El latido de las aguas oscuras (Código Cruces 1) CAPÍTULO 10 — LA CIRUGÍA DE COMBATE Y EL MISTERIO DE LA PLATAFORMA GAVIOTA #4
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CAPÍTULO 10 — LA CIRUGÍA DE COMBATE Y EL MISTERIO DE LA PLATAFORMA GAVIOTA #4

Unai se lanzó hacia adelante en un movimiento imparable, desvió el arma de Van Der Bilt con un golpe seco de su antebrazo que hizo volar la pistola contra el mamparo, le aplicó una llave de estrangulamiento de judo sobre el cuello y la proyectó contra el suelo de rejilla metálica, inmovilizándole los dos brazos a la espalda y colocándole los grilletes de acero con una contundencia implacable.

Simultáneamente, Miren se abalanzó sobre la consola central, desconectó la línea de alimentación de cianuro mediante una palanca de corte de emergencia y aseguró el suministro de gas medicinal con mezcla de helio y oxígeno al veinte por ciento, salvando la vida de los doce buceadores atrapados.

A través de los ojos de buey de las cámaras de saturación, los doce buceadores secuestrados —hombres demacrados, pálidos y exhaustos tras semanas de cautiverio y ensayos forzados a alta presión— golpeaban los cristales con lágrimas en los ojos y sonrisas de alivio infinito al ver los escudos de la Ertzaintza y la bata médica de Miren.

Miren activó el intercomunicador de la cámara de descompresión.

—Soy la doctora Miren Mendiluze, jefa del equipo médico de emergencias de Cruces. Estáis a salvo. La plataforma está totalmente bajo control de la policía vasca.

Miren se colocó los auriculares y comenzó la monitorización telemática de las cuatro cámaras.

Comprobó la concentración de gases en el interior: presión parcial de oxígeno a cuatrocientos milibares, dióxido de carbono por debajo de cero coma cinco milibares y temperatura a veintiocho grados centígrados para prevenir la hipotermia por helio.

—Los doce buceadores presentan una saturación tisular profunda a treinta y cinco metros —diagnosticó Miren a Unai y al centro de coordinación médica de Cruces—.

El protocolo de descompresión gradual según las tablas de la Marina francesa ( Comex MT-92 ) requerirá cuarenta y ocho horas de desaturación continua con paradas hiperbáricas de seguridad.

Vamos a conectar el sistema de transferencia bajo presión ( Transfer Under Pressure - TUP ) de la plataforma a la campana de rescate de Salvamento Marítimo para trasladarlos directamente a la cámara hiperbárica multiplaza de Cruces sin alterar su presión interna.

Unai tomó el transmisor de radio y comunicó la victoria a la central.

— Aquí Bravo-Líder desde el interior del hábitat submarino de la plataforma Gaviota-Sur.

Objetivo totalmente asegurado. Doce rehenes liberados con vida y fuera de peligro vital.

Karin Van Der Bilt y tres mercenarios detenidos bajo custodia armada.

Solicitamos el enganche de la campana hiperbárica de rescate.

A través de la radio, la voz emocionada de la inspectora Irati Mendiluze y de la jueza Elena Orue confirmó la orden.

— Recibido, Bravo-Líder. La campana de rescate está en el agua y el convoy naval de escolta se dirige a vuestra posición. Habéis salvado doce vidas y desmantelado el último bastión de la conspiración.

En el interior de la sala de control del hábitat submarino, con la consola asegurada y los doce hombres a salvo tras los cristales de las cámaras de saturación, el silencio del océano volvió a reinar como una bendición sagrada.

Unai Etxebarria se desabrochó el casco de buceo, dejándolo sobre la mesa de control junto a su subfusil asegurado.

Tenía el cabello empapado en sudor y agua salada, el rostro marcado por la presión del neopreno y el pecho agitado por el esfuerzo titánico de la doble incursión aeronaval y submarina.

Caminó despacio hacia Miren Mendiluze, que completaba los registros de gasometría en la pantalla digital con las manos aún temblorosas por la adrenalina acumulada.

Unai se detuvo frente a ella.

La miró a los ojos con una intensidad, una ternura y un orgullo tan inmensos que llenaron la pequeña estancia submarina de una calidez que desafiaba a las profundidades gélidas del Cantábrico.

Levantó sus dos manos y acunó el rostro de Miren entre sus palmas.

—Miren... cuando te vi entrar por ese Moon Pool , con el agua por la cintura y plantándole cara a esa asesina para salvar a esos muchachos... comprendí que no hay en este mundo una mujer con más coraje, más nobleza y más luz que tú.

Miren apoyó sus manos enguantadas sobre el pecho de Unai, sintiendo el latido fuerte, rítmico y protector de su corazón latiendo bajo el traje de buceo.

—Y yo supe que mientras tú estuvieras a mi lado, Unai Etxebarria, ninguna sombra podría tocarnos ni apagar la vida en este mar.

Unai inclinó la cabeza despacio y unió sus labios a los de Miren en un beso profundo, dulce y apasionado a treinta y cinco metros bajo la superficie del mar, sellando una victoria que trascendía la justicia y el deber para convertirse en el nacimiento de una leyenda compartida entre la medicina y el honor del Cantábrico.

A través de los ojos de buey de la esclusa, la luz de los focos de la campana de rescate de Salvamento Marítimo comenzó a iluminar las aguas oscuras, marcando el inicio del retorno triunfal hacia la superficie y el inicio de una nueva y luminosa etapa para los dos guardianes de Euskadi.