CAPÍTULO 15 — EL ABORDAJE EN LA FOSA DE CAPBRETON #4
—Durante mucho tiempo pensé que mi vida terminaría en el fondo de una de estas fosas, Miren...
Naufragado, solo, arrastrado por la culpa de los que no pude salvar en el Itsas-Zaldi .
Pero cuando te vi entrar en ese box de Cruces con las manos manchadas de sangre y la mirada llena de coraje, supe que el destino me estaba dando una segunda oportunidad.
Miren apoyó su taza sobre la bitácora, dio un paso adelante y tomó la mano de Unai, entrelazando sus dedos con una fuerza suave y cálida.
—El mar no te quitó la vida, Unai... Te guardó para que fueras el faro de los que no tienen voz. Y mientras yo viva, tú nunca más volverás a navegar en soledad.
Unai la atrajo hacia su pecho con un abrazo protector y hondo, sintiendo el perfume a salitre y a vida de la mujer que amaba, mientras los dos corazones latían al mismo compás en la calma del puerto recuperado.
En el camarote blindado del capitán Van Zyl, el sargento Unai Etxebarria y la inspectora Irati Mendiluze por enlace telemático abrieron la caja fuerte empotrada tras el panel de caoba.
En su interior hallaron los cuadernos de bitácora confidenciales encuadernados en piel azul con el membrete oficial de Helvetia DeepSea BioPharma AG .
—Cada página contiene las firmas manuscritas del presidente del consejo de administración en Zúrich, Dr. Markus Von Steiner, autorizando los desembolsos de trescientos mil euros por cada inmersión de prueba con sujetos humanos —leyó Unai verificando los sellos notariales del cantón de Zug—.
Se detallan las transferencias a través de cuentas fiduciarias en Vaduz y las instrucciones explícitas de eliminar a los buzos si presentaban arritmias durante la descompresión para evitar filtraciones a las agencias del medicamento.
Irati tomó capturas en alta resolución.
—Con estos documentos originales, la Fiscalía de la Audiencia Nacional y Europol cursarán hoy mismo las órdenes internacionales de detención e incautación de bienes en Suiza, Mónaco y Londres.
A las ocho en punto de la mañana, el carguero Oceanic Leviathan quedó atracado por estribor en el muelle de cruceros de Getxo, asegurado con seis estachas de polipropileno de alto tonelaje a los norays del cantil por las dotaciones de amarre de la Autoridad Portuaria.
En tierra, un cordón de seguridad integrado por cincuenta agentes de la Brigada Móvil de la Ertzaintza, furgones blindados y tres ambulancias de soporte vital avanzado de Osakidetza acordonaba toda la dársena marítima.
La magistrada Elena Orue, acompañada por el letrado de la Administración de Justicia y el equipo de Policía Científica, subió por la escala real para asumir la fe pública presencial del buque y de sus bodegas selladas.
Los cinco mercenarios y el capitán Van Zyl fueron desembarcados engrilletados bajo la mirada atenta de los mandos policiales, siendo introducidos en los furgones celulares con destino a la sede judicial de Barakaldo para la toma inmediata de declaración indagatoria y el ingreso en prisión preventiva comunicada y sin fianza.
Los técnicos especialistas en desactivación de explosivos y agentes químicos de la Ertzaintza procedieron al transbordo de los cuatro cilindros presurizados de Neurocaine-7 hacia camiones blindados de transporte de mercancías peligrosas NBQ con destino a los almacenes de custodia de la Audiencia Nacional.
El sol de la mañana iluminaba con un resplandor dorado las aguas tranquilas del Abra, reflejándose en las cristaleras de los palacetes de Las Arenas, en las laderas verdes del monte Serantes y en los muelles de Santurtzi.
Miren Mendiluze y Unai Etxebarria descendieron por la escala tomados de la mano, con sus uniformes impregnados del salitre, del humo y del fragor de la batalla ganada.
En el muelle, los médicos y enfermeros de Cruces, los buzos de rescate de la Ertzaintza y los agentes de la Policía Judicial rompieron en un aplauso espontáneo, hondo y emocionado al ver bajar a sus dos líderes intactos y victoriosos.
Miren estrechó la mano del director médico Jon Uriarte, quien la abrazó con orgullo profesional incontenible.
—Has salvado a nuestros compañeros en el quirófano y has defendido a Bizkaia en alta mar, Miren. El Hospital de Cruces entero está en deuda contigo.
Unai saludó al jefe de la Unidad de Intervención de Berrozi con un firme apretón de manos, cerrando un ciclo de dolor y redimiendo el honor de la brigada naval de buceo y rescate marítimo.
Los patrones de pesca de Santurtzi y Zierbena hicieron sonar las bocinas de sus pesqueros en señal de tributo solemne a los héroes de la madrugada.
La doctora y el sargento se miraron con la emoción contenida de quienes han mirado a la muerte de frente en las profundidades abisales y han regresado juntos para devolver la paz, la justicia y la dignidad a su pueblo.
El puerto entero respiraba aliviado bajo el cielo azul de Bizkaia mientras las campanas de las iglesias marineras doblaban a gloria por la vida rescatada y el futuro que comenzaba a construirse paso a paso sobre tierra firme.
Juntos caminaron hacia las ambulancias y los coches patrulla, sabiendo que su historia apenas acababa de comenzar.
El latido de las aguas oscuras había encontrado por fin su redención en la luz del nuevo día, marcando el inicio de una nueva era de amor, coraje y esperanza en las costas de Bizkaia.