El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Kedrium #6
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Kedrium #6

—Saery. No me creo que fuera una coincidencia.

—¿A qué te refieres? —preguntó una de sus tripulantes. Sula, una mujer bajita.

—Pensadlo. Los aeluones te han hecho morder el polvo, y quieres hacer daño. ¿Por qué tomarte la molestia de derribar un carguero espacial cuando puedes llevarte por delante un centro de aterrizaje? ¿O una estación de reparación?

Las mejillas de Oxlen se oscurecieron. Había muchísimos rostros morados en torno a la mesa.

—Anularon un sistema vital para que tuviéramos que parar a repararlo.

Se imaginaron que iríamos a algún puerto, por eso las minas no han detonado todavía.

Las programaron para esperar unas semanas, porque es lo que tardaríamos en atracar.

No consideraron que pudiésemos conseguir ayuda por el camino.

Sula entrecerró los ojos.

—Y se aseguraron de que no tuviéramos un tec para repararlo. No fue un asalto accidental. Debieron de estar vigilándolo.

Pei dio unos pasos hacia la ventana, los puños crispados a los lados. Ashby se metió las manos en los bolsillos y apretó los pies contra el suelo. La mirada de Sissix se cruzó con la suya. Casi de forma imperceptible, le hizo el gesto aandrisk de solidaridad.

—Nos podemos enfadar más tarde —dijo Pei, volviéndose hacia el grupo. Las mejillas se habían apagado hasta un azul oscuro—. Ahora mismo tenemos un problema mayor. Ashby, no me puedo creer que os haya involucrado en todo esto. Lo siento mucho.

—Yo no —dijo Ashby—. No hubierais descubierto que algo iba mal de no haber sido por Kizzy.

—Veis, por eso los reparabots son estúpidos —dijo Kizzy—. Hay tantas cosas que…

Jenks le puso una mano en el brazo.

—Ahora no, Kiz.

Tak recogió una de las piezas de la mina.

—Debió de ser uno de los trabajadores del puerto. Se escabulló mientras el resto descargaba. Es culpa nuestra. Deberíamos haber vigilado mejor.

—Nadie se lo esperaba —repuso Pei—. Llevo transportando cargamentos desde hace diez estándares, y siempre que alguien ha querido vérselas conmigo, ha venido de frente. Nunca me había enfrentado a algo tan sucio.

El segundo par de párpados de Tak se cerró y volvió a abrirse con rapidez.

—No comprendo por qué han usado tec tan tosca después de tomarse la molestia de infiltrarse en nuestra nave.

—Si estás en un puerto público, es la única manera de poder hacerlo —dijo Jenks—.

¿Cómo iban a pasar por seguridad explosivos completamente armados?

Es mucho más fácil cargar las piezas por separado y ensamblarlas luego en un sitio discreto.

El kedrium tiene usos legítimos. Sería fácil colarlo.

Y el resto del material son simples cachivaches.

—Alegraos de que lo hicieran así —dijo Kizzy—. De otro modo no habría sido capaz de descubrir cómo funcionaban. Tendrían que haber contratado a mejores tecs. —Miró a los soldados aeluones—. O, quiero decir, esto, hum. —Cogió una galletita de una bandeja y se la metió en la boca.

Pei repiqueteó con los dedos en la mesa.

—¿Estáis seguros de que no hay más en ningún otro sitio de la nave?

—Afirmativo —respondió Oxlen—. Hice un escáner completo una vez supe lo que tenía que buscar.

Las mejillas de Pei se inundaron de colores. Ashby conocía aquella imagen: indecisión.

—Kizzy, ojalá no tuviera que pedirte esto, pero…

—Claro, puedo hacerlo —interrumpió Kizzy. Miro a Ashby a los ojos antes que dijera nada—. Puedo. Estudié el temporizador, y están programadas para estallar en tres días. Es mucho más de lo que necesito.

—No dudo que puedas —repuso Ashby—. Pero solo porque pudieras encargarte de una no significa que el resto no vaya a estallar.

—Si no hacemos nada, todas estallarán.

Corbin habló desde la encimera de la cocina.

—¿Sería algo tan malo? —preguntó—. Esta…

situación nos pone a todos en peligro. Sin ánimo de ofender, capitana Tem, pero no es nuestro problema.

—Sissix abrió la boca, pero Corbin continuó—: Estoy seguro de que os podemos dejar en algún lugar donde podáis encontrar transporte a donde sea que vayáis.

¿Por qué no declarar la nave como perdida y permitir que os llevemos?

Quizá incluso tengamos espacio para parte de vuestro cargamento, siempre y cuando prioricéis.

Pei miró a los dos soldados. Sus rostros se inundaron de colores, alterándose tan rápido como un caleidoscopio.

Pasó un minuto.

—Eh, pues… —dijo Kizzy.

Jenks torció el gesto.

—Están hablando, Kizzy.

—Oh. —Se cubrió la boca con las manos—. Claro.

Pei exhaló.

—Lo siento. El problema es que nuestro cargamento es…

importante. Los soldados creen que si hay una oportunidad de salvarlo todo, debemos aprovecharla.

—Se encontró con la mirada de Ashby—. Y me siento fatal por decir esto, pero estoy de acuerdo.

No porque sea mi nave o porque quiera cobrar.

Pero lo que transportamos… podría marcar la diferencia.

Lo siento. Yo… —Miró a los soldados—. No puedo contaros más que esto.

Ashby miró a Kizzy.

—No voy a obligarte a hacerlo.

Kizzy asintió con la mayor compostura que Ashby le había visto jamás.

