CAPÍTULO 11 — LA TRANSFERENCIA HIPERBÁRICA Y EL ASEDIO AL CONVOY DE LA A-8 #2
Pasó la ligadura alrededor del vaso bajo la pinza, anudando con tres nudos de cirujano que ocluyeron la arteria de forma definitiva.
Rellenó el trayecto muscular con la gasa hemostática ejerciendo compresión manual directa durante dos minutos, y colocó un vendaje compresivo elástico en espiga que inmovilizó la extremidad con una fijación perfecta.
Administró un gramo de paracetamol intravenoso, dos gramos de amoxicilina-clavulánico como profilaxis antibiótica y cincuenta microgramos de fentanilo.
—Hemorragia totalmente cohibida y perfusión distal conservada al cien por cien —informó Miren a Unai—. Lizaso está estabilizado y consciente.
El cabo Lizaso abrió los ojos, apretando la mano enguantada de la doctora con una sonrisa cansada pero llena de gratitud.
—Es usted un ángel de hierro, doctora Mendiluze... Gracias por no dejarme desangrar en ese asfalto.
Miren le apretó la mano con afecto fraternal.
—Aquí no se rinde nadie, Gorka. Ahora resiste que vamos a entrar en Cruces.
En el exterior de la autopista, el helicóptero Águila 01 descendió en vuelo rasante sobre el talud arbolado, proporcionando fuego de cobertura con sus tiradores de élite y dispersando al resto del comando mercenario, que huyó hacia las pistas de montaña de Ortuella dejando atrás a cuatro atacantes neutralizados y las armas pesadas sobre el asfalto.
Tres patrullas de la Ertzaintza de Tráfico y un vehículo blindado de asalto despejaron el camión hormigonera con un empuje de ariete, abriendo un corredor libre de paso sobre la calzada.
El convoy reanudó la marcha a máxima velocidad, cruzando el viaducto de Rontegi sobre la ría de Bilbao con las sirenas aullando en la niebla del mediodía.
A la una y media de la tarde, el camión de transporte hiperbárico y los todoterrenos de escolta entraron en la dársena de urgencias del Hospital Universitario de Cruces , donde más de cincuenta profesionales sanitarios, celadores y agentes de la Unidad de Seguridad Ciudadana aguardaban con el perímetro acordonado.
El camión retrocedió hasta la esclusa exterior del pabellón de Medicina Hiperbárica de la planta semisótano.
Los técnicos hospitalarios conectaron de inmediato las mangueras de acoplamiento de transferencia de presión a la gran Cámara Hiperbárica Multiplaza de Cruces , una colosal estructura cilíndrica de acero de veinticuatro plazas capaz de simular presiones de hasta seis atmósferas.
Miren supervisó la igualación de presiones entre el camión móvil y la cámara fija.
En cuanto los manómetros marcaron cuatro coma cinco bar, la compuerta de transferencia se abrió y los doce buceadores saturados fueron trasladados al interior del hábitat hospitalario sin perder ni una sola décima de atmósfera, quedando bajo la protección médica definitiva de Osakidetza.
A las dos de la tarde, la doctora Miren Mendiluze se preparó para entrar en la cámara hiperbárica de Cruces para dirigir personalmente el protocolo de descompresión y soporte médico intensivo de los doce rescatados.
Se cambió de ropa, vistiéndose con un pijama de algodón cien por cien antiestático (para evitar chispas en atmósfera enriquecida con oxígeno) y zapatillas de goma conductora.
Entró a través de la antecámara de presurización junto al médico intensivista hiperbárico doctor Pablo Aranguren.
La esclusa se cerró herméticamente y las válvulas de aire comprimido comenzaron a silbar con fuerza, presurizando el habitáculo hasta los dos coma ocho ATA (veintiocho metros de profundidad equivalente) en una maniobra de tres minutos en la que Miren compensó la presión timpánica con maniobras suaves de deglución.
En el interior de la cámara principal, espaciosa y equipada con doce literas médicas, monitores multiparamétricos de alta presión y mascarillas de respiración Bibs a demanda, los doce buceadores reposaban arropados con mantas de algodón.
Miren se acercó a la litera número 1, donde yacía el buzo de la Armada Íñigo Salgado .
Salgado presentaba dolor articular terebrante en ambos hombros y rodillas ( bends articulares), mareo postural y lesiones cutáneas eritematosas en el tórax compatibles con enfermedad descompresiva leve-moderada Tipo I por la manipulación forzada de gases durante su cautiverio.
Miren colocó la campana del estetoscopio sobre su pecho y realizó una ecografía Doppler portátil para la detección de microburbujas vasculares en la arteria pulmonar.
—Grado II de Spencer en la escala de microburbujas venosas precordiales —diagnosticó Miren—.
Iniciamos el protocolo según la Tabla 6 de la Marina de los Estados Unidos (US Navy Treatment Table 6) modificada con ciclos alternos de oxígeno al cien por cien durante veinte minutos seguidos de cinco minutos de aire a dos coma ocho ATA, acompañado de fluidoterapia con Ringer Lactato a cien mililitros por hora para restaurar la microcirculación capilar y antiagregación con ácido acetilsalicílico.
