CAPÍTULO 9 — LA NAVEGACIÓN EN MAR GRUESA Y LA INSERCIÓN AERONAVAL #2
Sobre la cubierta de carga no había contenedores comerciales: en su lugar, se alzaba una estructura blindada de tuberías de acero inoxidable, depósitos cilíndricos presurizados y tres chimeneas de ventilación forzada que vomitaban una columna continua de vapor químico amarillento hacia el cielo plomizo.
En la popa, sobre el helipuerto de madera tratada, cuatro mercenarios vestidos con monos negros impermeables, chalecos balísticos pesados y pasamontañas montaban guardia parapetados tras sacos de arena, empuñando fusiles de asalto de calibre siete coma sesenta y dos milímetros.
En lo alto del mástil principal ondeaba la bandera de conveniencia de Liberia, desgarrada por el vendaval.
—Blanco a la vista en marcación cero-uno-cero —anunció el suboficial Agirre metiendo revoluciones para cerrar la distancia—. El Nordic Star ha detectado nuestra presencia: están maniobrando el timón a la vía para presentar la popa y dificultar el abarloamiento.
Unai tomó los prismáticos tácticos de visión estabilizada.
—Tienen dos ametralladoras pesadas montadas en los alerones del puente. Van a abrir fuego en cuanto entremos en su radio eficaz de tiro. Joseba, mete la patrullera en su estela de sotavento y activa los lanzadores de botes de humo.
A las seis y cincuenta y ocho minutos, los mercenarios del Nordic Star abrieron fuego sin previo aviso.
Desde las pasarelas exteriores de la superestructura y los alerones del puente, una lluvia densa de proyectiles de siete coma sesenta y dos milímetros y ráfagas de ametralladora pesada comenzó a golpear el mar alrededor de la Itsas-Zaintza , levantando géiseres de agua salada.
Varios impactos directos chocaron contra las planchas de blindaje de acero balístico Armox 500T del tajamar de la patrullera y contra los cristales laminados del puente de mando, provocando un repiqueteo metálico ensordecedor y estrellando las capas externas de policarbonato sin llegar a penetrar en el interior.
—¡Impactos en proa y amura de estribor! ¡El blindaje resiste sin deformación! —gritó el oficial de derrota cubriéndose tras la consola.
Unai activó la botonera del sistema de contramedidas tácticas.
—¡Disparo de salvas fumígenas y de distracción!
Desde los morteros de proa de la patrullera, cuatro proyectiles fumígenos de fósforo rojo salieron disparados con un silbido estridente, estallando a cincuenta metros sobre el helipuerto del Nordic Star y desplegando en escasos tres segundos una densa cortina de humo blanco opaco e impenetrable que cegó por completo a los tiradores enemigos.
Simultáneamente, el motor diésel de la patrullera rugió a máxima potencia, acelerando a veintiséis nudos para colocarse a escasos quince metros del costado de babor del buque factoría, en el punto ciego de sus armas pesadas.
En ese instante de máxima confusión para la tripulación mercenaria, el helicóptero Airbus H135 de la Ertzaintza surgió de entre los nubarrones de la tormenta con un vuelo rasante a escasos diez metros sobre el helipuerto del buque factoría.
El torbellino de aire generado por el rotor principal dispersó parte del humo, creando una ventana de inserción limpia.
Las dos compuertas laterales del helicóptero se abrieron de par en par y dos gruesas cuerdas trenzadas de asalto rápido Fast-Rope de cuarenta milímetros de diámetro cayeron sobre las tablas de madera del helipuerto.
Ocho operadores de la Unidad Especial de Intervención de Berrozi, equipados con monos de asalto negros, cascos con visor táctico y fusiles HK G36C , se deslizaron por las cuerdas con una rapidez vertiginosa, tocando suelo en menos de cuatro segundos.
—¡Berrozi en cubierta! ¡Despliegue en abanico! —bramó el jefe de la célula aérea por la radio.
Los cuatro mercenarios que custodiaban el helipuerto intentaron girar sus armas a través del humo, pero los operadores policiales reaccionaron con fuego de respuesta selectivo y de alta precisión.
Cuatro disparos quirúrgicos incapacitantes neutralizaron a los defensores en el acto, derribándolos sobre la cubierta antes de que pudieran accionar los disparadores de sus fusiles.
El helicóptero recuperó sustentación y se elevó hacia las nubes para proporcionar cobertura aérea y vigilancia perimétrica con su cámara térmica de alta resolución.
En el mar, la patrullera Itsas-Zaintza ejecutó la maniobra de abarloamiento con una precisión milimétrica.
El suboficial Agirre pegó la amura de babor de la patrullera contra el casco del Nordic Star , aprovechando el momento en que una ola de cinco metros elevó ambas embarcaciones al unísono.
Las defensas neumáticas de caucho vulcanizado crujieron con violencia al absorber el choque de las dos moles metálicas.
El cabo Lizaso disparó el arpón neumático ResQmax , clavando el garfio de cuatro uñas de titanio en la regala de babor de la cubierta intermedia del carguero y desplegando la escala de peldaños rígidos de kevlar.
