CAPÍTULO 16 — EL JUICIO DEL ABRA Y LA CONEXIÓN CON LOS FONDOS OPACOS #2
—Doctora... Sargento... —saludó Zárate con una sonrisa amplia y los ojos brillantes de emoción—. He visto las noticias en la televisión de la sala. Habéis cazado al carguero y a todos los que nos atacaron en la dársena.
Miren palpó el abdomen del agente con suavidad experta.
—El abdomen está blando, depresible y sin ningún signo de peritonismo ni complicación vascular.
Los valores de hemoglobina se mantienen estables en doce coma cinco gramos por decilitro y el tránsito intestinal se ha restablecido por completo.
Esta misma tarde te trasladamos a una habitación individual de planta en la quinta planta de Cirugía General.
Zárate tomó la mano de Miren con una devoción infinita.
—Usted me salvó la vida en ese quirófano cuando casi no me quedaba sangre en el cuerpo, doctora. Nunca olvidaré lo que hizo por mí y por mis compañeros.
Unai apoyó su mano en el hombro de Zárate.
—Descansa, Mikel. Has cumplido con tu deber con el honor más alto. Ahora toca recuperarse y disfrutar de la familia.
A las cinco de la tarde, dejando atrás los hospitales, las comisarías y los juzgados, Unai y Miren subieron al todoterreno del sargento y tomaron la autovía A-1 rumbo al valle del Oria, en dirección a Tolosa .
El paisaje verde de las campas guipuzcoanas, coronado por las crestas rocosas del monte Txindoki y los hayedos de Aralar, transmitía una calma reparadora tras la tempestad vivida en la mar brava.
Al ascender por el camino de carretas entre robles centenarios, llegaron al caserío Mendiluze-Goikoa .
El humo azulado salía perezosamente de la chimenea de piedra y el olor a leña de roble quemada y a tierra húmeda llenaba el aire de una serenidad ancestral.
En el zaguán de la casa los aguardaba Arantza Mendiluze , con su delantal limpio y los brazos abiertos de par en par.
—¡Miren! ¡Unai! ¡Hijos míos! —exclamó la madre con lágrimas de emoción mientras abrazaba a su hija y al sargento con una ternura infinita.
Arantza los condujo a la cocina rústica, donde la gran mesa de nogal estaba dispuesta con una cazuela humeante de sopa de ajo tradicional con huevo escalfado, un plato hondo de txistorra artesanal a la brasa, queso Idiazabal ahumado y una jarra de sidra natural recién escanciada.
—Comed, descansad y olvidad por unas horas el ruido del mundo... Aquí en la montaña solo reina la paz de nuestra tierra.
Miren y Unai se sentaron a la mesa, sintiendo cómo el calor del hogar y el aroma de la comida casera devolvían la vida a sus cuerpos exhaustos.
A las diez de la noche, tras una cena llena de recuerdos familiares y confidencias serenas, Miren y Unai subieron a la balconada de madera del primer piso del caserío.
La noche en el valle de Tolosa era clara y estrellada; una luna llena plateada iluminaba las cumbres de los montes y el murmullo lejano del río Oria acompañaba el silencio de la montaña.
Unai se colocó tras Miren, rodeando su cintura con sus brazos fuertes y apoyando su barbilla en el hombro de la cirujana.
Miren apoyó su espalda contra el pecho de Unai, cerrando los ojos y sintiendo la calidez y la protección invencible de su cuerpo.
—Ha sido un viaje muy largo a través de la oscuridad, Unai... Por momentos sentí que el mar se lo tragaría todo.
Unai besó suavemente el cuello de Miren, acariciando su piel con una ternura infinita.
—El mar nos puso a prueba, Miren... Pero en mitad de la peor galerna, tú fuiste mi única verdad. Cada latido de mi corazón te pertenece desde el primer día que te vi en Cruces.
Miren se giró entre sus brazos, mirándolo a los ojos con todo el amor y el deseo contenido durante los días de peligro.
—Tú eres mi refugio, Unai... Mi hogar y mi paz.
Unai tomó el rostro de Miren entre sus manos y la besó con una pasión honda, dulce y desbordante, sellando bajo las estrellas del norte un amor forjado en el coraje, en la ciencia y en la devoción más pura.
Juntos entraron en la habitación del caserío iluminada por el resplandor de la chimenea, donde la noche se llenó de caricias serenas, susurros apasionados y la entrega absoluta de dos almas que habían vencido a la muerte para vivir en libertad.
A primera hora de la tarde, en la sala de juntas de la Policía Científica en Erandio, la letrada de la Administración de Justicia y el perito calígrafo forense completaron el cotejo de las firmas de los contratos intervenidos en el carguero.
—Las muestras indubitadas de firma remitidas por el Registro Mercantil de Zúrich coinciden en dieciocho puntos característicos de presión, inclinación del trazo y velocidad de grafismo con las rúbricas halladas en los cuadernos de operaciones del Oceanic Leviathan —dictaminó el perito grafoscópico utilizando el comparador espectral de vídeo VSC 8000 —.
