El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Eclosión, pluma, hogar #5
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Eclosión, pluma, hogar #5

Según fue avanzando el día, Rosemary sintió lástima por los tecs, apiñados en un concierto con comida grasienta y kick carísimo.

Ella había pasado la tarde estirada en el suelo sobre almohadones, bebiendo vino de hierba y comiendo extrañas y deliciosas viandas de la mesa comunal (los ancianos tenían pocas referencias sobre las cantidades que comían los humanos, y habían puesto suficiente comida para diez de ellos).

Escuchó mientras la familia de Sissix ponía al día a su hija de eclosión sobre los dramas de amigos y parientes.

Todo sobre la reunión era fascinante, desde la comida extraña hasta el nivel obsesivo de detalles en el cotilleo local y hasta la interminable atención física dedicada a Sissix.

En cierto modo, Rosemary se sintió como las crías que observaban por las ventanas y entraban sigilosamente a llenarse cuencos de comida.

Ella, también, se daba por satisfecha con mirar y aprender.

Pero al anochecer, Rosemary ya había empezado a cansarse.

Había comido hasta la saciedad debido a la insistencia de Ishren, y el efecto del vino había pasado de «relajación placentera» a «leve dolor de cabeza».

Tenía las piernas agarrotadas de estar sentada en el suelo y sentía el cerebro fundido tras varias horas de escuchar conversaciones en un idioma desconocido.

Poco después de la puesta de sol, se disculpó y salió a tomar aire.

Theth dominaba el cielo del desierto, colgando lo bastante cerca para crear la ilusión de que podía alargar el brazo y acariciar los anillos con las puntas de los dedos.

Sin la contaminación lumínica de una ciudad, los colores resplandecientes brillaban sin obstáculos: el brillo de las lunas próximas, el gas púrpura de la nebulosa galáctica y, en el medio, nada más que estrellas, estrellas, estrellas.

Ella vivía ahí arriba, en aquella vasta extensión de color.

Cada día veía planetas y cometas y viveros estelares muy de cerca, para ella era tan común como el clima.

Pero había algo en estar en un planeta que hacía que la vista pareciera diferente.

Quizá las estrellas estaban hechas para ser vistas desde el suelo.

Miró hacia dentro, a Sissix, rodeada por una multitud de cabezas emplumadas.

Volvió a observar el cielo, culpable por encontrar atractiva la idea de que todos menos Sissix desaparecieran un rato.

Se la imaginó saliendo, entregándole otra copa de vino y pasándole el brazo por los hombros mientras le enseñaba los nombres de las constelaciones.

Era un pensamiento tonto y egoísta, lo sabía, pero se dio el gusto de todas formas.

Un rato más tarde, Ashby salió por la puerta con una manta calefactora.

—Pensé que igual tendrías frío.

—Un poco, gracias. —Cogió la manta y se la pasó por los hombros. Una suave calidez se extendió sobre su ropa como los rayos del sol—. Vaya. Mmm.

—Mola mucho, ¿a que sí?

—¿Por qué no tengo una de estas?

Ashby rio.

—Compré una hace unos años, justo tras poner la misma cara que pones tú ahora. Seguro que podemos conseguir otra antes de marcharnos.

—Sí, por favor.

—Los ancianos no se podían creer que necesitaras una manta.

—¿Por qué…? Ah. Porque soy de sangre caliente. Claro. —Se echó a reír.

—¿Todo bien?

—Oh, sí, desde luego. Solo necesitaba un poco de aire fresco.

—Sí, lo sé, estas cosas pueden ser cargantes después de un rato. Pero ¿te lo has pasado bien?

—Me lo he pasado de maravilla. Me alegro mucho de haber venido.

—Genial. Díselo a Sissix, ella también se alegrará.

Rosemary sonrió, pero pensó de nuevo en las varias horas que pasó observando como una familia cariñosa acariciaba y mimaba a Sissix. Qué fría y rígida era la vida en la Peregrina en comparación. Se merecía algo mejor.

Ashby inclinó la cabeza hacia ella.

—¿Qué ocurre?

—No sé si puedo expresarlo en palabras. Es que… —Pensó—. ¿Cómo lo hace?

—¿El qué?

—Arreglárselas sin una familia de plumas.

—Sissix tiene una familia de plumas.

Rosemary parpadeó. ¿Una relación a distancia con una familia de plumas? Dada la cercanía que acababa de presenciar, no podía imaginarse cómo podría funcionar algo así.

—Nunca la ha mencionado.

Ashby sonrió.

—Cuando tengas un minuto en privado, descárgate su archivo ID. Como asistente de la nave, deberías tener acceso.

Más tarde, aquella noche, arropada en la habitación de invitados, Rosemary lo hizo.

ID #: 7789-0045-268

Nombre designado CG: Sissix Seshkethet

Contacto de emergencia: Ashby Santoso

Familiar más cercano: Issash Seshketheth (Designado CG)

Nombre local (si procede):

oshet-Seshkethet esk-Saskist as-Eshresh Sissix isket-Veshkriset

Rosemary se mordió el labio mientras estudiaba las palabras en el escrib. Seshkethet era obvio. Saskist era la madre de Sissix, y Eshresh parecía un nombre, lo que significaba que probablemente era su padre. Sin embargo, Veshkriest le era desconocido.

