CAPÍTULO 13 — LAS CURAS DE CAMPO Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COMPLOT SUIZO #2
— Frau Richterin Orue... los datos que nos acaban de transmitir son irrefutables y de una gravedad penal extraordinaria —declaró el fiscal helvético con tono grave y resolutivo—.
En este mismo instante, la Autoridad Federal de Supervisión de los Mercados Financieros (FINMA) y la Fiscalía General de la Confederación han emitido una orden de bloqueo judicial de emergencia sobre los fondos de Helvetia DeepSea BioPharma AG en Zúrich y Zug.
Se han congelado de forma cautelar ciento ochenta y dos millones de francos suizos y se han dictado tres órdenes internacionales de detención contra los consejeros delegados suizos y alemanes de la firma.
La jueza Elena Orue agradeció la celeridad de la cooperación internacional.
— Herr Von Allmen, nuestros agentes y el equipo médico de la doctora Mendiluze zarpan en estos momentos hacia las coordenadas del buque nodriza Oceanic Leviathan en el límite de las aguas jurisdiccionales del Cantábrico.
Requerimos que la alerta roja de Interpol y la notificación morada sobre el buque queden activadas en todos los centros de mando marítimo de la OTAN y la Unión Europea.
— La orden está cursada en el sistema global, magistrada. Buena suerte en el mar.
A las tres y diez de la madrugada, el sargento Unai Etxebarria y la doctora Miren Mendiluze acudieron a la cabina de literas de popa del patrullero, donde el ingeniero jefe Koldo Mardones , sentado en el borde de la litera con una manta térmica sobre los hombros y recibiendo oxígeno suplementario por gafas nasales a tres litros por minuto, aguardaba para prestar declaración antes del zarpe.
Mardones, con las manos aún enrojecidas por las marcas de los grilletes que había soportado en la mina y los ojos vidriosos por la fatiga extrema, tomó un vaso de agua templada que le ofreció Miren.
—Doctora... sargento... tenéis que saber a qué os enfrentáis en ese barco —dijo Mardones con la voz quebrada pero lúcida—.
Yo fui el ingeniero responsable de diseñar la adaptación estructural de la bodega número dos del Oceanic Leviathan cuando el barco pasó por los astilleros de Róterdam hace dos años.
Unai sacó su libreta de notas de operaciones y un lápiz táctico.
—Descríbeme la compartimentación de las cubiertas inferiores, Koldo.
Mardones apoyó la mano sobre la mesa y dibujó con trazos rápidos la distribución interior del carguero nodriza.
—El barco tiene ciento sesenta metros de eslora y veinte de manga.
En la popa, bajo la cubierta de vuelo del helipuerto, tienen instalada una compuerta submarina escamoteable de apertura hidráulica llamada Moon Pool .
Desde esa piscina interior lanzan dos minisubmarinos autónomos de saturación profunda Nautilus-4 , con capacidad para cuatro buceadores y brazos mecánicos articulados para trabajar hasta cuatrocientos metros de profundidad.
El ingeniero hizo una pausa para toser y recuperar el aliento antes de continuar con la revelación más crítica.
—Pero lo verdaderamente peligroso no son los submarinos, sargento...
En la quilla del buque, junto a la sala de bombas de achique de la bodega tres, tienen instalados cuatro cilindros de acero forjado de mil litros presurizados a cincuenta bar.
Contienen dos mil litros de Neurocaine-7 puro en fase líquida estabilizado con disolventes volátiles.
Si el capitán del barco, el mercenario holandés Hendrik Van Zyl , se ve acorralado y activa las válvulas pirotécnicas de purga exterior de la sentina, liberará ese veneno directamente en la corriente profunda de la fosa de Capbreton.
La marea negra química tardaría menos de seis horas en alcanzar la ría de Urdaibai, la reserva de la biosfera de Mundaka y los bancos pesqueros de Bermeo, matando toda vida marina en un radio de cincuenta millas.
Miren intercambió una mirada de máxima alarma con Unai.
—No podemos permitir que abran esas válvulas bajo ningún concepto. Si ese compuesto entra en contacto con el agua del mar a baja temperatura, su persistencia tóxica en los sedimentos bentónicos durará décadas.
Unai cerró su libreta con un chasquido rotundo.
—Tomaremos la sala de bombas y el puente de gobierno de forma simultánea antes de que puedan tocar los paneles de purga.
A las tres y veinte de la madrugada, en la cubierta de popa del Itsas-Zaintza , bajo la luz ámbar de los focos de trabajo estancos y el ropaje incesante del viento húmedo que traía olor a temporal, los ocho operadores de la Unidad de Buceo Táctico de Berrozi ultimaban el ajuste de sus equipos de inmersión y combate naval.
El cabo especialista Iker Aldai y el sargento artificiero Joseba Agirre revisaban los arneses de los equipos de respiración de circuito cerrado y semicerrado Dräger LAR VII , diseñados para operaciones de asalto anfibio de infiltración furtiva sin emisión de burbujas en la superficie.
Unai Etxebarria supervisó personalmente el banco de mezcla de gases en la consola de recarga del buque.
