El latido de las aguas oscuras (Código Cruces 1) CAPÍTULO 11 — LA TRANSFERENCIA HIPERBÁRICA Y EL ASEDIO AL CONVOY DE LA A-8 #3
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CAPÍTULO 11 — LA TRANSFERENCIA HIPERBÁRICA Y EL ASEDIO AL CONVOY DE LA A-8 #3

—El protocolo Fénix incluye la liberación forzada de quinientos litros de disolvente neurotóxico organofosforado en el acuífero subterráneo de Triano si no logran evacuar antes de medianoche —advirtió Miren—.

Ese acuífero abastece a más de veinte mil personas en la comarca minera. Es una bomba química de tiempo.

Unai tomó su gorra táctica y ajustó la cartuchera de su arma.

—Tenemos seis horas para neutralizar a Urrutia y desactivar esas cargas antes de que caiga la noche.

A las cinco y media de la tarde, en el hangar de la Unidad Especial de Berrozi en Erandio, doce operadores de asalto y cuatro buceadores espeleólogos se equiparon con material de última generación para incursiones subterráneas de alta toxicidad.

Miren se colocó un mono ignífugo de nomex negro sobre el que ajustó un arnés integral de rescate vertical Petzl Falcon , casco de espeleología con doble iluminación LED estanca y un equipo respiratorio de circuito cerrado de oxígeno puro Dräger PSS BG4 Plus , con autonomía de cuatro horas en atmósferas contaminadas con gas grisú, monóxido de carbono y gases tóxicos.

En su mochila médica estanca portaba viales de atropina, pralidoxima para intoxicación por organofosforados, apósitos hemostáticos de fibrina humana y laringoscopios tácticos de fibra óptica.

Unai revisó minuciosamente el fusil de asalto HK G36C con silenciador integral B han cortado los cables del cabrestante. El único acceso viable es descender por la chimenea de ventilación número 4 mediante rápel guiado hasta la cota menos ochenta metros.

A las siete y media de la tarde, el equipo de asalto inició el descenso vertical por la chimenea de ventilación del pozo minero.

Unai Etxebarria descendió el primero mediante una cuerda semiestática de diez milímetros y un descensor autofrenante Petzl Rig , apoyando las botas tácticas contra las paredes de roca húmeda impregnada de óxido de hierro.

Miren descendió inmediatamente tras él, asegurada al cabo de vida con un bloqueo de seguridad Shunt .

A los cincuenta metros de descenso, en la repisa de hormigón que comunicaba con la galería de servicio número 3, la linterna infrarroja de Unai detectó un hilo de nailon transparente casi invisible tensado a diez centímetros del suelo rocoso.

El hilo estaba conectado a la anilla de detonación de una mina direccional antipersona Claymore M18A1 camuflada entre un montón de escombros de mineral, orientada para barrer la galería con setecientas bolas de acero impulsadas por seiscientos gramos de explosivo C-4.

Unai hizo una señal de alto inmediato con el puño cerrado.

Se arrodilló despacio en el fango, extrajo sus alicates de precisión de artificiero, inmovilizó el percutor del detonador con un pasador de seguridad de acero y cortó el cable de tracción con un pulso milimétrico.

Desactivó la carga y la guardó en la mochila táctica.

—Primera trampa neutralizada —susurró Unai por el micrófono de garganta—. La galería 7 se encuentra a trescientos metros al fondo de este túnel. Entramos en zona hostil.

El equipo de asalto se adentró en la galería principal del nivel menos ochenta metros, donde el agua freática ácida y teñida de rojo carmesí por los sulfuros de hierro les llegaba hasta la cintura.

La temperatura ambiental descendió bruscamente a nueve grados centígrados y el silencio subterráneo solo era interrumpido por el goteo constante de las estalagmitas ferruginosas y el chapoteo amortiguado de las botas tácticas sobre los viejos raíles de vagonetas.