Hedra Ka #2
—Hola a todo el mundo. Lo hemos conseguido.
Si estáis mareados, id a comer un bocado, pero que sea rápido, por favor.
Me gustaría tener a todo el mundo aquí cuando llame a nuestro contacto.
Quiero que estéis en la sala de control en una hora como máximo.
Es un gran día para nosotros, y me gustaría que diéramos buena impresión.
Nada sofisticado, pero la cara limpia y algo de ropa decente no estaría mal.
La voz de Kizzy surgió de la vox.
—No te preocupes, Ashby, no diré ni mu.
Ashby pensó un momento, tratando de encontrar una forma amable de decirle que más valía.
—Es que eres demasiado guay para ellos, Kiz.
Toum estaba sentado, meditaba. O eso pretendía.
Frente a él estaba Fol, la primera guardia, con las piernas cruzadas, en calma, los ojos en blanco en su concentración.
La envidiaba. Cuanto más tiempo pasaba entre las especies de la Confederación, más le costaba estructurar su mente.
No importaba lo mucho que intentara desviar sus pensamientos, estos volvían a Hiul, sin que pudiera evitarlo.
Ninguno debería haber abandonado con vida aquella sala.
Era su forma de hacer las cosas. La creencia más fuerte sobrevivía, y la más débil era erradicada. Así se creaba la armonía.
Debería haberla matado. Entrenamiento de artillera o no, él tenía las fauces en su garganta. Debería haberla matado. Había acabado con tantos otros por mucho menos. ¿Por qué la dejó marchar?
La respuesta estaba ahí, en una cruel esquina de su mente. Huyó de ella. Esta se siguió burlando de él.
—Venid —dijo la Nueva Madre al entrar en la habitación. Toum y Fol extendieron las piernas y recogieron las armas—. Voy al carguero. La nave tuneladora ha llegado, y he oído que los harmagianos han invitado a bordo a la tripulación.
—¿Te han hecho llegar una invitación? —preguntó Fol. La burocracia harmagiana era muy puntillosa en temas tediosos como las listas de invitados y el protocolo. Preocupaciones de la Confederación.
—No la necesito —dijo la Nueva Madre. Toum sabía que también podía oírlo en su voz: la paciencia acabándose, el hartazgo de tratar con las costumbres alienígenas.
¿Por qué nunca hablaba de ello? Si hablase en voz alta sobre las frustraciones que él sabía que sentía, entonces coincidiría con ella todo el tiempo y no dudaría más de su lugar como toremi ka.
Pero ese alivio no llegó—. Estos tuneladores están haciendo un agujero en mi cielo —dijo según se dirigía hacia la puerta.
Fol y Toum la flanquearon, a unos ensayados seis pasos por detrás—. Eso me da derecho a verles las caras.
Rosemary se alegró de salir de la nave. Sí, estaba en otra nave, pero ansiaba el cambio de escenario, y la pequeña bienvenida que les habían preparado fue una sorpresa agradable.
Nada sofisticado, tan solo una mesa repleta de curiosos canapés y algunos oficiales de bajo nivel de la CG que charlando informalmente.
Ya había estado antes en reuniones como aquella, pero los tuneladores no eran la clase de gente que aparecía en las listas de invitados.
Era un gesto amable; una muestra de la importancia del nuevo túnel.
El contraste de la sala en la que estaban y las paredes hechas de retales de la Peregrina era enorme..
Era de diseño harmagiano, espaciosa y colorida.
Aquí y allá había sillas para distintas especies, y ventanas alargadas y horizontales se extendían por la pared del casco.
El aire filtrado era fresco y vigorizante (Rosemary se fijó en que Sissix caminaba más despacio, como un humano con los músculos doloridos), y la iluminación bordeaba el límite de lo excesivo.
Sus compañeros de tripulación se lo estaban pasando bien, disfrutaban de la comida y de la atención despertada.
Ashby y Sissix estaban al otro lado de la sala, conversando con una burócrata.
Jenks parecía haber entablado amistad con camarero, un laru con el que llevaba veinte minutos riéndose a saber de qué.
Ohan se habían quedado en la Peregrina , por supuesto, y también Corbin, quien tras ver la mirada radiante de Doctor Chef al mencionar del bufet, se había ofrecido a vigilar al navegador enfermo en su lugar.
Estos últimos días, el algólogo había dispensado con generosidad sus favores.
—Oye, Doc —dijo Kizzy. Levantó del plato a rebosar una brocheta de verduras fritas—. ¿Qué es esta cosa amarilla?
Las mejillas de Doctor Chef aletearon.
—Es saab tesh. Lo preparo a menudo.
—Pues no parece saab. Ni tiene el mismo sabor. —Sacó un pedazo con los dientes y lo masticó a conciencia—. Nop, ni de lejos.
—Lo más probable es que sea porque tienen mejores estasis que nosotros. Sin degradación molecular en los viajes de larga distancia. —Bajó la cabeza—. Suertudos.
Kizzy tragó.
—No me gusta tanto así.
—Pues ese es su sabor real.
—Bueno, pues no me gusta. —Se metió otro pedazo en la boca.
