CAPÍTULO 5 — LA INMERSIÓN EN LA ESCLUSA DE ZORROTZAURRE #3
Los proyectiles de nueve milímetros parabellum impactaron contra el casco de aluminio y la consola de mando de la semirrígida Itsas-Txoria II , levantando astillas de metal y perforando el flotador de estribor con un silbido violento.
—¡Emboscada! ¡Fuego hostil en el muelle este! —gritó el cabo Lizaso desenfundando su pistola reglamentaria Walther P99 y parapetándose tras la estructura de la consola de pilotaje.
Miren reaccionó con una rapidez instintiva, agarrando el maletín de reanimación médica y arrojándose al suelo de la embarcación bajo la protección del mamparo de proa mientras las balas zumbaban a escasos centímetros por encima de su cabeza.
La inspectora Irati Mendiluze abrió fuego de cobertura desde la popa con su arma corta, repeliendo el avance de los agresores mientras activaba el botón de pánico del transmisor táctico.
—¡Tiradores de Berrozi, fuego a discreción! ¡Nos atacan desde la nave 4 del muelle de Ribera!
Desde la cubierta superior de la antigua fábrica de galletas de Artiach, a ciento cincuenta metros de distancia, el primer tirador de élite de la Unidad Especial de Intervención de Berrozi alineó la retícula de su fusil de precisión Accuracy International AX308 con el pecho del primer atacante.
Un estampido seco y sordo retumbó sobre el canal.
El proyectil de calibre .308 Winchester abatió al primer pistolero en el acto, arrojándolo sobre el pavimento de grava del muelle.
El segundo francotirador de Berrozi neutralizó al segundo tirador con un impacto certero en el hombro derecho, inutilizando su arma y dejándolo inmovilizado en el suelo mientras el tercer agresor intentaba huir a la carrera hacia un furgón negro estacionado en el callejón de salida.
Bajo el agua, Unai escuchó los impactos sordos y apagados de los disparos chocando contra la lámina de superficie y contra el casco de la semirrígida.
A través del auricular de la máscara Interspiro , los gritos de alerta de Lizaso y el sonido de las detonaciones confirmaron el ataque inminente sobre su equipo y sobre Miren.
La adrenalina inundó el torrente sanguíneo del sargento con la fuerza de un volcán, pero su mente mantuvo una frialdad matemática implacable.
Empujó el globo de elevación hacia arriba, controlando la velocidad de ascenso a exactamente nueve metros por minuto para evitar cualquier riesgo de sobreexpansión pulmonar o embolia gaseosa arterial.
A las cinco y diez de la tarde, la cabeza de Unai rompió la superficie del agua junto a la aleta de babor de la semirrígida, empujando el arcón militar estanco sobre el flotador.
Se zafó la máscara facial completa con un movimiento fluido y extrajo su pistola reglamentaria Glock 19 estanca de la pistolera de muslo, cubriendo el sector del muelle con el agua chorreando por su rostro y por los hombros del traje de neopreno vulcanizado.
—¡Lizaso, asegura el contenedor! ¡Miren, mantente abajo! —ordenó Unai con una voz atronadora que dominó el fragor del tiroteo.
Lizaso y Madariaga izaron el pesado arcón estanco a bordo de la embarcación con un esfuerzo coordinado, asegurándolo en la crujía central bajo una lona impermeable.
Miren se incorporó desde el suelo de la proa, con los ojos brillantes de determinación y el estetoscopio listo en la mano.
—¡Estoy ilesa, Unai! ¡Sube a bordo antes de que abran fuego desde los otros edificios!
Unai apoyó los brazos en el flotador y se impulsó con un salto atlético hacia el interior de la semirrígida, cayendo de rodillas sobre la cubierta mientras el motor fueraborda rugía a máxima potencia impulsado por Lizaso para alejar la embarcación de la zona de fuego hacia el centro del canal.
Dos patrullas terrestres de Berrozi irrumpieron en ese momento en el muelle de Ribera de Deusto con las sirenas aullando, bloqueando la salida del furgón negro y reduciendo al tercer atacante contra el suelo con las armas desenfundadas.
La emboscada había sido neutralizada en menos de noventa segundos sin bajas entre las fuerzas policiales.
La semirrígida atracó de urgencia en el pantalán seguro del Museo Marítimo de Bilbao, bajo la imponente estructura roja de la grúa Carola, donde cuatro vehículos patrulleros y una furgoneta de la Policía Científica custodiaban ya la dársena.
La magistrada Elena Orue y el jefe de la Policía Judicial llegaron a la pasarela flotante con los precintos judiciales numerados.
Bajo la carpa impermeable desplegada por los agentes forenses, Unai y Miren procedieron a la apertura del arcón estanco Peli-Hardigg .
Unai abrió los cuatro cierres de doble acción de la caja y levantó la pesada tapa estanca.
En el interior, alojadas en bandejas de espuma de celda cerrada cortada con láser y rodeadas por acumuladores criogénicos de cambio de fase que desprendían una densa nube de vapor blanco frío, reposaban diez cajas isotérmicas de aluminio anonizado.
Miren se calzó los guantes estériles y abrió la primera caja.
Cincuenta viales de vidrio borosilicato de diez mililitros, con líquido transparente y el código NC-7-LOTE-001 grabado en la base de vidrio con láser indeleble, se alineaban en perfecto estado de conservación.