Eclosión, pluma, hogar #6
—Espero no molestar —dijo Rosemary.
«Privacidad». Eso también se iba a la lista.
—No, no, me encantaría tener compañía. Y un trago, ya que creo que es lo que me ofreces.
—Se miró a sí misma, luego a los pantalones arrugados en el suelo.
«Vergüenza. Recato». Al carajo. Rosemary la había visto a ella y a toda su familia desnudos.
Incluso se había tomado bien que una cría le agarrara los pechos.
Dudaba que a esas alturas le incomodara tener una vista clara de unos genitales.
Rosemary sirvió vino. Se sentaron en el suelo y charlaron sobre banalidades. No fue hasta que iban por la segunda copa que Rosemary dijo:
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?
Sissix rio.
—Nunca entenderé por qué hacéis esa pregunta.
Rosemary pasó el dedo por el borde de la taza, algo avergonzada. Sissix pensó que quizá debería haber evitado el comentario sobre la pregunta personal, pero, desde luego… Los humanos malgastaban muchísimo tiempo siendo redundantes.
La humana se aclaró la garganta.
—He descubierto que somos… La tripulación, es… es tu familia de plumas.
¿No se lo había dicho a Rosemary? Quizá no. No era un tema que saliera a menudo.
—¿Te lo ha contado Ashby?
—No, lo dio a entender. Descubrí los detalles yo misma.
—Dio un sorbo al vino—. Sé que hay un montón de reglas complicadas en una familia de plumas y sé que no las conozco, pero me preguntaba cómo…
Cómo categorizas a los miembros de la tripulación que no has escogido tú misma.
Es decir, las personas que están aquí porque es su trabajo.
—¿Te refieres a Corbin? Sí, es complicado.
Pero en las familias de plumas, tener que cargar con un miembro que no te cae bien pasa a menudo.
Te limitas a reconocer que alguien en tu familia lo necesita y te apartas de su camino.
Es como Ashby y Corbin. Ashby lo necesita.
No me importa que lo necesite en un sentido laboral más que como familia.
Ashby es mi familia, sin ápice de duda. Por lo tanto, Corbin cae dentro de mi familia de plumas.
—Sonrió sobre el borde de la taza—. Aunque no pondría objeciones si encontrara una nueva familia por ahí.
Rosemary asintió.
—Tiene sentido. Sin embargo, no preguntaba por Corbin.
—¿Oh?
Rosemary estaba en silencio. Sissix había observado rostros humanos durante suficiente tiempo para saber que su compañera estaba buscando o las palabras adecuadas o el valor para decirlas. Agradeció en silencio todo el tiempo que ahorraba el lenguaje de manos. Al fin, Rosemary habló.
—Preguntaba por mí.
La irritación que Sissix había estado acumulando hacia la especie entera de Rosemary menguó. Sonrió y le cogió la mano.
—Si fuera mi decisión, te volvería a elegir. Deberías saber a estas alturas que me gusta tenerte en mi familia.
Rosemary le apretó los dedos. Sonrió, pero también había algo más… ¿Miedo, quizá? ¿De qué podía tener miedo? Rosemary retiró la mano y rellenó las copas, acabando de vaciar la botella en la de Sissix.
—Tras verte con tu familia, con tu familia de eclosión, quiero decir… Bueno, me pregunté si quizá no era suficiente para ti aquí. Debemos hacerte la vida terriblemente difícil.
—Estar lejos de otros aandrisk puede ser duro. Y mentiría si te dijera que no me he sentido como si me hubieran dado una patada en el vientre. Pero estoy aquí por elección propia. Me encanta esta nave. Me encanta nuestra tripulación. Tengo una buena vida. No la cambiaría.
Rosemary levantó la mirada y la observó a través de las oscuras pestañas. Había algo diferente en ella; algo fuerte, decidido.
—Pero nadie te toca.
Sissix casi se atraganta con el vino al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Todo este tiempo con humanos, y todavía había cosas en las que no pensaba hasta después de que pasaran.
Se fijó de golpe en todos los detalles. La mirada en los ojos de Rosemary.
