La última guerra #3
—Los cortadores eran horribles —dijo—.
Pero en cierto modo, entiendo por qué tu gente los usaba.
Estaban en guerra, se odiaban los unos a los otros.
Mi padre no es un soldado. Nunca ha estado en la guerra.
No odia a los toremi. No sé si ha conocido a uno, siquiera.
Lo teníamos todo en Marte. Todo. Permitió que se diseñaran aquellas armas y las vendió, lo fomentó, y ¿para qué?
¿Más dinero? ¿Cuánta gente está muerta debido a lo que hizo? ¿Cuántos hijos de alguien?
Doctor Chef se sentó sobre cuatro extremidades.
—Como has dicho, lo tenía todo. Eso lo hacía sentirse a salvo y poderoso.
Las personas pueden cometer actos terribles cuando se sienten a salvo y poderosas.
Tu padre es probable que se hubiera sentido así durante tanto tiempo que se creía intocable, y es muy peligroso que una persona se sienta así.
No creo que nadie en esta nave te culpe por querer alejarte todo lo posible de una persona así.
—Ashby no estaba exactamente complacido.
—Tan solo sobre el engaño. No sobre quién eres.
—Echó una ojeada hacia atrás, a la cocina vacía, al pasillo vacío—.
Y entre tú y yo, él lo entiende. No te lo va a echar en cara.
Pero también es tu jefe, y a veces tiene que hablar de modo que lo recordemos.
—Ronroneó, cambiando pensamientos—. En cierto modo, creo que debes sentirte de un modo muy parecido a como me sentí yo el día que descubrí de dónde provenían los cortadores.
Has encontrado algo oscuro en tu propia casa, y te preguntas cuánto se te ha pegado.
Rosemary empezó a asentir, y entonces negó con la cabeza.
—No es lo mismo. Lo que te pasó a ti, a tu especie, es… Ni siquiera se puede comparar.
—¿Por qué? ¿Porque es peor?
Ella asintió.
—Pero aun así es comparable. Si te fracturas un hueso, y yo me he fracturado todos los huesos del cuerpo, ¿hace que tu fractura desaparezca? ¿Te duele menos, sabiendo que yo tengo mucho más dolor?
—No, pero eso no es…
—Sí, lo es. Los sentimientos son relativos.
Y en la raíz son lo mismo, incluso si provienen de diferentes experiencias y existen en diferentes escalas.
—Le examinó el rostro. Ella parecía escéptica—.
Sissix lo entendería. Los humanos os lisiáis a vosotros mismos con la creencia de que todos pensáis de formas únicas.
—Se inclinó hacia delante—. Tu padre, la persona que te crio y que te enseñó cómo funciona el mundo, hizo algo indescriptible y horrible.
Y no solo tomó parte en ello, sino que lo justificó para sí.
Cuando te enteraste de lo que había hecho tu padre, ¿te lo creíste?
—No.
—¿Por qué no?
—No creí que fuera capaz.
—¿Por qué no? Es obvio que sí.
—No parecía que fuera capaz. El padre que yo conocí jamás podría haber hecho tal cosa.
—Ajá. Pero lo hizo. Por lo que empezaste a preguntarte cómo podías haber estado tan equivocada con él.
Comienzas a repasar tus recuerdos, buscando señales.
Comienzas a cuestionarte todo lo que sabes, incluso las cosas buenas.
Te preguntas cuánto de todo aquello fue una mentira.
Y lo peor de todo, al haber tenido tanto peso en convertirte en quien eres ahora, te comienzas a preguntar de qué eres capaz tú misma.
—Sí —dijo Rosemary, mirándolo fijamente.
Doctor Chef bamboleó la cabeza de arriba abajo.
—Y aquí es donde nuestras especies se parecen muchísimo.
Lo cierto es, Rosemary, que eres capaz de cualquier cosa.
Buena o mala. Siempre lo has sido, y siempre lo serás.
Con un empujón en el momento adecuado, también podrías hacer cosas horribles.
La oscuridad existe en todos nosotros. ¿Crees que cada soldado que empuñó un rifle cortador era una mala persona?
No. Tan solo hacía lo que la soldado junto a ella hacía, la cual hacía lo que la soldado junto a ella hacía, y así.
Y me la juego a que la mayoría, no todos, pero la mayoría de los que superaron la guerra se pasaron mucho tiempo tratando de darle sentido a lo que hicieron.
Preguntándose cómo pudieron haber hecho eso en primer lugar.
Preguntándose cuándo asesinar se volvió algo agradable.
Las mejillas pecosas de Rosemary palidecieron. Doctor Chef pudo ver cómo se le movía la garganta al tragar saliva.
—Todo lo que puedes hacer, Rosemary, todo lo que podemos hacer cualquiera de nosotros, es, en vez de ello, trabajar en algo positivo.
Es una elección que cada sapiente debe hacer cada día de su vida.
El universo es lo que nosotros hacemos que sea.
Depende de ti decidir qué papel interpretar.
Y lo que veo en ti es una mujer con una clara idea de lo que quiere ser.
Rosemary soltó una breve carcajada.
—La mayoría de los días me despierto y no tengo ni idea de qué estoy haciendo.
Doctor Chef infló las mejillas.
—No me refiero a los detalles concretos.
Nadie los adivina nunca. Hablo de lo importante.
Lo que yo también tengo que hacer. —Cloqueó.
Sabía que ella no lo entendería, pero le salió con naturalidad.
El tipo de sonido que una madre le haría a una hija que aprende a sostenerse en pie—.
Estás tratando de ser una buena persona.