El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Eclosión, pluma, hogar #4
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Eclosión, pluma, hogar #4

Rosemary pensó en Sissix en la Peregrina , cómo siempre parecía tan afectuosa, cómo de adorable y dulce era.

Pero ahora lo veía desde el otro lado. Lo que para ella era afecto, para Sissix era reprimirse.

La pila risueña que se abrazaba en el suelo era el punto de referencia.

Rosemary se imaginó a sí misma y a sus compañeros de tripulación desde aquel punto de vista.

Un puñado de autómatas tiesos y mojigatos.

¿Cómo podía aguantarlo a diario? Pensó de nuevo en los momentos en que Sissix los había tocado, el cariño genuino en su rostro cuando acariciaba con el hocico la mejilla de Ashby, o cuando acariciaba a Kizzy y a Jenks a la vez.

Pensó en todo el esfuerzo que le llevaría no revolcarse con ellos del mismo modo en que lo hacía con su familia de eclosión, reprimir su necesidad de una forma de conexión más tangible.

—Ashby, Rosemary —llamó Sissix desde el montón—.

Venid a saludar. —Liberó una mano y señaló con una garra hacia las cabezas ancianas (las plumas de Sissix eran de lejos las más brillantes del grupo)—.

Issash, Ethra, Rixsik, Ithren, Kirix, Shaas, Trikesh, Raasek, y…

y unos cuantos que no conozco. —Rio, cambio a reskitkish y se dirigió a la mujer anciana que la abrazaba con más fuerza—: Has añadido algunas caras nuevas desde que estuve por última vez.

— El invierno pasado robamos a un par de la familia Sariset durante una fiesta —dijo la anciana (Issash, pensó Rosemary, aunque sabía que nunca sería capaz de recordarlos a todos).

Se inclinó hacia Sissix con complicidad—.

Es porque todos saben que soy la vieja más atractiva de la región .

—Los otros aandrisk rieron. Uno de ellos le tiró de las plumas. Ella sonrió con arrogancia burlona.

Sissix soltó una risita y acarició con el hocico la mejilla de Issash.

— Te he echado tanto de menos —dijo.

Uno de los ancianos varones se liberó de la pila. Tenía la mirada afilada, pero las plumas caídas por la edad y las escamas de un tono apagado. Rosemary tuvo la impresión de que era muy viejo.

— Os pediría que os unierais a nosotros —  dijo con una sonrisa—, pero sé que no es vuestra costumbre. —  Tendió la mano y estrechó la de Ashby—. Ashby, ¿cómo estás? Me alegro de verte de nuevo.

Ashby se aclaró la garganta y respondió lo mejor que pudo.

— Me alegro de verte, Ishren. Gracias por la… por ser… bienvenida.

Ishren sonrió aún más y le tocó el antebrazo a Ashby.

— Tu reskitkish es muy bueno .

— No demasiado . Hablo menos de… lo que sé. De lo que sé escuchar. —Pasó al klip—. No, un momento…

Ishren rio.

— Entiendes más de lo que puedes decir. ¿Ves?

Te comprendo sin problema. —  Le dio una palmadita en el brazo y luego se giró hacia Rosemary—: ¿Hablas reskitkish?

—  preguntó al estrecharle la mano. Ella negó con la cabeza con expresión de disculpa.

Ishren señaló la hud—. Pero ¿me entiendes?

—  Ella empezó a asentir, pero entonces recordó el gesto curvo que Sissix le había enseñado junto al arroyo, el signo para decir «sí».

Ishren pareció complacido—. Vaya, aprendes rápido.

Yo soy como Ashby. Entiendo klip, pero no me desenvuelvo demasiado bien hablándolo.

Así que mientras lleves puesta la hud, podemos hablar cada uno como nos sea más cómodo y entendernos sin problema.

—  Pasó una mano por los hombros de Rosemary y la otra por los de Ashby—.

Me encanta ver humanos aquí. Cuando era un poco más joven que Sissix, viajé a bordo de un carguero aeluón.

Es decir, comandado por aeluones. Era una tripulación multiespecie, como la vuestra.

Incluso teníamos a una mujer laru, lo creáis o no.

Una especie inteligentísima, los laru; nunca vi a nadie jugar a tikkit como ella. Pero… ay, ¿qué decía?

—No lo sé —  respondió Ashby, probando de nuevo con el reskitkish—. ¿Algo de los humanos?

—Ah, sí, sí. Nunca olvidaré el día en que nos enteramos de que los humanos habían sido aceptados como especie miembro de la CG. Estábamos en el Mercado Muriat… ¿Has estado allí alguna vez?

—Alguna, sí —  contestó Ashby.

— ¿Todavía está el bar llamado [Hanto: La Despensa Llena] ?

—No lo sé.

—Ay, espero que siga allí. Los mejores picazúcares de toda la CG, sin duda.

No he vuelto a encontrar a otro camarero capaz de darles ese sabor.

Pero, bueno. Sí, humanos uniéndose a la CG.