El vino. Las pausas tímidas que se convertían en franquezas en voz baja.
La ropa… Ay, estrellas, Rosemary se había cambiado la ropa tras llegar a la nave.
Los humanos daban significados al modo de vestir, pero era un tema complicado, y Sissix nunca lo había acabado de pillar.
Rosemary vestía un par de pantalones suaves y vaporosos y un top amarillo claro sujeto con tirantes entrecruzados; casual, pensó Sissix, pero festivo, el tipo de prenda que los amigos de Kizzy vestirían en una fiesta o en una cálida noche veraniega.
La parte superior de la camiseta caía por debajo de la línea del cuello que Rosemary solía llevar, mostrando las curvas superiores de los pechos.
Y su cabello. Se había… hecho algo. No podía discernir qué era en concreto, pero desde luego había invertido esfuerzo.
Y tras haber tenido tiempo para analizar con la nariz los matices sutiles, ahora sabía que el cambio en su aroma no tenía nada que ver con el vino, el jabón o la ropa limpia.
No era nada que proviniera de fuentes externas. Eran las hormonas.
Sissix había visto vídeos de humanos. Había observado a Kizzy acicalarse antes de ir a los bares del muelle.
Había visto a Ashby mirarse en superficies reflectantes antes de encontrarse con Pei, peinándose el cabello con aire ausente o perfilándose la barba.
Rose- mary había acudido a su habitación con ropa bonita, con vino y palabras amables, y con algo que se había hecho en el pelo.
Era un elaborado modo humano de pedir algo que un aandrisk podía pedir con nada más que un pequeño movimiento de los dedos.
Rosemary siguió hablando:
—Sissix, no tengo plumas que pueda darte.
Ojalá pudiera. Me has hecho sentir bienvenida cuando llegué por primera vez a la nave.
Y desde entonces, la amabilidad que me has mostrado, no solo a mí, sino a todos, ha significado más de lo que puedo expresar.
Te las apañas para hacer que todos en la nave estén cómodos, para mostrarnos afecto del modo en que lo esperamos.
No fingiré conocer a los aandrisk tan bien como tú conoces a los humanos, pero hay cosas que comprendo.
Entiendo que somos tu familia, y que para ti, no ser capaz de tocarnos hace que te falte un elemento vital.
Creo que el sentimiento te hiere, y me da la sensación de que lo has enterrado bien profundo.
Vi la mirada en tu rostro cuando tu familia te abrazó.
Puede que ames la Peregrina , pero tu vida aquí está incompleta.
—Apretó los labios. Los humedeció—. No sé cómo me ves, pero…
pero quiero que sepas que si quisieras algo más… me gustaría dártelo.
Sissix ahuecó la mano, la giró, y extendió las garras, aunque sabía que Rosemary no entendería el gesto.
Tresha . Era el sentimiento agradecido, humilde y vulnerable que surgía después de que alguien viera la verdad en ti, algo que había descubierto solo con observar, algo que no admitías demasiado a menudo ante ti mismo.
Si Rosemary hubiera sido aandrisk, Sissix habría tirado las copas y habría empezado a copular con ella en aquel mismo instante y lugar, pero optó por la prudencia.
Al parecer, la parte que entendía a los humanos seguía al timón.
—Rosemary —dijo, cogiéndole la mano. Estaba tan caliente.
Otras especies siempre lo estaban, lo podía sentir solo con estar junto a ellas, pero ahora lo tenía incluso más presente.
A veces se había preguntado cómo sería tener aquella calidez presionada contra…
No, no estaba pensando en aquello. Todavía no.
Tenía que ser inteligente. Debía tener cuidado.
A pesar de todo, los humanos reaccionaban de distinta forma ante la cópula que ella.
¿Acaso sus cerebros no se sobrecargaban con químicos, mucho más que los de la gente normal?
Los aandrisk también se vinculaban a través de la cópula, pero los humanos…
Los humanos se podían volver locos con ello.
¿Cómo si no se podría explicar una especie sapiente que había sobrepoblado su planeta hasta el punto de llevarlo al colapso medioambiental?