El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) El comité
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El comité

—Por favor, deposite su escrib en el receptáculo —dijo la IA de la sala de espera.

—¿Por qué? —inquirió Ashby.

—No están permitidas las grabaciones de audio o de imagen en las salas de reuniones del Parlamento.

Ashby echó un vistazo a los nodos de cámara repartidos por el techo. No tenía ninguna intención de grabar nada, pero le pareció un poco injusto. No había dado permiso a nadie para que le grabaran. Pero abrió el maletín, sacó el escrib y lo dejó en el cajón de la pared, como le habían pedido.

—Gracias —dijo la IA—. El comité lo recibirá ahora.

Ashby dio un paso hacia la puerta, y entonces se detuvo. Algo le hizo pensar en Jenks, que siempre esperaba con paciencia a que terminasen los discursos de las IA de los muelles, aunque los hubiera escuchado una docena de veces.

—¿Tienes nombre? —preguntó Ashby.

Por un instante, la IA no contestó.

—Twoh’teg —respondió. Un nombre harmagiano.

Ashby asintió.

—Gracias por tu ayuda, Twoh’teg.

—¿Por qué quiere saber mi nombre? —preguntó la IA—. ¿Lo he ofendido de algún modo?

—No, no —respondió Ashby—. Simple curiosidad. Ten un buen día.

La IA no dijo nada. Su silencio denotaba perplejidad.

Ashby entró en la sala de reuniones. Las paredes intensamente iluminadas eran redondas, sin esquinas, sin ventanas.

El comité (ocho en total) estaba sentado en semicírculo tras una mesa lisa.

Harmagianos, aeluones, aandrisk, quelin.

Ashby era muy consciente de ser el único humano en la sala.

De forma involuntaria se miró la ropa: pantalones planchados, chaqueta de cuello alto; lo mejor que tenía.

Kizzy le había silbado mientras se dirigía a la lanzadera.

Sin embargo, aquí, junto a los pulcros tejidos y los caros adornos de los representantes, se sentía sencillo. Vulgar, incluso.

—Capitán Santoso —dijo una de los aeluones—. Bienvenido.

Hizo un gesto hacia una mesa que encaraba el semicírculo. Ashby se sentó. La altura de la mesa lo obligaba a apoyar los brazos en una postura incómoda, pero la silla, al menos, estaba diseñada para su especie.

Un harmagiano habló.

—Este comité reconoce a Ashby Santoso, número identificativo 7182-312-95, capitán y propietario de la nave tuneladora Peregrina. Capitán Santoso, ¿entiende usted que todo lo que diga en esta reunión será registrado y almacenado en los archivos públicos?

—Sí —respondió Ashby. Parecía que al fin y al cabo sí necesitaban su autorización.

—Muy bien. Podemos comenzar.

—Capitán Santoso —dijo la aeluona—. En representación de este comité, quiero transmitirle nuestro más sentido pesar por el peligro que corrieron usted y su tripulación, así como por el daño causado a su nave.

¿Puede confirmar que la Cámara de Transporte le ha compensado por las reparaciones, además de abonar la remuneración estipulada en su contrato?

—Sí, así ha sido. —Al principio lo sorprendió aquella generosidad.

Lo habría molestado un poco tener que gastar el dinero del contrato en las reparaciones, en vez de en equipo nuevo, pero habría entendido la lógica.

Sin embargo, la Cámara de Transporte pareció ansiosa por suavizar las cosas.

Estaba seguro de que en el departamento de relaciones públicas estaban echando horas extra.

—Y no sufrieron bajas, ¿cierto? —dijo uno de los aandrisk.

—Perdimos a nuestra IA. Sufrió un fallo en cascada y nos vimos forzados a reiniciarla.

—Bueno —repuso el primer harmagiano—. Por lo menos nadie salió herido.

Ashby cogió una lenta y silenciosa bocanada de aire.

—El comité ha leído su informe sobre el incidente en Hedra Ka —dijo la aeluona—. Pero existen algunos detalles que nos gustaría repasar con usted.

Ashby asintió.

—Les ayudaré en lo que pueda.

—No establecieron contacto previo con ningún toremi antes de su llegada a Hedra Ka, ¿correcto?

—Correcto.

—¿Y no hablaron con ningún toremi fuera de la bienvenida en el carguero harmagiano?

—No.

El otro aandrisk tomó la palabra.

—¿Ni en el pasillo, ni en la escotilla? ¿Ni un breve intercambio de palabras?

—No —respondió Ashby.

Uno de los quelin habló.

—¿La nave toremi que los atacó, mantuvo algún contacto antes de abrir fuego?

—No, no, nunca nos dirigieron ni una sola palabra —dijo Ashby—. Lovey… nuestra IA… les envió una advertencia para que se mantuvieran fuera del área de trabajo. Nunca obtuvo respuesta.

—¿Qué era esa advertencia? ¿Qué decía?

—Yo… no lo sé con exactitud. Simplemente que mantuvieran la distancia. Fue agradable y educada, estoy seguro. Siempre lo era.

