El latido de las aguas oscuras (Código Cruces 1) CAPÍTULO 15 — EL ABORDAJE EN LA FOSA DE CAPBRETON
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CAPÍTULO 15 — EL ABORDAJE EN LA FOSA DE CAPBRETON

A las cinco y treinta y dos minutos de la madrugada, en el epicentro de la fosa de Capbreton, la escala de carbono oscilaba violentamente sobre el abismo oscuro del mar Cantábrico al compás de olas gigantescas de ocho metros de altura.

El sargento Unai Etxebarria ascendió los doce metros de costado vertical del Oceanic Leviathan con una agilidad y una fuerza sobrehumanas, fijando sus botas tácticas en los peldaños antideslizantes mientras el viento helado de sesenta nudos azotaba su traje hidrófugo de asalto.

A menos de seis metros, en la pasarela iluminada tenuemente por las luces de servicio del carguero, el centinela mercenario sudafricano caminaba de espaldas ajustándose la capucha del impermeable.

Unai superó el pasamanos con un movimiento elástico y silencioso.

En dos zancadas amortiguadas por el rugido del temporal, el sargento se situó tras el mercenario, aplicando una presa de estrangulamiento vascular carotídeo con el brazo izquierdo mientras con la mano derecha disparaba su pistola de electrochoque neuromuscular Taser X26P sobre la zona lumbar del atacante.

Una descarga de cincuenta mil voltios con pulsos modulados paralizó los grupos musculares del guardia al instante.

El hombre cayó inconsciente sobre el piso de rejilla de acero sin haber tenido tiempo de emitir una sola voz de alarma ni de accionar el transmisor de radio de su pechera.

Unai aseguró los brazos del prisionero con grilletes de polímero de alta resistencia Tri-Fold y arrojó su fusil FN FAL al pañol de seguridad de proa.

El cabo Iker Aldai y los otros siete operadores de Berrozi alcanzaron la cubierta en formación de cuña táctica, asegurando el perímetro en menos de cuarenta segundos con una precisión milimétrica.

A las cinco y treinta y ocho minutos, el equipo Alfa se apostó tras los contenedores frigoríficos de la cubierta de popa, a setenta metros de la plataforma circular del helipuerto.

En la cabina del helicóptero biturbina corporativo Eurocopter EC155 B1 , los dos pilotos mercenarios aceleraron las turbinas Safran Arriel 2C2 al notar una fluctuación de presión en el circuito eléctrico del puente.

El rotor principal de cinco palas comenzó a girar, proyectando un torbellino de agua de lluvia sobre la cubierta de vuelo.

Unai Etxebarria apoyó el bípode de titanio del fusil de precisión antimaterial Barrett M82A1 de calibre doce coma siete milímetros (.50 BMG) sobre el borde superior del contenedor.

Alineó la retícula telemétrica del visor nocturno térmico Schmidt & Bender 5-25x56 PM II con el buje del rotor de cola y la carcasa de transmisión de la turbina izquierda.

—Aldai... voy a cortar la transmisión del rotor de cola en tres, dos, uno...

Unai presionó el disparador.

El estruendo sordo del disparo fue apagado por el silenciador integral de tungsteno.

El proyectil perforante-incendiario Raufoss Mk 211 impactó con una energía cinética descomunal de quince mil julios en la caja de engranajes del rotor de cola, pulverizando los piñones helicoidales y bloqueando el eje de mando sin tocar los depósitos de combustible.

Inmediatamente, Unai disparó un segundo impacto directo sobre la entrada de aire del compresor de la turbina izquierda, provocando una parada inmediata por ingestión de esquirlas metálicas ( compressor stall ).

Las turbinas del helicóptero se apagaron en una llamarada controlada y el rotor principal se detuvo por completo.

Los dos pilotos levantaron las manos en el interior de la cabina acristalada, encendiendo las luces interiores en señal de rendición incondicional ante los cañones de los fusiles de Berrozi.

A las cinco y cuarenta y dos minutos, el cabo artificiero Joseba Agirre colocó una microcarga lineal de corte térmico flexible Primasheet en las tres bisagras de acero de la compuerta estanca de acceso a la superestructura de oficiales.

—¡Brecha en tres, dos, uno!

Una detonación sorda y dirigida seccionó las bisagras sin generar sobrepresión en el pasillo interior.

El cabo Aldai lanzó por la abertura dos granadas de aturdimiento de nueve pulsos sonoros CTS 7290 Flashbang .

Una secuencia ensordecedora de destellos de ocho millones de candelas y pulsos acústicos de ciento ochenta decibelios saturó el corredor principal, desorientando por completo a los tres guardias balcánicos que aguardaban con subfusiles automáticos parapetados tras las puertas de los camarotes.

El equipo de asalto de Berrozi irrumpió en fila de combate con sus subfusiles HK MP5-SD en fuego semiautomático.

—¡Ertzaintza! ¡Armas al suelo! ¡Al suelo!

Dos de los mercenarios intentaron levantar sus armas, pero fueron neutralizados al instante con impactos de goma no letales CTS Super-Sock en el hemitórax y los muslos, cayendo derribados sobre la moqueta del pasillo.

El tercer mercenario soltó el arma y se arrodilló con las manos en la nuca.

