CAPÍTULO 3 — LA NECROPSIA EN LA MESA DE MÁRMOL DEL IVML #2
Leire incidió la tráquea y los bronquios principales con una tijera de botón.
—La mucosa traqueobronquial se encuentra limpia, rosada y húmeda, con ausencia total de lodo, arena fina, restos de algas marinas o la característica espuma hidroaérea blanquecina del ahogamiento por inmersión.
La forense tomó una pipeta Pasteur de vidrio estéril, aspirando cinco mililitros de fluido residual de los bronquiolos terminales de ambos lóbulos inferiores y depositándolos en un tubo de digestión ácida con ácido nítrico concentrado para el test cuantitativo de diatomeas.
—Procedemos a la digestión ácida y centrifugación a tres mil revoluciones por minuto para la búsqueda de esqueletos de sílice de microalgas marinas ( Navicula y Synedra ) —explicó Leire—.
El recuento microscópico preliminar en el frotis muestra cero diatomeas por campo de gran aumento.
Mikel Aldai no aspiró una sola gota de agua de mar en sus vías respiratorias; su corazón se detuvo antes de que el agua pudiera penetrar en el árbol bronquial.
Leire seccionó el saco pericárdico y extrajo el corazón, colocándolo sobre la tabla de disección de teflón.
El corazón pesó trescientos ochenta y cinco gramos, con un grosor de la pared ventricular izquierda de doce milímetros y de cuatro milímetros en el ventrículo derecho, dentro de los rangos fisiológicos estándar.
Al abrir las cavidades cardíacas siguiendo el sentido del flujo sanguíneo, las arterias coronarias descendente anterior, circunfleja y coronaria derecha mostraron una permeabilidad del cien por cien, con endotelio liso y ausencia total de placas ateromatosas complicadas o trombos oclusivos intraluminales.
Sin embargo, al examinar los cortes transversales del miocardio ventricular bajo luz polarizada, Miren señaló una zona de palidez marmórea parcheada en el tabique interventricular y en el músculo papilar anterior.
—Observo bandas de contracción miocitarias difusas y ondulación de fibras musculares sin infiltrado leucocitario, compatibles con una sobredespolarización celular fulminante y un bloqueo catastrófico de los canales iónicos del potencial de acción cardíaco.
Bajo la supervisión de la magistrada a través de la conexión telemática de la sala, Leire procedió a la extracción seriada de muestras biológicas bajo el protocolo internacional de análisis toxicológico cualitativo y cuantitativo.
1. Sangre periférica: Treinta mililitros de sangre extraída por punción directa de la vena femoral derecha antes de abrir las cavidades, repartida en tres tubos con fluoruro sódico y oxalato potásico para evitar la glucólisis y la coagulación enzimática.
2. Humor vítreo: Tres mililitros aspirados con aguja fina de 25G de ambos globos oculares para la determinación de electrolitos (sodio, potasio, cloro, glucosa) y la detección de xenobióticos de distribución central que no sufren redistribución postmortem.
3. Bilis y orina: Veinte mililitros de bilis extraídos de la vesícula biliar y cincuenta mililitros de orina vesical obtenidos por sondaje directo.
4. Tejido de órganos diana: Cincuenta gramos de miocardio del tabique interventricular, cien gramos de parénquima hepático del lóbulo derecho, cincuenta gramos de corteza renal y una sección de diez centímetros de la vena subclavia izquierda que contenía el punto de punción vascular.
Cada muestra fue sellada en recipientes estériles de polietileno de alta densidad rotulados con precintos de seguridad numerados y colocados en una nevera de transporte criogénico a cuatro grados centígrados para su traslado inmediato al laboratorio de química forense.
Unai firmó las actas de custodia de las muestras junto a Leire y Miren.
—Subo personalmente con estas muestras al laboratorio de cromatografía y espectrometría de masas, doctora Arregi —dijo Unai—. El doctor Xabier Ugarte ya tiene los equipos calibrados y a la espera.
A las ocho y media de la mañana, en la tercera planta del IVML, el jefe del Servicio de Toxicología Forense, el doctor Xabier Ugarte —un químico analítico de prestigio internacional con más de veinte años de experiencia en la detección de drogas sintéticas y venenos moleculares—, preparaba los extractos biológicos mediante la técnica de extracción en fase sólida (SPE) con cartuchos de intercambio catiónico mixto.
Miren y Unai observaban el proceso tras la mampara de cristal del laboratorio estéril.
Ugarte inyectó dos microlitros del extracto purificado de sangre femoral y del tejido de la punción subclavicular en el cromatógrafo de gases acoplado a un espectrómetro de masas en tándem de triple cuadrupolo Agilent 7890B / 7010B .
El gas portador de helio de alta pureza comenzó a desplazar la muestra a través de la columna capilar de sílice fundida de treinta metros con una rampa de temperatura programada desde cincuenta hasta trescientos veinte grados centígrados.
En la pantalla del terminal informático, el cromatograma de iones totales comenzó a generar el registro en tiempo real.
