LOS CUATRO MAGOS #2
Dara suponía que la chica no iba a hablar de todos los magos clandestinos que habitaban Liyia y que eran lo suficientemente escurridizos para no ser marcados como insurrectos.
—Es correcto —apremió el profesor, aunque no lucía para nada sorprendido. Como él mismo había dicho, eran conocimientos básicos y fundamentales—. ¿Alguien más puede decirme si se nace con adnae activo o si este se manifiesta a cierta edad?
Esa era una pregunta con truco. Ambas afirmaciones eran ciertas.
—El adnae activo es algo con lo que se nace —respondió un aprendiz que Dara no alcanzaba a ver; el profesor le dio la palabra con un gesto de la mano—.
Pero una persona no sabrá si lo tiene hasta que lo manifieste.
Por lo regular, se presenta entre los dieciocho y los veintitrés años, justo cuando se llega a la adultez. Aunque hay algunas excepciones.
El profesor asintió y añadió:
—Ahora díganme, ¿hay factores que aumenten la probabilidad de que una persona nazca con adnae activo?
Varias personas más levantaron la mano. Soren señaló a Catriona, quien pareció dar un pequeño salto en su asiento. Todas las miradas se dirigieron hacia ella.
—En la mayoría de los casos es hereditario —explicó Catriona—, así que se podría decir que la probabilidad de que te conviertas en un mago se incrementa si al menos uno de tus padres lo es, sin embargo, no hay forma de asegurarlo.
Hay personas que nunca lo manifiestan a pesar de que sus padres son magos.
También hay casos donde pasa lo opuesto, hay muchos magos sobresalientes que vienen de progenitores con adnae inactivo.
—Correcto —dijo el profesor—. La ciencia dice que la genética juega un papel importante, pero en ocasiones parece cuestión de suerte, ¿no?
La realidad es que eso sigue siendo un misterio, así como lo es lo que determina la categoría de cada mago.
Muchas veces se hereda de los padres, pero no es regla. A veces nace de uno mismo y…
—Excepto con los rompealmas —interrumpió un aprendiz sin levantar la mano—. Al pertenecer exclusivamente al linaje Monrae, está comprobado que esa categoría es hereditaria, ¿no?
A pesar de haber terminado con una pregunta, su tono era asertivo. El profesor no reprendió la interrupción; más bien parecía contento por el rumbo que había tomado la conversación de la clase. Entonces dijo:
—Si bien es cierto que los descendientes directos de Valrose Monrae son los únicos capaces de presentarse como magos rompealmas, no toda su estirpe pertenece a esa categoría.
De hecho, en esta clase tenemos un ejemplo.
—El profesor analizó el salón con la mirada—.
Verian Monrae, ¿quieres hacernos el honor de presentarte?
Dara pensó que eso incomodaría al chico a su lado, pero él solo sonrió y se puso de pie.
—Claro, profesor Soren. Hola a todos, soy Verian —dijo él, sin titubeos—. Tengo veintiún años y hace unos meses presenté adnae activo como danzamentes, para desgracia de la abuela. Es un gusto ser su compañero de clases.
Verian volvió a sentarse y no pareció inmutarse por la serie de murmullos que su presentación ocasionó. El profesor Soren lo miraba con una pequeña sonrisa llena de… ¿cariño? Como si ya hubiera esperado las palabras de Verian, como si lo conociera bien. Se escuchó un susurro a lo lejos:
—Qué triste ser un Monrae y no ser rompealmas.
Si Verian lo oyó, no reaccionó.
No llevaba ni siquiera veinticuatro horas en la Academia Valrose y Dara ya se estaba hartando de lo descarados que eran los aprendices. Pero suponía que esa persona tenía algo de razón. El caso de Verian sí que era desafortunado.
—Verian es un danzamentes bastante talentoso —dijo Soren—.
Estoy seguro de que nos sorprenderá a todos cuando manifieste su habilidad superior.
Sin embargo, al ser el único Monrae en esta generación, no tendrán la ocasión de ver a un rompealmas en acción.
Si tienen la oportunidad, les recomiendo que vayan a ver un duelo de tercer año.
Ahí se encuentra el único rompealmas del cuerpo estudiantil actual.
Dara miró de reojo a Verian; hasta ella se estaba fastidiando de que incluso el profesor lo señalara de esa forma. Pero él lucía tranquilo.
—En fin, comencemos con la lección —dijo el profesor Soren a la vez que daba un solo aplauso—. Recuerden que, por lo menos en primer año, sus materias teóricas son tan importantes como las prácticas. También los maestros de teoría tomamos aprendices bajo nuestra mentoría para el segundo año.
Soren volvió a alzar la tiza y apuntó el número quinientos en la pizarra.
—En unos meses se cumplirán quinientos años de la fundación de la Academia Valrose. Claro que no comenzó como la institución que nos rige en la actualidad, pero sus orígenes son la base de Liyia como lo conocemos…
Dara escuchó con atención a pesar de que sabía la historia de Liyia, la academia y la gran guerra al derecho y al revés.
Le gustaba leer para aprender tanto como fuera posible.
Genuinamente tenía hambre de conocimiento y, según su madre, una mente muy curiosa.
Ella solía repetírselo mucho cuando aún estaba viva.
