CAPÍTULO 17 — EL NUEVO TURNO EN CRUCES Y EL HALLAZGO EN EL DIQUE SECO #2
El espectro de masas confirmó la presencia de la fracción peptídica Omega-Conotoxina GVIA con un peso molecular de tres mil treinta y siete Daltons, junto a derivados de tetrodotoxina fluorada.
—Estas neurotoxinas bloquean los canales de calcio dependientes de voltaje tipo N ( Cav2.
2 ) en las terminaciones presinápticas —explicó Miren al fiscal y a los inspectores—.
Al combinarse con el bloqueo de los canales de sodio Nav1.
5 del Neurocaine-7 , producen una parálisis cardiorrespiratoria fulminante imposible de detectar con los cribados toxicológicos hospitalarios habituales si no se busca específicamente la huella peptídica.
Ugarte firmó el acta toxicológica confirmatoria.
—La evidencia bioquímica es demoledora. La lonja de Bermeo era el centro de recolección de las especies marinas y de fraccionamiento previo al transporte hacia el buque nodriza.
A las cuatro de la tarde, en el centro de mando de la Ertzaintza en Erandio, la inspectora jefa Irati Mendiluze y el analista de delitos económicos volcaron los datos de los discos duros incautados en el pesquero.
—El titular de la sociedad armadora del Gure Aitona y arrendatario del pabellón frigorífico número 4 del puerto de Bermeo es Imanol Larrazabal , un consignatario marítimo de cincuenta y cuatro años con antecedentes por contrabando y fraude aduanero —expuso Irati proyectando la ficha policial del sospechoso—.
Larrazabal utilizaba su empresa de exportación de atún congelado para importar los precursores químicos desde Rotterdam y camuflar los envíos de neurotoxina purificada hacia Suiza.
El sargento Unai Etxebarria analizó la telemetría del teléfono móvil del sospechoso.
—El terminal de Larrazabal registra actividad continua en la lonja de Bermeo desde hace dos horas. Está destruyendo documentos y preparando una fuga marítima en su embarcación rápida de recreo Itsaso-Urdin .
La magistrada Elena Orue, conectada en directo, emitió de inmediato el auto de entrada y registro con orden internacional de detención.
—Autorizado el asalto inmediato y la detención de Imanol Larrazabal antes de que pueda destruir los servidores o darse a la fuga hacia aguas internacionales.
A las cinco de la tarde, en la sala de armas de la sede de Berrozi, el sargento Unai Etxebarria presidió el briefing final ante los doce operadores del Grupo de Intervención.
—Objetivo: pabellón frigorífico número cuatro en el espigón norte del puerto de Bermeo. Estructura de hormigón armado de dos plantas con cámaras frigoríficas industriales a menos veinte grados centígrados y muelle privado con una motora rápida de tres motores fueraborda de trescientos caballos.
Unai detalló el plan de maniobra.
—Equipo Alfa con Iker Aldai y cuatro operadores entrará por la compuerta de carga de proa utilizando ariete hidráulico.
Equipo Bravo conmigo entrará por la cubierta superior mediante inserción rápida desde escala.
La doctora Mendiluze y el equipo de soporte vital avanzado establecerán el puesto médico avanzado en la dársena a cien metros del pabellón con antídotos y equipos de reanimación.
Miren revisó los maletines con Unai.
—Llevamos ampollas de Neostigmina , Atropina , Intralipid al 20% y respiradores portátiles Hamilton-T1 . Si hay contaminación por conotoxinas en la cámara frigorífica, la ventilación invasiva debe iniciarse en menos de un minuto.
Unai miró a Miren con una determinación serena y protectora.
—Estaremos alerta, Miren. Vamos a cerrar este caso y a proteger a nuestra gente hasta el último aliento.
Miren le apretó la mano con firmeza.
—Que Dios y el mar os acompañen, Unai. Yo estaré esperando en el puesto médico para cuidaros.
Los operadores se colocaron los chalecos balísticos nivel IV, ajustaron las gafas de visión nocturna y cargaron sus subfusiles HK MP5-SD , subiendo a los furgones tácticos para iniciar el asalto definitivo en el puerto de Bermeo.
En el interior del dique seco de Sestao, antes del traslado a Bermeo, los técnicos especialistas de la Policía Judicial y de la Unidad NBQ completaron el inventario de los fluidos criogénicos y los gases inertes contenidos en los tanques de refrigeración del pesquero Gure Aitona .
El suboficial artificiero Agirre comprobó los manómetros de los cilindros de helio y nitrógeno líquido.
—Los recipientes criogénicos disponen de válvulas de alivio térmico automáticas reguladas a veinticinco bar y recubrimiento de fibra de carbono multicapa aislante al vacío —certificó Agirre en el informe técnico—.
La temperatura interna de conservación se mantenía exactamente en menos ciento ochenta y cinco grados Celsius mediante un generador autónomo diésel insonorizado oculto en la sentina de proa.
Miren tomó hisopos microbiológicos de las juntas tóricas de fluoroelastómero Viton para garantizar la ausencia de esporas o toxinas bacterianas secundarias.
