CAPÍTULO 5 — LA INMERSIÓN EN LA ESCLUSA DE ZORROTZAURRE #4
Miren tomó uno de los viales con una pinza de disección y lo examinó a trasluz ante la jueza Orue y el sargento Etxebarria.
—Es el lote maestro íntegro del Neurocaine-7 —dictaminó Miren con una solemnidad que estremeció a todos los presentes en la dársena—.
Quinientos viales de la sustancia que segó la vida de Mikel Aldai y Koldo Basurko.
Hemos interceptado el veneno antes de que pudiera ser distribuido en el mercado internacional de armas químicas y fármacos de diseño.
La jueza Elena Orue firmó el acta de incautación sobre la tapa del contenedor.
—Queda intervenido y bajo custodia judicial y policial reforzada en la cámara acorazada del Instituto Vasco de Medicina Legal. Procedan a la detención formal e incomunicada de todos los implicados en tierra.
A las seis de la tarde, mientras la Policía Científica cargaba las cajas en el furgón blindado escoltado por Berrozi, Miren guio a Unai al interior de la ambulancia de Soporte Vital Avanzado estacionada en el muelle para realizarle una evaluación médica completa post-inmersión.
Unai se despojó del bibotella y del arnés pesado, sentándose en la camilla asistencial con el traje seco abierto hasta la cintura, dejando al descubierto la camiseta térmica transpirable empapada en sudor.
Miren le colocó el manguito del tensiómetro en el brazo derecho y aplicó la campana del estetoscopio sobre su tórax, auscultando ambos campos pulmonares con detenimiento para descartar cualquier rastro de crepitantes o sibilancias por barotrauma pulmonar.
El silencio en el interior de la cabina de la ambulancia era absoluto, roto únicamente por el zumbido suave del monitor de constantes vitales.
Miren retiró el fonendoscopio y apoyó las palmas de sus manos sobre los hombros de Unai, sintiendo el calor intenso y el latido poderoso de su cuerpo tras la tensión extrema de la inmersión y del tiroteo.
Sus manos temblaban levemente por la descarga tardía de la adrenalina acumulada.
Unai levantó despacio sus manos enguantadas y cubrió con delicadeza las manos de Miren sobre sus hombros, sosteniéndolas con una fuerza cálida, firme y protectora que calmó de inmediato el temblor de la cirujana.
—Has estado impecable en esa cubierta, Miren —dijo Unai con una voz ronca y profunda, mirándola directamente a los ojos con una intensidad que hizo que a Miren se le cortara la respiración—.
Cuando empezaron los disparos... lo único en lo que pensé bajo el agua fue en salir a la superficie para protegerte.
Miren sintió una oleada de calor ascender por su cuello hasta sus mejillas, sosteniendo la mirada oscura del sargento sin apartar las manos de su pecho.
—Y lo hiciste, Unai —susurró Miren con la voz suave y entrecortada por la emoción—. Saliste de esas aguas oscuras como una fuerza de la naturaleza. Jamás me he sentido tan segura al lado de nadie en toda mi vida.
Durante unos segundos eternos, el tiempo pareció detenerse en el interior de la ambulancia.
Los rostros de ambos estaban a escasos centímetros de distancia, respirando el mismo aire cargado de salitre, frío y una devoción naciente e incontenible que amenazaba con derribar todas las barreras profesionales que se habían impuesto.
Unai acarició con el pulgar el dorso de la mano de Miren antes de soltarla despacio, dejando entre ellos una promesa silenciosa grabada a fuego en sus miradas.
A las seis y media de la tarde, la inspectora Irati Mendiluze subió a la ambulancia portando una tableta digital con los datos extraídos del teléfono satelital intervenido al conductor del furgón detenido en Zorrotzaurre.
—El enlace detenido ha sido identificado como Jean-Luc Mercier, ciudadano belga y jefe de logística de la naviera Helvetia Marine Logistics —reveló la inspectora mostrando los mensajes encriptados descifrados por los especialistas telemáticos de la Ertzaintza—.
El cargamento de quinientos viales tenía orden de ser entregado a las nueve de la noche a una lancha rápida en la bocana del puerto de Zierbena para embarcarlo en el buque carguero Nordic Horizon , con bandera de conveniencia de Panamá, que se encuentra fondeado en aguas exteriores a cuatro millas de Punta Galea.
Unai se incorporó de la camilla, abrochándose la chaqueta táctica con determinación ejecutiva.
—El Nordic Horizon es el buque nodriza de la organización. A bordo de ese carguero se encuentra el comprador internacional y la financiación millonaria que alimentaba la red criminal de Elorriaga y Barandiaran.
Miren tomó su maletín y miró a Unai y a la inspectora con una firmeza absoluta.
—No podemos permitir que ese buque leve anclas y escape a aguas internacionales. Si cruza el límite de las doce millas marítimas, la justicia jamás alcanzará a los verdaderos cerebros de este horror.
Unai cuadró los hombros y miró a través de la ventanilla hacia la ría que desembocaba en el Cantábrico salvaje.
—Esta noche zarparemos con la patrullera de altura de la Ertzaintza y el equipo de asalto de Berrozi. Vamos a abordar el Nordic Horizon en mitad del temporal.