—¿Sabéis? —intervino Rosemary—. Vamos a sacar un buen beneficio de este encargo. No quiero prometer nada, pero cuando hayamos terminado podríamos mirar lo que costaría un estasis nuevo. Podríamos presentarle una propuesta a Ashby entre los dos.
Doctor Chef infló las mejillas.
—Siempre me ha gustado tu forma de pensar.
—Estoy impaciente por perforar —dijo Kizzy, cambió el pincho de verduras por un manojo de hojas con semillas incrustadas—. Os quiero mucho a todos, pero necesito salir de la nave un par de semanas. Estoy agobiada de tanto vacío espacial.
—Jenks ha dicho que ya tiene el equipaje preparado —comentó Doctor Chef.
—Oh, sí. No se calla ni un momento sobre por qué las playas de Wrotheg son mejores que cualquier otra. No sé cómo vamos a hacer que vuelva luego.
—Nada de playas para mí. Voy a visitar a mi viejo amigo Drave. Acaba de instalar un nuevo invernadero en su casa y me dijo le encantaría que lo ayudase a seleccionar vástagos.
—A ver, espera, un momento. En tus vacaciones vas a ir a Puerto Coriol. Un lugar al que vamos siempre. Para hacer jardinería. Algo que haces siempre.
—¿Y qué? —Doctor Chef infló las mejillas—. Me encanta la jardinería.
Kizzy puso los ojos en blanco.
—¿Y tú, Rosemary?
—Ah. Bueno, yo… —«No tengo ningún sitio al que ir»—. No lo he decidido todavía. —Dio un sorbo a la gaseosa—. Puede que me quede en la nave. Ya casi he terminado de reorganizar todos los archivos financieros, y odio dejar tareas a medias.
Kizzy alzó las cejas y sonrió.
—¿Quieres venir conmigo y nos quedamos en casa de mis papás?
Rosemary notó que se sonrojaba.
—Em… Es muy amable por tu parte, pero yo…
—Escucha. Mudskip Notch no es Florencia, pero es un sitio tranquilo con buena gente.
Hay música en directo en la plaza mayor en las noches cálidas, y las hidrogranjas son bastante bonitas cuando los campos de algas comienzan a florecer.
Y hay un pequeño colectivo de artistas y modifis que están a la última.
Ven a pasártelo bien conmigo o te lo montas por tu cuenta.
Todo lo que te ofrezco es una cama limpia en una ciudad colonial tranquila, en casa de dos caballeros maravillosos que adoran que traiga invitados.
Además, hay tres perros que te lamerán la cara y serán tus mejores amigos para siempre.
Y mi Ba hace unos gofres tela de buenos, los mejores de la galaxia.
—Se dirigió a Doctor Chef—: Sin ánimo de ofender.
—Tranquila —dijo Doctor Chef—. Nunca me han salido demasiado bien los gofres.
—Bueno… —dijo Rosemary. Dos semanas tranquilas de cocina casera y aire fresco eran tentadoras, y tenía curiosidad por conocer otras colonias independientes, pero…
—¿Porfa? —pidió Kizzy, dando saltitos. Un pastelito solitario cayó del plato—. ¿Porfi porfi porfi?
Rosemary soltó una risita, avergonzada y conmovida.
—Vale. Si estás segura de que no será una molestia, iré.
—¡Genial! —Kizzy alzó un puño en el aire—. Enviaré un mensaje a mis papás cuando volvamos a la nave. O después de perforar, supongo. —Hizo un gesto de hastío—. Prioridades.
Al otro lado de la sala algo captó la mirada de Doctor Chef.
—Bueno, bueno —dijo—. No estaba seguro de que fuéramos a ver alguno.
Entraron tres toremi por la puerta, extraños y desconcertantes.
Caminaban sobre cuatro piernas con rodillas que se doblaban al revés, y tenían una piel de aspecto duro y quebradizo.
Sus estrechas cabezas parecían más unas plomadas colgando del borde de un agujero que algo hecho de carne blanda.
La toremi del medio llevaba unas gruesas cadenas ornamentales sobre la vestimenta oscura y un sombrero cónico ribeteado de rojo.
Una Nueva Madre, como habían descrito los mensajes de Nib.
Los otros dos toremi la flanqueaban unos pasos por detrás.
Ambos iban armados hasta los dientes, con unos rifles enormes en bandolera en sus rugosas espaldas.
—Dan miedo —susurró Kizzy.
—Shhh —dijo Doctor Chef.
Rosemary señaló con la cabeza a la burócrata que hablaba con Ashby. La harmagiana estaba confusa; sus zarcillos se enroscaron rápidamente mientras desplazaba su carretilla para ir a saludar a los toremi.
—Está nerviosa —dijo Rosemary—. Creo que no sabía que venían.
Doctor Chef emitió un gruñido de asentimiento.
—Tú también estarías nerviosa si alguien con quien has estado pactando una alianza galáctica irrumpe de pronto en una sala repleta de espaciales de dudosos modales.
Kizzy dio un gigantesco bocado a un pastel, asegurándose de que se le pegaban unas cuantas migas en los labios.
—Sí bnos mdles.