Kedrium #2
—Sí —respondió. El sonido de la fonocaja se volvió tenue, confidencial—. Es el apodo que usan mis amigos. Incluido Ashby.
Kizzy sonrió tanto que pensó que se le iba a romper la cara. Esta mujer, esta alucinante belleza increíble que llevaba pistolas de energía y decía cosas como «mina disruptora» sin ir de coña, era Pei. Ashby no solo conocía a esta aeluona. Ashby se estaba follando a esta aeluona.
—Capitana, esto… Disculpa, no sé cómo llamarte. —Los aeluones tenían dos apellidos, uno por su familia y otro del lugar del que provenían. No estaba segura de cuál era cuál.
—Capitana Tem está bien.
—Vale, capitana Tem, creo que hablo por mi capitán y por el resto de la tripulación cuando afirmo que eres bienvenida a bordo durante todo el tiempo que desees.
—Gracias, Kizzy. —La capitana Tem volvió a hacer una pausa—. No estoy muy segura de cómo pedir esto…
Kizzy lo pilló. La capitana Tem era aeluona, con una tripulación aeluona, con soldados aeluones a bordo, e iba a subir a la nave de su novio humano. Kizzy se inclinó hacia delante, borrando la sonrisa de su cara.
—Sí, todos sabemos cómo… ser respetuosos. —Lo que quería decir: «mantener el pico cerrado»—. Sobre todo cerca de soldados.
La capitana Tem pareció agradecida.
—Gracias, Kizzy, de verdad. Te haré una señal de nuevo cuando hayamos alcanzado vuestras coordenadas.
—Genial. Nos vemos pronto. —El panel enlace vid en el escrib se apagó con un parpadeó. Kizzy empezó a reírse. «Ay, madre. Cómo mola. Cómo. Mola»—. Oye, Lovey —llamó por el vox—. Despierta a Jenks. Y a Sissix. Necesito hablar con ellos ahora mismo.
—¿Y qué hay de Ashby?
—Nah. Quiero despertarlo yo misma para verle la cara.
—Cotilla.
—Mira quién habla.
La IA rio.
—¿De verdad crees que la capitana Tem dejará a Jenks meterse en su nave? A él le encantaría.
—Lovey, tengo la impresión de que este pequeño encuentro va a ser alucinante para todos.
El cerebro de Ashby no estaba funcional.
Para empezar, Kizzy lo había sorprendido tras tres horas de sueño, y encima había decidido despertarlo pirateando la cerradura de su puerta y encendiendo todas las luces.
Luego le dijo la cosa más incomprensible: Pei subía a bordo.
Pei. Aquí. En esta nave. Y de entre toda la gente, había estado hablando con Kizzy.
—¿Tienes idea de lo que Kizzy le ha dicho? —Estaba en el cuarto de baño, terminando la ducha más rápida de su vida.
Sissix respondió desde el otro lado de la cortina de ducha. Notó la diversión en su voz. Era el sonido que pertenecía a la cara que había puesto durante los últimos diez minutos.
—No tengo ni idea —respondió Sissix—. Pero ni siquiera sabía a quién le estaba hablando al principio. Creo que tu reputación está intacta.
Ashby cerró la ducha, se secó y se envolvió la toalla en la cintura. Entró en la habitación y cogió un paquete de dentbots de la cesta común. Se vio por el rabillo del ojo en el espejo.
—Tengo un aspecto horrible. —Quitó el sello del paquete y estrujó el gel en la lengua. Tiró el paquete vacío y cerró los labios. Podía sentir el gel esparciéndose por la boca mientras los bots buscaban la placa y las bacterias.
Sissix se apoyó contra la pared, sujetando una taza entre las garras.
—No es cierto, y aunque lo estuvieras, dudo muchísimo que le importe.
—Mmmfffmmm.
—¿Qué?
Ashby puso cara de hastío y dejó que los bots hicieran su trabajo, deseando que fueran un poco más rápido. Un minuto más tarde, el gel perdió densidad, lo que indicaba que los bots habían empezado a deshacerse. Escupió la masa vagamente mentolada en el lavabo y la enjuagó por el desagüe.
—Dije: «A mí me importa».
—Lo sé. Y es adorable por tu parte.
Él puso las manos en el borde del lavabo y se miró en el espejo. Tenía los ojos levemente enrojecidos y su pelo había conocido mejores días. Suspiró.
—No quiero echar a perder las cosas con ella.
Sissix dio un paso adelante y le puso la mano entre los omóplatos.
—No lo harás. Y los demás tampoco. Sin bromas, sin indirectas. Sabemos lo serio que es esto. —Señaló un montón de ropa en la mesilla—. Son los pantalones menos arrugados que he podido encontrar. —Le entregó la taza—. Y le pedí a Doctor Chef que te hiciera esta bebida horrible.
El olor le golpeó las fosas nasales antes de que se acercase la taza a la cara. Café.
—Eres la mejor. —Inclinó el borde de la taza entre los labios. Oscuro, amargo, fuerte. Ya se sentía mejor.
Sissix le dio una palmadita en el antebrazo.
—Vamos. Ponte los pantalones. Quiero conocer a la mujer que te los quita.
