El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) 25 de octubre #7
78%

25 de octubre #7

—Lo sé. Y no te diré que no, si es lo que quieres.

Pero tengo miedo. Empiezo a pensar que quizá quería esto con tantas ganas que no me permití reconocer lo peligrosísimo que es.

—Se miró las manos—. Por muchas ganas que tenga de abrazarte, no sé si vale la pena el riesgo de perderte para siempre.

Quizá es mejor dejarlo estar y saber que no hay posibilidad de que nadie se te lleve.

La sala quedó en silencio, o tan silenciosa como podía estar. Los filtros de aire siseaban. El sistema de refrigeración que rodeaba el núcleo de Lovey zumbaba.

—Jenks, ¿recuerdas cuando hablamos de esto por primera vez? ¿Cuando te dije todos los motivos por los que quería tener un cuerpo?

—Claro.

—Mentí cuando dije que no era por ti. Por supuesto que es por ti. Creo que presentará algunas oportunidades maravillosas, y lo imagino como una buena vida. Pero siempre, siempre fue por ti. No hubiera pensado en hacerlo de otro modo, no en serio.

—Pero… Dijiste… Tus pros y contras…

—Eran cosas que pensé tras decidir que esto era algo que te merecías.

Nunca lo habría mencionado de haber pensado que me haría infeliz.

Tengo algo de respeto por mí misma, después de todo.

Pero sí, era por ti. Y si te asusta más de lo que te emociona, entonces no vale la pena.

Soy feliz aquí. Soy feliz contigo. ¿Me gustaría tener un cuerpo?

Sí. ¿Estoy dispuesta a afrontar los riesgos?

Sí. Pero estoy bien así, y si tú también, entonces quizá está bien por ahora.

No para siempre, quizá, pero no tenemos que apresurarnos.

Puedo esperar a que la galaxia de ahí fuera se vuelva un poco más tolerante.

Jenks tragó saliva.

—Lovey, no es que yo… Quiero decir, lo deseo tanto, es solo que…

—Calla. Acércate.

Jenks vació la pipa, la guardó en la lata, y se acercó al pozo. Recogió el jersey que había en el suelo.

—Déjalo —dijo ella.

Oyó apagarse los sistemas de refrigeración.

—No mucho tiempo —murmuró.

Se quitó la ropa y entró en el pozo, como había hecho tantas veces. Se sentó con la espalda apoyada en el núcleo, con la piel desnuda bañada por el resplandor. Sin el aire frío, parecía luz solar, solo que más suave.

—Siempre comprenderé tu necesidad de encontrar a alguien que pueda darte algo más que esto —dijo Lovey—.

No te lo tendría en cuenta. A veces me preocupa estar impidiéndote tener el tipo de vida que un sapiente orgánico debería tener.

Pero si escoges esto por voluntad propia, entonces no necesito un cuerpo, Jenks.

Siempre hemos estado juntos sin que tuviera uno. No sé cómo amarte de ningún otro modo.

Él apretó más la espalda contra ella, apretó las plantas de los pies, los hombros, las palmas, tratando de hundirse todo lo posible en ella. Se giró y le acercó los labios. Besó el suave y cálido metal.

—No hay motivo alguno para cambiar lo mejor que he tenido nunca.

Nodo de identificación: 9874-457-28, Rosemary Harper

Fuente de datos: Archivos de Referencia de la Confederación Galáctica (Público/klip)

Búsqueda de archivo: Relaciones humanos/quelin

Mostrar: principales

Resultados principales:

Lista de acuerdos comerciales quelin

Lista de leyes quelin referentes a especies no quelin

Lista de leyes de inmigración quelin

Lista de leyes de deportación quelin

Lista de leyes quelin referentes a la copulación/las familias interespecies

Audiciones de Membresía de la Confederación Galáctica (Humano, CG Estándar261)

Representantes actuales en el Parlamento de la CG (Quelin)

Comparativa anatómica [Humano: Quelin]

Resultado seleccionado: Audiciones de Membresía de la Confederación Galáctica, archivo público 3223—3433-3, registrado el 33/261 (texto resaltado–representantes quelin)

Encriptación: 0

Traducción: 0

Transcripción: [vid:texto]

A pesar de las diferencias entre nuestras especies y culturas, existe un orden que todos debemos seguir.

