Eclosión, pluma, hogar #3
—Lo hacemos —respondió Sissix—. Pero es probable que seáis los primeros humanos que ven, y no quiero que crezcan pensando que sois una especie estúpida.
Se dirigió hacia los niños y los llamó con un susurro. Estos levantaron sus cabezas desplumadas. El más pequeño gritó algo. La traducción apareció en el hud de Rosemary: «¡Alienígenas! ¡Los alienígenas han llegado!». Salieron disparados arroyo arriba, agitando las garras de emoción.
Sissix se agachó y les acarició a ambos el rostro. Rosemary la había visto hacer lo mismo con Ashby, pero con él, el gesto era más afectivo, más natural. Había algo formal en su comportamiento ahora. Amable y genuino, sí, pero desde luego distante.
El niño mayor habló.
— Eres Sissix.
—Correcto.
—Eres mi madre de huevo.
Ella sonrió. No parecía sorprendida.
— Tú debes ser Teshris. —Dirigió la mirada al otro—. Y tú debes de ser Eskat, ¿no?
—No —respondió con una risita.
— No, ya veo. Eres demasiado joven . —Les dio una palmadita en la cabeza calva—. No es que sea algo malo, claro.
—Teshris es una niña —le susurró Ashby a Rosemary—. Su compi es un niño.
—Gracias —contestó ella, preguntándose cómo podía notar la diferencia—. ¿Eskat es pariente?
—Hermano de huevo, sí. Aunque no conocía los nombres hasta hoy.
Sissix le dijo algo a Teshris en lenguaje de signos. Ashby volvió a susurrar:
—Es un gesto específico de los padres de huevo.
Le dice que se alegra de que Teshris esté sana y…
Bueno, de que exista, básicamente. —La chica aandrisk respondió, los gestos eran torpes y nuevos—.
Le agradece a Sissix que le haya dado la vida.
—Los dos aandrisk se sonrieron y se acariciaron de nuevo.
Y eso fue todo. Sin abrazos, sin miradas fijas, sin Sissix necesitando un momento para procesar que acababa de hablar con su hija.
En aquel instante, Rosemary comprendió. Teshris no era la hija de Sissix; no en el sentido humano. Compartían genes y respeto, nada más.
Sissix miró al compañero de Teshris.
— ¿Cómo te llamas?
—Vush .
— ¿De quiénes son los huevos de los que eclosionaste?
—Teker y Hasra.
Sissix rio gorjeando.
— No conozco a Hasra, pero Teker fue mi hermana de eclosión.
«Hermana de eclosión, no hermana de huevo». Rosemary pensó que necesitaba empezar a dibujar un esquema.
Sissix sonrió a los niños.
— Cuando estábamos creciendo… —La hud añadió la traducción literal «convertirnos en personas» entre paréntesis—.
Ella siempre decía que no quería tener una nidada y que sería lo bastante dura para no copular cuando fuera fértil.
Eso cambió rapidísimo cuando empezaron a salirle las plumas.
Durante su primer celo, la encontré sola en pleno celo contra una roca.
Pensé que se iba a ahogar, estaba tan… —La hud se saltó la última palabra y ofreció una explicación: «[no hay análogo disponible; una combinación entre excitación, frenesí, e inexperiencia, normalmente atribuida a la adolescencia]».
Sissix volvió a reírse, y los niños con ella.
Rosemary levantó las cejas. ¿Qué edad tenían?
Miró a Ashby. Este también parecía algo incómodo. Por lo menos no era la única.
Vush habló cuando dejó de reírse.
— Quiero tocar a los humanos, pero Ithren dijo que no les gusta.
—Tiene razón, no a todos los humanos les gusta. Pero seguro que a estos dos les parecerá bien. Tan solo tenéis que pedir permiso antes. — Señaló hacia sus dos compañeros—. Ella es Rosemary, y él es Ashby. Son muy buena gente.
Los niños los observaron, inmóviles. Rosemary se recordó con cuatro años, al ver a un harmagiano por primera vez, siendo incapaz de dejar de mirar los zarcillos donde debería haber estado la barbilla. Era extraño verse al otro lado de la ecuación.
Ashby se acuclilló y sonrió. Los niños parecieron algo envarados, pero se acercaron.
Rosemary tardó un instante en comprender que los músculos tensos no eran consecuencia del miedo, sino de reprimir el instinto de tocar.
Ashby empezó a hablar en reskitkish. Las consonantes eran vacilantes, y las expiraciones algo más exageradas que las de Sissix, pero lo hacía lo bastante bien para que la hud lo entendiera.
— Me llamo Ashby. Encantado de conoceros. Podéis tocarme.
Los niños se abalanzaron hacia él. Lo acariciaron con el hocico como saludo, por educación, y luego se pusieron a tocarlo en serio.
— ¡Es tan blandito! —exclamó Vush, apretando las manos contra el cabello recogido de Ashby—. ¡No tiene plumas!
—¿Mudas la piel? — preguntó Teshris, examinando el antebrazo de Ashby.
— No . Pero nosotros… —Se atascó, y cambió a klip al dirigirse a Sissix—: ¿Puedes explicarles qué es la piel seca?
— Su piel se cae en trocitos muy, muy pequeños, no toda a la vez — explicó Sissix a los niños—. Ni siquiera lo notan.
—Qué suerte — contestó Teshris—. Odio mudar.
Vush, algo menos contenido que su hermana de eclosión ahora que tenía permiso, caminó hacia Rosemary, y la acarició con el hocico como saludo.