Unai Etxebarria fue el primero en saltar a la escala.
Ascendió los seis metros de francobordo con una agilidad felina, amortiguando con su cuerpo el balanceo atroz de los dos buques que amenazaban con aplastar a cualquiera que cayera entre los cascos.
Coronó la regala superior, saltó a la pasarela metálica de babor con el subfusil encañonando el pasillo y dio cobertura inmediata al cabo Lizaso y a los otros cuatro operadores de Berrozi que treparon tras él en menos de quince segundos.
—¡Equipo Bravo a bordo en cubierta intermedia de babor! —comunicó Unai a la central—. Iniciamos avance coordinado hacia el puente de mando superior para enlazar con la célula helitransportada.
Unai y sus hombres avanzaron en formación de combate a lo largo de la galería exterior de la superestructura, bajo el azote inclemente del viento y el agua salada.
Dos guardias armados intentaron frenar el avance desde el recodo de la escalera de oficiales con una ráfaga de subfusil Uzi .
Unai se agazapó tras un mamparo de acero, asomó el cañón de su MP5 y neutralizó al primer atacante con dos impactos directos en el hombro, mientras Lizaso lanzaba una granada aturdidora Flashbang CTS 7290 que estalló con un fogonazo cegador en el rellano, desarmando al segundo mercenario.
El Equipo Bravo subió los peldaños de dos en dos y alcanzó la puerta blindada de acceso al puente de navegación superior, donde la célula de asalto helitransportada acababa de tomar posiciones desde la cubierta de popa.
Entre ambas fuerzas reventaron la cerradura con una microcarga de corte lineal.
Irrumpieron en el puente de navegación con las armas preparadas.
En el interior de la amplia cabina acristalada, el capitán mercenario del buque factoría, un veterano exoficial naval sudafricano llamado Pieter Van Houten, permanecía con las manos en alto junto al timón hidráulico, flanqueado por dos oficiales de puente que arrojaron sus pistolas al suelo al verse rodeados por doce bocas de fuego de la Ertzaintza.
—¡Nadie se mueva! ¡Policía! —decretó Unai con una autoridad rotunda que no admitía réplica.
Los tres mandos del buque fueron arrojados al suelo, inmovilizados y asegurados con grilletes de alta resistencia en menos de veinte segundos.
El puente de navegación superior del Nordic Star estaba bajo control policial absoluto.
Apenas el puente fue asegurado, una serie de sirenas acústicas de tono agudo y estridente comenzaron a aullar en todo el buque, acompañadas por el parpadeo de luces estroboscópicas rojas en la consola de control de averías.
En el panel sinóptico de la sala de máquinas, una decena de indicadores luminosos pasaron de verde a rojo intermitente con el rótulo de alarma crítica.
— Peligro: Válvulas de fondo de sentina abiertas manualmente. Inundación activa en Bodega 2 y Bodega 3 a razón de cuatrocientas toneladas por hora. Reactores de síntesis química en sobrepresión térmica.
El sargento Unai Etxebarria agarró a Pieter Van Houten por la pechera de su chaquetón, levantándolo del suelo.
—¿Qué habéis activado en esas bodegas, Van Houten? ¡Habla ahora mismo!
El capitán mercenario escupió un hilo de sangre y sonrió con una mueca cínica y desesperada.
—El jefe de químicos... el doctor Gerhard Richter...
ha abierto las válvulas de inundación marina de la sentina y ha programado la purga térmica de los dos reactores principales de Neurocaine-7 ...
En diez minutos, el agua de mar inundará las bodegas, provocando una reacción exotérmica violenta con los precursores de feniltropano...
El barco se irá al fondo de la fosa de Capbreton con toda la factoría y verterá cinco toneladas de neurotoxina pura en el caladero de pesca de Bermeo.
No podréis detenerlo... ¡Nos hundiremos todos juntos!
Unai empujó al detenido contra el mamparo y activó su comunicador con máxima urgencia.
—¡Bravo-Líder a toda la unidad! Tenemos un sabotaje con inundación masiva y riesgo de catástrofe química en las bodegas inferiores.
Lizaso, asegura el puente. Necesito que la doctora Mendiluze suba a bordo de inmediato con los equipos de descontaminación y soporte de trauma.
¡Vamos a bajar a esas bodegas a cerrar esas válvulas cueste lo que cueste!
En la patrullera Itsas-Zaintza , que permanecía abarloada al costado de sotavento, el suboficial Agirre transmitió la orden a la doctora.
—Doctora Mendiluze, el puente está asegurado pero han activado una alerta crítica de sabotaje e inundación en las bodegas. El sargento solicita su presencia inmediata a bordo.
Miren no vaciló un solo segundo.
Se ajustó las correas de su mochila quirúrgica, comprobó el arnés del chaleco salvavidas y subió a la cubierta exterior de la patrullera bajo el azote del viento y la lluvia helada.
El mar entre ambos buques seguía siendo un hervidero de olas gigantescas que amenazaban con romper las defensas de goma.