Abrió la base de datos oficial de las familias aandrisk. En algún lugar ahí fuera, había un equipo de archivistas cuya única misión era seguir el teatro familiar aandrisk y rastrear todos los cambios. Se sintió exhausta solo con pensar en ello.

Las letras en la pantalla pasaron a toda velocidad mientras el escrib traducía el texto a klip.

«Escoja el nombre de una familia», decía.

«Veshkriset», pidió, con la esperanza de que la base de datos entendiera su pobre acento.

Una lista apareció en la pantalla. Rosemary arrugó el entrecejo.

La familia de plumas Veshkriset solo tenía un miembro. Sissix.

Se recostó en el nido de mantas. ¿Sissix era una familia de plumas por sí sola?

No tenía sentido. Ella era la definición andante de ser gregario, y los aandrisk no miraban con buenos ojos a los solitarios.

Declararte como único miembro de una familia de plumas sería un acto de desafío, una señal de que no querías tener nada que ver con otros aandrisk.

Rosemary recordó cómo Sissix había reaccionado ante la anciana en Puerto Coriol, cómo lo había dejado todo para darle a una desconocida unos instantes de compañía.

«Estar sola y sin el tacto de alguien… No me imagino un castigo peor». No, no encajaba para nada.

Miró por la ventana. Se le ocurrió una idea. La base de datos estaba hecha por aandrisk, y por lo que había dicho Sissix, su finalidad más práctica era prevenir la endogamia. Si aquel era el caso, ¿aparecerían otras especies en la lista?

—Escrib, traduce —dijo.

—Especifique ruta de idioma —pidió el escrib.

—Reskitkish a klip.

—Reskitkish a kliptorigan confirmado. Por favor, diga la palabra o frase que quiere traducir. Si no puede pronunciarla…

—Veshkriset.

Una breve pausa.

—No se ha encontrado ninguna coincidencia exacta. ¿Desea un análisis lingüístico para determinar posibles coincidencias?

—Sí.

—El sufijo –et implica un nombre propio. El uso de este sufijo es común para denotar un grupo familiar aandrisk. ¿Desea buscar en la base de datos de familias aandrisk…?

—No —cortó Rosemary. Volvió a pensar—. Elimina el sufijo de la palabra y busca de nuevo.

Otra pausa.

— Veshkrisk . Sustantivo. Persona de viaje. Vagabunda. Errante.

«Peregrina».

Sissix apoyó la barbilla en el puño, observando por la ventana de su habitación cómo Hashkath empequeñecía más y más.

En algún lugar ahí abajo, su familia de eclosión reía, copulaba, peleaba, cocinaba, limpiaba y alimentaba a las crías.

Todavía le brillaba la piel por el exfoliante de escamas casero de Kirix.

Las tartas de picafruta del tamaño de la palma de la mano que Issash le había dado todavía estaban algo calientes en el centro.

No quería marcharse. Amaba la Peregrina , y amaba a las personas a bordo (a casi todas), pero siempre se le olvidaba lo duro que era estar lejos de otros aandrisk hasta que pasaba un tiempo en casa.

Era más que echar de menos el olor del desierto de hierba o ser capaz charlar en reskitkish.

Era que la gente de allí comprendía. Por muy cariñosos que fueran sus compañeros de tripulación, estar siempre explicando diferencias culturales, morderse la lengua con una observación amistosa que podría ofender oídos alienígenas, aguantarse quietas las manos cuando quería tocar a alguien…

se volvía agotador. Y aunque visitar su hogar era un bienvenido bálsamo para su nostalgia, lo que siempre, siempre olvidaba era que durante un tiempo, tras volver a partir de Hashkath, estar lejos era incluso más duro.

La primera vez que se marchó de casa fue como si se hubiera apuñalado con un cuchillo; no en un punto vital, tan solo el muslo, o quizá el antebrazo.

Cuanto más tiempo estaba fuera, más sanaba la herida, hasta que se olvidaba que estaba ahí. Volver siempre arrancaba la costra.

Aun así, quizá era mejor de aquella forma.

Si dejaba de preocuparse por su familia de eclosión, estar lejos no dolería, pero cortar aquellos lazos era inimaginable.

Además, si no se hubiera marchado, jamás habría conocido a todos los amigos que había hecho por todas partes.

Quizá el dolor de la nostalgia era un precio justo a pagar por tener a tanta gente fantástica en su vida.

Alguien llamó a la puerta.

—Adelante —dijo.

Ahí, otra cosa en la lista de las molestias alienígenas: dar por supuestas las puertas cerradas. Había sido genial no tener ese sentimiento durante un día.

Rosemary entró con una botella de vino y dos copas.

Algo en su aroma era diferente. Se había duchado hacía poco, pero había algo más, algo sutil que Sissix no acababa de situar.

Lo había notado antes, aunque con menos intensidad.

Le recordaba, sin saber por qué, a estar en un bar.

Quizá solo era el vino. Desentrañar olores en el interior de las paredes selladas de la nave siempre era más complicado tras haberse aclimatado al aire de un planeta.

Era la diferencia entre localizar objetos esparcidos por una mesa y rebuscarlos en una caja repleta.