—Seguro que cualquier cosa que dijera fue correcta —dijo la aeluona, reprendiendo al quelin con la mirada—. En la bienvenida, ¿alguno de los toremi los amenazó o los hizo sentirse incómodos?

—No que yo recuerde. Eran un tanto extraños, pero nada más.

—¿Extraños, cómo?

—Diferentes, quiero decir. A nivel cultural. —Trató de pensar en algo más útil—. No sé cómo explicarlo.

—Está bien —dijo el aandrisk—. Lo entendemos.

—¿Quiénes de su tripulación tuvieron contacto con los toremi? —preguntó el quelin.

—Solo mi piloto y yo. Por lo que sé, nadie más habló con ellos.

—¿Puede confirmarlo?

—¿Que si puedo…?

—¿Vigiló a su tripulación todo el tiempo? ¿Afirma con absoluta certeza que ninguno de ellos dijo nada que pudiera provocar a los toremi?

Las mejillas de la aeluona resplandecieron en morado claro. Ashby conocía aquel aspecto. Estaba enfadada.

—No olvidemos quién ha ocasionado esto. Su tripulación no es la culpable.

—A pesar de eso —insistió el quelin, fijando sus ojos negros en Ashby—, quiero conocer su respuesta.

—Nadie de mi tripulación abandonó la sala durante la bienvenida —dijo Ashby—. No vi a ninguno hablar con los toremi.

—¿Sabe usted si alguno de ellos dijo algo insultante sobre los toremi mientras estaban en la sala, sin importar que se dirigieran o no a ellos?

Ashby frunció el ceño.

—No tengo ni idea. Lo dudo muchísimo. Las personas en mi nave son educadas. —En algún lugar de su cabeza, Kizzy y Jenks lo saludaron con un par de sonrisas. Pero no, ni siquiera ellos serían tan estúpidos.

—Seguro que lo son —dijo la aandrisk, dirigiéndole también una mirada irritada al quelin—. Es obvio que este conflicto va mucho más allá de cualquier cosa que su tripulación pudiera haber generado.

—Puede —dijo el quelin—. Aunque me parece interesante que dispararan a esta nave en vez de a una de nuestros embajadores.

—Para mí tiene sentido —dijo Ashby—. Estábamos abriendo una puerta a un lugar al que no querían ir.

—O a personas con las que no se querían relacionar —dijo la aeluona.

—Solo algunos de ellos —intervino el harmagiano—. El clan dominante insiste en que están comprometidos a…

—En otra ocasión —cortó con educación la aeluona.

Ashby parpadeó. ¿No estarían planteándose seriamente continuar con la alianza?

Le parecía hacer la vista gorda con muchas cosas, incluso con ambi de por medio.

La aeluona continuó—: ¿Presenció algún altercado entre los toremi y el personal de la CG durante la bienvenida?

Sé que su tiempo allí fue limitado, pero si hubo algo…

Ashby rememoró.

—No, no lo creo. Mi asistente mencionó más tarde que creía que los toremi no habían sido invitados.

El aandrisk asintió.

—Eso encaja con los otros informes.

—Entonces, ¿los toremi nunca los amenazaron a ustedes ni a nadie más? —preguntó el harmagiano.

—No —respondió Ashby—. La Nueva Madre parecía darnos la bienvenida, en cierto modo. Dijo que estaba impaciente por ver nuestros cielos. Sus palabras.

—Interesante —repuso la aeluona. Miro a los demás miembros del comité e iluminó las mejillas—. Gracias, capitán Santoso. Le rogamos que permanezca en el planeta hasta mañana por si acaso tenemos alguna pregunta más, pero de momento puede marcharse.

Ashby se irguió.

—Un momento, ¿eso es todo?

El aandrisk sonrió.

—Sí, su informe era muy detallado.

Ashby torció el gesto.

—Discúlpenme; no quiero ser maleducado, pero he venido desde muy lejos. ¿Por qué no podíamos haber hecho esto a través del sib?

—Es política de la CG en casos de ataques a civiles realizar una audiencia pública, la cual incluye, si es posible, un análisis cara a cara con los afectados.

—Política —repitió Ashby, asintiendo—.

Bien. —Inspiró y se miró las manos, apoyadas en la mesa demasiado alta—.

No quiero ser irrespetuoso, representantes, pero se suponía que sus políticas nos iban a proteger a mi tripulación y a mí.

Confié en ellas. Confié en que no nos iban a enviar a un lugar que implicara peligro fuera del inherente al trabajo.

—Se esforzó por mantener la voz calmada—.

Nos enviaron a un lugar al que no deberíamos haber ido, y todavía piensan en enviar a otros.

Pusieron todas nuestras vidas en peligro, sin advertirnos, y ahora quieren sentarse para hablar de políticas.

—Gracias, Capitán —contestó el quelin con un tono de voz neutro—. Eso es todo.

—No —dijo el otro aandrisk—. Deja que hable. —Miró a Ashby y asintió—. Como ha dicho, ha venido de muy lejos.

Ashby tragó saliva, no muy seguro de qué le había dado.

—Prosiga, capitán —dijo la aeluona.

Ashby respiró hondo.

—Verán, no sé mucho de estos temas; no soy un político, no estoy en un comité, no conozco lo que ustedes conocen.

