Herejía
—Hola, jefe —dijo Kizzy al entrar en la oficina de Ashby. Llevaba subidas las mangas mugrientas y los guantes metidos en un bolsillo delantero del mono. Sostenía una pieza de tec polvorienta.
—Solo me llamas «jefe» cuando necesitas algo —dijo Ashby.
—Necesito algo. —Levantó la pieza—. Esto es un regulador térmico. Es lo que ayuda a mantener la temperatura del estasis.
—Asumo que está roto, ya que no está conectado al estasis ahora mismo.
Kizzy asintió con tristeza.
—Doblaron las campanas por este pobrecito.
—¿Tenemos otro a mano?
Kizzy negó con la cabeza con expresión de disculpa.
—No es el tipo de material que guardo en el almacén. Mi cerebro está ocupado asegurándose de que tenemos piezas de repuesto para el soporte vital y el motor. Lo siento. No pensé en ello.
Ashby hizo un gesto quitándole hierro al asunto.
—Estaría más preocupado si priorizaras el estasis al motor. No espero que guardes piezas de repuesto de absolutamente toda la tec que usamos. —Se frotó la barbilla. Necesitaba afeitarse—. Y bien, ¿qué implica esto en cuanto al estasis?
—El campo de estasis puede aguantar sin el regulador. Tiene un sistema de emergencia para asegurarse de que la comida no se pone mala mientras consigues un recambio. Pero sin el regulador, va a hacer bleh al cabo de un tiempo, sin remedio.
—¿Cuánto es «un tiempo»?
—Cuatro días, quizá cinco. No nos moriremos de hambre ni nada parecido si falla, pero creo que estaría bien tener algo de comida fresca desde aquí a Hedra Ka.
Ashby asintió. Pasar treinta días comiendo tortitas de harina de gusano y raciones deshidratadas no sonaba demasiado apetitoso, y no había garantía de encontrar un sitio para reabastecerse antes de llegar a Hedra Ka. ¿Qué comían los Toremi?
—Cuatro días no es tiempo suficiente para que llegue un dron de reparto.
—Lo sé. Puede que esta vez estemos en la mierda.
Sin embargo. —Se tanteó la parte trasera de los muslos para asegurarse de que no tenía mugre de las máquinas pegada.
Al verse la mano limpia, se sentó en una silla frente a Ashby—.
Sissix dice que hay una colonia en una roca, no muy lejos de aquí.
Apareció ayer en el escáner. No sabe qué es, no sale en ninguno de sus mapas.
Pero queda a medio día de distancia. Podríamos aparcar la nave allí, bajar en transbordador y echarles una visitilla, visto y no visto.
—Estamos en la mismísima frontera de la CG. Seguro que es una colonia marginal. —Llamar a la puerta de una colonia fronteriza sin identificar no era algo que le apeteciera especialmente.
—Mmm-mmm. Pero puede que tengan tec que me sirva.
—Es un «puede» gigantesco. Puede que no tengan nada.
—Ya, excepto que se trata de un planeta errante. No tiene estrella que le dé calor. Por eso precisamente lo detectó Sissix, tiene satélites que proporcionan luz solar artificial. Y los mantienen en marcha absorbiendo ambi directamente de una nebulosa cercana.
Ashby levantó las cejas.
—Eso es tecnología de altísimo nivel.
—La tec en sí misma no es tan sofisticada, pero lo que quiero saber es cómo han calibrado sus recolectoras para trabajar dentro de una nebulosa.
Hay un motivo por el que el ambi se cosecha alrededor de agujeros negros: ahí está concentrado.
Los tecs de la CG no han descubierto un modo de recolectar pequeñas bolsas sin arruinarse.
—Se mordió los labios, pensativa—. En cualquier caso, si pueden cosechar ambi en una nebulosa, me apuesto las botas a que también tienen tec más simple. —Hizo un gesto hacia el regulador.
Ashby asintió en silencio.
—¿Alguna señal de a quién pertenece esta colonia?
—No. Pero no es humana.
—¿Por qué no?
Kizzy lo miró con ironía.
—Colonia marginal o no, si los humanos hubieran puesto las zarpas en una tec de este nivel, es imposible que no nos hubiéramos enterado ya. Serían tan ricos que daría asco.
Ashby repiqueteó con los dedos en la mesa.
—¿Alguna nave alrededor? ¿Armas desplegadas?
—No. No hay armas. Lo hemos comprobado. Ni naves, ni orbitales, ni muelles de aterrizaje. Aparte de los satélites, el cielo está muerto ahí fuera.
Ashby pensó por un momento.
—De acuerdo. Pero seamos precavidos. No quiero dirigirme allá hasta que no sepamos quiénes hay ahí abajo. —Hizo un gesto hacia la pantalla de píxeles para despertarla—. Oye, Lovey, quiero que abras una señal sib hasta ese planeta errante. Avísame si alguien contesta.
—Enseguida —respondió ella.
Kizzy arrastró su silla hasta el lado de Ashby y observó la pantalla con atención.
—Kizzy, no ocurre nada —dijo Ashby—. Puede que no respondan en un buen rato. Puede que no respondan en absoluto.
—¡Es emocionante! Es como salir a pescar o algo por el estilo, esperar a que algo pique.
Ashby la miró de reojo.
—¿Cuándo has salido tú a pescar?
—Lo hago todo el tiempo en Batalla de Hechiceros. —El indicador del sib se encendió. Kizzy se echó encima de la mesa, señalando—: ¡Mira! ¿Lo ves? ¡Han picado! ¡Han picado!
Ashby pasó una mano por encima del hombro de Kizzy y la empujó de vuelta a la silla.