El desarrollo de una civilización es un suceso planeado.

Las mentes se unen para crear nueva tecnología, entonces la mejoran, y después la mejoran todavía más.

Si no se puede conseguir armonía, la civilización se derrumba.

Si emergen ideas incompatibles unas con otras, la civilización se derrumba.

Si una civilización no puede unirse ante amenazas exteriores, esa civilización se derrumba.

Los eruditos sobre la vida sapiente mencionan que todas las civilizaciones jóvenes pasan por etapas de desarrollo similares antes de estar preparadas para abandonar sus planetas de nacimiento.

Quizá la etapa más crucial es la del «caos intraespecie».

Esta es el terreno de prueba, la incómoda adolescencia en que una especie aprende a unirse a escala global o se disuelve en facciones enfrentadas condenadas a la extinción, ya sea por guerra o por desastres ecológicos demasiado graves para afrontarlos estando divididos.

Hemos visto representarse esta historia en incontables ocasiones.

Cada uno de nosotros en este Parlamento puede hablar sobre las guerras planetarias y las dificultades políticas de nuestros ancestros, y aun así lo superamos para alcanzar las estrellas.

Todos conocemos las historias de los Kohash, los Danten Lu, y los más recientes, los Grum.

Especies destruidas que carecían de disciplina para ver más allá de sí mismos y contemplar la siguiente etapa evolutiva.

Los humanos habrían podido compartido este destino.

Abandonaron su planeta no como unidad, sino fragmentados.

Cuando su planeta empezó a morir, los ricos abandonaron a los empobrecidos y buscaron refugio en Marte.

Cuando los cadáveres se apilaban, aquellos que quedaban en la Tierra formaron la Flota Éxodo, pero no se dirigieron hacia sus compañeros marcianos, sino al vacío del espacio.

No tenían destino, ni estrategia alguna que no fuera escapar.

De no ser por una diminuta sonda aeluona, la Flota habría muerto con toda probabilidad, y me parece improbable que los marcianos hubieran adquirido el modesto nivel de prosperidad del que ahora disfrutan sin tomar prestada la tecnología de la CG.

¿Y qué hay de ellos ahora? ¿Qué les ha enseñado esta experiencia?

Nada. Siguen dispersándose. Miembros de la Flota se han marchado para formar colonias independientes, no porque ello aporte riquezas o recursos a la Flota, sino porque quieren.

Es posible que los marcianos y los exodanos hayan cerrado sus antiguas heridas, pero la división del espíritu perdura.

¿Y qué hay de las colonias marginales construidas por humanos que no quieren tener nada que ver con la Diáspora o la CG?

¿Qué hay de los hostiles cultistas gaianos en la Tierra, cazando manadas de animales en un entorno frágil?

Lo que quiero decir, compañeros representantes, es que los humanos son una especie adolescente, fracturada y renqueante que ha saltado a la vida estelar no por mérito propio sino por suerte.

No han avanzado desde el caos intraespecie.

Se han saltado un paso vital que el resto de nosotros tuvimos que dar.

Al concederles membresía en la Confederación Galáctica, los estaremos proveyendo no de una nueva vida, sino de una muleta en la que apoyarse.

Los exiguos recursos que puedan ofrecernos no valen el riesgo que supone permitir un elemento tan inestable en nuestro espacio compartido.

La CG ya ha malgastado suficiente en ayudar a esta especie menor a escapar a las adversidades en las que se había metido ella misma.

Por lo tanto, os pregunto, ¿qué beneficio obtenemos en convertir a los humanos en uno de los nuestros?

Si no son recursos, o conocimientos, o fuerza militar… ¿qué queda?