Durante los primeros diez minutos, los picos correspondientes a los ácidos grasos endógenos, colesterol y urea se sucedieron en los tiempos de retención estándar.
Pero a los 14,2 minutos , un pico cromatográfico agudo, de gran simetría y altísima intensidad emergió de la línea de base, indicando la presencia de una molécula química exógena a una concentración masiva de trescientos cincuenta nanogramos por mililitro en sangre.
Ugarte ajustó el espectro de masas en modo de fragmentación por colisión con argón a veinticinco electronvoltios.
En la pantalla apareció el espectro de fragmentación de iones característico.
Un ion molecular precursor con una relación masa/carga ( m/z ) de 412,2 , acompañado por iones fragmento diagnósticos en m/z 284,1 , m/z 196,0 y m/z 105,0 .
Ugarte ejecutó la búsqueda automática en las bibliotecas internacionales de espectros de masas NIST 2023 , Wiley Toxicology Library y en la base de datos de la Agencia Europea del Medicamento (EMA).
Tras cuarenta segundos de computación, el algoritmo arrojó un resultado rotundo.
«Coincidencia en bases de datos comerciales: 0%. Compuesto no catalogado para uso clínico o veterinario legal.»
Miren Mendiluze se acercó a la pantalla, examinando la distribución de los picos de fragmentación con la agudeza de quien conoce la química de los anestésicos locales y los bloqueantes neuromusculares.
—Ese espectro corresponde a un derivado sintético del feniltropano modificado estructuralmente con una cadena lateral de fluorometilo y un grupo éster aromático halogenado —analizó Miren, señalando los fragmentos moleculares—.
La presencia del ion ciento noventa y seis corresponde al núcleo tropánico bicíclico, mientras que el fragmento doscientos ochenta y cuatro indica la sustitución aromática flúor-fenilo.
Ugarte miró a Miren con una mezcla de sorpresa y admiración profesional.
—Exactamente, doctora Mendiluze. Es una molécula sintética de diseño experimental con una afinidad diez mil veces superior a la bupivacaína por los canales de sodio dependientes de voltaje cardiacos Nav1.5 y por los receptores neuronales del tronco encefálico.
Ugarte proyectó en la pantalla la fórmula química tridimensional calculada por el software.
—Al inyectarse en la vena subclavia a una dosis de escasos diez miligramos, esta molécula se une de forma casi irreversible a la subunidad alfa del canal de sodio en las células del haz de His y del nodo auriculoventricular.
Bloquea la corriente rápida de despolarización celular en menos de doce minutos, provocando un ensanchamiento catastrófico del complejo QRS, disociación electromecánica y una asistolia refractaria a cualquier maniobra de desfibrilación eléctrica o adrenalina.
Y lo más diabólico: tiene una vida media plasmática de escasos cuarenta minutos antes de hidrolizarse en metabolitos inactivos indistinguibles de los aminoácidos endógenos.
Unai apretó los puños, comprendiendo la magnitud de la conspiración.
—Fue diseñado para matar sin dejar rastro químico en las autopsias convencionales.
Si no hubiéramos rescatado a Mikel Aldai antes de que pasara una hora en el agua y la doctora Mendiluze no hubiera tomado la muestra directa en la punción, esta muerte se habría archivado como un simple fallo cardíaco por inmersión o hipotermia accidental.
Ugarte abrió un archivo confidencial de la base de datos de alertas farmacológicas del Instituto Nacional de Toxicología.
—Este compuesto molecular tiene un único registro en la literatura biomédica experimental —reveló el toxicólogo, girando el monitor hacia Miren y Unai—.
Fue desarrollado bajo el código de investigación preclínica NC-7 ( Neurocaine-7 ) dentro de un ensayo de anestesia regional ultra-prolongada para cirugía de alta complejidad promovido por el consorcio suizo-estadounidense Bio-Vanguard Therapeutics .
Miren contuvo la respiración, sintiendo un escalofrío helado recorrerle la espalda.
—El ensayo clínico fase I de ese compuesto fue autorizado hace tres años en el País Vasco bajo el código de registro CEIm-084 ...
y el centro de referencia principal asignado para la investigación fue el Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital Universitario de Cruces , bajo la dirección del doctor Adolfo Elorriaga.
Unai clavó sus ojos oscuros en Miren con una intensidad implacable.
—¿El doctor Adolfo Elorriaga, actual jefe de servicio y presidente del comité de farmacia de Cruces?
—El mismo —respondió Miren con la voz teñida de una gravedad absoluta—.
El ensayo fue suspendido cautelarmente por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) hace dieciocho meses tras registrarse tres paradas cardíacas inexplicables en modelos animales de experimentación.
Elorriaga aseguró en el comité clínico que todos los viales maestros y las muestras de síntesis habían sido destruidos en la planta de residuos peligrosos de Cruces bajo acta notarial.
Ugarte negó con la cabeza, señalando el cromatograma.