El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Hedra Ka #4
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Hedra Ka #4

Ashby soltó una risita. Compartía esa sensación.

En unas cuantas horas estarían de vuelta en espacio Central.

No podía esperar, pero la idea le resultaba surrealista.

Incluso estando tan acostumbrado a tomar atajos a través del espacio, saber que las decenas y decenas de semanas que les había costado llegar a Hedra Ka se podían recorrer de vuelta en apenas unas horas era muy extraño.

La idea de estar entre naves reconocibles, planetas por los que había caminado docenas de veces y mercados repletos de comida sobre la que no tenía preguntas, sin un destino en mente, sin un lugar al que tuviera que acudir…

le parecía fantástica. Y todavía no tenía sentido.

—¿Cómo vas tú, Corbin? ¿Las tuberías de combustible bombean bien?

—Impecablemente. —El hombre pálido alzó la vista de su estación—. Estoy seguro de que hay muchas otras formas de aburrir a nuestros tecs más a menudo.

La vox se encendió.

—Ashby, hay una nave toremi cerca —informó Lovey—. Parece que se dirige hacia la jaula.

Ashby pensó un instante. Qué extraño.

—¿Han cruzado el perímetro de seguridad?

—No, tan solo se dirigen hacia nosotros.

—Puede que tengan curiosidad —dijo Sissix—. Si yo nunca hubiera visto un túnel, me gustaría ver cómo se hace.

Ashby asintió.

—No les quites el ojo de encima, Lovey. Y contacta con ellos. Envíales un recordatorio amistoso de que deben mantenerse a distancia cuando perforemos. No queremos arrastrarlos con nosotros.

—Voy a ello —dijo Lovey.

La puerta de sala de control se abrió de golpe. Doctor Chef entró, cargando a Ohan. Las piernas traseras del par sianat se habían dado finalmente por vencidas. A Ashby, aquella inmovilidad le pareció más inquietante que los temblores de las semanas previas.

Se levantó.

—¿Puedo ayudar?

—No, no, creo que nos arreglamos —respondió Doctor Chef, con una voz tan calmada como si hablara de cortar verduras. Dejó a Ohan en su silla y les estiró las piernas por debajo.

Ohan inclinaron la cabeza con elegancia.

—Te lo agradecemos.

Doctor Chef le dio a Ashby dos viales y una jeringuilla.

—Si comienza a perder sensibilidad en las manos, ponles una. —Señaló un punto en la nuca de Ohan, justo sobre la espina dorsal. El pelaje de la zona estaba afeitado, y la piel gris de debajo estaba lacerada por las continuas inyecciones—. Justo aquí.

Ashby asintió, esperando no tener que recurrir a ello. Dejó los viales en una caja junto al panel de control y se arrodilló para mirar a Ohan a los ojos.

—Siempre es un privilegio veros trabajar. Me alegra mucho hacer esto con vosotros una última vez.

—Todos nos sentimos igual —dijo Sissix.

Corbin se aclaró la garganta.

—Yo también.

Ohan miraron alrededor con sus ojos de largas pestañas.

—Nosotros… no estamos acostumbrados a expresar lo que sentimos. En cierto sentido, desearíamos poder quedarnos con vosotros más tiempo. —Parpadearon, tan despacio como el hielo al derretirse—. Pero es nuestra costumbre. —Otro parpadeo. Miraron a Ashby—. Estamos impacientes por empezar.

Ashby sonrió, aunque sentía un peso en el pecho.

Aunque llevaban una vida recluida, Ohan eran parte de la tripulación.

No quería que esa fuera su última vez. No quería un nuevo rostro observándolo desde aquella silla.

No quería saber que el rostro que estaba ahí ahora pronto desaparecería para siempre.

Respiró hondo, recobrando la compostura. Miró a Doctor Chef.

—¿No deberías estar durmiendo?

—Sí, sí —respondió este, de camino a la puerta—. Voy a dormir a la asistente y luego me ocupo de mí. —Rosemary había decidido aceptar la oferta de Doctor Chef de sedarla en esta ocasión. Ashby pensó que era lo mejor, tanto por su bien como por el bien del suelo de la sala de control.

Volvió a su silla y se abrochó el arnés de seguridad.

—Conéctame, Lovey. —La vox se encendió—. Venga. Cantad.

—Controles de vuelo, listos —dijo Sissix.

—Comprobación de combustible, listo —dijo Corbin.

—El taladro interespacial está listo —anunció Kizzy por la vox—. Y esta vez no me he olvidado de pillar algo para comer.

—Las boyas están listas —dijo Jenks.

Ashby flexionó los dedos sobre el panel de control. Se moría de ganas de empezar.

—Lovey, ¿qué hay de los toremi?

—No han contestado. Pero se han quedado tras el perímetro de seguridad. Aunque justo al límite, tienen la nariz justo tras las boyas.

—Está bien, siempre y cuando no se acerquen más. ¿Cuál es nuestro estado?

—Todos los sistemas de la nave funcionan con normalidad —informó Lovey—. No hay problemas técnicos ni estructurales.

—Está bien, gente. Larguémonos de aquí. Kizzy, ponlo en marcha.

Los paneles del suelo retumbaron cuando el taladro empezó a aullar. Ashby repiqueteó con un dedo sobre el brazo de la silla y empezó a contar. «Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco».

—Ashby. —Era Lovey, llamándole por encima del escándalo—. La nave toremi. No sé qué está haciendo. Hay un…

El taladro chirrió, ahogando sus palabras.

El pulso de Ashby se disparó.

—¿Han cruzado el perímetro? —gritó.

—No. Es una especie de acumulación de energía. Es algo que nunca he…

Lo que ocurrió a continuación sucedió muy deprisa, pero para Ashby todo fue lento, como si ya estuvieran en la subcapa.

Primero, la ventana se emblanqueció, inundada por una luz cegadora que lo ocultó todo más allá del casco de la nave.

Mientras la luz se atenuaba, unos arcos de energía se retorcieron alrededor de los soportes de la jaula y rebotaron por el interior.

La jaula se estaba haciendo pedazos. No caía, como una estructura planetaria, sino que se quebraba, se retorcía y se alejaba flotando. Ashby se quedó mirando sin comprender qué ocurría.

Algo los golpeó. Toda la nave se sacudió y tembló.

Luces rojas se encendieron por toda la pantalla de control, como ojos que se despertaban de improviso.

Los paneles luminosos del techo parpadeaban espasmódicamente.

Hubo un ruido: los mamparos bajo presión o los paneles deformándose, el clamor de su tripulación gritando de pánico.

Pero todo sonido fue absorbido por el taladro, que había llegado al final de la cuenta atrás.

El cielo se desgarró. La Peregrina lo atravesó tambaleándose.