar magia de transmisión. El saco se movió en su dirección y eso hizo que su oponente volviera a sonreír.
—Pero tu técnica es bastante corriente. No me sorprende de alguien que cruzó las puertas de la academia bajo arresto —Jabel empujó con más fuerza—. ¿Quién te enseñó a usar magia? Seguro que fue un insurrecto.
Odiaba el veneno con el que Jabel impregnó esa última palabra. Él hablaba como si los insurrectos fueran la escoria más grande de la sociedad. Dara suponía que, para la mayoría, lo eran. Pero ese idiota tenía razón en algo, a Dara la había enseñado una insurrecta.
No iba a darle el gusto de reaccionar mal en frente de toda la clase. Se posicionó mejor en el suelo y arremetió otra vez, pero el saco seguía a favor de Jabel por unos cuantos centímetros.
—Y diría que fue un insurrecto bastante mediocre. Seguro es una rata callejera, como tú. Voy a usar todos mis recursos para encontrarlo y convertirlo en comida de antinae, fuera de la barrera de Dimas.
Jabel Zastal era un desgraciado.
Dara podía tragarse los insultos. Incluso las amenazas. Pero nadie se metía con Mirsa.
En su interior canalizó toda su magia de voluntad y la lanzó directo al saco como un puñetazo. El golpe fue tan potente, que el saco salió disparado en dirección a Jabel, y no solo pasó el límite del área de duelo, sino que impactó de lleno contra él y lo derribó hasta el suelo.
—¡Maldita perra! —gritó Jabel.
—Cuida tu lenguaje, Zastal —amonestó el profesor Tiron. Luego miró a Dara—. No recuerdo haber pedido que lastimaran a su oponente.
—Solo le cayó el saco encima —dijo Verian Monrae desde donde estaba, con el resto de los aprendices—. Eso no es suficiente para lastimarte, ¿verdad, Jabel?
Jabel miró a Verian, sorprendido.
—Eh… sí, no me pasó nada —dijo mientras se quitaba de encima el saco de boxeo y se levantaba.
—Insisto, esa demostración de agresividad no era necesaria —dijo el profesor—. Sea como sea, Aidara Rennai es la ganadora del duelo.
No hubo aplausos para Dara por parte de sus compañeros. La mayoría la miraba con incomodidad o ni siquiera se dignaba a verla. Hacían como si no estuviera ahí. Verian fue el único que dio tres sonoros aplausos con su típica sonrisa plasmada en el rostro.
—Recuerden que estos duelos no son una pelea —dijo el profesor antes de dar por concluida la sesión—. Eso déjenlo para la Demostración de medio año.
—¿Qué demostración? —preguntó un aprendiz. Era un chico del programa de becas; Dara lo había visto cuando ella metió su aplicación para trabajar en la biblioteca.
—Es un evento para que los aprendices de primer año muestren su capacidad mágica —contestó Tiron—. Entre los espectadores estarán los maestros líderes de cada categoría, así como todos los profesores de la academia.
Los profesores forzacuerpos, cazaelementos y danzamentes irían a verlos en busca de pupilos potenciales.
La Demostración de medio año podría definir quiénes se convertirían en candidatos para pasar a segundo año.
Dara sabía que, de todos modos, los profesores los estarían evaluando constantemente, no solo en ese evento.
—Dura tres días —continuó el profesor—. Van a tener que pelear usando todo lo aprendido en sus clases.
Lo interesante es que los duelos no estarán divididos por categoría.
Podrían pelear contra un aprendiz con habilidades completamente distintas a las suyas.
Las únicas reglas son no usar sigilos, no hacer ningún daño permanente a su oponente y, por supuesto, no matar.
—¿Y cómo se eligen los competidores de cada duelo?
—Es aleatorio. Deben estar preparados para cualquier cosa —dijo el profesor, su rostro era severo—.
Y la Demostración no es nada comparada con la Prueba de los Emisarios.
Una semana antes de la prueba, los profesores van a publicar su lista de candidatos, y todo aprendiz que no figure en ninguna deberá abandonar sus estudios en Valrose.
Todo Liyia conocía la Prueba de los Emisarios. Era célebre por su brutalidad y por ser distinta para cada candidato. Se efectuaba con las reliquias originales de los dioses, mejor conocidos como los Cuatro Emisarios del Creador.
—Mi hermana dice que ha sido lo peor a lo que se ha enfrentado en la vida. Casi no la supera —susurró una aprendiz.
—Al menos lo hizo. Mi primo no lo logró y, después de hacer el juramento de sangre, ya no volvió a ser el mismo —respondió una chica.
El profesor escuchó eso último y asintió.
—Una persona con adnae activo pierde una parte vital si ya no puede hacer magia; pero no solo eso, muchos candidatos quedan con secuelas —dijo Tiron—.
Tienen que saber que nunca han enfrentado algo como la Prueba de los Emisarios.