Estaba en un depósito de algas… No, no; era una tienda tec, sí, una tienda tec.

Había un humano que trabajaba allí. Se dedicaba a limpiar piezas usadas para revenderlas.

Un trabajo mecánico, y también duro. No era un buen empleo para especies con manos blandas.

Podías adivinar por su ropa que no le pagaban demasiado.

Su jefe estaba fuera, por lo que me estaba ayudando a encontrar…

bueno, lo que fuera que necesitara. Había un canal de noticias en un pequeño proyector en la mesa de trabajo, y de pronto, ahí estaba.

Los humanos en la CG. El hombre se quedó en silencio.

Hizo algo que no había visto nunca antes: se puso a llorar.

Yo no sabía que los humanos hacían eso de llorar, por lo que me asusté un poco.

¿Sabes lo perturbador que es ver que los ojos de alguien comiencen a gotear?

¡Ja! Y pobre hombre, me trata de explicar el llanto mientras está pasando por todas aquellas emociones.

Nunca olvidaré lo que me dijo. Fue: «Esto quiere decir que importamos.

Que valemos algo». Y contesté: «Por supuesto que valéis.

Todo el mundo vale algo». Y contestó: «Pero ahora sé que la galaxia también lo cree».

—  Ishren les estrechó los hombros y miró entre ellos—.

Y ahora, tenéis vuestras propias naves, y salís al vacío como hacemos los aandrisk.

¡Y al Núcleo! Debo admitir que estoy celoso de vuestro viaje.

Qué gran suerte. —  Sonrió—. Espero no sonar condescendiente, pero recordar a aquel hombre estando vosotros aquí me hace pensar en lo lejos que ha llegado vuestra especie.

Eso me hace muy feliz. ¡Oh! ¡Ahora me acuerdo!

¿Tenéis hambre? Sé que los humanos comen más que nosotros, así que Rixsik se pasó toda la noche preparando suficiente comida de sobra para la [sustantivo, sin análogo disponible; una mesa donde la comida comunal se ofrece durante el día].

— Es amable. Muy amable —  dijo Ashby—. Deseo… espero que no ser… complicado.

—Para nada —  contestó Ishren—. Todos estamos impacientes por ver todo lo que podéis comer. —  Sonrió y señaló hacia un lado—. Creo que ellos también.

Tras una pila de cajas vacías, se había congregado un grupo de crías que observaban a los adultos con una intensa curiosidad.

Se quedaban a cierta distancia, como si estuvieran esperando a que los invitaran.

Rosemary comprendió que quizá era precisamente eso.

Quizá sabían que no debían entrometerse cuando los adultos socializaban.

Tendría sentido en una especie donde las crías no necesitaban ayuda para aprender las habilidades básicas de supervivencia.

En un encuentro humano, los adultos interrumpirían la conversación sin pensárselo dos veces en el mismo instante en que un crío necesitara algo, aunque fuera simple atención.

Pero allí, las crías parecían saber que las actividades de los adultos tenían preferencia, y que si querían formar parte tenían que descubrir las reglas.

Así que en vez de tirar de las mangas y llamar la atención, observaban desde el margen las idas y venidas de los adultos, tratando de comprenderlo todo. Aprendían a ser personas.

Rosemary vio a Teshris entre ellos, con sus diminutos brazos rodeando a una cría de tamaño y rasgos similares.

Eskat, seguramente, el otro… (Rosemary se detuvo antes de pensar en la palabra «hijo».

¿Retoño? ¿Progenie?) de Sissix. Todas las palabras connotaban demasiado la pertenencia de aquellas crías a Sissix, lo cual desde luego que no era el caso, o por lo menos no en un sentido humano.

Quizá era suficiente decir que Teshris y Eskat compartían madre de huevo, y que daba la casualidad de que esta era Sissix.

Desvió la atención hacia la pila de abrazos, que empezaba a desintegrarse.

Tres de los ancianos (aquellos de los que Sissix no conocía los nombres) volvían a la casa.

Unos cuantos se quedaron con Sissix, todavía tocándola, pero ya con menos energía.

Sin embargo, Issash siguió abrazándola con tanta fuerza como al principio.

Dos de sus progenitores de eclosión, aparentemente abrumados por el afecto, habían dejado el grupo y estaban en un banco cercano.

No había duda de que habían pasado realmente a unos juegos preliminares, y en un breve e inesperado instante, toda la curiosidad de Rosemary sobre lo que los machos aandrisk tenían entre las piernas quedó resuelta.

— Venid —  pidió Ishren, guiando a Rosemary y Ashby hacia la vivienda—. Vamos a atenderos un poco. Y ya sabéis, no tenéis que llevar ropa aquí, a menos que queráis. Sé que es vuestra costumbre, pero queremos que estéis cómodos.

— Gracias —dijo Rosemary en klip. Hizo todo lo posible por apartar la vista de los ancianos aandrisk en el banco, que ahora copulaban con entusiasmo—. Creo que me la dejaré puesta por ahora.