—Para la aproximación táctica en superficie y salto a la escala usaremos trajes secos de neopreno vulcanizado de alta densidad Viking Pro 1000 con válvulas de purga automática de bajo perfil y aislamiento térmico interior de fibra Thinsulate 400 —instruyó Unai a sus hombres con voz firme y profesional—.
Si la situación nos obliga a descender a la sentina inundada del buque nodriza para cerrar las válvulas de fondo a más de veinte metros de profundidad en atmósfera hostil, cargaremos botellas dobles de composite de doce litros a trescientos bar con mezcla de Heliox 80/20 (ochenta por ciento de helio y veinte por ciento de oxígeno) para eliminar cualquier riesgo de narcosis por nitrógeno y reducir la densidad del gas respirable bajo esfuerzo físico extremo.
El cabo Aldai conectó el analizador digital de gases Teledyne ProOX a las griferías de las botellas.
—Fracción de oxígeno en veinte coma cero por ciento exacto en los ocho bloques dobles, sargento. Presión hidrostática de prueba verificada a cuatrocientos cincuenta bar y precintos de seguridad colocados.
Los operadores ajustaron en sus muñecas los ordenadores de buceo táctico trimix Suunto EON Steel , programados con el algoritmo descompresivo de gradientes de factores Bühlmann ZHL-16C ajustado a conservadurismo estricto para aguas frías a doce grados centígrados.
En los chalecos tácticos hidrostáticos Apeks Black Ice , fijaron los cuchillos de rescate submarino con hoja de titanio y filo de sierra, las linternas estancas de alta potencia Dive Rite LX20 de cuatro mil lúmenes con batería de litio encapsulada, las granadas aturdidoras sumergibles y los subfusiles HK MP5-SD con supresor integral y tratamiento cerámico anticorrosión para inmersión en agua salada.
A las tres y veinticinco de la madrugada, en la cámara de derrota del buque, mientras el sistema de navegación por radar de barrido de estado sólido Furuno FAR-3220 completaba su ciclo de calentamiento y sincronizaba las cartas náuticas electrónicas ENC con el GPS diferencial de alta precisión, la doctora Miren Mendiluze y el sargento Unai Etxebarria se quedaron a solas durante unos breves minutos de silencio contenido.
A través de los grandes ventanales de vidrio blindado reforzado con limpiaparabrisas centrífugos giratorios, las luces amarillentas del muelle de Bermeo parpadeaban entre la lluvia densa que arreciaba contra el casco.
Unai se despojó por un momento de los guantes tácticos de neopreno y se acercó a la mesa de cartas náuticas donde Miren revisaba las dosis de atropina y pralidoxima en la libreta médica.
El sargento extendió su mano grande, cálida y marcada por viejas cicatrices de buceo y de servicio, cubriendo con delicadeza los dedos de la cirujana.
Miren levantó la mirada hacia los ojos oscuros y nobles de Unai, sintiendo cómo toda la tensión acumulada durante las últimas cuarenta horas de guardia ininterrumpida se transformaba en una corriente de serenidad y fortaleza compartida.
—Unai... cuando miro esa carta náutica y veo la fosa de Matxitxako y las aguas profundas de Ogoño... sé que vamos directos al corazón de la tormenta. Pero no tengo ni un solo segundo de miedo, porque sé quién está a mi lado en este puente.
Unai dio un paso adelante, acortando la distancia entre ambos, y apoyó su mano izquierda en la mejilla de Miren, acariciando su piel suave con una ternura infinita que contrastaba con la dureza de su uniforme de asalto.
—Miren... en todos mis años en el mar y en la policía, nunca había conocido a nadie con tu coraje, tu entrega y la luz que llevas en las manos cuando operas para salvar una vida.
Si hoy salgo a ese mar a luchar contra ese veneno, es porque sé que en esta tierra y en este hospital hay personas como tú por las que vale la pena dar la vida.
Prométeme que pase lo que pase en el abordaje, te mantendrás en la camareta protegida hasta que la cubierta esté totalmente asegurada.
Miren sonrió con una dulzura firme, llevando su mano sobre la de Unai y entrelazando sus dedos con fuerza.
—Te lo prometo, Unai... Mi lugar es este quirófano de a bordo para cuidar de ti y de tus hombres.
Pero tú tienes que hacerme otra promesa aún más sagrada: volverás a este puente de gobierno conmigo, con las manos limpias y la victoria en el pecho, para que podamos regresar juntos a Bermeo y ver amanecer sobre las aguas del puerto.
Unai inclinó su rostro despacio y unió sus labios a los de Miren en un beso profundo, apasionado y lleno de devoción que selló el pacto inquebrantable de sus almas ante el abismo del mar.
—Te lo juro por mi vida, Miren. Volveremos juntos a esta orilla.
A las tres y media de la madrugada, la puerta estanca del puente de gobierno se abrió con un chasquido metálico.
El patrón del Itsas-Zaintza , el experimentado piloto naval de altura Joseba Andoni Goikoetxea , de cincuenta y seis años y con más de tres décadas surcando el Cantábrico y el Atlántico norte, entró en la estancia sacudiéndose el agua de su chaquetón impermeable amarillo de alta mar.