—Ya lo he dicho: puedo hacerlo. —Recogió el fulminante—. Estaba aterrorizada cuando desarmé esta. Ahora estoy tranquila al cien por cien. Si pude desarmarla cuando estaba cagada de miedo, ahora puedo hacerlo sin problemas. —Sonrió a Rosemary, que se estaba mordiendo el labio—. Todo controlado.

—Voy contigo —dijo Jenks—. Irá más rápido si somos dos.

—No —dijo Kizzy. Bajó el tono de voz—. Aún podría salir algo mal.

—Más motivos para que te ayude.

—Más motivos para que te quedes. —Jugueteó nerviosamente con el explosivo—. Si algo va mal, la Peregrina necesita a un tec.

Jenks la miró con dureza.

—No hables así. —Todos en la mesa pudieron oírlo, pero hubo cierta urgencia en su tono que era solo para los oídos de ella.

—Deberíamos alejar las naves lo máximo posible —intervino Corbin—. Si algo se tuerce, debemos asegurarnos de que nuestra nave está protegida.

Pei asintió.

—Es una precaución sensata. Mi gente se quedará aquí mientras Kizzy se encarga de las minas. Yo iré con ella.

—¿Por qué? —preguntó Ashby. Las palabras salieron de su boca antes de que tuviera tiempo para pensarlas, pero no era el único que lo pensaba. Las mejillas de los otros aeluones destellaron con urgencia.

—Yo iré —dijo Tak—. Estoy aquí para defender el cargamento.

—Es mi nave —dijo Pei.

—Eres una civil.

—Es. Mi. Nave. —Pei se inclinó hacia delante; sus mejillas resplandecían.

Dijera lo que dijera, fue suficiente para hacer retroceder a Tak.

Se dirigió a Kizzy—. No le pediré a un miembro de otra tripulación que corra un riesgo que yo no estoy dispuesta a correr.

—Pei miró a Ashby—. No te preocupes. Si vemos algo que no podamos manejar, saldremos a toda prisa. Cuidaré de ella.

Ashby suspiró y mostró la sonrisa más valiente que pudo.

—Sé que lo harás —dijo. «Pero ¿quién cuidará de ti?».

Kizzy estaba de pie ante el panel de servicio abierto, herramientas en mano, con la mirada perdida. Pequeñas luces amarillas resplandecían en la oscuridad. La esperaban. No se movió.

Pei le puso una mano sobre el hombro.

—¿Reuniendo valor?

Kizzy meneó la cabeza.

—No. Estoy bien.

Pei cerró y abrió los extraños párpados laterales.

—Esto no es esa costumbre humana de fingir que no estáis asustados, ¿no?

—No. De verdad, estoy bien. —Trepó por la pared.

Pei fue tras ella y se quedó junto al panel de acceso.

Kizzy se abrió camino hasta la mina más cercana.

Parecía más pequeña que la primera. Encendió las bulboluces y se puso a trabajar con manos firmes y respirando suavemente—.

¿Es algo humano? ¿No lo hace todo el mundo?

—Oh, no. Es una cosa humana. Mira. —Señaló las manchas coloreadas en las finas escamas de sus mejillas.

Kizzy dejó la mina y levantó la mirada.

—No sé qué significa. —Puso cara de disculpa—. Lo siento, no conozco muy bien a los aeluones.

—¿Están rojas? ¿O casi? ¿Quizá con un toque de amarillo?

—Sí. Están como arremolinadas.

—Sip. Estoy asustada. —Ladeó la cabeza—. Y me resulta curioso que tú no.

Kizzy hizo un mohín y volvió a mirar el explosivo armado.

—No lo sé. Estaba superasustada cuando las encontré por primera vez, pero ahora ya no mucho. Nerviosa, quizá, pero no más, como si trabajara en el exterior del casco o apagara un circuito incendiado. Hay un problema, y es serio, pero estoy bien. No entiendo muy bien por qué, pero así es.

—Has examinado la situación y estás segura de que puedes solucionarla. Tiene sentido.

—Supongo. —Ambas se quedaron en silencio mientras Kizzy trabajaba con la mina, derritiendo el sellador y cortando cables. Cuando el fulminante cayó en la mano de Kizzy, Pei suspiró de forma audible. Era extraño oír un sonido que salía de su boca en vez de desde la fonocaja.

—Estrellas —dijo Pei—. Me siento tan inútil por no poder ayudar, pero al mismo tiempo, no sé si sería capaz de hacer eso.

—¿En serio? —exclamó Kizzy, avanzando por el pasadizo—. Lidias con este tipo de mierdas todo el tiempo. En plan, armas que te apuntan a la cara, tipos malos en tu nave y todo tipo de cosas.

—Armas y… tipos malos, sí. Pero esta —señaló con la cabeza hacia las minas—, no es la mierda con la que tengo que lidiar todo el tiempo. No es algo que pueda arreglar. Y eso es lo que me da miedo. Hay pocas cosas tan perturbadoras como la falta de control en una situación desconocida.

Kizzy alzó las herramientas y volvió el silencio. Se agachó para examinar el sellador. Frunció el ceño y volteó una de las lentes de aumento.

—Ay, mierda.

Casi pudo oír a Pei tensarse.

—¿Algo va mal?

—No te preocupes, nada importante. —Entrecerró los ojos, y luego hizo un gesto de incredulidad—. Memos y sus chapuzas. Han dejado que el sellador se meta por el agujero del cable.

—¿Es malo?

—No, tan solo es estúpido. Voy a tener que derretirlo con un calor superleve, para que el kedrium no se caliente demasiado.

—Eso sí sería malo, ¿verdad?