Introduccióna la Historia Colonial Harmagiana #7
Ven a vernos de nuevo pronto. Cocinaré la cena la próxima vez. O, bueno, por lo menos la pagaré yo.
Pepper
Fijó la mirada unos instantes en la palabra «paquete».
Sabía lo que Pepper quería decir. Pensó sobre lo que le había comentado en Puerto Coriol, sobre la responsabilidad y las consecuencias.
Pensó en ello lo suficiente como para poder decir que lo había pensado.
Se puso unos pantalones y se dirigió al núcleo de Lovey.
Hablaron durante horas. Repasaron una docena de veces todos los riesgos y peligros de los que ya habían hablado. Pero como los técnicos de componentes y las IA sabían bien, la redundancia en nombre de la seguridad siempre era una buena idea.
—Hay dos cosas que me escaman —dijo Lovey—. No lo suficiente como para decir que no, pero tenemos que tenerlas claras.
—Dispara.
—Primero, si me transfiero a un paquete, la nave se quedará sin sistema de monitorización. Ya que estaré renunciando de forma efectiva a un empleo por el que me preocupo muchísimo, quiero asegurarme de que hay un buen reemplazo preparado.
Jenks repiqueteó los dedos contra los labios mientras pensaba.
—No sé por qué, pero algo en el hecho de instalar una nueva IA es extraño en estas circunstancias. ¿Crees que estaría celosa de verte caminar por ahí mientras ella vive en tu núcleo?
—Para empezar, depende de la IA y si está o no interesada o no en un cuerpo. Pero no creo que vaya a causar problemas. Digamos, hipotéticamente, que me ve caminando por ahí, y que quiere saber por qué ella no puede tener la misma oportunidad. Por qué tuve esa elección que ella no.
—Buen apunte —contestó Jenks, frunciendo el ceño—. Y no sería demasiado justo. —Suspiró—. Por lo que…
—No te des por vencido todavía. No he terminado. ¿Y si me reemplaza un modelo no sapiente?
Jenks parpadeó. Un modelo no sapiente podría realizar el trabajo de Lovey, en efecto, con algunas modificaciones importantes, pero jamás sería alguien con quien pudieras tener una relación personal. Nunca sería un miembro real de la tripulación.
—¿No te molestaría?
—¿Por qué iba a molestarme?
—¿Vivir con una IA que fue diseñada para ser menos inteligente que tú, tan solo con la inteligencia justa para realizar el trabajo duro, pero a la que no se le permite convertirse en algo más? No sé, siempre he tenido dudas con este tema.
—Eres un amor, pero eso es una tontería.
Él sonrió con timidez.
—¿Por qué?
Lovey hizo una pausa.
—¿Te parece bien la idea de las bestias de carga? Caballos que tiran de carros, y ese tipo de cosas.
—Sí, siempre y cuando los traten bien.
—Bien, pues ahí lo tienes.
—Mmm. —Necesitaba darle un par de vueltas—. Sería decisión de Ashby, al final.
—Esa es la segunda cosa que me escama. No dejamos de esquivar el tema de la reacción de Ashby cuando se entere de lo que planeamos.
Jenks volvió a suspirar, esta vez profundamente.
—Lo cierto es que no tengo ni idea. No va a estar contento. Pero no nos denunciará. No es su estilo. En el mejor de los casos, me echará una bronca pero nos dejará quedarnos. En el peor, tendremos que marcharnos.
—El peor caso no es disparatado. Perdería su licencia si lo pillan llevando tec ilegal a sabiendas.
—Sí, pero ¿cada cuánto nos registran? Y si lo hacen, no es co- mo si…
—Jenks.
—¿Qué? Las posibilidades de que nos descubran…
—Existen. Yo estoy dispuesta a correr ese riesgo. Ashby quizá no. ¿Estás preparado para ello? Voy a hacer que pierdas tu trabajo y tu hogar por mí. Es tu elección, no la mía.
Jenks apoyó la mano en el núcleo.
—Lo sé. Adoro esta nave. Adoro mi trabajo. —Deslizó la mano por la curva suave e impecable. —Y no quiero marcharme. Pero no estaré en la Peregrina para siempre. Algún día, cuando llegue el momento, me iré a hacer otras cosas. Si alguien elige ese momento por mí, bueno…, adelante.
—¿Estás seguro?
Se sentó pensativo, observando la luz de ella brillándole entre los dedos.
Pensó en los recovecos familiares de las paredes de la nave, el modo en que Ashby confiaba en él para realizar las modificaciones correctas.
Pensó en el hueco de su colchón, en el que solo encajaba él.
Pensó en beber mek en la Pecera, en Sissix riéndose, en Doctor Chef retumbando.
Pensó en Kizzy, con la cual sabía que estaría sentado en algún antro espacial dentro de sesenta años, ambos viejos y repulsivos.
—Sí —dijo con un hilo de voz—. Sí, estoy seguro.
Durante un instante, Lovey no dijo nada.
—Incluso si la cosa llegara a ese punto, no te odiarían. Estas personas siempre van a ser tus amigos.
—Y los tuyos también.
—Eso no lo sé.
—Yo sí. —Guardó silencio—. Y bien, ¿lo hacemos?
—Eso parece. —Había una sonrisa en su voz, una sonrisa que él anhelaba ver.
—Está bien. —Asintió, y rio—. Guau. Vale. Contactaré mañana con este tipo.
Durmió en el pozo de la IA esa noche, con la cabeza apoyada en un frío panel de interfaz. Podía sentir el opaco metal dejándole diminutas marcas en la piel. Se durmió imaginando unos brazos suaves sobre su pecho, un aliento cálido contra su mejilla.