CAPÍTULO 13 — LAS CURAS DE CAMPO Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COMPLOT SUIZO #3
Goikoetxea desplegó sobre la consola el último boletín meteorológico de urgencia emitido por la estación marítima de Euskalmet en el faro de Matxitxako.
—Sargento Etxebarria, doctora Mendiluze...
Aquí está el parte oficial actualizado —anunció el patrón con voz grave y pausada—.
Tenemos una profunda borrasca atlántica de novecientos setenta y ocho milibares centrada en el golfo de Vizcaya desplazándose con rapidez hacia el este.
La presión barométrica en la costa está cayendo a razón de tres milibares por hora, lo que confirma la entrada inminente de una galerna de componente noroeste con rachas de viento sostenidas de cincuenta nudos y picos de hasta sesenta y cinco nudos.
El piloto señaló en la carta la batimetría de la zona de operaciones.
—En la fosa de Capbreton, donde la profundidad del fondo marino pasa bruscamente de doscientos a más de mil ochocientos metros, el choque de las corrientes de marea con el viento del noroeste está levantando una mar muy gruesa con mar de fondo de seis metros y medio y olas rompientes de hasta ocho metros de altura significativa.
El periodo de ola es corto, de apenas nueve segundos, lo que significa que el oleaje será vertical, violento y con constante peligro de encapuzar la proa si superamos los doce nudos de velocidad de navegación.
Unai examinó las líneas isobáricas del mapa meteorológico.
—Patrón Goikoetxea, ¿cuánto tiempo estimas para alcanzar la posición del Oceanic Leviathan a catorce millas al norte de Ogoño?
—Navegando a velocidad de seguridad de quince nudos contra el viento y la corriente de través, tardaremos aproximadamente cincuenta y cinco minutos en llegar a la zona de intercepción —respondió Goikoetxea—.
Mantendremos el radar secundario y las luces de posición apagadas para aproximarnos por la aleta de estribor del carguero sin ser detectados por sus vigías de cubierta.
A las tres y treinta y cinco de la madrugada, la sirena de maniobra del Itsas-Zaintza emitió un pitido corto y grave que retumbó en las paredes de roca del muelle Artza de Bermeo.
En la cubierta de proa y en el espejo de popa, los marineros de guardia desengancharon las gazas de las estachas de amarre de los norays de piedra.
—¡Larguen proa! ¡Larguen popa! —ordenó el patrón Goikoetxea por el interfono de maniobra.
El jefe de máquinas empujó suavemente las dos palancas de los aceleradores electrónicos de los motores MTU .
El buque patrullero se separó del muelle de atraque con un movimiento suave y majestuoso, virando a babor para enfilar la canal de salida del puerto viejo.
Al rebasar el espigón exterior de Bermeo y dejar por la aleta de estribor la silueta oscura y escarpada de la isla de Ízaro , el primer golpe de mar del Cantábrico abierto impactó contra la amura de estribor del casco de aluminio.
Una tonelada de agua salada pulverizada barrió el parabrisas blindado del puente de gobierno con un estruendo ensordedor, mientras los limpiaparabrisas centrífugos giraban a máxima velocidad disipando la cortina de espuma blanca.
El sargento Unai Etxebarria, de pie junto al timón con las piernas abiertas para absorber el balanceo del barco y las manos aferradas a la barra de seguridad, miró hacia el horizonte tenebroso donde el cielo negro y las olas gigantescas se fundían en una sola masa de sombras y furia oceánica.
A su lado, la doctora Miren Mendiluze ajustó su linterna quirúrgica y verificó los monitores del puesto médico, con el pulso firme y el corazón sereno.
El Itsas-Zaintza aceleró sus turbocompresores, cortando las crestas de las olas a dieciocho nudos y adentrándose en las profundidades abisales del mar para librar la batalla definitiva contra la conspiración internacional de Neurocaine-7 .
A las tres y cuarenta y cinco minutos, mientras el buque patrullero cabeceaba rítmicamente al cruzar los bajos fondos de la barra de Mundaka, el sargento Unai Etxebarria reunió a los ocho operadores de asalto en la camareta de combate de la cubierta intermedia.
Sobre la mesa táctica digital retroiluminada, Unai desplegó el renderizado tridimensional de la estructura del Oceanic Leviathan .
—La aproximación se realizará por la aleta de babor del carguero para aprovechar el socaire del casco contra el viento dominante del noroeste —expuso Unai con voz pausada y tajante—. Nos dividiremos en tres binomios tácticos con misiones simultáneas y sincronizadas por reloj de sincronía atómica.
» Binomio Alfa (operadores Aldai y Agirre): Inserción por escala telescópica de carbono en el castillo de proa.
Su objetivo prioritario es neutralizar a los vigías armados de la cubierta de maniobra y asegurar los cabrestantes de fondeo para evitar que el buque largue cadena o intente embestirnos con la proa.
» Binomio Bravo (operadores Garai y Zabaleta): Brecha dinámica en la escotilla de servicio de popa y descenso directo por las escalas verticales hasta la sala de bombas y generadores de la bodega tres.
Su misión es colocar cargas de bloqueo hidráulico en los actuadores de las válvulas de purga de Neurocaine-7 antes de que la tripulación mercenaria pueda recibir la orden de vertido al mar.
» Binomio Charlie (Unai Etxebarria y sargento Eizmendi): Asalto directo a la superestructura y puente de gobierno superior a través de la escala de la chimenea. Tomaremos el control del timón, los mandos de propulsión y reduciremos al capitán Hendrik Van Zyl.
En el pañol de armas de popa, el cabo especialista Iker Aldai verificó los dos lanzadores neumáticos de arpones de abordaje ResQmax Hydro-Shot .
Conectó el manómetro digital al depósito de aire comprimido de fibra de carbono de cuatro litros y medio, presurizado a trescientos bar.