— ¿Puedo tocarte a ti también?
Rosemary sonrió y asintió, antes de darse cuenta de que el chico no entendería qué significaba aquel gesto.
—Dile que sí —le pidió a Sissix. Esta transmitió el mensaje.
Vush torció el gesto.
— ¿Por qué no me lo dice ella?
—No habla reskitkish —dijo Sissix—. Pero en esa hud que lleva puesta lee cada palabra que decís.
El chico aandrisk observó a Rosemary, perplejo. La idea de que alguien no pudiera hablar reskitkish le parecía inconcebible.
—Mira, Rosemary —dijo Sissix en klip—. Haz esto. —Formó una pequeña curva con los dedos—. Eso es que estás de acuerdo.
Rosemary miró a Vush y repitió el gesto. Vush le devolvió otro gesto y le agarró los pechos.
— ¿Qué son?
Rosemary dio un respingo. Ashby estalló en carcajadas. Sissix se adelantó y retiró las manos de Vush.
— Vush, a las mujeres humanas no les gusta que gente que no conocen les toque ahí.
—Oh, estrellas —dijo Ashby en klip, agarrándose los riñones.
Vush parecía confuso.
— ¿Por qué no?
— ¿Se encuentra bien? —preguntó Teshris, señalando a Ashby. Se había apartado un par de pasos.
— Sí —respondió Sissix—. Tan solo se ríe.
Vush abrió mucho los ojos, preocupado.
— ¿He hecho algo malo?
— Ay, no, dile que no pasa nada —intervino Rosemary—. No tiene importancia. —Ella misma se reía ahora.
Sissix acarició la cabeza del chico.
— No has hecho nada malo, Vush. Los humanos tienen más reglas sobre tocarse los cuerpos que nosotros. Creo que será mejor que evitéis cualquier parte de su torso que esté cubierta . —Tiró con delicadeza de la camiseta de Rosemary para ponerle un ejemplo.
Vush miró al suelo.
— Lo siento.
Rosemary tendió la mano y le tocó el antebrazo, como había visto hacer a Sissix para mostrar empatía. Le cogió la mano y la puso en su cabeza, invitándolo a explorar. Vush se animó, y Sissix le dedicó a Rosemary una mirada de afecto y aprobación.
— Sus plumas son diferentes a [desconocido] —dijo Vush mientras pasaba las garras por el cabello de Rosemary. La hud no reconoció la última palabra, pero Rosemary sí: «Ashby». El intento de Vush de pronunciar la «sh» en el nombre se alargó bastante más de lo debido, y trastabilló con la «b».
—No son plumas, idiota —dijo Teshris—. Es pelo . —Pasó la mirada de Rosemary a Ashby. — Tienes un marrón diferente al de ella.
—Así es — contestó Ashby.
— Los aandrisk también son así —le informó, como si él también se encontrara con una nueva especie por primera vez—.
Tenemos muchísimos colores diferentes. Yo soy azul verdoso, Vush es verde azulado, Sissix es verde verde.
Conozco todos los colores de las escamas.
Skeyis dice que soy la mejor en ello. — Le plegó la oreja hasta el lóbulo, una y otra vez.
Ashby aguantó con paciencia—. ¿Vienes de una luna?
—No, yo… —De nuevo tuvo dificultades, y miró Sissix pidiendo ayuda.
— Es un espacial — dijo ella—. Muchos humanos nacen [traducción literal: eclosionan cuerpos] en naves nodriza.
—¿Y ella? — preguntó Teshris.
— Creció en un planeta llamado Marte — Sissix empezaba a sonar aburrida.
Rosemary encontraba a sus nuevos acompañantes adorables (aunque no se habría quejado si Vush tirara de su pelo con una pizca menos de entusiasmo), pero Sissix no dejaba de mirar hacia las casitas.
Parecía impaciente por ver a su familia, y aquellos niños no lo eran.
Ni siquiera la que tenía sus mismos pómulos.
Un grito se alzó cuando avanzaron por el camino hacia las casas.
«¡Sissix!», llamó una voz anciana. Algunas más se unieron: «¡Sissix!
¡Sissix!». De golpe, una riada de aandrisk brotó de las entradas abiertas.
Había una docena, quizá más. Rosemary no tuvo tiempo de contar antes de que se echaran encima de Sissix, que había salido corriendo para encontrarse con ellos.
Cayeron en un enredo de colas y cabezas emplumadas, abrazaban, apretaban y se arrimaban.
Toda su atención estaba centrada en la hija ausente.
Frotaron los hocicos contra sus mejillas, tiraron de sus plumas, se apretaron a ella todo lo que pudieron.
Rosemary se quedó de piedra. Aunque no había nada abiertamente sexual en el modo en que se tocaban, le era complicado ver de otro modo a una masa de gente desnuda revolcándose.
Parecían más juegos preliminares de grupo que un reencuentro familiar.
Sissix, por otro lado, estaba más feliz de lo que Rosemary la había visto jamás.
Se deshacía en los abrazos de su familia.
Cerró los ojos y echó la cabeza atrás cuando uno de los aandrisk le tocó las plumas.
Rosemary había visto esa mirada antes; no en Sissix, sino en la anciana que se encontraron en Puerto Coriol.
Era una mirada de profunda gratitud, del tipo que llega tras una larguísima espera, de ser capaz de exhalar tras aguantar la respiración hasta que ardían los pulmones.