Algo más tarde estaba de pie frente al compartimento estanco, rodeado por el autodenominado comité de bienvenida: Sissix, Doctor Chef y los tecs. Cafeína, adrenalina y la necesidad de dormir luchaban por la supremacía, persiguiéndose unos a otros como una jauría de sabuesos. Se sentía fatal.
—Entonces, Ashby —comenzó Jenks—. ¿Nos vas a contar cómo os conocisteis?
Ashby suspiró.
—Ahora mismo no.
Jenks sonrió. Había estado haciéndolo un montón aquella mañana.
—Esperaré. —Sacó la lata de junco rojo de un bolsillo.
Doctor Chef le dio un codazo.
—Nada de humo rojo. Los aeluones suelen ser alérgicos.
Jenks cerró la lata.
—Alérgicos de verdad, ¿no? No alérgicos tipo Corbin.
Doctor Chef se rio con un acorde de percusión.
—Alérgicos de verdad.
—La nave aeluona está extendiendo el tubo de acoplamiento —anunció Lovey. Ashby oyó un rechinar metálico contra el casco—. Su escotilla está abierta. Comienzo protocolos de descontaminación.
Ashby pudo oír los pasos tras la puerta del compartimento estanco. «Ay, estrellas, está aquí. Está ahí dentro ahora mismo». Exhaló.
Sissix se frotó la mejilla en el hombro de él.
—¿Nervioso?
—¿Por qué lo dices?
Sissix apoyó la barbilla en su cuello y le apretó el brazo.
Ashby crispó los labios. Sabía que era un gesto amistoso y tranquilizador, y Pei con toda probabilidad sabía suficiente sobre aandrisk para conocer la intención de Sissix, pero algo dentro de su cerebro humano se resistió ante la idea de Pei entrando y descubriendo a otra mujer enrollada en su hombro. Bajó la voz.
—Sis, disculpa, pero podrías no… eh…
—¿Mmm? —Los ojos amarillentos de Sissix estudiaron su rostro, confusos—. Ahhh . Claro. Claro. —Se alejó un paso y juntó las manos tras la espalda. No dijo ni una sola palabra, pero Ashby pudo ver la risa tras sus ojos.
—Ashby, hay algo raro —dijo Lovey.
—¿Qué pasa? ¿Algún tipo de bicho?
—No, no hay contaminantes, pero estoy algo confusa. Todos los escáneres de los parches cuadran, pero se suponía que hay dos soldados con ellos. Todo lo que veo son parches de civiles.
—Puede que estén de incógnito —dijo Ashby—. No pasa nada por dejarles pasar, Lovey. Confío en ellos.
—Cómo mola —le susurró Jenks a Kizzy. Ambos soltaron risitas como escolares. «Estrellas y fuego, vosotros dos, comportaos».
Las puertas se abrieron deslizándose. La cámara estanca estaba llena de gente, pero Ashby solo tenía ojos para una persona. Ahora estaba muy despierto.
Pei dio un paso adelante.
—¿Permiso para subir a bordo? —preguntó, mirándolo profundamente a los ojos. El aire parecía chispear entre ellos. Pei tenía que representar su papel de capitán, pero Ashby podía adivinar que habría deseado decir mucho más.
Él asintió. Se daba todo por entendido.
—Salid del vacío y entrad en nuestro hogar —dijo.
Era una expresión exodana usada para los viajeros que acababan de atracar—.
Me alegro de verte. —Extendió la mano. Era una broma, aunque nadie de ambas tripulaciones lo entendería.
Sabía de sobra que los aeluones apretaban las palmas como saludo, pero él no lo había sabido cuando conoció a Pei por primera vez, y del mismo modo, ella no sabía qué hacer con su mano cuando él la extendió.
—Yo también me alegro de verte, viejo amigo. —Le estrechó la mano, y acompañó el gesto con nada más que un ligero parpadeo. Maldita sea, era buena. Si no hubiera entendido lo necesario que era el secretismo, podría haberse sentido ofendido por su indiferencia.
Hicieron las presentaciones. Pei estrechó manos con los tecs, apretó palmas con Sissix (por supuesto que Sissix sabía qué debía hacer), y se rio con Doctor Chef mientras trataba de averiguar qué hacer con sus manopiés.
Ashby saludó a la tripulación de Pei, fingiendo que no conocía ya nombres, actitudes e historias personales.
Sabía que dos de ellos, Sula y Oxlen, estaban enterados de lo suyo con Pei.
Parpadearon con reconocimiento al conocerlo en persona.
Por lo que a él respectaba, eran los dos únicos aeluones de la galaxia que lo sabían, e iba a hacer todo lo posible por que siguiera siendo así.
Los dos soldados, aunque iban vestidos de civiles, eran fáciles de reconocer.
En primer lugar, iban mucho más armados que el resto (algo que para Ashby era ligeramente inquietante), y tenían músculos tonificados a la perfección.
Una de ellos, una mujer, tenía un implante ocular.
El extremo de una vieja cicatriz sobresalía justo por debajo.
El hombre era joven, pero arrastraba un aura de cansancio.
Ashby se preguntó cuánto tiempo llevaría haciendo la guerra y si agradecía el respiro de estar a bordo de un carguero.