Grillo
Era un nombre extraño para una luna. Llamarla colonia era una exageración.
Ashby no contaba más de diez edificios en las cercanías, además de algunos asentamientos solitarios esparcidos por las colinas y riscos de más allá.
Los caminos eran poco más que surcos planos en la tierra.
Había luces de aterrizaje y aceras para peatones, pero parecían una ocurrencia tardía.
El cielo era del color del azufre, y la tierra, del color del óxido.
El cieno se acumulaba en las muescas de las máscaras de respiración y en las monturas de los visores. No había otros sapientes a la vista.
Ashby alzó una mano para bloquear el resplandor del sol blanco.
—¿Sissix?
—¿Mmm? —La voz, como la suya, sonaba amortiguada tras la máscara.
—¿Dónde estamos?
—¿Es una pregunta filosófica, o…?
La apuñaló con la mirada.
—¿Por qué estamos aquí, en esta plataforma, en este mismo instante?
La plataforma en cuestión era un grueso panel de metal industrial, con bordes anaranjados de óxido, sustentado por vigas de dudosa fiabilidad.
Kizzy y Jenks se sentaron en el borde de la plataforma, charlando sobre un sim de acción mientras Kizzy retorcía pedazos de metal de desguace convirtiéndolos en siluetas de animales.
Rosemary estaba en un quiosco cercano, discutiendo con una IA defectuosa por los precios de aterrizaje.
Un cartel casi borrado colgaba del tejado del quiosco: «BIENVENIDOS A GRILLO».
Debajo del cartel había una larga advertencia sobre la tendencia de los implantes subdérmicos sin licencia a activar detectores de armas.
Sissix se ajustó el visor.
—Tal como lo recuerdo, Kizzy dijo: «¿Sabéis qué necesitamos?
», y tú respondiste: «¿Qué?», y ella dijo: «Armas», y tú dijiste: «Nada de armas», y ella dijo: «Entonces, una red de protección», y añadió que tenía algunos amigos que lo podían arreglar para nosotros y que no estaban muy lejos de la ruta…
—Hasta ahí me acuerdo —contestó Ashby—. Supongo que mi pregunta real es, ¿por qué acepté?
—Tenías una contusión y estabas medio sedado.
—Ah. Eso lo explica todo.
—Debo decir, Ashby, que tener algunas armas a bordo en este encargo no es una mala idea. Especialmente tras ciertos eventos recientes.
—No empieces tú también. Que nos abordaran fue un suceso anómalo, como mucho. He pilotado toda mi vida y jamás me había ocurrido antes. No voy a llenar mi hogar de armas solo porque nos hemos llevado un susto.
—Ashby, nos dirigimos a lo que hace muy poco era una zona de guerra. ¿Crees que no habrá más gente desesperada y peligrosa ahí fuera?
Ashby se tocó la mandíbula. Los moratones del rifle akarak todavía se estaban borrando.
Rememoró aquellos terribles momentos en el muelle de carga, recordó la sensación de que unos extraños entraran a la fuerza en su casa.
Recreó el accidente, imaginando un arma en su mano.
¿Habría disparado? No lo sabía. Pero imaginarse con un arma añadida en aquel escenario le hacía sentirse más seguro.
No se sentía indefenso, sino poderoso. Y eso era lo que le asustaba.
—No voy a comprometer mis principios por esto. Y se acabó.
—Putos exodanos —dijo Sissix, pero lo dijo con una sonrisa.
Ashby soltó una risita.
—Kizzy dijo lo mismo. Cree que necesitamos un arsenal destructor de planetas entero pegado al casco.
—Estaba asustada, Ashby. Como todos. Todos lo estamos. —Sissix le cogió de la mano y le acarició el hombro con la mejilla.
Rosemary cerró la puerta del quiosco de un portazo.
—Estúpida IA chapucera. —Echaba chispas por los ojos mientras trataba de limpiar la persistente capa de polvo de su visor—. Con lo caro que es aterrizar aquí, por lo menos podrían proporcionar una atención al cliente adecuada.
—¿Cuánto ha costado? —preguntó Ashby.
—Setecientos cincuenta créditos —respondió ella—. Más las tasas administrativas. No es que haya demasiada administración por aquí.
Ashby silbó.
—Maldita sea —exclamó—. Espero que estos amigos de Kizzy valgan la pena.
Rosemary se removió inquieta.
—Ashby, este lugar es un poco sospechoso. No me importa ponerme un poco creativa con el papeleo, pero…
—No te preocupes —repuso Ashby—. No voy a subir equipamiento ilegal a mi nave, menos aún cuando estamos tan cerca del espacio quelin. Estoy seguro de que los amigos de Kizzy son tipos de fiar.
—¿Cuánto hace que conoces a Kizzy? —preguntó Sissix.
Ashby le siguió la mirada hasta un esquife descubierto que zumbaba mientras se acercaba a la plataforma.
El piloto se levantó al aproximarse, aunque el vehículo todavía estaba en marcha.
