El latido de las aguas oscuras (Código Cruces 1) CAPÍTULO 3 — LA NECROPSIA EN LA MESA DE MÁRMOL DEL IVML #3
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CAPÍTULO 3 — LA NECROPSIA EN LA MESA DE MÁRMOL DEL IVML #3

—Los viales no fueron destruidos, doctora.

La pureza analítica de la muestra hallada en el cuerpo de Mikel Aldai es del noventa y nueve coma ocho por ciento, lo que exige una síntesis en reactores de laboratorio de alta tecnología hospitalaria.

Alguien en Cruces conservó el lote maestro y lo está utilizando para ejecuciones sumarias en la ría.

A las nueve y media de la mañana, Miren introdujo su tarjeta de facultativo especialista con certificado criptográfico en el terminal de acceso clínico seguro de la sala de reuniones del IVML.

Conectó el sistema con la base de datos central de ensayos clínicos de Osakidetza ( Osabide Global ), filtrando los expedientes relacionados con el código CEIm-084 .

En la pantalla aparecieron las actas digitalizadas de las doce sesiones del comité ético de investigación médica celebradas entre enero de 2023 y junio de 2024.

Miren se colocó las gafas de lectura, examinando las firmas electrónicas de los investigadores principales.

—El doctor Adolfo Elorriaga figuraba como investigador principal coordinador, asistido por el doctor Ignacio Barandiaran como responsable de monitorización hemodinámica en quirófano —leyó Miren en voz alta para que el sargento tomara nota—.

Pero aquí hay un dato crucial: en el acta de cierre y destrucción del lote maestro, el acta de incineración de residuos químicos peligrosos fue firmada exclusivamente por Elorriaga sin la presencia preceptiva de los inspectores de la Consejería de Salud.

Unai se inclinó sobre la pantalla, memorizando el volumen total de sustancia sintetizada.

—Declararon haber fabricado quinientos viales de diez mililitros de Neurocaine-7 a una concentración de un miligramo por mililitro.

Eso significa que hay quinientos gramos de principio activo puro en circulación.

Con esa cantidad de tóxico se puede inducir la muerte súbita e indetectable a cincuenta mil personas.

Miren, Leire Arregi y el doctor Ugarte mantuvieron una prolongada discusión médica en la sala de lectura del instituto, analizando los mecanismos biofísicos de la muerte de Mikel Aldai.

—La cinética de unión del Neurocaine-7 al receptor Nav1.

5 explica por qué las descargas de doscientos y trescientos sesenta julios no lograron restaurar el ritmo sinusal —explicó Miren, dibujando el potencial de acción celular en la pizarra digital—.

Al fijarse en el canal con una constante de disociación casi nula, la fase cero de despolarización se anula por completo.

El miocito no puede generar la corriente rápida de sodio entrante, lo que bloquea la propagación del estímulo eléctrico a través de la red de Purkinje.

Ugarte asintió, aportando los datos de la cromatografía cuantitativa.

—Y al no hidrolizarse por las colinesterasas plasmáticas ordinarias debido a la sustitución fluorada en la posición cuatro del anillo aromático, el fármaco permanece activo en la microcirculación miocárdica hasta que el corazón se apaga.

Es un diseño farmacológico perfecto para cometer asesinatos invisibles.

Leire selló los cuatro juegos de informes periciales con el tampón oficial del tribunal.

—Este dictamen irá acompañado por las gráficas de espectrometría de masas y los frotis histológicos del tabique cardíaco. La jueza Elena Orue tendrá sobre su mesa la prueba científica más contundente de la historia criminal de este territorio.

A las diez menos cuarto, Unai conectó su terminal táctico con la base de datos de la Unidad de Delitos Económicos de la Ertzaintza y de la Agencia Europea de Policía (Europol).

En la pantalla aparecieron los organigramas societarios de Bio-Vanguard Therapeutics AG , con sede en el cantón suizo de Zug y filiales instrumentales en Luxemburgo y las Islas Caimán.

—La patente europea del Neurocaine-7 fue registrada hace cuatro años bajo la titularidad conjunta de Bio-Vanguard y de una sociedad patrimonial radicada en Bilbao denominada Ibaizabal Biomedical Consulting S.L.

—reveló Unai, siguiendo los vínculos accionariales—.

Y el titular del cien por cien de las participaciones de esa sociedad bilbaína es el doctor Adolfo Elorriaga a través de un testaferro fiduciario.

Miren apretó las manos contra la mesa de reuniones, sintiendo cómo todas las piezas del rompecabezas encajaban con una lógica siniestra.

—Elorriaga no solo estaba investigando el fármaco: era el propietario en la sombra del veinticinco por ciento de la patente internacional.

Si el compuesto demostraba su eficacia como anestésico militar de acción prolongada y era adquirido por un conglomerado armamentístico extranjero, su patrimonio personal se multiplicaría por millones de euros.

Por eso cuando la AEMPS canceló el ensayo en Cruces, no destruyó los viales: los ocultó para continuar la síntesis y las pruebas clandestinas fuera del control público.

A las diez y media de la mañana, la inspectora Irati Mendiluze, jefa del Grupo de Homicidios de la Ertzaintza, entró en la sala de reuniones con una orden de protección de testigos de riesgo máximo emitida por la jueza Orue.

—Doctora Mendiluze, a partir de este instante queda asignada a un dispositivo permanente de escolta y seguridad estática —informó Irati con tono marcial—.

Dos agentes de paisano la acompañarán en sus desplazamientos dentro del hospital y el sargento Etxebarria coordinará la seguridad perimetral de su vivienda y del área de quirófanos.

Miren se levantó de la silla, colocándose su abrigo de paño con una serenidad inquebrantable.

—Agradezco la protección, inspectora, pero mi lugar hoy está en el Hospital de Cruces. Tengo pacientes ingresados que dependen de mis decisiones quirúrgicas y no me voy a esconder detrás de un escudo mientras los culpables siguen utilizando nuestros quirófanos para el crimen.

Unai tomó las carpetas judiciales selladas y miró a Miren con un respeto absoluto.

—Iremos juntos a Cruces, doctora. La verdad está de nuestro lado y no daremos un solo paso atrás.

El Toyota Land Cruiser de la Ertzaintza subió por la rampa del Palacio de Justicia de Bilbao y enfiló la ribera de la ría en dirección al puente de Deusto bajo una lluvia mansa y constante que lavaba el asfalto grisáceo de la capital vizcaína.

A través de los limpiaparabrisas rítmicos, la silueta de titanio del Museo Guggenheim y los viejos muelles portuarios reconvertidos en paseos peatonales se difuminaban en una neblina plateada.