El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) 25 de octubre
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25 de octubre

—¿Y bien? —preguntó Ashby—. ¿Puedes arreglarlo?

Jenks inspeccionó el interior expuesto del escrib de Ashby con la atención de un cirujano.

—Puedo hacerle un apaño —respondió—. Pero no será una reparación definitiva. Necesita una matriz de píxeles nueva. Podría ensamblarla sin problemas, pero no tengo ninguna a mano.

—Pero ¿puedes hacer que deje de saltar entre canales?

—Claro. La imagen puede que se degrade al cabo de unas semanas, pero no… Espera. Uh, oh. —Jenks guardó silencio un instante—. ¿Oyes eso?

Ashby escuchó. Por el pasillo les llegó un griterío procedente de la plataforma de las algas. Suspiró.

—Otra vez no.

Jenks puso los ojos en blanco.

—Te lo juro, se ahorrarían tanto tiempo si uno arrojase al espacio al otro…

Siguieron las voces, lo cual no era demasiado difícil. Según se acercaban les fueron llegando fragmentos de la discusión.

—… absolutamente incompetente… —Aquel era Corbin.

—… no fueras un incordio tan… —Sissix.

—… no hay consideración por mi trabajo aquí…

—… si te comunicaras como un puto adulto funcional, quizá entonces…

—Yo me comunico, el problema es que tus espesas orejas de lagarto no…

«¡Maldita sea, Corbin!». Ashby aceleró el paso.

— ¡Hisk! Ahsshek tes hska essh…

—Oh, sí; sisea todo lo que quieras, eso no cambiará el hecho de que yo…

—Ya basta —interrumpió Ashby al entrar en la sala. Jenks se quedó en el umbral, a una distancia de cortesía suficiente, pero lo bastante cerca para no perderse nada.

—Ashby —dijo Sissix, con las plumas erizadas—. Dile a este capullo pretencioso y especista que…

—He dicho que ya basta. —Ashby observó a ambos—. Bien, quiero saber de qué va todo esto. —Corbin y Sissix comenzaron a gritar al unísono. Ashby levantó las manos—. Uno después del otro.

—Tu piloto —comenzó Corbin, en el mismo tono que usaría un padre enfadado para decir «tu hijo» a su pareja— ha forzado las líneas de inducción más allá de su capacidad.

Eso sobrecargó demasiado uno de mis cierres a presión, y mira.

—Ashby observó el distribuidor de combustible.

No podía identificar el problema, pero la sustancia viscosa verduzca del interior de varios tubos estaba inmóvil.

—No tenía ni idea de que él hubiera cambiado el cierre por un modelo peor. —Sissix lanzó a Corbin una mirada asesina—. Y todavía no entiendo por qué lo hizo.

—Lo cambié porque era el único repuesto que tenía a mano. Por si no te has dado cuenta, no hemos hecho paradas de aprovisionamiento desde hace un tiempo. Tenía que usar un modelo inferior o reemplazar el aparato por completo. Lo que me tocará hacer de todos modos, gracias a ti.

—Sí, es mi culpa, porque te molestaste en contarme todo esto. Ah, no, espera; no lo hiciste.

—Anteayer lo comenté en la cocina.

—¡No te dirigías a mí! ¡Estabas lloriqueando sobre tu laboratorio con Doctor Chef! ¿Cómo coño iba a saber que tenía nada que ver con mi capacidad de pilotar la…?

—En otras palabras, decidiste ignorarme. Quizá si hubieras prestado una pizca de atención a las necesidades de los demás en vez de ir tan ensimismada, entonces…

—Basta —ordenó Ashby. Respiró hondo—. A ver si me he enterado bien. Esta discusión, la cual podía oír desde el fondo de la escalera, se debe a un incidente menor relativo a un cierre de presión dañado.

—Yo no diría menor, me va a hacer falta todo el día para…

—Es menor —repitió Ashby—. Hay seis equipos y falla uno. El combustible todavía bombea, ¿correcto?

Corbin frunció el ceño.

—Sí. Pero es un tema de…

—Vale. Por lo tanto, en el futuro, tú… —señaló a Corbin—, …

debes avisar a Sissix de cualquier cambio de equipamiento que hagas, porque no puedes esperar que esté físicamente al corriente de lo que ocurre en el laboratorio.

Y no vuelvas a usar esa palabra a bordo de mi nave, ¿entendido?

Ni con Sissix, ni con nadie. Es completamente inaceptable. Discúlpate ahora mismo.

—Yo no…

—Ahora. Mismo .

El rostro de Corbin se enrojeció todavía más.

—Lo… siento —le dijo a Sissix, con voz tan tensa como un sello de vacío.

—Y tú… —Ashby apuntó con el dedo a Sissix—, tienes que tener más cuidado cuando hagas saltos de velocidad, porque de ningún modo ese cierre se debería haber quemado tan deprisa.

—Vamos con retraso —contestó ella—. Si no…

—No me importa si vamos diez días con retraso.

No me importa si vamos un estándar entero con retraso.

No me voy a quedar a la deriva aquí después de haber llegado tan lejos.

Ten más cuidado. —Miró a los dos—. Solo voy a decirlo una vez: acabad ya con eso de ver quién mea más lejos.

Me estáis volviendo loco. Estáis volviendo loca a la tripulación.

Sé que ha sido un largo viaje, y sé que todos estamos cansados, pero que me cuelguen si hago el resto del trayecto hasta el Núcleo oyendo cómo os gritáis.