Era un humano robusto, más joven que Ashby, y no llevaba nada de cintura para arriba excepto una máscara de aire, varios colgantes con relieves y un pequeño lanzacohetes sujeto al hombro.
Manojos de greñas de un cobrizo desgastado le caían por los hombros como una capa.
Tenía la barba a juego, recortada siguiendo el contorno de la mandíbula y formando una cascada trenzada bajo el mentón.
Tenía la piel muy morena, pero los subtonos amelocotonados indicaban ancestros aislados de una colonia periférica, expulsada tiempo atrás de la mezcla exodana.
Los músculos cincelados estaban cubiertos de implantes de puertos tecnológicos y tatuajes intrincados, y había reemplazado el antebrazo izquierdo por un apéndice multiherramientas que parecía de fabricación casera.
Cuando el esquife estuvo más cerca, Ashby pudo ver gruesas cicatrices en la unión entre el brazo tec y la piel del hombre.
Tuvo la impresión de que la cirugía también había sido casera.
—Estupendo. —Ashby suspiró entre dientes. Un escudo de red era una buena idea. Un fanático de las modificaciones cutres era algo completamente distinto. ¿Cómo podía ser que hubiera accedido a eso?
—¡Kizzy! —bramó alegremente el conductor del esquife. Extendió los brazos hacia el cielo.
—¡Oso! —chilló Kizzy, tirando a un lado un ratón metálico a medio doblar, que pasó volando junto a un letrero que indicaba a los usuarios del muelle la forma correcta de usar las papeleras.
Bajó a la carrera saltando por los escalones de la plataforma de dos en dos—.
¡Oso, Oso, Oso, OSO! —Saltó hacia el costado del esquife y aterrizó en los brazos del hombre, provocando que ambos cayeran en el asiento.
Jenks se acercó a paso tranquilo, sonriendo.
Él y Oso se dieron un cálido apretón de manos mientras Kizzy abrazaba la cabeza de Oso, aullando un «¡Hurraaa! ».
Rosemary se dirigió a Ashby.
— ¿Se llama Oso? —preguntó en ensk.
— Eso parece — respondió Ashby.
—¿«Oso» significa algo? —inquirió Sissix. La palabra ensk sonaba rara en klip, especialmente con el acento de Sissix—. ¿Qué es un oso?
Ashby echó a andar. Hizo un gesto con la cabeza hacia el hombre descomunal y peludo que aplastaba a la técnica mecánica entre sus enormes brazos.
—Eso es un oso.
—¡Bienvenidos a Grillo! —gritó Oso, saludando con un gesto. Por lo menos era amistoso.
Ashby le tendió la mano una vez que bajó las escaleras.
—Encantado. Ashby Santoso.
—¡Vaya, el capitán! —Oso le estrechó la mano. Ashby trató de no quedarse mirando el otro brazo, el de los cables y las cicatrices—. Kizzy me ha hablado muy bien de ti.
Ella se ruborizó.
—Shhh —dijo—. Va a pensar que te he pedido que le des coba.
—Tú debes ser Sissix —dijo Oso, tendiendo la mano y estrechándole las garras—.
Es un placer conocerte. —Se quedó mirándola, sujetándole la mano unos instantes más de lo debido.
Meneó la cabeza, como si se despertara a sí mismo—.
Lo siento mucho —se disculpó algo avergonzado—.
No suelo salir del planeta muy a menudo, y no llegan muchas especies diferentes por aquí.
—No pasa nada —repuso Sissix, algo confusa. Era probable que ni se hubiera dado cuenta de que el apretón de manos había sido un poco más largo de lo normal.
—Y… —Oso reflexionó unos instantes—. ¿Rosie? ¿Es así?
—Rosemary —contestó ella con una sonrisa, estrechándole la mano.
—Rosemary. Eso es. Oye, ¿te he visto alejarte de la IA hace un ratito?
—Sí. Aterrizar aquí barato, lo que se dice barato, no es.
Oso negó con la cabeza.
—Te devolveré los créditos. El graciosillo de Mikey la configuró para sacarles unos creds fáciles a los extraplanetarios incautos. Es una estafa total. Le diré que sois familia. Es bastante parecido a la verdad.
—Ayyy —exclamó Kizzy, dándole un abrazo.
—Bueno, subid a bordo —dijo Oso—. Espero que no os importe estar un poco apretados.
—El esquife no estaba construido para cinco pasajeros (mucho menos para uno con cola), pero a base de retorcerse y recolocarse un poco se las arreglaron para embutirse en el sucio y abollado vehículo—.
Kizzy, un poco de música de viaje, si eres tan amable.
—Oso le indicó un sistema de sonido improvisado que consistía en una escrib pirateada y tres pequeños altavoces sujetos con pernos industriales.
El tamaño de los altavoces era engañoso.
Todos dieron un bote cuando los violentos compases de un ruidoso grupo emergieron con un rugido.
Los tres técnicos cruzaron asentimientos de satisfacción, y el esquife arrancó.