El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Grillo #7
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Grillo #7

—Todo lo que tenía. Excepto un resto para transporte y hoteles, ese tipo de cosas. —Se rio sin sonreír—. Mi familia puede que no me haya enseñado demasiado sobre la galaxia, pero ¿comprar favores? A la perfección.

—Pero eres realmente una asistente, ¿no? Es decir, sabes sobre papeleo, es obvio que fuiste a la escuela. Todo eso es cierto, ¿verdad?

Rosemary asintió.

—El funcionario que me ayudó modificó todos los registros asegurándose de que mi nuevo historial enlazaba a todos los lugares en los que estuve.

Mi diploma, mi certificado, mis cartas de recomendación, todo es realmente mío.

El único modo en que alguien descubriría que el documento de identidad asociado había sido alterado sería, digamos, si uno de mis compañeros de tripulación fuera a Marte y le preguntara a uno de mis amigos sobre mí.

Descubrí que buscar trabajo en el espacio limitaba las probabilidades de cruzarme con alguien de casa.

Así que inscribí mi nombre en la lista de trabajos de larga distancia, y aquí estoy.

Jenks se rascó la barba.

—Y, entonces, ¿qué problema hay? Si acabaste los estudios y tienes la capacidad, te mereces este puesto. ¿Por qué te íbamos a echar de la nave?

—Porque mentí, Jenks. Le mentí a Ashby cuando le dije quién era. Os he estado mintiendo a todos cada vez que me preguntabais sobre mi vida en Marte. Vine a vuestra casa y os conté mentira tras mentira sobre quién soy.

—Rosemary. —Jenks le puso la mano en el hombro—.

No voy a insultarte fingiendo que sé por lo que estás pasando.

Si alguien de mi familia hiciera algo así…

Estrellas, no sé qué haría. No puedo darte consejos en este tema, pero si en algún momento necesitas un hombro en el que llorar, aquí tienes el mío.

Y sobre quién eres… Tu nombre es realmente Rosemary, ¿no?

Vale. —Señaló la casa con la cabeza—. ¿Quieres saber por qué los modificados humanos se ponen nombres raros?

Ella negó con la cabeza.

—Es una práctica muy antigua, de las redes de ordenadores de antes del Colapso.

Hablamos de tec casi ancestral. La gente escogía nombres para sí mismos que solo usaban en las redes.

A veces ese nombre se volvía una parte tan importante de quienes eran que sus amigos en la vida real empezaban a usarlo.

Para algunas personas, esos nombres se convirtieron en su identidad completa.

Incluso su identidad real. A los modificados no les importa casi nada excepto la libertad individual.

Dicen que nadie te puede definir excepto tú mismo.

Cuando Oso se puso un nuevo brazo, no fue porque le desagradara el cuerpo con el que había nacido, sino porque sentía que el nuevo brazo le encajaba mejor.

Alterar el cuerpo va de tratar que tu yo físico encaje con quien eres por dentro.

No es que debas alterarte para conseguir esa sensación; a mí, por ejemplo, me gusta decorarme, pero mi cuerpo ya me encaja.

Pero algunos modificados siguen cambiándose durante toda su vida.

Y no siempre funciona. A veces meten la pata hasta el fondo y se estropean gravemente.

Pero es el riesgo de intentar ser algo más que la pequeña caja en la que naces.

El cambio siempre es peligroso. —Le palmeó el brazo—.

Tú eres Rosemary Harper. Tú escogiste ese nombre porque el antiguo ya no te encajaba.

Vale, para ello tuviste que quebrantar algunas leyes.

Ya ves tú. La vida no es justa, y las leyes tampoco suelen serlo.

Hiciste lo que tenías que hacer. Lo comprendo.

Rosemary se mordió el labio.

—Aun así, os mentí a todos.

—Seh, desde luego. Y vas a tener que cantar. No a cualquiera fuera de la tripulación, si no quieres, pero la gente con la que convives tiene que saberlo. Es el único modo de que puedas compensarlo y superarlo.

—Ashby…

—Ashby es el hombre más razonable que he conocido jamás.

El asunto no le va a entusiasmar, claro.

—Se detuvo medio segundo. Rosemary pudo ver que un pensamiento aparte pasaba como un fogonazo por sus ojos, distrayéndolo.

Se aclaró la garganta y prosiguió—. Pero lo has estado haciendo genial en tu trabajo y eres una buena persona.

Eso va a pesar más que cualquier otra cosa.

Rosemary observó a su amigo, y lo abrazó con fuerza.

—Gracias —dijo. Las lágrimas le caían por las mejillas. Sintió que le limpiaban.

—Oye, no te preocupes. Somos compañeros de tripulación. Y lo superarás, ¿sabes? Estoy seguro. —Hizo una pausa—. Y siento haber llamado «capullo» a tu padre.

Ella le miró con incredulidad.

—Jenks, mi padre vendió armas biológicas a los dos bandos de una guerra civil fuera de su propia especie, y todo para conseguir acceso al ambi tras sus fronteras. Creo que llamarle «capullo» es ser generoso.

—Vaya… Vale, claro, es justo. —Se rascó la barba—. Estrellas, ojalá supiera qué decir. Cuando volvamos a la nave, tienes que hablar con Doctor Chef. En privado.

—¿Sobre qué?

—Sobre su especie.