Ahí, en su primera clase teórica en la Academia Valrose, se dio cuenta de que su tiempo como aprendiz no sería tortuoso.
Por lo menos no mientras estuviera en clases.
Si todos los profesores eran tan elocuentes como Soren, Dara iba a disfrutar del proceso.
Y esperaba ansiosa las clases de magia práctica.
La academia había sido el enemigo durante toda su vida, así que eso le causaba conflicto. Suponía que, mientras no perdiera de vista su venganza, podía dedicarse también a sus clases. Iba a exprimir Valrose todo lo que pudiera.
Durante el almuerzo, Dara conoció a Alessa.
Era una chica bastante alta, con pelo corto hasta el mentón y de un color que se asemejaba al de una mandarina.
Su rostro estaba lleno de pecas y sus ojos eran de un bonito color olivo.
Para ser una cazaelementos con vinculación a las sombras, todo su físico irradiaba luz.
Alessa miraba con suma atención a Catriona mientras ella hablaba de las clases que habían tenido durante la mañana.
Después de la clase de Historia, tuvieron Introducción a los Sigilos y justo acababan de salir del Seminario de Religión.
En la Academia Valrose se predicaba la doctrina de la Rosa.
La profesora era una consagrada y, según sus palabras, no obligarían a ningún aprendiz a orarle a Enia, la diosa de la Rosa, pero llevar el seminario era parte del currículum de cada año.
Así como asistir a misas periódicas para adorarla.
Dara no pensaba tomarse nada de ese seminario muy en serio. Ella no creía en la Rosa. No creía siquiera en el Creador. Es decir, sabía que existía. Era un hecho aceptado incluso por la ciencia que la raza humana fue concebida por Él, pero ella elegía no ser devota.
Claro que había dioses, pero a Dara la habían abandonado desde hacía muchos años; no creía en su divinidad, ni en su misericordia. Tampoco creía que escucharan las oraciones de la humanidad.
—¿Supieron que hubo otro terremoto en Finvelle hace unos días? —preguntó Alessa.
Catriona asintió. Se notaba que la pregunta no le había agradado en lo más mínimo.
—Sí, ya es el tercero este año —respondió, con un ligero temblor en la voz—. Una compañera dijo que en su sector en Dimas hubo un huracán.
—No tiene sentido —dijo Alessa; su semblante era reflexivo—. Me pregunto qué ocasiona estos desastres naturales…
Catriona negó con la cabeza de forma exagerada.
—¡Mejor no hablemos de eso! Me da miedo.
Alessa le dio un pequeño beso en la mejilla.
—No temas, amor —dijo con una sonrisa que sin duda era para tranquilizar a su novia—. Seguro encontrarán una explicación pronto. Escuché en la radio que los gobiernos de cada país se unieron y están destinando gran parte de su presupuesto a la investigación de la causa.
—Espero que no sea un castigo del Creador…
Esta vez fue el turno de Alessa de negar con la cabeza.
—¿Qué razones tendría el Creador para castigarnos esta vez? Hace quinientos años lo hizo porque la humanidad dejó a Liyia sin adnae. Y esa carencia de adnae fue ocasionada por la guerra. En la actualidad no hay guerras y el adnae abunda porque lo usamos de forma responsable.
A Dara no le molestaba ser solo una espectadora en esa conversación. Estaba por terminar su estofado mientras los platos de Catriona y Alessa seguían casi llenos, y se preguntaba si sería prudente servirse una segunda ración.
Aunque no tenía ganas de opinar, estaba de acuerdo con ellas.
Era muy extraño que estuvieran ocurriendo tantos desastres naturales en distintos lugares.
En Liyia no había terremotos ni huracanes.
Eran cosa del pasado, de la guerra. Quinientos años antes, cuando la guerra había acabado con el adnae, el Creador castigó a la humanidad con desastres naturales que causaron estragos.
No fue hasta que el adnae comenzó a regenerarse que la furia del dios se aplacó.
En siglos, no se había registrado ni un solo desastre natural.
¿Qué los estaba ocasionando en ese momento? Según los expertos, no tenía nada que ver con el Creador, aunque tampoco habían encontrado una explicación.
—Lo repito, no hablemos de eso. Lessa, prométeme que vas a volver a Finvelle en las próximas vacaciones —dijo Catriona para cambiar de tema—. No voy a soportar ir a casa si no estás.
—Lo pensaré solo por ti —respondió Alessa. Su mano rodeaba a Catriona por la cintura, y ambas lucían muy cómodas.
Por unos segundos, Dara se preguntó qué se sentiría estar así de tranquila y en paz al contacto físico con otra persona.
Ella solo recordaba ese tipo de tacto cálido de parte de sus padres.
Cuando era una niña la abrazaban, la cargaban y la tomaban de la mano al caminar, pero desde los siete años había perdido eso.
Y nunca lo recuperó. No le gustaba que la tocaran porque en las calles había aprendido a asociarlo con dolor.
Si bien había tenido encuentros sexuales con chicos y chicas que jamás volvió a ver, ese era el único tipo de contacto físico que permitía. Llevaba años tomando la píldora del escudo, la cual se ofrecía gratis en hospitales y boticas y estaba infusionada con un sigilo de protección.