A los cuarenta minutos de tratamiento con oxígeno hiperbárico puro, el dolor articular de Salgado comenzó a remitir de forma drástica, sus constantes hemodinámicas se estabilizaron y el color sonrosado natural regresó a sus mejillas demacradas.
A las tres y cuarto de la tarde, con la atmósfera de la cámara estabilizada y los doce pacientes fuera de peligro vital y en fase de descompresión programada de cuarenta y ocho horas, Íñigo Salgado hizo una señal a Miren para que se acercara a su litera.
El veterano buzo militar tomó aire a través de la mascarilla de oxígeno y miró a la cirujana con una lucidez profunda y estremecedora.
—Doctora Mendiluze... tiene que hablar con el sargento Etxebarria de inmediato —susurró Salgado con una voz ronca pero firme—.
La plataforma Gaviota-Sur era solo el centro de pruebas fisiológicas en el mar...
El cerebro financiero y logístico de toda la red en tierra no es el doctor Elorriaga...
Elorriaga era solo un peón científico que firmaba los informes.
Miren se inclinó sobre la litera, escuchando con máxima atención.
—¿Quién dirige la organización en tierra firme, Íñigo?
—El complejo central donde almacenan las reservas de armamento, los servidores maestros con la red de blanqueo internacional y el laboratorio de síntesis química pesada está excavado en las antiguas galerías subterráneas de la Mina Bodovalle en Gallarta , a más de ciento cincuenta metros bajo tierra , en el corazón de los montes de hierro de Bizkaia —reveló Salgado con lágrimas de impotencia—.
Quien comanda ese búnker subterráneo es el exdirector general de la Autoridad Portuaria de Bilbao, Marcos Urrutia , aliado con mercenarios del cártel de los Balcanes.
Tienen rehenes civiles y explosivos colocados en los pozos de ventilación que comunican con el casco urbano de Abanto-Zierbena.
A las cuatro de la tarde, en la Sala de Crisis de la séptima planta del Hospital de Cruces, se constituyó el gabinete operativo conjunto de máxima urgencia.
Presidida por la magistrada Elena Orue, la reunión congregó al sargento Unai Etxebarria, a la doctora Miren Mendiluze, a la inspectora Irati Mendiluze y al comandante de la Brigada Móvil de la Ertzaintza, coronel Koldo Zalbidea.
Sobre la mesa digital táctil se desplegó el plano topográfico e hidrogeológico tridimensional de la Mina Bodovalle de Gallarta .
La corta minera a cielo abierto —la mayor excavación de Europa occidental, con un pozo cónico de doscientos metros de profundidad y una falla geológica de mineral de siderita y hematites— albergaba en sus cotas inferiores una red de más de cuarenta kilómetros de galerías subterráneas inundadas parcialmente por el freático.
El coronel Zalbidea señaló la cota menos ciento cincuenta metros.
—El acceso principal a la planta subterránea se realiza a través del Pozo Concha II , un castillete minero clausurado situado en la ladera sur de Trapagaran —explicó el oficial—.
Los informes de inteligencia confirman que Marcos Urrutia y su guardia pretoriana de catorce mercenarios balcánicos han fortificado la galería 7 con puertas acorazadas estancas y han cableado seis cargas de explosivo plástico C-4 en los pilares maestros de sostenimiento.
Si detonan esas cargas, la falla tectónica colapsará sobre el casco urbano de Gallarta, provocando un hundimiento masivo del terreno.
La jueza Orue miró a Unai y a Miren con una expresión de gravedad implacable.
—No podemos permitir un asalto frontal con explosivos pesados que desestabilice la mina. La incursión debe ser quirúrgica, silenciosa y ejecutada por especialistas en combate subterráneo y rescate en espacios confinados.
Unai dio un paso al frente, apoyando los puños sobre el mapa.
—El equipo de buceo táctico y espeleorescate de Berrozi penetrará por el colector de drenaje freático de la cota menos ochenta metros, utilizando respiradores de circuito cerrado Dräger LAR VII para no emitir burbujas ni ruido acústico.
Miren vendrá con nosotros para asegurar la atención médica de los rehenes civiles retenidos en la galería de confinamiento.
En la mesa auxiliar de la sala de crisis, la inspectora Irati Mendiluze completó el volcado forense de los tres teléfonos satelitales Iridium Extreme 9575 incautados a los mercenarios abatidos en la emboscada de la autopista A-8.
Con la ayuda del software forense Cellebrite UFED , Irati proyectó en la pantalla grande los registros de mensajería encriptada de la aplicación Threema .
—El número maestro emisor de las órdenes en la A-8 operaba desde una antena repetidora situada en el castillete del Pozo Concha II —detalló Irati—.
Hemos interceptado el mensaje transmitido hace exactamente cuarenta y cinco minutos por Marcos Urrutia a una cuenta fiduciaria en el banco Pictet de Ginebra.
El mensaje dice textualmente: «Embarque fallido en Gaviota-Sur.
Iniciamos protocolo Fénix en Bodovalle. Transferir cincuenta millones a la cuenta de Singapur y preparar helitransporte de fuga en la cantera de Peñas Negras a las veintitrés horas» .
Miren examinó los documentos adjuntos descifrados.