—No hay presencia de endotoxinas bacterianas ni de agentes biológicos del grupo 3. Las muestras corresponden exclusivamente a péptidos neurotóxicos marinos purificados con una pureza analítica del noventa y nueve coma dos por ciento.
En la sede de la Capitanía Marítima de Bilbao, el capitán marítimo y el sargento Unai Etxebarria cotejaron los registros del Sistema de Identificación Automática ( AIS ) del pesquero intervenido durante los últimos doce meses.
—El Gure Aitona apagó su transpondedor AIS en cuarenta y seis ocasiones al cruzar la línea de las doce millas náuticas frente a la costa de Matxitxako y el cabo de Ogoño —reveló el capitán marítimo señalando los tramos ciegos en la carta náutica digital—.
Las posiciones de interrupción coinciden exactamente con los fondeos clandestinos del Oceanic Leviathan y con las coordenadas donde se encontraron los cuerpos de los buzos.
Unai anotó las marcas horarias en la bitácora judicial.
—Las desconexiones del AIS demuestran la premeditación sistemática y la coordinación directa entre el patrón de pesca del Gure Aitona y el capitán Van Zyl para transferir los extractos químicos en alta mar sin pasar por el control de aduanas.
A las seis de la tarde, Unai Etxebarria contactó por vía telefónica segura con el Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores San Pedro de Bermeo , don Anton Elorriaga.
— Anton... en treinta minutos la Ertzaintza desplegará un operativo de alta seguridad en el muelle de Artza y en el pabellón frigorífico número cuatro.
Necesitamos que las traineras y los barcos de bajura despejen el canal de salida y permanezcan amarrados en el muelle de poniente hasta nuevo aviso.
El veterano patrón de pesca respondió con voz grave y decidida.
— Entendido, sargento Etxebarria. La cofradía entera está a vuestra disposición. Esos delincuentes que utilizaban nuestro puerto para envenenar la mar no representan a los marineros de Bermeo. Daremos aviso a toda la flota para que nadie se mueva de sus puestos.
— Eskerrik asko, Anton. La verdad del mar saldrá a la luz hoy mismo.
A las seis y media de la tarde, la doctora Miren Mendiluze, la enfermera Maite Bilbao y dos técnicos de emergencias sanitarias de Osakidetza montaron la carpa hinchable del Puesto Médico Avanzado (PMA) en la dársena de Artza, a escasos metros del rompeolas de Bermeo.
Miren distribuyó el material de reanimación en cuatro áreas de triaje identificadas con lonas de colores según el código START.
En el área roja de críticos, Miren preparó dos monitores desfibriladores bifásicos Corpuls3 con registro continuo de ECG de doce derivaciones, dos respiradores mecánicos de transporte Hamilton-T1 con circuitos de doble rama y filtros antivíricos HEPA, y seis jeringas precargadas de emulsión lipídica Intralipid al 20% de quinientos mililitros.
—Tenemos reservas suficientes de bicarbonato sódico molar, cloruro cálcico al diez por ciento y sulfato de atropina para tratar hasta seis paradas cardiorrespiratorias simultáneas por bloqueo neurotóxico —verificó Maite completando la lista de control asistencial—.
Los accesos venosos centrales con catéteres triluz de siete French están listos en la mesa estéril.
Miren asintió con una mirada firme y serena.
—Todo listo para dar soporte vital inmediato en caso de que los agentes entren en contacto con aerosoles tóxicos en el pabellón frigorífico.
A las seis y cuarenta y cinco minutos de la tarde, el cielo sobre Bermeo se tiñó de un resplandor cobrizo y violeta mientras el sol se ocultaba tras los acantilados del cabo Matxitxako.
Tres furgones negros no rotulados de la Unidad de Intervención de Berrozi y dos lanchas semirrígidas de asalto naval de la Sección de Buceo convergieron sobre el espigón norte del puerto con una coordinación milimétrica y en silencio absoluto de radio.
Unai Etxebarria, al frente del equipo Bravo, verificó el canal táctico de radio mediante pulsos de microteléfono.
— Alfa en posición ante la compuerta de carga. Bravo en posición en la cubierta superior. Charlie cubriendo la línea de agua del muelle privado. Médico listo en el PMA.
Unai observó a través del visor térmico la silueta de Imanol Larrazabal en el interior de la oficina del pabellón, triturando documentos en una destructora de papel junto a una maleta de cuero negro.
— Todos los equipos... luz verde para el asalto en tres, dos, uno... ¡Entrada!
A las seis y cincuenta minutos, el cabo Iker Aldai activó el ariete hidráulico contra la compuerta de acceso al pabellón, derribando la hoja metálica en una fracción de segundo.
Simultáneamente, el equipo Bravo liderado por Unai Etxebarria rompió los ventanales de la planta superior con pértigas de asalto, lanzando dos granadas aturdidoras CTS 7290 .
Las explosiones de destellos de luz cegadora y truenos ensordecedores llenaron la estancia.
—¡Ertzaintza! ¡Policía! ¡Quieto todo el mundo! ¡Manos a la vista! —gritó Unai irrumpiendo con su subfusil apuntando hacia la oficina principal.