Solucionadlo. Si no podéis, fingid. No quiero tener que volver a hablar de…

La vox se encendió.

—Oye, Ashby. —Era Kizzy—. Eh, verás, es posible que te necesite para una cosita.

—¿Puede esperar?

—Bueno, eh, no mucho, no, pero quizá puedo decirle…

—¿Decir qué a quién?

Se oyó un ruido de pasos. La voz de Rosemary reemplazó a la de Kizzy.

—Ashby, tenemos a un inspector quelin a la espera aquí arriba.

Se oyó de fondo la voz de Kizzy.

—¿Crees que lo he hecho enfadar? No tengo ni idea, porque no mueven la cara.

Ashby suspiró y cerró los ojos.

—Lovey, transfiere la llamada aquí.

Corbin se hizo a un lado cuando Ashby tomó asiento en su mesa. Los píxeles saltaron en posición. Un quelin macho le devolvió la mirada; su rostro blindado era inescrutable, los ojos negros brillaban.

—Soy el capitán Ashby Santoso. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Soy el inspector Bevel, de la Agencia de Defensa Interestelar. De acuerdo a la Sección 36-28 de la Enmienda de Seguridad Fronteriza, debemos realizar un registro completo de su nave y una inspección de todos los miembros de la tripulación.

—Ya nos escanearon cuando entramos en espacio quelin. ¿Hemos hecho algo incorrecto?

—Como he indicado, es un registro aleatorio. La Agencia de Defensa Interestelar tiene derecho a registrar cualquier nave a nuestra discreción, sin considerar causa probable.

—Imagino que mi asistente ya le ha enviado la licencia de tunelación y el plan de vuelo.

—Hemos recibido los materiales requeridos, y hemos confirmado su derecho a viajar por nuestro espacio.

—No quiero complicar más las cosas, pero vamos con el tiempo justo. ¿Tengo derecho a rechazar este registro?

—El rechazo conllevaría la posible incautación de la nave y la detención de todas las personas a bordo. La desobediencia a los agentes de inspección es una violación de nuestro acuerdo de membresía de la CG y queda sujeta a la interposición de una acción judicial bajo la Orden Ejecutiva 226-09.

—Entonces estaremos encantados de recibirlo a bordo, supongo.

—Prepárense para ser abordados en diez minutos —dijo el inspector Bevel. Los píxeles se dispersaron al finalizar la llamada.

—Qué tipo más encantador —dijo Jenks—. Seguro que es el alma de las fiestas.

—Solo si tiene el papeleo necesario para serlo —dijo Ashby, frotándose el puente de la nariz—. Qué cansino.

Las puertas del ascensor de carga se abrieron con un claqueteo. Rosemary y Kizzy salieron.

—¿Va todo bien? —preguntó Kizzy—. ¿Nos he metido en problemas? No debería responder a ninguna llamada, siempre la lío…

—Nadie está en problemas, pero tenemos que dejarles hacer otro registro.

—¿Por qué?

—Porque lo dicen, y porque son quelin, y porque no son la clase de gente a la que quiero cabrear.

—He oído que los registros a bordo son un verdadero incordio —dijo Sissix.

—Nos fue bien en el anterior.

—Sí, pero aquel era un escáner básico para buscar armas y tec ilegal. Créeme, lo inspeccionarán todo. Y he oído decir que también hacen escáneres de sangre.

—¿Por qué? —preguntó Rosemary.

Jenks suspiró.

—Por culpa de aquel capullo con bots explosivos en la sangre, seguro. ¿Os acordáis? Hace unos cuantos estándares, un imbécil especista que trató de demostrar algo durante un registro fronterizo. Ni siquiera los programó bien. Lo único que hizo fue volarse la cabeza.

—Es curioso que sean siempre los especistas los que fastidian las cosas para todos —dijo Kizzy. Corbin bufó, pero ella se dirigió hacia la puerta antes de que pudiera decir nada más—. Iré a por Ohan.

La mirada de Ashby paseó entre Kizzy y Jenks.

—Vosotros dos, ¿tenéis algo guardado que pueda hacerles saltar las alarmas? Cualquier cosa.

Jenks reflexionó.

—No lo creo.

—Nah —dijo Kizzy—. Nos bebimos lo que quedaba del kick casero de Oso hace días. —Hizo una pausa. Se llevó las manos a la boca—. ¡Oh, mierda!

—¿Qué? —preguntó Ashby.

Se llevó las manos a la cabeza y se retorció el pelo.

—Tengo una bolsa de hierba en mi cajón de los calcetines.

—Menos mal que te has acordado. Tírala al motor.

—Pero… —Kizzy hundió los hombros—. No se puede conseguir hierba aquí fuera. La estaba guardando para una ocasión especial.

Ashby frunció el ceño. No estaba de humor para los razonamientos de Kizzy.

—Esto no es un debate. Arrójala al motor. Ya.

—Vamos, Kiz —dijo Jenks. La cogió de la muñeca y la llevó hasta el ascensor de carga—. Vayamos a cometer ese acto deleznable.

—Odio a los quelin —se quejó ella—. Son unos capullos estúpidos y no le gustan a nadie. —Bajó la voz cuando entraron en el ascensor—: Si nos la fumamos rapidísimo, ¿crees que se darán cuenta?

—Todavía te oigo, Kizzy —dijo Ashby.

Ella hizo un mohín.

—Por lo menos lo he intentado —dijo mientras se cerraban las puertas.