Las tintas empleadas corresponden a bolígrafos de gel con pigmentos fluorescentes de origen helvético fabricados en 2024.
La secretaria judicial estampó el sello oficial en cada uno de los folios del sumario.
—Cadena de custodia documental plenamente acreditada y blindada contra cualquier impugnación de nulidad procesal por parte de las defensas.
A las cuatro de la tarde, el salón de actos de la sede de la Ertzaintza en Erandio acogió una rueda de prensa multitudinaria presidida por el Consejero de Seguridad del Gobierno Vasco, el Director General de Osakidetza y los mandos policiales del operativo.
Ante más de un centenar de periodistas, el Consejero expuso los resultados del operativo conjunto.
—La colaboración ejemplar entre la Ertzaintza, el Hospital Universitario de Cruces, la Gendarmería Marítima Francesa y la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha permitido desarticular por completo la mayor red de experimentación clandestina y narcotráfico químico que operaba en aguas del Atlántico europeo.
Hemos intervenido cuatro mil litros de sustancia neurotóxica, desmantelado un buque factoría y puesto a disposición judicial a los máximos responsables de la organización en España y en Suiza.
El Director General de Osakidetza dedicó un homenaje especial al equipo médico.
—La doctora Miren Mendiluze y el personal de la UCI de Trauma de Cruces representan lo mejor de nuestro sistema público de salud: ciencia médica de vanguardia, valentía inquebrantable y una dedicación absoluta a la vida de nuestros conciudadanos.
En el Aula Magna del Hospital de Cruces, ante doscientos médicos, cirujanos e investigadores biomédicos, la doctora Miren Mendiluze presentó la ponencia magistral sobre el protocolo de manejo del politraumatismo grave bajo condiciones de toxicidad hiperbárica.
Miren proyectó los esquemas anatómicos y las secuencias quirúrgicas de control de daños.
—El empleo precoz de la laparotomía abreviada en menos de treinta minutos, la hemostasia compasiva mediante empaquetamiento perihepático y el rescate lipídico intravenoso inmediato con Intralipid 20% ante bloqueos de canales Nav1.
5 constituyen el nuevo estándar de oro asistencial para situaciones de trauma extremo con hipotermia severa.
El auditorio de médicos y catedráticos se puso en pie para ovacionar a la joven cirujana, reconociendo el impacto científico y humano de su intervención en la resolución de la crisis.
Hacia las siete de la tarde, en el valle de Tolosa, Miren y Unai salieron a pasear por el sendero que bordea el curso cristalino del río Oria.
El aire de la tarde soplaba suave entre los alisos y los sauces de la ribera, refrescando sus rostros con el aroma a hierba húmeda y a hojas de roble.
Unai caminaba a su lado, con las manos en los bolsillos de su cazadora de cuero y la mirada serena posada en las aguas del río.
—Recuerdo cuando era un niño y mi padre me traía a pescar truchas a estos pozos, Miren... El agua dulce parecía tan pacífica comparada con la furia del Cantábrico. Durante estos días he sentido que el mar me arrancaba el pasado, pero ahora siento que esta tierra me devuelve las raíces.
Miren tomó el brazo de Unai, apoyando su mejilla en el hombro del sargento mientras caminaban al compás.
—Nuestras raíces están vivas en cada paso que damos, Unai. El mar guarda la memoria de los que se fueron, pero nosotros estamos aquí para construir el presente.
Al regresar al caserío Mendiluze-Goikoa , el fuego del hogar ardía con fuerza en la chimenea central de piedra caliza.
Arantza sirvió en platos de barro cocido un estofado tradicional de ternera criada en los pastos de Aralar con pimientos verdes de Gernika y patatas de caserío, acompañado por pan de hogaza recién sacado del horno de leña.
—En esta casa la madera de roble se seca durante diez inviernos antes de ser tallada por los carpinteros —relató Arantza con voz dulce mientras servía la sidra—.
La buena madera, como las personas nobles, necesita tiempo, paciencia y coraje para resistir cualquier tormenta sin quebrarse jamás.
Vosotros dos tenéis la fuerza de ese roble viejo.
Miren sonrió con emoción, mirando a su madre y a Unai con la certeza de haber encontrado el refugio definitivo para su alma.
En la salita de lectura del caserío, frente a los estantes repletos de libros de botánica y medicina de montaña, Miren y Unai mantuvieron una conversación profunda sobre las secuelas emocionales de las operaciones de rescate.
Miren le explicó con empatía científica los mecanismos de la neurobiología del estrés agudo.
—El cerebro de un rescatador en situaciones de combate y descompresión hiperbárica sufre una hiperactivación de la amígdala basolateral con una sobrecarga masiva de catecolaminas y cortisol —detalló Miren mientras servía una infusión de tila y manzanilla silvestre recogida en las campas de Tolosa—.
Cuando el peligro cesa, la culpa del superviviente intenta llenar el vacío con pensamientos intrusivos.
Pero tú no eres responsable de la maldad de quienes sabotearon el Itsas-Zaldi , Unai.
Tú eres quien evitó que murieran decenas más.