—Yo hablaré, ¿de acuerdo? —Lo último que necesitaba era que Kizzy armase un lío con un colonista marginal nervioso.
Hizo un gesto para descolgar la llamada.
Un alienígena apareció en pantalla. Ashby se quedó boquiabierto.
Era un sianat. Pero no uno como Ohan. Este sianat había dejado que le creciera el pelaje.
No se había afeitado fractales ni patrones sagrados.
Había algo alerta en su postura, nada parecido a la actitud permanentemente relajada de Ohan.
Sus rostros mostraban cierta laxitud, y tenían el pelaje muy fino.
Aunque Ashby no podía hacer suposiciones sobre especies de las que sabía poco, no podía quitarse de encima la conclusión obvia.
Aquellos sianat eran viejos.
—Hola —dijo Ashby, sacudiéndose la sorpresa—. ¿Habláis klip?
Los sianat hablaron con el mismo cloqueo parecido al de un ave que Ashby había oído a veces a Ohan.
Cuando abrieron la boca, Ashby vio que no tenían los dientes limados.
Era como mirar al interior de una cueva llena de estalagmitas afiladas.
Los sianat le hicieron un gesto a Ashby, cloqueando mientras miraban hacia la sala tras ellos.
A pesar de no estar familiarizado con otros sianats, entendió su comportamiento: «Espera.
Deja que busque a alguien que pueda hablar contigo».
— Ashby —susurró Kizzy.
—Lo sé —contestó Ashby, susurrando a su vez.
—Estoy tan contenta de estar aquí —dijo ella, apoyando la barbilla en los puños.
Movimiento en la pantalla. El primer par sianat dejaron espacio a otro.
El cuerpo de estos era del mismo tamaño, pero de forma distinta.
Tenían cierta robustez en la cintura y los hombros, una cierta agudeza afilada en los ojos y la mandíbula.
Su fisionomía difería bastante de los primeros sianat (y de Ohan), y Ashby concluyó que era de diferente sexo.
Mientras los dos sianats intercambiaban sus lugares, el primer sianat tocó al segundo en el hombro.
Se tocaron. Ashby pensó en la forma en que Ohan se apartaban de la tripulación cuando se cruzaban con ellos en el pasillo, y cómo apenas toleraban que Doctor Chef los tocara con las manopiés durante el examen médico. ¿Quién era esta gente?
—Buenos días —dijo la nueva sianat. Su acento era denso como el combustible. Ashby se fijó en que esta sí tenía los dientes limados—. Me llamo Mas. Disculpa mis palabras, hace mucho que no hablo klip.
Ashby sonrió, y habló despacio.
—Me llamo Ashby. Soy el capitán de una nave tuneladora. Ella es Kizzy, nuestra tec mecánica.
Mas ladeó la cabeza.
—¿Tuneladora? Sí, sí, sé de tuneladoras. —Soltó una risita aguda—. Sé mucho de tunelación.
«Sé», no «sabemos». Ashby lo observó con atención.
—Disculpa, Mas. No quiero ser maleducado, pero… ¿no sois un par?
—No —respondió Mas. Había orgullo en las… en la voz, inconfundible, incluso con el acento—. Aquí nadie lo es. Somos una colonia de solitarios.
—Herejes —dijo Kizzy boquiabierta.
Ashby la fulminó con la mirada, pero Mas no pareció ofenderse.
—Herejes, sí —respondió—. ¿Tenéis a un par en vuestra nave?
—Sí —respondió Ashby—. Nuestro navegante.
—Yo fui navegadora hace tiempo, para harmagianos —dijo Mas—. Antes de aquí… Antes de estar aquí. Hablo mal. Disculpad.
—No tienes que disculparte, te entiendo. —Ashby reflexionó sobre lo que había dicho Mas. Esperaba no estar ofendiendo a Ohan solo por hablar con esta persona—. Nuestro navegador no sabe que estamos hablando contigo. Ni siquiera sabíamos quién estaba ahí abajo antes de llamar con el sib.
—¡Vaya! Pensé… No, nada. —Mas gorjeó—. ¿Cuál es vuestra necesidad?
Kizzy apartó a Ashby de un codazo.
—Necesito alguna tec —dijo, levantando el regulador roto—. Nada sofisticado, solo algo para arreglar nuestro estasis.
—¡Ah, vuestra comida! Tenéis que arreglar la comida. —A la sianat pareció resultarle gracioso.
Al mencionar la comida, Ashby pensó en los tubos de pasta nutritiva de Ohan.
—Seguramente no tenéis tec de estasis, ¿no?
—Comemos —dijo Mas—. No engullimos pasta como pares. Venid, encontraremos tec. Puede que tengamos que golpearla un poco para que funcione, pero a los tecs les gusta golpear cosas, ¿sí?
Kizzy rio.
—Sí, nos gusta.
—¿Tenéis lanzadera?
—Sí.
—Bien. Nuestras naves son viejas como nuestras palabras. —Hizo un gesto hacia la pantalla. Apareció una serie de coordenadas de aterrizaje—. Y debemos hablar sobre vuestro par. ¿Están con Declive?
—Así es —respondió Ashby.
—No por mucho —dijo Mas—. Bajad, bajad, hablaremos. Pero no digáis al par que venís. No… No les gustará.
La pantalla se oscureció.
Rosemary había visto tan poca variación en los estados anímicos de Ohan (por no hablar de verlos irrumpir en su despacho) que tardó un momento en darse cuenta de que el par estaban furiosos. Los ojos abiertos como platos, la respiración jadeante.
—¿Dónde han ido? —preguntaron con voz estridente.
Rosemary, que estaba atareada organizando facturas, no supo qué decir.