El latido de las aguas oscuras (Código Cruces 1) CAPÍTULO 17 — EL NUEVO TURNO EN CRUCES Y EL HALLAZGO EN EL DIQUE SECO #3
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CAPÍTULO 17 — EL NUEVO TURNO EN CRUCES Y EL HALLAZGO EN EL DIQUE SECO #3

Imanol Larrazabal, aturdido y desorientado por la onda acústica, intentó alcanzar una escopeta repetidora Benelli M4 apoyada sobre la mesa, pero Unai se abalanzó sobre él con un placaje limpio y contundente, inmovilizando sus brazos con una llave de palanca articular en el suelo.

Aldai colocó los grilletes metálicos a Larrazabal mientras aseguraba la maleta de cuero y los discos duros que aún permanecían encendidos junto a la destructora.

En la planta baja del pabellón, los operadores del equipo Alfa aseguraron la cámara frigorífica principal número dos, que se encontraba a una temperatura de menos veinticinco grados centígrados.

En las estanterías de acero inoxidable descansaban cincuenta cajas de poliestireno expandido con más de cinco mil viales de extractos de conotoxinas y tetrodotoxina pura , listas para su carga en la lancha rápida fondeada en el muelle privado.

El cabo artificiero Agirre precintó las puertas de la cámara frigorífica con sellos de la Audiencia Nacional y bloqueó el sistema de refrigeración eléctrica para evitar cualquier fuga de amoníaco industrial.

—Cámara asegurada, sin vertidos ni roturas de envases. La totalidad de las neurotoxinas de reserva queda bajo control policial.

La doctora Miren Mendiluze entró en el pabellón acompañada por dos agentes para examinar al detenido Imanol Larrazabal.

Miren evaluó el estado neurológico y hemodinámico del consignatario.

—Presión arterial de ciento cuarenta sobre ochenta y cinco milímetros de mercurio, frecuencia cardíaca de noventa y dos latidos por minuto, pupilas normorreactivas y ausencia de lesiones traumáticas agudas —dictaminó Miren rellenando el volante de asistencia médica de custodia judicial—.

El detenido se encuentra clínicamente apto para su traslado inmediato a la comisaría de Erandio.

Larrazabal miró a la doctora con la respiración entrecortada y la mirada abatida.

—Se acabó... Está todo en esos ordenadores. Suiza nos pagaba medio millón por cada lote de toxina pura que salía de este muelle.

En el muelle privado del pabellón, los buzos de la Ertzaintza abordaron la lancha rápida de recreo Itsaso-Urdin , una embarcación de fibra de carbono de doce metros de eslora equipada con tres motores fueraborda Yamaha V8 de trescientos cincuenta caballos de potencia cada uno.

En el sollado de popa, los agentes hallaron un sistema de navegación por satélite de grado militar con rutas preprogramadas hacia el puerto de Bayona y la costa de las Landas, junto a trescientos mil euros en billetes de quinientos euros ocultos en un doble fondo estanco.

—Embarcación incautada y precintada como instrumento directo del delito de narcotráfico internacional —decretó el sargento Etxebarria levantando el acta de depósito naval.

A las ocho de la tarde, la comitiva policial y médica inició el repliegue por las calles empedradas de Bermeo, bajo el aplauso espontáneo y emocionado de los vecinos y pescadores que abarrotaban los muelles del puerto viejo.

El Patrón Mayor Anton Elorriaga estrechó la mano de Unai Etxebarria y de Miren Mendiluze.

—Habéis limpiado el honor de Bermeo y habéis vengado la memoria de los marineros que murieron en la mar, sargento y doctora. Esta villa marinera no olvidará jamás vuestra valentía.

Miren sonrió con emoción, sintiendo el calor y el respeto de la gente del mar.

—El mar de Bermeo vuelve a ser de sus pescadores, don Anton.

A las diez de la noche, Miren Mendiluze regresó al Hospital Universitario de Cruces para completar su turno de guardia.

En la quinta planta de Cirugía General, visitó al agente Mikel Zárate, quien descansaba plácidamente en su cama junto a su esposa y sus dos hijos pequeños.

—Todo en orden, Mikel. La herida quirúrgica cicatriza de forma impecable y el último responsable de la red criminal ha sido detenido en Bermeo.

Zárate sonrió con lágrimas en los ojos.

—Ahora sí que podemos respirar tranquilos todos, doctora. Gracias de corazón.

A las once de la noche, en la cafetería del hospital, Unai Etxebarria apareció vistiendo ropa de paisano con una bolsa de papel que contenía dos raciones calientes de merluza a la koskera y dos botellas de agua mineral.

Se sentó frente a Miren en la mesa del rincón junto al ventanal.

—Pensé que la mejor cirujana de Bizkaia merecía una cena caliente después de salvar dos vidas en el quirófano y desmantelar un laboratorio en Bermeo.

Miren tomó un trozo de pan y probó la merluza con una sonrisa radiante.

—Está deliciosa, Unai... No hay mejor compañero de guardia en todo el hospital ni en toda la mar.

Unai tomó la mano de Miren sobre la mesa, mirándola con una ternura honda y verdadera.

—He solicitado el traslado definitivo a la base naval de Santurtzi como jefe de la brigada de buceo y rescate, Miren... Ya no habrá más comisiones de servicio fuera de Bizkaia. Mi lugar está aquí, cerca de ti y de nuestra gente.

Miren apretó los dedos de Unai con una emoción desbordante.

—Esa es la mejor noticia que podías darme en toda mi vida, Unai. Nuestro hogar está aquí.