En menos de dos minutos, el nivel inferior de la superestructura estaba asegurado y los tres atacantes quedaron engrilletados y custodiados por el binomio Charlie.

Unai Etxebarria y el cabo Aldai ascendieron por la escala de caracol hacia el puente de gobierno principal en el nivel 4.

Al derribar la puerta de roble blindado, se encontraron con el comandante naval Hendrik Van Zyl , un hombre corpulento de sesenta años con barba gris y uniforme de capitán mercante, quien se encontraba frente a la consola de control de sentinas y lastre con una pistola semiautomática SIG Sauer P226 en la mano derecha y la mano izquierda sobre la palanca de emergencia de vertido al mar.

—¡Si dais un solo paso, activo el colector de purga de las bodegas y diez mil litros de Neurocaine-7 se disolverán en el Cantábrico! —bramó Van Zyl con los ojos inyectados en sangre y una desesperación salvaje.

Unai no vaciló ni una milésima de segundo.

Levantó su subfusil HK MP5-SD y efectuó un único disparo quirúrgico que atravesó la muñeca derecha de Van Zyl.

La pistola cayó al suelo con estrépito y el capitán se dobló de dolor sujetándose el brazo sangrante.

Unai se abalanzó sobre la consola, apartó a Van Zyl de un empujón y tecleó con rapidez en la pantalla táctil de seguridad el código maestro revelado por el agente Mikel Zárate desde la UCI de Cruces.

`7 - 4 - 9 - A L F A - O M E G A`

El sistema hidráulico emitió un zumbido de bloqueo neumático y en la pantalla apareció el mensaje en letras verdes luminosas.

`SISTEMA DE PURGA Y VERTIDO QUÍMICO BLOQUEADO MANUALMENTE POR AUTORIDAD JUDICIAL. VÁLVULAS KINGSTON CERRADAS A 100 BAR.`

Aldai colocó los grilletes metálicos a Van Zyl y le aplicó un torniquete táctico CAT Gen-7 en el antebrazo para controlar la hemorragia de la herida por proyectil.

—Hendrik Van Zyl, queda usted detenido por orden de la Audiencia Nacional de España y del Tribunal Internacional del Mar por delitos de terrorismo químico, homicidio múltiple y narcotráfico internacional —decretó Unai con una solemnidad implacable.

A las cinco y cincuenta minutos, tras recibir la confirmación de puente seguro por radio, la doctora Miren Mendiluze y la enfermera Maite Bilbao subieron a bordo del Oceanic Leviathan a través de la escala protegida, portando los dos maletines de cirugía de control de daños y reanimación avanzada.

En el pasillo de oficiales, Miren encontró al operador de Berrozi Gorka Lizaso , quien presentaba una contusión torácica severa tras recibir un impacto directo de fragmentos de metralla en el lateral de su chaleco balístico durante la apertura de la compuerta.

Gorka respiraba con dificultad manifiesta, con una frecuencia respiratoria de treinta respiraciones por minuto y una saturación de oxígeno que descendía al ochenta y ocho por ciento.

Miren se arrodilló junto al agente, abrió su chaquetilla de asalto y colocó la sonda ecográfica de alta frecuencia sobre el hemitórax derecho.

La ecografía pulmonar POCUS reveló la ausencia del deslizamiento pleural fisiológico ( lung sliding ) y la presencia del punto pulmonar ( lung point ), confirmando un neumotórax traumático a tensión con colapso parcial del lóbulo superior derecho.

—Tenemos un neumotórax a tensión en hemitórax derecho con compromiso ventilatorio inminente —indicó Miren con calma magistral—. Maite, prepárame un catéter de toracocentesis con aguja de calibre catorce Gauges y válvula de Heimlich .

Miren desinfectó la piel del segundo espacio intercostal línea medioclavicular derecha con clorhexidina al dos por ciento.

Con un movimiento firme, perpendicular a la pared torácica y justo por encima del borde superior de la tercera costilla para evitar el paquete vasculonervioso intercostal, introdujo la aguja en el espacio pleural.

Un silbido audible de aire a presión escapó a través de la cánula.

La presión intratorácica se normalizó al instante, el pulmón derecho se reexpandió de inmediato y la saturación de oxígeno de Lizaso subió al noventa y siete por ciento en menos de treinta segundos.

Miren fijó el catéter con tiras adhesivas estériles y conectó la válvula unidireccional de Heimlich.

—Pulmón reexpandido y mecánica ventilatoria totalmente restablecida, Gorka. Respira hondo y despacio.

El operador tomó aire con alivio inmenso.

—Gracias, doctora... Me ha devuelto el aire a los pulmones en mitad de este infierno.

A las seis de la madrugada, Unai Etxebarria, Miren Mendiluze y cuatro operadores de Berrozi descendieron por la escala de servicio hasta la bodega principal número tres, situada en la quilla del buque.

El espectáculo que contemplaron en aquella inmensa caverna de acero era sobrecogedor.

En el centro de la bodega se abría el pozo vertical del Moon Pool , una abertura rectangular de diez metros de longitud que comunicaba directamente con el mar a través del fondo del casco.

Sobre la plataforma lateral de carga descansaban los cuatro cilindros gigantescos de acero inoxidable de mil litros de capacidad , presurizados a cincuenta bar y conectados a un colector de distribución de titanio con el logotipo grabado de Helvetia DeepSea BioPharma AG .