Ni siquiera sé si mi tripulación dijo algo que pudo ofender a los toremi.

No lo creo, pero no, no puedo asegurarlo.

Pero ¿y qué si lo hicieron? Alguien dice algo estúpido en un cóctel, ¿y es suficiente para comenzar una guerra?

¿Ese es el tipo de gente que quieren traer a nuestro espacio?

Mi nave casi acaba en pedazos y perdí a una tripulante, y aun así, sinceramente, estoy contento de que no haya un túnel abierto ahora mismo.

¿Quieren que gente así, que no se lo piensa dos veces para matar, deambule por nuestros puertos espaciales o vuele por una línea de tráfico de transporte?

¿Cuánto tiempo pasará hasta que maten a un tendero por culpa de un precio que no les parece bien, o que un bar acabe destrozado porque unos espaciales borrachos digan algo con lo que no están de acuerdo?

—Meneó la cabeza—. No sé por qué nos atacaron.

El caso es que ustedes tampoco. Si lo supieran, no estaría aquí.

Así que hasta que se les ocurra una política que garantice que los toremi jamás volverán a abrir fuego contra una nave civil, creo que deberían dejarlos a su suerte.

El comité estaba en silencio. Ashby bajó la mirada. La aeluona dijo:

—Ha dicho que perdió a alguien de su tripulación. ¿Se refiere a la IA?

—Sí —respondió Ashby. Los zarcillos del harmagiano se retorcieron. Fuera cual fuera el significado, le importaba bien poco.

—Ya veo —dijo la aeluona. Lo estudió unos instantes, las mejillas fluctuaban colores de un modo contemplativo—. Capitán Santoso, ¿podría esperar fuera unos minutos?

Ashby asintió y salió de la sala. Se sentó en uno de los sofás excesivamente blandos, con las manos cruzadas y la vista clavada en el suelo. Pasaron los minutos en silencio.

Una vox cercana se encendió.

—¿Capitán Santoso? —dijo Twoh’teg.

—¿Sí?

—Gracias por esperar. El comité ha decidido que no serán necesarias más preguntas. Agradecen enormemente que se haya tomado el tiempo para acudir aquí hoy. Es libre de abandonar el planeta.

—Está bien —dijo Ashby—. Los he cabreado, ¿eh?

—De hecho, no —dijo Twoh’teg tras una breve pausa—. Pero le ruego que no me haga más preguntas, no se me permite hablar de lo que ocurre ahí dentro. —El cajón de la pared con el escrib de Ashby se abrió—. Que tenga un buen viaje a casa, capitán.

Fuente de datos: El Hilo – El canal de noticias oficiales de la Flota Éxodo (Público/klip)

Nombre de la sección/fecha: Resumen de noticias de última hora – Declaraciones de la alianza toremi – 222/306

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Nodo de identificación: 7182-312-95, Ashby Santoso

Tras semanas de debate, el Parlamento de la CG ha votado a favor de disolver la alianza con los toremi ka.

El voto estaba dividido, y ha ganado por nueve votos de diferencia.

Aunque la mayoría de representantes estuvieron de acuerdo con la postura de su especie, los representantes harmagianos mostraron la mayor disparidad, divididos por casi la mitad entre a favor y en contra.

La oposición estuvo liderada por la representante aeluona Tasa Lima Nemar y el representante aandrisk Reskish Ishkarethet.

La representante Lima, que se había opuesto a la alianza incluso antes del acuerdo inicial, declaró esta mañana en la Sala del Parlamento: «El bienestar de nuestros ciudadanos debe ser la prioridad principal en el Parlamento.

Traer violencia a nuestro espacio en nombre de ganancias materiales, y a coste de vidas civiles, sería una enorme negligencia.

Hasta que no podamos asegurar a nuestra gente que su seguridad no está en peligro, no podemos, en conciencia, seguir con esta alianza».

El representante Ishkarethet se hizo eco de estas palabras, y declaró: «Tras hablar con aquellos que tuvieron la suerte de regresar de Hedra Ka, no hay duda en mi mente de que es una puerta que debe permanecer cerrada».

El representante harmagiano Brehem Mos Tosh’mal’thon, una de las voces claves en el establecimiento de la alianza, presentó una veloz refutación: «La representante Lima está más preocupada por la dispersión de las tropas aeluonas que en proteger civiles.

Se olvida cuando le interesa de que las escaramuzas militares entre nuestras respectivas especies llevaron a la fundación de la propia CG.

Las nuevas alianzas siempre comportan riesgos, y en raras ocasiones se ponen en marcha sin problemas.

Las vidas perdidas en Hedra Ka son una tragedia, pero no deberíamos apresurarnos a cortar el contacto por completo por este incidente.

Los beneficios potenciales para ambas especies sobrepasan los riesgos».

Tras la votación, el representante Tosh’mal’thon declaró que persistiría en sus intentos de mantener contacto con los clanes toremi dispuestos a cumplir los «valores de la Confederación Galáctica».

Aunque actualmente no hay naves de la CG en espacio toremi, los informes desde la frontera indican que el conflicto armado entre los clanes no ha cesado.

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