El latido de las aguas oscuras (Código Cruces 1) CAPÍTULO 6 — LA LAPAROTOMÍA DE URGENCIA EN EL QUIRÓFANO 4 #3
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CAPÍTULO 6 — LA LAPAROTOMÍA DE URGENCIA EN EL QUIRÓFANO 4 #3

—No creo en los milagros, Unai —respondió Miren con una sonrisa dulce y cansada—.

Creo en la técnica, en el entrenamiento riguroso y en no rendirse jamás mientras quede un solo latido en el monitor.

Pero saber que estabas ahí fuera... guardando la puerta y cuidando de nosotros...

me dio la tranquilidad mental que necesitaba para no dudar ni un segundo con el bisturí.

Unai dio un paso adelante, acortando la distancia que los separaba hasta quedar a escasos centímetros de ella.

Levantó despacio su mano derecha y, con una lentitud respetuosa pero ineludible, apoyó la palma cálida y firme sobre la mejilla de Miren.

El contacto de su piel curtida por el viento del mar contra la suavidad de la mejilla de la cirujana provocó un estremecimiento profundo que recorrió el cuerpo de ambos.

Miren no se apartó; al contrario, inclinó levemente la cabeza, descansando el rostro en la palma del sargento y cerrando los ojos durante un segundo eterno en el que el mundo exterior, el hospital y la violencia de la conspiración desaparecieron por completo.

—Mientras yo respire, Miren Mendiluze, nadie volverá a ponerte una mano encima ni a amenazar tu vida —susurró Unai con una promesa sagrada forjada en lo más hondo de su ser—. Eres la mujer más extraordinaria que he conocido en toda mi existencia.

Miren abrió los ojos, encontrándose con la mirada oscura y ardiente del sargento, donde el respeto profesional se había fundido ya de manera irreversible con un amor protector y apasionado que no necesitaba de más declaraciones para ser eterno.

Levantó su propia mano y cubrió los dedos de Unai sobre su mejilla, apretándolos con ternura.

—Y tú eres el hombre al que seguiría a cualquier mar y a cualquier tormenta, Unai Etxebarria.

El momento de íntima devoción fue interrumpido por la llegada al pasillo de la inspectora Irati Mendiluze, acompañada por el técnico jefe de la Unidad de Delitos Informáticos de la Ertzaintza.

Unai retiró despacio la mano del rostro de Miren, cuadrando los hombros con su disciplina marcial habitual mientras Miren se ajustaba la chaqueta del pijama quirúrgico con compostura impecable.

La inspectora desplegó sobre la mesa auxiliar de la sala de reuniones un ordenador portátil reforzado de grado militar Panasonic Toughbook .

—El vaciado forense de la memoria interna del teléfono satelital Iridium intervenido al enlace belga Jean-Luc Mercier ha dado resultados concluyentes —anunció Irati con rapidez ejecutiva—.

A las diecisiete horas y cuarenta y dos minutos, Mercier recibió un mensaje encriptado mediante protocolo Signal procedente del buque carguero Nordic Horizon .

Unai se inclinó sobre la pantalla, examinando las cadenas alfanuméricas descifradas.

—¿Cuál es el contenido exacto de la orden marítima, inspectora?

—La lancha rápida de apoyo del carguero, una semirrígida de doce metros con casco de carbono y tres motores fueraborda de trescientos cincuenta caballos bautizada como Black Seagull , tiene orden de zarpar a las nueve y media de la noche desde la dársena clandestina del puerto de Zierbena, junto al pilar cuatro donde comenzó toda la pesadilla —reveló la inspectora señalando las coordenadas en el mapa satelital—.

Su misión era recoger las cajas estancas con los quinientos viales de Neurocaine-7 que debían haber salido de Zorrotzaurre y transferirlas al carguero en aguas exteriores a cuatro millas al norte de Punta Galea.

Al no recibir la confirmación de la entrega de Mercier, el capitán del buque, un mercenario marítimo sueco llamado Lars Lindström, ha ordenado levar anclas a las diez de la noche en punto para cruzar el límite de las aguas jurisdiccionales y perderse en el océano Atlántico.

Miren miró el reloj de pared de la sala de reuniones: marcaba las ocho y diez de la tarde.

—Queda una hora y veinte minutos antes de que el Nordic Horizon inicie la maniobra de desfondeo y navegación hacia el mar abierto —advirtió Miren con urgencia—. Si ese barco alcanza aguas internacionales bajo pabellón panameño, la interceptación judicial será prácticamente imposible.

La magistrada Elena Orue entró en la sala portando la resolución judicial definitiva con el sello lacrado del Juzgado de Instrucción Número 3 de Barakaldo.

—De conformidad con la Ley de Enjuiciamiento Criminal y el Convenio de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar ( UNCLOS ), he dictado mandamiento judicial de persecución en caliente y orden de abordaje, inspección y captura inmediata del buque mercante Nordic Horizon en aguas de la zona contigua y plataforma continental —dispuso la jueza con solemnidad—.

Capitanía Marítima de Bilbao y el Servicio Marítimo han sido notificados para coordinar el cierre del espacio marítimo.

Unai tomó la resolución judicial y miró a su equipo con una determinación implacable.

—La patrullera de altura de la Ertzaintza Itsas-Zaintza , de treinta y dos metros de eslora, está atracada en el muelle de Santurtzi con los depósitos llenos y los dos motores marinos diésel MTU de dos mil caballos listos para arrancar.

A bordo embarcarán diez agentes del Grupo Especial de Operaciones de Berrozi con equipo táctico de asalto nocturno y tres buceadores de combate.

Miren dio un paso al frente, colocándose junto a Unai con la bata de campo y su maletín de trauma.

—Yo embarco con vosotros como oficial médico de la operación, sargento. Si hay heridos en el abordaje o si los tripulantes intentan utilizar sustancias químicas a bordo del barco, necesitaréis soporte médico avanzado en cubierta.

Unai la miró a los ojos, reconociendo la imposibilidad de disuadir a una mujer cuya valentía igualaba a la de cualquiera de sus hombres.

—De acuerdo, doctora Mendiluze. Pero permanecerá en el puente de mando bajo la protección del blindaje balístico hasta que la cubierta superior esté totalmente asegurada por los equipos de asalto.

A las ocho y media de la tarde, el convoy policial abandonó el recinto del Hospital de Cruces bajo un vendaval desatado que anunciaba la entrada de una galerna clásica del Cantábrico.